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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Antes de que se nos vaya noviembre.

"Dama parisién en la plaza de la Concordia" de Jean Beraud.
Una de mis damitas, quizás una cocotte disfrazada de tal, pie menudito y bien calzado, recoge las faldas y, al desgaire, como quien no quiere la cosa, muestra, provocadora, el tobillo, quizás incluso, la muy descocada, un poquitín de media. El gris frío, el viento que agita su boa, los árboles despojados ya de hojas hace que los caballeros bien nutridos del fondo no hagan mucho caso a nuestra damita, frágil con su paquetito blanco sobre el negro respetable del vestido, quizás lleve a empeñar sus cubiertos de plata o vuelva a casa con un surtido de patés, o de visita llevando unas exquisitas pastas de té. El toque rojizo de lo que vemos de su cabellera sobre la caramba también negra y la técnica del velito -prodigiosa para un abogado como su autor, virtuosismo del momento- y de la boquita menuda, detalles incitantes, se estrellan contra una mirada dulce, casi inocente. Y la damita cruza presurosa la plaza huyendo del viento fresco de la tarde parisién.

martes, 29 de noviembre de 2011

Respuesta 15 sobre Nueva Era

Roberto T: lo malo de las torres de marfil es aquello de:


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,


guardé silencio,


porque yo no era comunista,


Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,


guardé silencio,


porque yo no era socialdemócrata,


Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,


no protesté,


porque yo no era sindicalista,


Cuando vinieron a llevarse a los judíos,


no protesté,


porque yo no era judío,


Cuando vinieron a buscarme,


no había nadie más que pudiera protestar.

O, quitándole la veta siniestra al poema, el problema de las torres de marfil a las que nos están empujando es que pueden impedir que veamos la realidad, que nos alejemos demasiado de ella, quizás sea ese un objetivo de alguien pero es por ese alejamiento de la realidad y de la capacidad de interactuar sobre ella por lo que me cuesta tanto encerrarme en las torres de marfil.

Pe jota: ese es exactamente mi estado de ánimo y supongo que el de toda mente inteligente y sensata. Sin embargo, como dice el compañero Roberto T todo acabará pasando y si hemos sobrevivido a tanto combate (verbal, ideológico e incluso físico) no van a machacarnos ahora. Lo triste es esa palabra que has dejado caer en tu comentario: desesperanza, que no es ni siquiera desesperación, es mucho más profundo el concepto. A pesar de todo hay algo bueno: hemos aprendido entre quienes vivimos y, hasta cierto punto, quienes somos un poco más. Me cuesta mucho levantar la cabeza, especialmente ahora, pero hay una cosa que sé: esto no se acaba aquí y, más temprano que tarde, las cosas tomarán el cauce correcto y estos retrocesos serán sólo parte del camino, y si no es así, sencillamente no será de ninguna otra manera. Los sistemas, todos, están muertos, o se asume y se avanza o todos, ellos también nos vamos al garete. Ellos pierden más.

Stultifer: me quedé ayer sorprendido por el premio que no puedo sino agradecer. Lo cierto es que jamás pensé ganar un premio por el placer de escribir estas entradas. Así que gracias y, bueno, ya has visto el premio en primera línea.

Un abrazo a todos y gracias por leerme especialmente en estos tiempos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Nueva era.

Habréis observado que mis últimas entradas estaban un tanto cargadas de actualidad, excesivamente, diría yo. Recuerdo que hace un tiempo me propuse que no volvería a tratar ciertos temas y está claro, viendo estas últimas entradas, que no lo he logrado. Bueno, “errare humanum est” y me pido perdón a mí mismo y a los amigos que me vienen leyendo.

