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lunes, 8 de julio de 2019

JULIO

 
 La vie parisienne Leo Fontan julio 1928 y 1929

O “Reflexiones irreflexivas de un exiliado domiciliario” Ante todo pongámonos al tanto. La cocina de mi casa es muy particular pues desde el 56 en que fue construida no había sido reformada. Casi una reliquia, pero aunque disfruto de las antigüedades como el que más no son precisamente agradables si vives dentro de una. A menos que seas un ratón de museo. En suma que me he visto obligado a una reforma cocinil. Me aconsejaron que me fuera los primeros diez días de casa y eso hice. Durante esos días que ocupé de diversas maneras se me han ido cosas que más reflexiones son opiniones o fotos fijas de algo. Obviamente me pilló toda la ola de calor dando vueltas derritiéndome o pelado de frio con el aire acondicionado hasta que aprendí a manejarlo.

A  vueltas con el Orgullo: he oído hablar mucho de la procedencia o no de celebrar el Orgullo lúdicamente. Mi pregunta es ¿Serán gilipollas? Dicho sea sin disculpa a posteriori. Básicamente el Orgullo se mantiene vivo y no vuelve a ser una carrera delante de los “grises” de otros tiempos, por la pasta que deja en la ciudad. Es como una paga extra para un currito,  llega fija en julio. Si a los organizadores reivindicativos y muy activos no les pones detrás unos buenos culos meneándose nadie se viene a oír unas reivindicaciones que de puro justas parecen tonterías pero que están muy lejos de serlo. Por culos más o menos a pelo, carreras de tacones, actuaciones, llena la ciudad de “ames a quien ames Madrid te ama”, que los vecinos protesten es esencial (garantiza horas de pantalla, igual que quienes se escandalizan, imprescindibles), deja que aparezcan por todas pares los arco iris y pon fiesta y esos que no vendrían a una manifestación seria (primero por estamos hartos de saber que esas manifestaciones solo sirven para dar horas de pantalla y propaganda al partido en el poder y segundo por qué sería casi un suicidio, si se tomaran la molestia de recogerla los medios se verían caras entre cinco monos y recordemos que este año han aumentado las agresiones homófobas) Lo sé por que a primeros de Septiembre los discapacitados hacemos una manifestación por el centro de Madrid, bueno empezó recorriendo una vía amplia (para quienes conozcan la ciudad Benavente-Atocha, luego nos han ido desviando y la última a la que tuve ocasión de ir tuvo lugar por los callejones estrechos donde sólo nos podían ver quienes se asomaran a los balcones ¿aparece en algún medio? No. ¿Vale para algo? No. ¿Se entera alguien de que se hace? No. Entre nosotros llegamos a plantear la posibilidad de salir en bolas, pero, es evidente que nadie quiere ver desnudo a Quasimodo (que algunos están estamos incluso con peor aspecto) Si la comunidad homotransloquesea quiere lograr algo tiene que apoyarse en la pasta, atraer gente. Inundarla de cachas medio desnudos que da gusto verlos, guiris a quien cobrar a millón la caña, por que estos, a diferencia de los bárbaros del norte (Lease alemaes) en algunas ciudades no se traen la cocacola de casa ni vienen atraídos por el alcohol barato ni por balcónes desde donde tirarse. Aquí se alimenta a las bestias sedientas del neoliberalismo que de otro modo afilarían navajas como ya hicieron y estarían dispuestos repetir.

Volveremos al Orgullo. Me declaro xenófobo totalmente pero sólo de los extranjeros ricos que pueden permitirse el viaje e invadirnos. El otro día fui al Prado, por favor, daban ganas de coger una fregona y sacarlos de allí como a las pelusas que, por cierto, estarían más interesadas en las pinturas que ellos. Fotografían las obras, sabiendo que está prohibido, los bedeles no dan abasto, cosa que es sus rubicundas o achinadas tierras no harían ni bajo tortura, te salen por todas partes, estás en una sala solo y de repente entran por las cuatro puertas cuatro excursiones de chinos/japoneses (asiáticos con pasta) cual cuatro plagas de langosta; y cuando son orientales vaya y pase, son bajitos por lo general y te dejan ver la parte de arriba de las obras pero como sean germánicos, la jibamos tia Maria, olvídate de ver nada se plantan delante del cuadro a mandar mensajitos y en el caso de los germánicos a provocar atascos.

