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domingo, 14 de agosto de 2016

Seis años.

Dentro de cuatro horas sera el SEXto aniversario del primero de los dos infartos que tuve. El peor. Ahora, según los galenos, el tema va muy bien.
Cada año suelo hacer balance del año y lo suelo hacer aquí. No ha sido un gran año pero por fin parece que voy saliendo de cosas: me sacaron los cálculos renales y el cateter correspondiente y estoy comenzando a vencer el trauma psicológico que el infarto me dejó. Ya sabéis que ando con depresión, y me dicen que es cosa vieja. Y tan vieja. Lo malo, lo que ahora me preocupa en serio es que durante estos diez o quince años, no sé cuando empezó, me he hecho tantas faenas y tanto daño y he logrado alejar de mí a la gente. Balance de daños: tocados todos los sistemas. Hay que repararlos pero no sé si tendré el valor de hacerlo. En cualquier caso, me alegro de haber vivido un año más y de ver la luz al final del tunel de la depresión.

martes, 9 de agosto de 2016

Agosto y el sexo

No es agosto un mes de mi devoción precisamente y este año se me está haciendo el verano largiiiiiisimo. Reconozco que es un mes muy sensual pero no lo suficiente o quizas demasiado. No sé. Lo que sé, y por eso he titulado así la entrada, es que en una televisión de esas perdidas cada noche ponen una pelí de aquellas del destape, de las clasificadas S. (para los más jóvenes, subidas de tono pero no porno) y resulta que siendo puros horrores cinematográficos resultan, me resultan mucho más eróticas que las que hoy pretenden serlo. Supongo que se debe a que el despertar al sexo de una o dos generaciones fue con películas como estas, con revustas como Party, Lib y semejantes. El caso es que despues de quemar a los guionistas resulta que son de una ingenuidad y hasta de una inocencia casi ofensiva. Ese afán de buscar excusas para desnudar a las chicas y los esfuerzos para que a los varones no se les viera más que el trasero como mucho. Ese vestuario delirante, que en sí mismo era un anticonceptivo, y esos textos tan mal interpretado resultan casi inocentes pero también evocan hoy lo que nos despertaban entonces. Tenía un profesor que decía que había que escribir la historia de la mala pintura, pues lo mismo para estas películas que son un peculiar reflejo de un momento histórico y que a ciertas generaciones nos conmueven por la inocencia suya y la nuestra de entonces, la que me alegro de haber perdido. Lástima que perder la inocencia sea envejecer. Si no fuera por ese detallito, sería un mundo perfecto, y nada más lejos.