Está claro que ahora todos estamos entrando, no sin un profundo pavor, en una nueva era. Personalmente lo percibo como un proceso siniestro, me posee un sentido de catástrofe ya ocurrida pero de la que aún no conocemos sus verdaderas consecuencias. Nos envuelven las tinieblas… otra vez y van… Pero como lo que nos mata nos hace más fuertes y como a todo se sobrevive aunque no se sepa muy cómo se consigue estoy seguro de sobreviviremos, eso sí: cada uno a su aire y pagando un precio, espero que no muy alto, aunque lo dudo. Personalmente he decidido abandonar. Sí, directamente abandono, lo dejo, me rindo con armas y bagajes. “Cautivo y desarmado”… de nuevo, acepto lo que toca y humillo mi cerviz… de nuevo, y me encojo de corazón y de hombros cuando veo el “vivan las caenas”… de nuevo.

Así, derrotado por la historia, devastado en mi ética y desesperanzado en mis creencias más íntimas me dispongo a atravesar el desierto… otra vez; y cuando uno se encuentra en tales circunstancias se pregunta, lleno de mala intención como tengo por costumbre, ¿Qué tienen de malo las torres de marfil? ¿Es que acaso lo que queda fuera vale la pena? Si lo que queda fuera son los hombres tirando del carruaje del déspota, Jovellanos encarcelado y la Santa Inquisición campando por sus respetos ¿realmente es tan horrible encerrarse en la torre de marfil cual Dama de Shalott asegurándonos de no asomarnos la ventana… de nuevo, para no ver otro Lancelot a quien veríamos caer… de nuevo?

Bueno, pues he decidido encerrarme en mi propia torre que, si no es de marfil (por que es ilegal y yo no cometo ilegalidades pues no tengo ambiciones políticas), es de algo parecido, que me aísle lo suficiente como para vivir en paz y llevándome la menor cantidad posible de berrinches que no tengo yo el cuerpo pa comistrajos ni las neuronas pa basura.

Afortunadamente, el material del que están hechos los sueños y las paredes de mi torre no es el estiércol de fuera sino la sensibilidad a algo (pinturas, cine, literatura, personas incluso, palabras, poesía, música no por que soy un negado para ella, salvo excepciones muy literarias) Afortunadamente dentro hay nociones de lo que es ética, vergüenza y delicadeza. Afortunadamente puedo intentar mantener mi torre limpia de la contaminación del exterior. Conseguirlo, no sé pero intentarlo, sí.

Ahora que naufragan las esperanzas que me guiaron.

Ahora que mueren los sueños.

Ahora que nacen los monstruos que la razón soñó.

Ahora que todo es el Carro de heno

Ahora que se ha apagado la luz.

Nos queda, dijo el poeta, la palabra. La certeza de que la luz existe, el gozo de la contemplación estética, la satisfacción de la propia estimación aunque no podamos estimar a nuestros compañeros de destino, y, en último término “siempre nos quedará París”.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Poema ¿infantil?

Lo leí hace un montón de años en un libro de cuentos desvencijado y roto que me prestaron y no sé por que últimamente se me viene mucho a la cabeza, sobre todo en los telediarios y demás.
EL RATÓN DENTRO DEL QUESO
(Pablo de Jérica)

Mientras en guerras
se destrozaban
los animales
con justa causa,
un ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
estaba siempre
dentro de un queso.

Juntaban gente,
buscaban armas,
formaban tropas,
daban batallas:
y el ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
siempre metido
dentro del queso.

Pasaban hambre
en las jornadas,
y malas noches
en malas camas;
y el ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
siempre metido
dentro del queso.

Ya el enemigo
se ve en campaña;
al arma todos,
todos al arma;
y el ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
siempre metido
dentro del queso.

A uno le hieren,
a otro le atrapan,
a otro le dejan
en la estacada.
y el ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
siempre metido
dentro del queso.

Por fin lograron
con la constancia,
sin enemigos
ver la comarca;
y el ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
siempre metido
dentro del queso.

Mas ¿quién entonces
lograra alcanzar
el premio y fruto
de tanta hazaña?

El ratoncillo,
¡qué bueno es eso!,
que siempre estuvo
dentro del queso.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Jornada de reflexión

Ambiente antes de la JMJ en Madrid. Reflexionemos pues.

domingo, 13 de noviembre de 2011

...que por doler me duele hasta el aliento.