Algo que los museos deberían estudiar es la posibilidad de prohibir la entrada a todo tipo de estudiantes hasta que acaben su periodo de formación. Sin el menor interés se diluyen en las salas pasando de todo. Eso en general jode, con perdón, pero cuando encima les ves con sus uniformes de colegios de megapago o directamente una excursión de ingleses, jode muchísimo más. Prohibirles entrar hasta que hayan acabado su formación garantiza que cuando vayan irán los que quieran y estén interesados.

Sigo aportando ideas: un delicado salón de té dedicado a las marujas gordas que solo van a cotorrerar, música suave de Bertín Osborne o el que toque y, hala, eliminado una cuarta parte del público. Item más: una sala donde poder despotricar a gusto los maridos contra las esposas que les han obligado a ir a ver ese rollo. Otra cuarta parte fuera. Ni que decir tiene que debería haber una importantísima tienda de recuerdos (a precio de oro, of course) e incluso un croma  donde pudieran posar junto al cuadro del que más hayan oído hablar. O junto a la imagen de la Reina Letizia que siempre da en pantalla. Si quieren la foto con los dos monarcas se quintuplica el precio que es el mejor modo de aumentar la demanda.

Tres cuartas partes de los visitantes fuera, y si por mi fuera tampoco permitiría entrar al Museo vestidos como cerdos, pero me abstengo para que no me llamen clasista.

En mis reflexiones irreflexivas he de seguir en el Museo por qué hay algo que siempre me conmueve, quizás es que sea un ñoño pero me llega al alma. Esa sala siempre está vacía, me refiero a la rotonda del final de la gran galería de la planta baja. Son esculturas, copias romanas de originales griegos, da igual. El caso es que hay un busto de Antinoo, perfecto en sus formas, en el pequeño gesto de sus ojos, en sus labios, pura tentación y en esos ojos vacios preludio de su destino. Aconsejo mirarle desde abajo, a la altura de estar sentado en una silla. Frontalmente se pierde ese latido por llamarlo de algun modo. Dos mil años sobre poco más o menos un chico de Bitinia destinado a pasar por el mundo sin  pena ni gloria sigue sobrecogiendo por su belleza y su historia de amor prohibido. En el silencio de esa sala y en la contemplación de esa boca las lágrimas se me han saltado más de una vez.

Baste por hoy que queda mucho exilio y mucho que reflexionar.


