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miércoles, 10 de octubre de 2012

Artesania madrileña

Esta entrada viene a ser una segunda parte de la anterior pero más localista y ya sabemos que no hay nada más universal que lo más local, lo más íntimo. Situémonos: centro de Madrid, concretamente Calle de la Sal, esquina Marques Viudo de Pontejos, a menos de cincuenta metros de la Plaza Mayor. Para quienes no conozcan Madrid este rincón es uno de los puntos más “madrileños” de la ciudad. Bien. Ahora situémonos en la circunstancia: desde hace unos pocos años esta ciudad se ha convertido en uno de los centros turísticos del país, claro, eso ha generado una proliferación de comercios dedicados a la fértil industria del Souvenir, no sólo aquí sino por toda la ciudad. Aparte de la presentación hortera y directamente atentatoria contra el entorno que tienen la mayoría de ellos quisiera destacar unas cuantas cosas. Primera: su descuido absoluto y me explico alguna hay que sigue teniendo el rótulo de “Droguería”, muchas tienen los suelos levantados y el aire de haber sido montados como quiosco de mercadillo. Segunda: la desfachatez de anunciarse así como quien no quiere la cosa como “Artesanía madrileña”. Aquí me quiero detener con calma y tranquilidad por que si me dejo llevar empiezo a echar espuma por la boca y a soltar sapos y culebras.
Madrid, en mi modesto saber y entender, tiene una artesanía propia de toda la vida que es la platería, especialmente en esa zona. Evidentemente no conozco a fondo el tema pero supongo que dada la posición geográfica que tenemos las artesanías castellano-manchegas tendrían buena representación en nuestra tradición. Es obvio que un comercio de este tipo necesita algo más, lo que ha dado en llamarse merchandaise: jarritas, abanicos y demás cosillas turísticas, baratijas absurdas pero que siempre funcionan. Incluso se ha creado una semindustria que cabría decir meninesca, que se basa en hacer mil y una versiones –éstas sí artesanales- de una o varias de las figuras de las Meninas. Podría ahora despotricar sobre que en pseudocomercios como esos que se amparan en “artesanía madrileña” aparece todas las folclaradas andaluzas (que como bien sabéis adoro), como miles de muñecas flamenconas y ninguna chulapa. Aunque hay algo peor: en el gran almacén por excelencia de esta ciudad hay flamenconas y mozos de San Fermín, pero nada de tradición madrileña (y digo nada). Sin embargo, no es eso lo que me indigna, entre los decimonónicos y el Hemingway España ha de cargar con esas visiones. No, no es eso lo que hace que mis neuronas se ericen y echen chispas y hasta que se me pasen ideas neronianas.

Veamos y contestemos a una pregunta ¿En cual de los dos conceptos expresados por “artesanía madrileña” encajan los uniformes de los equipos de fútbol, me temo, además que hechos en China, aunque no lo he podido comprobar?, ¿desde cuando un balón es “artesanía madrileña”? Es más: ¿desde cuando los escaparates tienen permitido ocupar media calle con sus maniquíes futboleros? E incluso más aun: ¿madrileño el uniforme de Barcelona?

No sería sino otra de las contradicciones de esta ciudad e incluso cabría meterlo dentro de la vieja idea, creo que cierta, de que Madrid acoge e incluye a todos, si no fuera por que es fútbol. La célebre Marca España se potencia, corrige y aumente si hablamos de deporte en general y de fútbol en particular. Es decir, si hablamos de magnates y mangantes que manejan miles de millones, camiones de sustancias como mínimo sospechosas cuando no abiertamente ilegales y que hacen uso de las masas, convenientemente hipnotizadas por la avalancha de los medios de comunicación vendidos, para intereses (ahora si digo políticos se entenderá que me refiero a lo sucedido el domingo en el Camp Nou pero no es SOLO eso, recordemos al G. I. L. por ejemplo), intereses, decía en absoluto deportivos. Sinceramente me siento ofendido al ver reducido todo, es decir TODO, a eso, y me siento ofendido al no poder salir a la calle sin que los maniquíes con equipaciones deportivas me corten el paso, al ver como desaparece cualquier otro producto –madrileño o no- bajo esa oleada.

No hace mucho un sociólogo o escritor decía que por primera vez en quinientos años Inglaterra tenía que tragar –ese fue el término que empleo- con las victorias españolas. Y se quedó tan ancho el tío. Aquí los únicos que tragamos, además de las nadadoras de natación sincronizada, claro, somos nosotros, no los españoles o habitantes de este territorio, que empieza a dar miedo emplear según que términos para que no se malinterpreten, sino quienes nos resistimos a considerarnos victoriosos por que un equipo de lo que sea pero siempre de jovencitos/as de élite, venerados como ídolos, gane a otros semejantes o idénticos a ellos, todo eso presuponiendo (lo que empieza a ser mucho presuponer) que el jueguecito no este amañado. Que nos negamos a que eso sea lo que somos. Que nos resistimos a quienes quieren imbuirnos la idea de que esos músculos nos representan. En suma: otra forma de hacernos perder la identidad individual y colectiva para sumirnos en mareas de mentes manipuladas, en reses arreadas hacia no sé muy bien donde pero me temo lo peor.

3 comentarios:

  1. No se que es actualmente lo mas visitado en Madrid: el museo del Prado o el Bernabeu. Seguramente las figuritas de Cristiano Ronaldo, o incluso de Messi, han desplazado del top ventas a las meninas en el souvenir madrileño.
    Por lo demás tienes mas razón que un santo. Se nos manipula de tantas y tan sutiles como burdas formas.
    Ese montón de gente sujetando su cartoncito cuando se lo mandan para hacer la bandera catalana en el Camp Nou me produce los mismos escalofríos que aquellas manifestaciones sindicales que montaba Franco en el Bernabeu. Quizá eran todos tan jóvenes que no las conocieron.
    ¿No había en el estadio catalán ningún seguidor del Real Madrid? No me los imagino pidiendo la independencia con su cartoncito de color.

    Un abrazo

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    1. Verás: abordas dos temas en los que no suelo entrar por que siempre doy el cante y estoy en desacuerdo con todo el mundo. Los nacionalismos (en general) y el fútbol (como deporte y como todo lo demás). Gracias por tus palabras y por leerme especialmente esta entrada pelín rabiosa.

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  2. Aquí estamos en pie de guerra con este tipo de comercio que ha desvirtuado parte del centro, la zona más afectada es la de Les Rambles, una sucesión de absurdidades que dan más pena que gloria.

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