No sé quien dijo, este país ha inspirado muchas frases célebres pero también el olvido de quien las dijo por que el pensar siempre ha estado mal visto aquí (salvo si piensas como Torquemada, que siempre gusta): “Me duele España”. En realidad no es cierto, no me duele España, de hecho una España que consiente y pasa por alto esto –francamente- me importa un rábano. Lo que me duele es la absoluta, total, completa y definitiva impunidad en que el país y sus instituciones están dejando caer el asunto. Ahora se habla, se hace público, pero nada más. ¿Qué va a pasar dentro de un mes, dos? Si tres cuartos de siglo después todavía resulta escandaloso para algunas mentes desenterrar los asesinados en las cunetas ¿qué pensarán, si es que piensan, de algo tan reciente, tan sangrante aun? Por otro lado, estamos, asistiendo a espectáculos como éste, que ni el esperpéntico Valle ni el propio Goya en sus Disparates fueron capaces de imaginar, impávidos, como quien ve un capítulo más de una zafia serie yanki, en lugar de darse cuenta de la mafia-secta que sigue ocupando poltronas por que la impunidad, Uno, no sólo la generó la dictadura sino que ahí sigue, inmutable e inasequible.
Una España que deja que maten y tiren a sus muertos, que dejan que roben a sus niños, que permite que un uniforme de un tipo u otro no sólo delinca sino que culpabilice a la víctima y que, encima, se crea autorizado a decidir que mejor muerto que “mariquita”; esa España que lo tolera como algo natural, que no reacciona, que mira a otro lado y que se extasía:
ante el azar prohibido
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero
la suerte de un tahúr o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.
(A. Machado)
Una España que engrandece al delincuente si es de su equipo de fútbol, de su pueblo, o por tener un buen culo o el insulto fácil; una España que ni ha borrado ni quiere hacerlo el oprobio del “vivan las caenas”; una España descreída que se entrega por pereza o miedo a las sectas de todo pelaje cuyo poder crece a ojos vista, esa España no puede doler. No a mí. Pero “por doler me duele hasta el aliento” (que dijo Miguel Hernández), no ella, sino cada humano suelto, perdido, vejado, humillado y culpabilizado que la conforma, humanos asustados por que, no lo neguemos, el miedo nos come. El miedo que nos inculcaron nuestros padres y abuelos a los que tenemos cierta edad y el miedo a no que si protesto mucho no pueda llegar a la videoconsola o al coche de lujo en quienes no la han alcanzado. Humanos despojados de sus muertos y de sus niños que han pululado, que aún lo hacen, por estas tierras, sin pasado y sin futuro. Con la vergüenza de unas cunetas y la certeza de la impunidad de esos sacamantecas hospitalarios. Sin pasado y sin futuro.

martes, 8 de noviembre de 2011

Tanto dolor se agrupa en mi costado...

que no tengo palabras. Me limito a recoger el artículo publicado ayer por El Pais, sé que es largo pero vale la pena para ver en donde estamos.
"Entre tanta niña, su hijo le habría salido mariquita. Mejor así"