domingo, 23 de junio de 2019

UN SIMPLE ABRAZO

A estas alturas de mes ya está literalmente aquí el día del orgullo gay. Nada sorprendente, ni que ya nos refiramos a el como simplemente Orgullo. Quizás no sea el término más adecuado pues todos o nadie deberían estar orgullosos de ser quienes son. No sé qué podría sustituirlo pero al fin y al cabo todos sabemos de lo que hablo, además se ha aceptado universalmente. No seré yo quien ose cuestionarlo seriamente.
A estas alturas de mes ya es más que habitual que Madrid se llene de parejas gay que se adelantan al Orgullo y luego lo prolongan con sus vacaciones. Vamos que lo voy a contar no tiene nada de extraordinario objetivamente hablando.
Al entrar en la calle de la Sal vi junto a lo que fue La Camerana a un hombre, hoy las edades son difíciles de descifrar pero yo diría que rondando la treintena ni más de dos por arriba ni mas de dos por abajo. No demasiado alto, rubio, creo. Digo creo por que lo que me llamó la atención de este hombre anónimo no fue precisamente su pelo sino sus imponentes pectorales bajo la camiseta azul. Seguramente no serían para tanto pues no se le veía en exceso musculado, lo justo; pero teniendo en cuenta que yo no tengo pectorales sino tetas y que lo único que he conseguido intentando que aparecieran ha sido cargarme los hombros (sin contar con el tejido mamario que me han producido algunos medicamentos que yo creo que no ha desaparecido del todo) Es fácil comprender que ante unos pectorales bien formados y con los pezones destacados mis ojos se vayan a ellos. Luego vino lo demás que en nada destacaba especialmente. Guapo, sí, pero sin llegar a hacer que se le desee la muerte lenta que, yo por lo menos, se desea a los bellos. Esperaba. Nada que objetar. Diría que el setenta por ciento de los hombres en las calles del centro de Madrid están siempre esperando y generalmente a sus Santas esposas. Sinceramente no le di mayor importancia salvo por esos pectorales por los que mataría. Yo bajaba hacia él evitando el pavimento irregular del centro de la calle. ¿Por que narices tengo que verlo todo?, ¿por que no puedo pasar por el mundo como la mayoría de los humanoides sin ver nada, sin apreciar nada, sin darse cuenta de nada? Pues no, tengo que verlo todo. Algo cambió en él y no era otra cosa que una sonrisa. Una sonrisa amplia, cálida, cómplice y, quizás algo traviesa. De detrás de mí apareció por mi derecha otro hombre. De este sólo puedo decir que llevaba camiseta blanca y pantalón negro, ah, y con el pelo entrelargo y rizado. Sólo le vi de espaldas pero fue suficiente.
Literalmente se arrojó a los brazos del rubio como un naufrago, yo creo que ni siquiera llegó pisando el suelo sino que a pocos pasos saltó hacia él. Los brazos de éste se abrieron y se cerraron en un abrazo. Evidentemente no era un convencional abrazo de machos que se esboza y con unas palmaditas en el lomo se despacha. Era, y perdonad lo cursi y tópico de la frase, como si se quisieran fundir. Por encima de la camiseta blanca podía ver la expresión del dueño de mis envidiados pectorales y era de una felicidad absoluta. Estaba asistiendo a uno de esos escasísimos momentos de plenitud que escasísimos hombres tienen y, como el jardín de los senderos que se bifurcan mi alma/mente o lo que queráis se dividió en dos. La conciencia de estar ante algo casi sagrado, supremo y único (pocos abrazos se dará esa pareja de la intensidad de este) por un lado. Por el otro una feroz envidia, no como "pesar del bien ajeno" que nos decían de críos sino de desear intensamente vivir algo parecido. Es una sensación conocida de desgarro, llanto contenido y soledad. Ah, y dolor, que no se me olvide el dolor que supone este suplicio de Tántalo que para algunos es la vida.
Sólo una vez encontré algo que no siendo amor ni cosa parecida fue, o así lo sentí, una comprensión profunda, una compañía en el alma. Iba con mis bastones sorteando las obras que se hacían en Montera esquina Gran Vía. Iba reventado, sudando a chorros y tenso para no resbalar con alguna piedrecilla o el polvo de la obra. Un hombre joven, veintimuchos quizás, se paró para dejarme paso, levanté la cabeza para agradecérselo y en su expresión y su mirada (inmensos ojos azules) encontré una comprensión dolorosa y dolorida que jamás había encontrado en nadie ni he vuelto a encontrar. No fue ni de lejos la plenitud alegre y explosiva del abrazo, pero sí unos segundos de compañía, por apenas un momento no estuve sólo pues hay un punto dentro, al menos en mí, que no puedes compartir con nadie por mucho que te quieran y por mucho que sepas que no estás solo. Pues ahí llegó esa mirada. Han pasado más de diez años y aun la recuerdo como algo tan sagrado como la plenitud del abrazo de ayer y con una cierta tristeza. Demasiado fugaz. Deseo que a ellos no les salga fugaz esa plenitud, por mucha envidia que me den.

martes, 18 de junio de 2019

¡Y SÓLO QUIERO CORTARME EL PELO!


Es que alguna imagen tenia que poner no por que esta sea nada especial.
 
