Páginas vistas en total

lunes, 8 de octubre de 2012

Marca España

No suelo tardar tanto en publicar en el blog pero es que estos días he estado intentando masticar con la intención de subir aquí un par de conceptos que se me han atragantado. Como me he propuesto que la gentuza que nos dirige, gobierna, manda y mangonea (que son cuatro conceptos y cuatro grupos no necesariamente coincidentes) me amargue la vida lo menos posible (ya me la han destrozado varias veces y “se contaron por miles” las veces que lo ha intentado) no me puedo permitir digerir sino muy poco a poco las cosas. El caso es que nos han quitado la identidad.

Sí, no penséis que me he vuelto loco: nos han quitado la identidad y no hablo de este mundo cada vez más global para lo bueno y para lo malo. No. Es algo más innecesario, evitable y estúpido –exactamente como la gentuza a la que me refería hace un momento-. Por que, veamos e intentemos responder a esta básica pregunta: ¿qué somos?

La respuesta dada a bote pronto, así como a la remanguillé nos dice mucho de la persona:

Hombre, faltaría más (macho ibérico)

Mujer, a mucha honra (feminista feroz)

Cristiano, por la gracia de Dios (ejem, ya sabéis)

Madridista/Atlético/Culé etc (también conocéis el ejemplar)

Contribuyente (ministro de hacienda hablando de lo que son otros)

Votante (político pensando en lo que quiere que sean otros)

Currante (hombre de la calle que no da más de sí)

Gordo (alguien que pasa mucho hambre)

Español/catalán/gallego/andaluz etc (de nuevo un ejemplar por todos conocido)

Pobre (alguien que espera que tú le hagas dejar de serlo y que, posiblemente, tenga más que tú en el banco. El pobre de verdad no responde eso como primera opción)

Así podríamos seguir bastante tiempo sin contar con los consabidos ejemplos de complejo de Cenicienta que abundan a punta pala. Es evidente que ninguna de esas respuestas tiene un valor absoluto, sino que son calificativos del concepto que debería ir delante (pero no va): persona, ser humano, incluso animal bípedo me valdría. Pero no, nosotros mismos nos rebajamos a no ser más que aquello que simplemente nos califica en relación a otros. Sin embargo, no es suficiente. Todavía eso parece a algunos demasiado digno y librepensador y han inventado algo que simplemente destruye toda identidad, incluso las que son tan falsas y banales como las anteriores. Ya no somos ni humanos, ni naturales de tal o cual tierra, ni profesionales, ni personas espirituales: somos una marca.

La Marca España (Cataluña, Euskadi, Madrid, etc). ¿Puede envilecerse más un concepto de cientos de años de historia? ¿puede caerse más bajo que considerarse a la altura de un yogourt o un papel higiénico? Quienes antes eran representantes de la soberanía popular, símbolos de una nación, frutos de una cultura milenaria, son ahora meros viajantes de comercio mendigando un mendrugo no con la cabeza alta de un vuelco histórico sino con la mezquindad de mercachifle que se ve a sí mismo sólo como una marca, como un puro objeto, una marca comercial. Y somos millones.

Sin embargo, yo no soy un bote de Colacao ni un jamón de jabugo, no tengo Marca España, todavía no me han tatuado el código de barras (¿no iremos hacía eso?) y me niego a ser considerado un muñequito o una chorradita cualquiera que viene dentro de la caja que trae la Marca España en mi caso, que cada quien ponga aquí lo que le cuadre.

El ínclito Asteríx en cierto episodio se hace vender como esclavo en Casa Tifus (sin duda pensando Audrey Hepburn) y pasa a ser un “objeto delicado” junto con Obelix, un producto de la mejor empresa de trata de esclavos de Roma. Son “Marca Tifus”, un galardón para quien los compra. ¿Es eso lo que se pretende con la Marca España? ¿reducirnos a eso?

Las palabras tienen el extraño poder de parecer inofensivas pero de ser la mayor arma de destrucción conocida. No nos dejemos engañar por el fluir inocente de las lenguas de periodistas y gerifaltes incultos y falaces que parecen no ser conscientes de esa fuerza, lo son y saben como esos conceptos ocultos en la palabra van creciendo y echando raíces. ¡Y es tan fácil de manejar!

6 comentarios:

  1. No te preocupes, Joaquinito. Como esta vida me ha llevado a estar cerca del folletín del markertín, llevo oyendo lo de la marca España una barbaridad de años (tantos que me da vergüenza especificar). Nunca se hace nada al respecto excepto declaraciones y cenas.
    Ca uno es ca uno.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Joaquin tienes la virtud de dedicarle tiempo a la reflexión y transmitirnos con ello la necesidad. En estos momentos en que mi vida se encuentra en un tunel oscuro y la cabeza esta en otras cosas, me vienen bien estos destellos que me ayudan a no perder demasiado el paso de la realidad. Abrazos, amigo.

    ResponderEliminar
  3. Interesante y brillante reflexión. Es cierto eso de que estos términos empiezan pareciendo inofensivos, pero terminan transformando las mentalidades. Yo detesto el lenguaje mercantilista. Allá por el siglo XVI a los esclavos se les llamaba "piezas", y hoy en día, entre la jerga de las inmobiliarias, de las casas con inquilinos ancianos se dice que "tienen bicho dentro". Y todo eso para referirse a seres humanos. Hace unos días decía alguien del gobierno (con minúscula), no recuerdo quién, que las manifestaciones daban una "mala imagen" de España; por eso la policía la emprende a porrazos contra la ciudadanía, supongo. Del "todo por la Patria" se va pasando al "todo por la marca". Pues eso, otra mala hierba que hay que cortar de raíz. Un fuerte abrazo, compañero.

    ResponderEliminar
  4. Coincido con Robert interesante reflexión.

    La verdad es que los noticieros o programas de debate españoles me asustan, son de total desesperanza y culpa, todos se dan unos con otros y nadie tiene un apice de optimismo, de unidad, de defensa de los intereses generales en vez de los intereses personales(mercados) España está entregada a los caprichos de unos señores que viven en el norte.

    ResponderEliminar
  5. Uno: así, lentamente, como quien no quiere la cosa va calando. No, si tontos no son.
    David: ante todo lamento leer que estás en un mal momento. Gracias por tu comentario sobre la reflexión que no creo virtud sino necesidad. Por otro lado la realidad es eso que te va a machacar siempre, así que mejor verla y mantenerla en su sitio. Un abrazo.
    Roberto: has completado con aspectos importantes lo que quedaba un tanto escaso en el texto. Entre otras cosas por que lo de los esclavos y lo del "bicho" no lo sabía.
    Alvaro: Planteas dos temas: los medios que no dan un atisbo de esperanza en ningún aspecto, parecen aleccionados para causar más inquietud y depresión de la que ya tenemos encima. Segundo: los intereses de los mercados, difiero de tu conclusion. España vive entregada a las ambiciones de gentes que no sé donde viven pero sí de donde vienen: de aquí mismo, los viejos caciques que nunca mueren.
    Un abrazo y gracias por leerme.

    ResponderEliminar
  6. Marcas que no significados, continentes que no contenidos, al fin de cuentas es la expresión de una forma de entender el mundo, forma basada más en el aparentar que en el ser, en el qué dirán que en el ofrecer, crear, buscar, investigar, en una palabra evolucionar. Hemos creado y seguimos creando un mundo de envoltorio, sin prestar atención a lo que hay dentro.

    ResponderEliminar