Una monja de la clínica San Ramón comunicó a unos padres la supuesta muerte de su bebé de cuatro días - Cuarenta años después lo ocurrido consta como aborto
Era el quinto hijo y el primer y esperado varón del matrimonio Rubio Arribas. Nació el dos de marzo de 1971 en la clínica San Ramón de Madrid. "Está un poco bajo de peso. Hay que llevarle a la incubadora, pero usted váyase a casa y ya la llamaremos", le dijeron a la madre. Gloria Arribas insistió en ir a ver y dar de mamar todos los días a su hijo. "Al cuarto día, le dijeron que había muerto. Mi madre no entendía nada, porque lo había visto unas horas antes y estaba perfectamente. '¿Pero de qué?', preguntó llorando. Y entonces el doctor Eduardo Vela Vela, director de la clínica, le dijo a mis padres: 'Ha muerto de un enfriamiento. Como se empeñó usted en sacarlo de la incubadora para darle de mamar, se ha enfriado'. Encima, le echó la culpa a mi madre", relata Gloria Rubio Arribas, de 50 años, que busca ahora a su hermano, convencida de que no murió, se lo robaron.
Cuando pidieron ver el cadáver, como en tantos otros casos denunciados en fiscalías de toda España, el personal de la clínica San Ramón les dijo que era "imposible". "Nosotros nos encargamos de todo. Ya está dada la orden en el cementerio de La Almudena, es el procedimiento habitual", recuerda Gloria que le dijeron a sus padres. "Mi familia protestó. Mi tío, que era un militar muy influyente entonces, dijo que cómo era posible que lo fueran a enterrar ya donde le diera la gana al hospital, cuando la familia tenía un panteón. Años después, mi tía nos dijo que él había intentado hacer algo, pero que alguien le había dicho: 'Gregorio, no toques este tema, olvídate".
En el pasillo de la clínica, Gloria Arribas y Antonio Rubio lloran desconsolados cuando pasa una monja. "Les preguntó a mis padres por qué lloraban, y mi madre le contó que les acababan de decir que su bebé había muerto. '¿Tienen más hijos?', preguntó la monja. 'Sí, cuatro niñas', respondió mi madre. 'Pues ya tiene bastantes. Piense que hay gente que no tiene ninguno y que entre tanta niña, además, le hubiese salido mariquita. Mejor así".
El matrimonio salió del hospital sin el niño. "Fue muy triste porque el día que nació nos habían llamado para decirnos que teníamos un hermanito rubio guapísimo y cuando llegaron a casa nos tuvieron que explicar que ya no, que había muerto...", relata Gloria, que entonces tenía 10 años. "Mi madre no paraba de llorar. Se obsesionó. Y mi padre, que vio que aquello iba a acabar con ellos, decidió un día guardar todos los papeles en un arcón y decir que no se hablaba más del tema. Y así se hizo".
En aquel hogar no se volvió a hablar del niño - "mi madre solo lo hacía cuando no estaba mi padre"- hasta que empezaron a ver en medios de comunicación casos similares de familias a las que años atrás les habían dicho en aquel mismo hospital o en otros que su hijo había muerto y que ellos se "encargaban de todo". Gloria, la hermana mayor, decidió empezar a investigar.
"La primera parada fue el Registro Civil. Cuando nació mi hermano le dijeron a mi padre que ellos hacían este trámite. Así que fui allí a buscar una partida de nacimiento suya. No existía. Tampoco de defunción. Me sugirieron que mirara en el legajo de abortos, y fui, pese a que mi hermano había vivido cuatro días, dos más que las criaturas abortivas". Y allí estaba. Con la fecha de nacimiento cambiada y pese a que a la clínica había cobrado a los padres cuatro días de incubadora (1.200 pesetas, 7,2 euros). Un detalle de avaricia que hoy puede servir de prueba para la investigación del caso, que lleva la fiscalía de Madrid gracias a que Antonio Rubio pidió una factura antes de abandonar aquel hospital y la guardó toda su vida.
"Cuando empecé a buscar, creo que lo hice con la esperanza de comprobar que mi hermano había muerto de verdad, que no nos habían engañado. Pero cada papel que pedía era una nueva irregularidad, cambiaban las fechas, los médicos...El día que me dieron el legajo de abortos, me quedé allí sentada, en shock, dos horas. No me podía creer que esto nos hubiera pasado a nosotros. No me podía creer, como mi padre no quiso creérselo tampoco, que médicos y monjas pudieran hacer algo así", explica Gloria, que enseñó toda su documentación al fiscal el pasado 13 de abril. "Mis padres habían decidido que mi hermano naciera en el San Ramón y no en casa o en un hospital público porque pensaron que era lo mejor de lo mejor. Y mira lo que pasó. Mi madre me contó, además, que aquel mismo día se había muerto el bebé de una señora que estaba en otra habitación. A lo mejor también lo robaron".
El padre de Gloria ya ha muerto. Su madre vive con angustia la búsqueda. Gloria admite que el asunto les obsesiona. "Cuando veo en las noticias que ha muerto un hombre de 40 años en un accidente de coche, pienso que puede ser mi hermano. Otras veces imagino las barbaridades sobre nosotros que pueden haberle contado sus padres adoptivos. Durante mucho tiempo, el único consuelo era pensar que había ido a parar con una familia bien posicionada que quería tanto un bebé que había pagado por él. Pero hemos oído casos de niños que dieron con familias que les maltrataban... Lo cierto es que aunque no esté en nuestro libro de familia, a ese niño ni nos lo inventamos, ni lo soñamos. Mi madre fue a verle cuatro días. Y cuatro días le cobraron de incubadora".