Siempre me ha gustado llevar el pelo más bien largo pero peinar una melenaza que casi me llegaba al ombligo acaba siendo demasiado esfuerzo para unos hombros destrozados como los míos ( no digo más por que si sigo esto seria un historial sanitario y no es plan), consecuencia: que como a Sansón se la cortó Dalila yo la inmolé hace ya unos cuantos años en el ara de no provocarme más dolores de hombros. El sentido práctico se impuso y cada vez más y más y más hasta que llegué al estado actual: al cero hasta la línea de las patillas de las gafas y al uno lo demás. No puede ser más fácil (y barato pues con pelarme cada dos meses me vale)
Desde 1976 me venía cortando el pelo en una de las clásicas barberías o "Peluquería para caballeros", primero fue Gallardonofis con sus p.... obras quien me impidió seguir yendo. Vale, una más que le debo a "ese". Cuando se estableció un paso alternativo practicable (por que las obras siguieron y siguieron y siguieron) volví a mi peluquería. En estas se instalaron en mi barrio unas jóvenes con una peluquería unisex. Llegó la crisis (si es que alguna vez no hemos estado en ella) y, dado que todos tenemos que comer y que mi peluquería es de las tradicionales de barrio y relativamente afamada en el entorno no iba a caer, aunque venga decayendo desde hace tiempo, pero por años y relevos generacionales etc) opté por cortarme el pelo en la del barrio. Aunque mi corte de pelo no les iba a evitar fracasar si tenían que fracasar un grano no hace granero pero siempre es uno más.
Las chicas encantadoras, las cosas como son, pero, y ahí viene esta entrada, según se han ido afianzando se ha ido convirtiendo en una peluquería que tiene de unisex lo que yo de monja carmelita. Peor ha sido la otra consecuencia de estabilizarse: se ha vuelto del colmo del pijismo. Hay que pedir hora algo que primero me niego a hacer y segundo que yo no sé si el jueves a las once y media voy estar disponible o no (estamos a martes). Como sigo siendo un panoli miré los horarios de apertura (que ojo, tampoco son coeherentes, pero vamos a dejarlo) y veo que pone "De lunes viernes 10 a14, Sábados de 9´30 a 14. Martes y jueves por la tarde no se abre." Repito que sigo siendo como mínimo un panoli por no decir algo más gordo. Hoy pensé, si estoy a primera hora dado que mi corte de pelo son diez minutos no dieciséis horas como los de las damas (¿Alguien me puede explicar que narices son "las mechas"? por que yo no las veo) en un momento acabamos. Como un perfecto gil.... allá que me planto a las nueve y media. Por supuesto a las diez no abrió, ni a y diez, ni a y veinte. Llegó a las diez y media. Sincronizada como si fueran de la NASA con la primera señora, que para otras cosas no se pueden mover pero para ir a la peluquería ya lo creo.
Con mi dosis correspondiente de cabreo me fui a dar una vuelta y pensé "en la primera peluquería que pille entro". A Dios pongo por testigo que diría la Señorita Escarlata que lo hice y lo que me encontré fue una unisex en cuanto pregunto: "Es que los martes no viene mi compañera que es quien corta el pelo a los caballeros"
Recapitulemos: los martes por la mañana en la segunda peluquería no cortan el pelo a los hombres, martes y jueves por la tarde cierra la primera peluquería, se saltan los horarios que ellas mismas han fijado y hay que andar pidiendo hora como si fueran ministros o monarcas.
¿Siempre hemos sido así de pijos y lo disimulábamos o es que nos hemos vuelto ahora?¿en que momento nos hemos convertido en esto?

