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martes, 11 de septiembre de 2012

La Copla 3: El relicario


Es evidente que me dejo atrás cupletistas, cuplés, autores como Alvaro Retana que es pieza fundamental de la España de la preguerra y que hizo de todo, pero evidentemente no pretendo ser exhaustivo (ya quisiera yo, ya) sino acercarme al porque de la Copla, desde un punto de vista estrictamente personal.
Existian, decíamos, cuplés dramáticos, incluso con estructura dramatizada más o menos melifluos que siguieron componiéndose a pesar de la inevitable decadencia del género. Sin embargo, y como opinión absolutamente personal, creo que hay uno que supone el giro, la articulación entre el cuplé, que ha recogido toda la tradición previa como vimos, y la Copla. Me estoy refiriendo a “El relicario”, naturalmente.
Es un pasodoble, música que también procede de la Tonadilla escénica, compuesto por el maestro Padilla (1899-60), en 1914 y estrenado en Teatro Eldorado de Barcelona en septiembre de 1914 interpretado por Mary Focela, pasando desapercibido a pesar de estar bastante tiempo en escena.

Raquel Meller interpretando "El relicario" por Carlos Vázquez

Entra entonces en nuestra historia un personaje que supone palabras mayores en la música de la primera mitad del XX: Raquel Meller (1888-1962). Mujer inteligentísima, personaje idolatrado que llegó a ser retratada nada menos que por el mismísimo Joaquín Sorolla. Fue una de esas españolas ante las que París cayó de rodillas y hasta el mismo Chaplin pretendió que rodara Luces de la ciudad, en vano, pero se apropió de La violetera, otro de sus éxitos, que quedó como tema central de la película. Sin embargo, su gloria fue de la mano del cuplé y con él entró en decadencia muriendo prácticamente olvidada, a nivel espectáculo pues la gente, el pueblo nunca dejó de hablar de Raquel Meller. Añadir que era bellísima resulta innecesario, pero destacar el recuerdo que han dejado sus ojos, verdes en cuyo recuerdo se recrea Neville, en el imaginario colectivo.

Al reestrenar (la fecha en que lo hizo varía segun autores) el cuplé Raquel Meller se dio cuenta sin duda de la potencialidad dramática del mismo. Hasta entonces el cuplé se representaba con vistosas vestimentas y ademanes sandungueros pues no hemos mencionado que todas las formas escénicas que venimos mencionando incluían una parte de danza más o menos refinada o elaborada. El especial dramatismo de esta pieza radica en una música cascabelera o casi pero contrapunteada por una historia trágica protagonizada por la dama y el torero. Decidió la cupletista introducir un cambio radical en el concepto de puesta en escena. En primer lugar cambió el vestuario, nada de lentejuelas y jolgorios: luto riguroso, con mantilla, muy española, muy sobria, muy, si se me permite, en la línea del retrato de la Duquesa de Alba de Goya, pero sin la faja roja, obviamente. En España cuando se lleva luto, se lleva de verdad y a ninguna le interesa… pero esa es otra historia. Hizo que tan sólo un foco la iluminara y lo interpretó, por lo que sé, con muy poco movimiento o ninguno: el éxito fue arrollador. El cuplé había subido un escalón.

Jardines del Maestro Padilla en Madrid, modestos pero coquetones.

Un día de San Eugenio
yendo hacia El Pardo le conocí
era el torero de más tronío
y el más castizo de to Madrid.

Iba en calesa
pidiendo guerra
y yo al mirarlo
me estremecí.

Y el al notarlo
bajo del coche
y muy garboso
se vino a mí.

Tiro la capa
con gesto altivo
y descubriéndose
me dijo así:

Pisa morena
pisa con garbo
que un relicario
que un relicario me voy hacer
con el trocito de mi capote
que haya pasado
que haya pisado tan lindo pie.

Un lunes abrileño el toreaba
y a verlo fui
nunca lo hiciera que aquella tarde
de sentimiento creí morir.

Al dar un lance
cayo en la arena
se sintió herido
miró hacia mí.

Y un relicario
saco del pecho
que yo enseguida
reconocí.

Cuando el torero
caía inerte
en su delirio
decia así:

Pisa morena
pisa con garbo
que un relicario
que un relicario me voy hacer
con el trocito de mi capote
que haya pasado
que haya pisado tan lindo pie.

Soberbio retrato de Raquel Meller salido de los pinceles de Sorolla.

Hay un aspecto que necesita subtítulos por así decirlo: un día de San Eugenio yendo hacia El Pardo. No es tradición muy conocida ni en Madrid así que imagino que quienes no sean de aquí y me lean (gracias, chicos/as) no situarán el contexto. El Pardo tiene aun unos hermosos encinares de gran valor ecológico, existe la leyenda de que el Rey Felipe IV encontró a un hombre recogiendo bellotas en esos montes que eran patrimonio real, el hombre le dijo que era lo único con que podía alimentar a su familia. El Rey le dejó ir con unas monedas y desde entonces un día, el de San Eugenio, dejó entrada libre a sus montes para recoger bellotas, episodio que vale de inicio de “El barberillo de Lavapiés”. Con el tiempo derivó en una fiesta-romería, la única que no se hace en torno a una ermita o santuario y así se mantuvo hasta que el Anterior jefe del Estado (como fino, he quedado finísimo) se instaló en el Palacio de El Pardo y prohibió la celebración que se retomó en el año 1993. Por cierto: la fecha es en noviembre lo que, en el cuplé, viene a marcar un aspecto –hoy perdido al oirlo, pero entonces seguro que muy vigente- el hecho de que nace una relación más o menos estable (del tipo que sea), de noviembre a abril, lo que lo aleja aún más de la frivolidad cupletera.

En “El relicario” se aúnan todas las características que veníamos viendo desde el principio, sumando, además, el tema taurino como representación de la “españolidad”, quizás aquí sí, un poco panderetística. Sólo falta para convertirse en Copla un toque regional, no necesariamente andaluz, en la música. Si escuchamos la versión de Raquel Meller y la comparamos con la que hizo Rocío Jurado en 1992 veremos como casi no hay ni un paso para ser copla, siendo cuplé.

4 comentarios:

  1. Raquel era de Tarazona como Paco Martinez Soria. Una ciudad por lo visto capaz de lo mejor y lo peor.
    El retrato de Sorolla de Raquel con pamela me ha recordado a esa foto de Marilyn Monroe con un gran tutú.
    La Jurado, tengo que reconocer, cantaba muy bien la copla.
    Muy interesante Joaquinito.
    Un abrazo

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  2. David, muchas gracias, espero que siga siéndolo.
    Uno: Raquel era mucha Raquel, en todos los sentidos. Sí, parece una prefiguración de aquella imagen. Rocío era una gran voz y podía darle a cualquier cosa, he de reconocer que más que cantar la copla cuando ella quería cualquier cosa era copla.
    Gracias por leerme
    Un abrazo

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  3. Tal vez Rocío sea la última gran representante de este género, bueno la copla, la última que supo revestirlo de dignidad.

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