NATALIA JUNQUERA / JESÚS DUVA - Madrid - 06/11/2011

Pero aun hay más y aunque volveré sobre el tema ahí os lo dejo:
- Los fiscales han archivado masivamente casos de niños robados por falta de indicios o prescripción de los posibles delitos. Por ejemplo, en Madrid, donde el fiscal jefe recibió más de 200 denuncias, se han archivado cerca de 65. El paso del tiempo impide, además, la obtención de pruebas o testimonios. Los supuestos restos de muchos de esos niños fueron trasladados a los diez años del fallecimiento a un osario común, lo que impide exhumaciones para extraer muestras de ADN

domingo, 6 de noviembre de 2011

Respuesta 14 sobre ¿Qué nos hace humanos?

Roberto T: me estremece lo que me cuentas de los niños, ya no se les lleva a los hospitales para que no se contagien (jejejeje) y se les oculta la realidad de la enfermedad, quizás no sea sólo un problema para con la infancia (quizás la edad más perversa del ser humano, muy lejos de esa inocencia ficticia, más que nada por que el niño ni es consciente del daño que hace ni tiene normas morales fijas, hay que dárselas. Hablo, por supuesto, del niño que ya se ha socializado, que ya no es un bebé, vamos.) sino que observamos el afán de ocultar a los seres cercanos, todo lo negativo o siniestro. También creo que lo propiamente consumista no es responsable de esto, al fin y al cabo tanto la enfermedad como la muerte son y podrían ser más, unas vías de consumo muy potentes. Es otra cosa. Algo infinitamente peor y más siniestro.

Pe-jota: completamente de acuerdo contigo salvo en el término que empleas “descreido”, creo que gran parte de la responsabilidad de esta “deshumanización” está, precisamente en el exceso de creencias. La ley del péndulo, por supuesto, pero también en estar demasiado guiados por unos comportamientos –hablo de la iglesia católica- acomodaticios ante todo. Eso es lo que el creyente ve. Las fuentes de creencias se acomodan con mucha facilidad a según que cosas (regímenes, explotación, etc) y se mesa las barbas y rasga las vestiduras por que sus “fieles” no obedecen sus tiránicas leyes. Ese es el modelo que sigue el creyente y la consecuencia es la deshumanización, entre otras muchas, claro. La causa es que se tiene una fe igualmente acomodaticia que no exija un esfuerzo a las neuronas, creer sin pensar. Ah, la delicia de todo déspota.

Carlobito: el ser humano es el único que es consciente de su extinción, no el único que tiene miedo a la muerte, los animales huyen del peligro despavoridos. Sólo que nosotros podemos imaginar y proyectar nuestros miedos igual que deberíamos ser capaces de asumir quienes somos y de quienes venimos.

Un abrazo a todos y gracias por seguir leyéndome.

martes, 1 de noviembre de 2011

¿Qué nos hace humanos?