miércoles, 12 de junio de 2019

JUNIO

Leo Fontan 1928
 
Junio es para mí el mes más bonito del año, es casi verano pero aun no lo es, ayer mismo nevó a 50 Kms de Madrid (pelao de frío estaba yo), los días son largos y en teoría apacibles. Parece mentira que sea el mes dedicado a la diosa más maruja del Olimpo. De siempre me la he imaginado con los rulos puestos y el rodillo de amasar en la mano pegando gritos al Jupiter de turno. La de los níveos brazos que decía Homero es la patrona del mes.
Lo cierto es que no sé muy bien por donde empezar. Intento desesperadamente no cabrearme con el país, el paisanaje, y Blogger en concreto que me trae mártir con cambiarme todo continuamente, tres días he tardado en encontrar la manera de entrar en este blog. Pero bueno, mantengamos la calma si eso es posible.
Junio en Madrid tiene tres nombres: San Antonio, que es mañana y por tanto no sé como se presentará la cosa, la feria del libro y la manifestación ciclo nudista.
Empecemos por lo último. El sábado estaba convocada la manifestación ciclo nudista anual reivindicando mayor seguridad para los ciclistas a las doce en Cibeles. Yo suelo acercarme casi por prescripción facultativa pues mi psiquiatra me dijo en cierta ocasión que si me despelotara y me sumara a la manifestación -las sillas de ruedas tenemos también mucho que reivindicar- sería lo más liberador que podría hacer. Así que fui sólo con camiseta y pantalón para intentar reunir el valor de sumarme, algo fácil de quitar. Llegué a las once y media. Cibeles tiene ocho esquinas contando las de los carriles laterales ¿en cual era la despelotante cita? ni P. idea así que fui de mostrador en mostrador, digo, de esquina en esquina cual putita persiguiendo clientes. Doce menos cuarto. En ninguna de las esquinas había signos de bicicleterismo nudista o no nudista. Mi instinto me decía que lo lógico era concentrarse en la esquina del espantoso palacio de correos hoy sede del ayuntamiento. Veo cierto movimiento en la esquina de lo que antes era Ministerio del Ejercito y antes aun un palacio de la XIII duquesa de Alba, la de Goya. Me cruzo. Cruzar Alcalá, Recoletos y los dos laterales vienen a ser unos diez minutos. Allí, como cabía esperar no había nada de nada. Siguiendo mi cerebrito metepatas razoné que dado que todos los años acaban más o menos en la Plaza de Oriente forzosamente tenían que pasar por ahí y ya estaba yo casi listo para encuerarme (o por lo menos intentar reunir valor para hacerlo). Las doce en el banco de España. Nada. Doce y cuarto, menos. Doce y media, aparece algún ciclista sin camiseta. Desde donde estaba la propia diosa me impedia ver la esquina de correos que, al final fue donde se concentraron (algún día dejaré de hacer caso a mi cerebro). Aquello empezó a moverse a la una menos cuarto. Como la federación o asociación o lo que sea no se digna poner el recorrido tampoco vale de nada la lógica pues en lugar de hacer lo de siempre (subir por Gran Via y acabar en la Plaza de Oriente) lo que hicieron fue rodear la fuente y encaminarse a Atocha. Visto lo visto y dada la actitud de los organizadores y a pesar de estar de acuerdo con sus reivindicaciones y de lo indicado por el psiquiatra ya les pueden ir dando por ahí mismo a los ciclo nudistas y su p. manifestación.
El segundo nombre es la Feria del Libro. Inmensa. Ayer se me acabó el presupuesto antes de llegar a la cuarta parte. Un once de junio puede ser fecha de cualquier cosa menos de pasar frío. Madre mía, qué frío pude pasar. Abrumado, como debe ser, por la cantidad de títulos que quisiera leer y no me daría tiempo en dos vidas, ramoneaba sin buscar nada en concreto o lo intentaba. Una pregunta: si a los jovencitos ni les importan los libros ni se les educa como personas civilizadas ¿por que los sacan de las jaulas? Tres o cuatro excursiones de chavales pululaban dando gritos y corriendo (hablo de adolescentes, no niños) teléfono en mano y sin mirar otra cosa. Si les hubieran llevado a las cloacas hubieran tenido su misma actitud. Yo en lugar de sus pobres profesores hoy les plantaba un examen sorpresa sobre lo que vieron ayer. Iba a ser una masacre. Sólo una jovencita (13-14 años) iba preguntando por una autora concreta, los demás con el p. móvil ya les sobraba todo. Triste destino el de una humanidad que se deja manipular por lo autorizado por Google y lo no censurado por quienes corresponda. Triste destino el de una humanidad que, cuando se caiga la nube y los satélites habrá perdido toda referencia cultural y el individuo como tal regresará a la prehistoria.
Eso sí, la feria como siempre es una gozada de nuevas puertas que se abre, editoriales, títulos, colecciones, reediciones. El paraíso de los lectores a poco serios que sean. Por cierto, el Retiro en todo su esplendor de primavera tardía.
Dados los problemas que he tenido para poder llegar a publicar esta entrada, no sé cuando me dejará el sistema volver a entrar con su puto juego de contraseñas y "lo sentimos se trata de un error" Así que hasta que nos veamos leamos.



jueves, 30 de mayo de 2019

ELECCIONES´19




Casi no entro en el mes pero por los pelos he llegado a poder hacer este cuento en mayo.

Pues bien: érase que se era en una galaxia muy lejana una pandilla de seres inútiles que regía a mucha gente que, por un hechizo de una malvada bruja y de un mago aun peor, confiaba en ellos a pesar de todo. Lo curioso de este cuento es que tanto la pandilla como la gente sabían que las cosas no estaban como debían estar. Entonces tan la una como la otra bramaban exigiendo que un cambio, cuando ya el bramido era insoportable, por que hay que ver el ruido que pueden hacer, la pandilla se revolvía como quien revuelve arena en un vaso de agua. Daban vueltas y vueltas a veces más deprisa, a veces más despacio, y como la arena del vaso según la velocidad del agua así tarda más o menos igual ocurría que en esa galaxia muy lejana y en el vaso de agua, la arena acaba en el fondo se quiera o no. Rio revuelto en la pandilla clamando por un cambio de malos modos, por que era gente sin ninguna educación a alguien se le había olvidado darles un par de guantazos en su infancia para enseñarles que “nene, eso no se dice, no se insulta a la gente, habrase visto el mocoso”, y se peleaban entre ellos, por que atención, niños, la pandilla aprendió de los guantazos que no le dieron que hay que tenerlos siempre listos para arreárselos a quien cayera, por lo general esa gente hechizada por la bruja maligna y mago aun peor. Así se revolvía la pandilla una y otra vez. Cuando ya empezaba a asentarse y se esperaba el siempre deseado cambio la arena se posaba en el fondo del vaso y finalmente en aquella galaxia muy lejana nada había cambiado, o eso parecía pero la maligna bruja y el mago aun peor sabían que aunque todo cambiara para que todo siguiera igual, no todo seguía igual por qué el agua cada vez se quedaba con algo de la arena y sabían que llegaría un momento en que no sería potable el agua cristalina y fresca de antes del hechizo de la maligna bruja y del mago aun peor, y se frotaban las manos esperando con alegría ese momento hasta que… hasta que nada por qué todavía es medio potable y ellos esperan pacientes. Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado...aún.

viernes, 24 de mayo de 2019

Demasiadas elecciones

Se veía venir. No puede ser bueno un mes que casi empieza con unas generales y casi acaba con unas municipales, autonómicas y europeas. Como gallo sin cabeza andan enloquecidos por el corral de acá para allá sin que al final se sepa quien presenta a quien para qué elecciones. No estoy siguiendo, desde hace muchos años, la campaña electoral pero hay una buena razón: siempre están en campaña electoral, desde que (¡por fin! piensan ellos) agarran el escaño hasta la campaña de verdad. Más que nada para evitar perderlo. Dejémonos de chifladuras: el país simplemente está vendido a un par de minorías que deciden y éstas a su vez a ciertas fortunas que se alimentan de ellas y las alimentan. Resultado: que da igual lo que se haga al final son ese par de minorías vergonzosas quienes dirigen el país.
Por lo demás, mayo es lento, ambiguo, ni chicha ni limoná. Del calor al frío, del frío al calor, del florecer hoy para mañana ser arracada por el viento. En suma: un asco. El caso es que entre los gerifaltes (que por cierto creo que es un ave carroñera, lo que les va muy bien) que andan como pollo sin cabeza y los ciudadanitos que andamos como vaca sin cencerro, esto es un corral muy mal organizado. Y todos contentos. ¿Qué siempre ha sido así? ciertísimo pero algunos esperábamos que la erradicación del analfabetismo y el simple evolucionar de la historia fuera colocando las cosas. Ilusos. ¿Qué todo el mundo está igual? posiblemente, la diferencia está en que nosotros no nos lo podemos permitir ni económica, ni ética, ni socialmente. Lamento decirlo pero aquí las dos Españas siguen dispuestas a helarnos el corazón, que diría Machado. A nosotros, a los inmigrantes, a todo aquel en fin que se acerque e intente entender algo.
Desde luego hay que votar aunque sólo sea por el qué dirán. Aunque sólo sea para que no se escuden en nuestro silencio usándolo como cheque en blanco del "quien calla otorga".