No soy antropólogo, más quisiera yo, pero siempre he oído que dos son los hitos que marcan la evolución del hombre desde el peludo semisimio con cara de alcalde de Marbella o concejal de urbanismo al hombre civilizado (en la medida que nos podamos considerar tales). El primero de ellos ha sido determinado recientemente, hará unos cinco años, cuando se descubrieron los restos de un humano o humanoide que se pudo comprobar que había vivido bastante tiempo sin dientes, lo que en una vida en la que la comida se arrancaba a mordisco limpio de la presa implica que alguien estuvo masticando por él. A partir de ahí podemos considerar que la especie se hizo humana. El gran y vilipendiado por la Santa Madre, que Madre tenía que ser, Jean Jacques Rousseau sostenía que el hombre es intrínsecamente bueno, cosa que también ha sido probada en experimentos recientes de un modo tan curioso como entrañable. Se cogía a un niño de año y pico, dos años y se le dejaba con sus juguetes tranquilamente, se montaba un tendedero y alguien comenzaba a tender la ropa, deja caer una pinza y e intenta cogerla desde el otro lado, hace como que no puede y el niño, instintivamente, se la alcanzaba, siempre. Curioso comportamiento en alguien que no tiene aún las pautas de comportamiento social aprendido. Luego, uno de los pilares fundamentales de la condición humana es la preocupación por “el otro”.
Como de humanos pasamos a iniciar el proceso de la civilización supone el segundo hito a los que me refería. Volvamos a los hallazgos antropológicos. En tribus nómadas que han llegado a nuestros días (y me refiero hasta el XIX que fue cuando se iniciaron muchas investigaciones, no siempre con fines lícitos ni éticos) en las formas de vida más primitivas, cuando se les preguntaba como habían muerto padres o parientes la respuesta era “se quedó atrás”, y la tribu siguió su camino, es la segunda parte de esta respuesta. Creo que la civilización comenzó el día en que alguien se detuvo, cubrió el cadáver y dejó una marca en aquella primitiva tumba. Cada vez que la tribu pasara por ese lugar reconocería que allí había uno de los suyos. Las primeras muestras de cultura y civilización siempre surgen en torno al arte y la cultura funeraria, se le puede llamar culto a los muertos, se le puede llamar recuerdo a los que faltan o se le puede llamar consciencia de las raíces de las que venimos. “Como queráis que igual es” que diría el ínclito Don Juan Tenorio. El caso es que lo que nos hace humanos civilizados en el principio son estos dos pilares en los que sin duda alguna se apoya todo lo demás que ha ido viniendo después tanto en lo más excelso como en lo más abyecto.
Recientemente y como tengo este maldito triple vicio de observar, pensar y opinar –cosas todas imperdonables en esta sociedad en que alguien mastica por nosotros sí, pero nuestra forma de pensar, no aquello que realmente necesitamos- he descubierto cosas extrañas, inquietantes. Por ejemplo, hace unos días tuve a un familiar ingresado en el hospital, nada serio pero una semana sí que nos pasamos allí. Pues bien, si en la sociedad actual el peso de la tercera edad es enorme, dentro de los hospitales es infinitamente mayor no sólo entre los pacientes sino también entre los acompañantes, maridos –los menos, suelen estar ya enterrados- hermanas, hijas, cuñadas, primas incluso forman una inmensa mayoría de los acompañantes. El lugar de encuentro es el restaurante-comedor donde acuden cada día acompañadas por alguien diferente, otra pariente de más o menos su quinta suele ser la norma, también hay maridos, e incluso hijos y, menos frecuentemente, nietos. Lógicamente cuando una persona está en esas circunstancias suelen ocurrir dos cosas: primero su salud se deteriora, aunque por lo visto no es cierto pues estas señoras, enfermas de todo, se metían entre pecho y espalda unos guisotes, unos pedazos de cerdo grasiento que si lo hubiera hecho yo acabo en la UVI directamente desde el comedor pero ellas