martes, 7 de mayo de 2019

MAYO

 Leo Fontan mayo 1925
 
Mayo es un mes casi ritual, las mayas, comienzan las romerías, el mes de la Virgen, pero también es el mes en el que se produce un milagro, una rara, por poco frecuente, aparición de la  Belleza ante nuestros ojos: es el mes en que florecen las rosas.
Sí, ya sé que entre invernaderos y cruces y etc encontramos rosas todo el año y que a veces aparecen antes según el clima, pero es ahora cuando nos estallan en la cara con todo su esplendor. Siendo un ser vivo muy anterior a la aparición del hombre ha logrado alcanzar la belleza absoluta, total. Sé que hay gente que prefiere otras flores pero incluso ellos si miran bien se perderán en las curvas y contracurvas perfectas, en los colores (ya sé que a menudo manipulados), el aroma suave, justo para oler y olvidar, y el no sé que de inaprensible que tiene en sí misma. Fugaz y fuerte, la rosa para mí, y creo que no soy yo solo, supone el paradigma de toda belleza posible en todas sus fases, desde el incipiente capullo a la flor que se va marchitando, dejando caer sus pétalos como postreros regalos. Hay un momento en ella en que ya empieza a decaer, sólo empieza, y entonces alcanza toda su gloria. La comparación con los humanos es tan obvia que me limito a dejar constancia.
La rosa ha sido consagradas a todas las grandes diosas de la historia, que recoge el cristianismo como atributo y como concepto, Rosa Mística, quizás por que reúna en sí las cualidades que les son propias a las diosas de la belleza, el amor y la maternidad/ fertilidad. Es en sí misma, o eso parece cuando te paras a mirarla sin prisa, un universo en sí misma que te envuelve y acaricia, con algo de laberinto, con algo de quietud eterna y gozosa. Evidentemente alguien tenía que hacerlo y se hizo a principios del XX al descubrir el espectro de la rosa, con el mítico o mitológico salto de entrada de Nijinsky, pero era inevitable, algo que alcanza tal grado de belleza absoluta no cabe duda de que tiene alma, o al menos tiene parte de la nuestra que se queda en ella en cada una de las rosas que miramos o que olemos. Aunque va a sonar herético sólo en la perfección imperfecta de las rosas y en la contemplación de los gatos se ve casi directamente la mano de la divinidad.
Al lado de mi casa hay un pequeño jardín donde han plantado cuatro o cinco rosales, todos diferentes: rojas aterciopeladas, grandes rosas magenta que doblan los tallos, rosas blancas que aguantan heroicamente hasta bien entrado el otoño, rosas reales. Cada día me tengo que parar para ver como el capullo que ayer era apenas un brote, mañana será un esplendor, y cada día acabo sintiéndome como un imbécil o un chiflado por que nadie las mira, al que miran es a mí si me quedo mucho rato como a un bulto sospechoso.
No sé si es más triste que indignante o al revés pasar al lado de la belleza regalada y no verla, no ser al menos consciente de ella. Mis vecinos, ya digo que el jardín está a pocos metros de mi portal, cuando comentas algo de esa maravilla suelen contestar "¡Ah, ¿sí?, pues ni las había visto" me temo que con punto de orgullo que traducido viene a ser "estoy demasiado ocupado para pequeñeces" y, así la rosa parece no existir salvo para unos pocos a quienes su belleza llega a doler.