resultaban capaces de digerir una viga de acero colado, segundo efecto esperable es la preocupación por el enfermo, el supeditarlo todo a como va a salir de este momento –que muy bueno no es precisamente- pero tampoco debe ser cierto por que de lo que más se oía hablar era de los viajes que iban a hacer con el Inserso o con lo que fuera. Ah, y de comida, de cómo habían comido en tal o cual viaje, de lo mala que era la comida que estaban comiendo, de qué había de menú. Comida –en todas su variables, la que habían comido, la que estaban comiendo y la que pensaban comer- y viajes que habían hecho y, mucho más, de los que pensaban hacer. Por otro lado no hago sino escuchar a la gente que “ellos pasan de ir a los cementerios”, que eso son “tonterías”, “que, total, ya están muertos”, e intentan argumentar con mil y un recursos de niñatos malcriados, Peterpanes eternos y cómodos, hedonistas sin placer, el simple hecho de que no están dispuestos a tomarse la más mínima molestia por sus ancestros, padres, abuelos y demás. Con lo simple que es decir “no voy por que no quiero”, pero no, por que eso implica un posicionamiento vital y ¡ah, no!, ¡eso sí que no! Hasta ahí podríamos llegar.
Creo que estoy divagando y alejándome del tema. Intento retornar a él. Con estas actitudes desde mi punto de vista estamos atacando lo que nos hace humanos, los dos pilares a los que me refería más arriba. La pregunta, lo que realmente me inquieta, es: si nosotros mismos estamos trabajando, muy intensamente, para acabar con aquello que nos ha hecho humanos y al hacerlo no sentimos racionales, modernos y ¡libres! ¿qué puede esperar la especie sino aquello por lo que tanto está trabajando? La regresión al estado animal, al “se quedó atrás”. No cabe duda de que alguien saldrá ganando con ello, si no, no estaría ocurriendo pero ¡es tan cómodo emborracharse en Halloween y dormirla en Todos los Santos! Eso sí, con argumentos ¿eh? Con argumentos.
No quiero decir que considere obligatorio ir a un sitio u otro, quiero decir algo más grave, que ni siquiera se tiene la conciencia de que se brota de unas raíces y que su recuerdo ha de respetarse este día de Todos los Santos o cualquier otro yendo o no a los cementerios pero sí teniendo presente de qué va todo esto y quien gana cuando lo olvidamos.
En cierta ocasión estuve en un hospital varios meses y un pariente muy cercano me dijo: “mira con el buen tiempo que hace no voy a desperdiciarlo viniendo a verte así que ya cuando salgas nos vemos”. Lo que hacía este buen hombre era irse a la sierra de bares por los pueblos para acabar como una cuba. Años después otro me dijo “no voy a verte por que no me gustan los hospitales”, jódete y baila, ¡pues anda que a mí! El caso es que, encima, hay que respetar su honradez y, de paso, su desvergüenza en el mejor sentido, yo, aunque fuera cierto, no tendría valor para decirlo. Pero si ni a los vivos les atendemos ni a los muertos les recordamos ¿es el alcohol en Halloween o en las tabernuchas infectas de la sierra o la caravana camino de la playa levantina con sus correspondientes chiringuitos igualmente infectos a lo único que ha de aspirar el bicho humano?
Por cierto: felices huesos de santo, que eso funciona siempre.

Respuesta 13 sobre Antes de que se vaya octubre.

Uno: creo que ya he salido de todos los armarios aunque de algunos nunca he sabido si estuve dentro alguna vez y de otros estoy como dicen de los gallegos que nunca se sabe si suben o bajan la escalera, pues igual, no sé si entro o salgo pero lo cierto es que ¿A quien le importa duduaaa?

Pe-jota: una novedad descubrirte alguien por que tú me tienes hundido en la miseria con la cantidad de aportaciones que estás haciendo a mi conocimiento estético. En realidad Tissot no dejó nada nuevo en la historia de la pintura pero tanto sus damas como sus paisajes bíblicos son de una alta calidad pictórica auque ya entonces superada por las sucesivas oleadas de modernidad en las artes.

Gracias por leerme a ambos.