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jueves, 26 de febrero de 2015

La nieve ya no es lo que era

"Señorita bajo la nieve" Herman N Hyneman (1849-1907), autor sorprendentemente norteamericano, si mis casi nulos conocimientos del idioma del pirata Drake no me traicionan.

Vale, ahora será más cómodo todo, pero ya no se ven estas delicadezas bajo las nevadas, ese recoger de vuelos de faldas provocones para lucir botín y tobillo, esos taconcitos inestables, esos paraguas que no sabes sin las cubren, o las descubren o van a echar a volar en plan Mary Poppins, instrumento como la sombrilla o el abanico de coqueteo quizás inconsciente. Esas manitas enguantadas. En general esa delicadeza que te impulsa a entrar en el cuadro y decirle "¿Me haría el honor de permitirme ayudarla, mademoiselle?"
Vale, ahora es todo mejor para ellas y, por tanto, para nosotros: pantalones, botas de carabinero, feroces chaquetones, abrigos, plumas, de diseño funcional, capucha, y los guantes son, desde luego efectivos, pero dentro podría haber una mano delicada o la de una luchadora profesional. Años hubo en aquel tiempo en que el veinticinco por ciento de las muertes totales en, por ejemplo, París, se debían a las pulmonías que imponían las modas harto delicadas. No me consta cuantas jovencitas fenecieron quemadas vivas al acercarse demasiado a la chimenea para intentar calentarse después de paseitos como este, entre ellas las hermanas de Oscar Wilde y una pariente del Emperador Francisco José. Desde luego resulta del todo imposible cuantas se cargaron los médicos con sus remedios para catarros y resfriados comunes y cuantos de estos no hubieran tenido consecuencias si la capacidad pulmonar de las damitas no se viera reducida a un treinta por ciento o menos por obra y gracia del corsé que les daba ese aire de fragilidad exquisita y que no creo que ayudara a la hora de parir. Así que no seré yo quien defienda aquellos tiempos.
Y, sin embargo, ¿no echais de menos cierta delicadeza en alguna parte?

martes, 17 de febrero de 2015

San Valentin 2 o todos los santos tienen su octava



A veces no le por más que ya estén medio vacíosqueda más remedio por más que ya estén medio vacíos que arreglar armarios, bien por pura necesidad, bien para buscar algo en concreto. En realidad no es, en sí mismo, nada que tenga mucho que decir, se colocan aquí las sábanas, allá los documentos a eso se reduce todo, o debería reducirse todo. Nunca es así, como dijo el gran bardo de nuestro siglo XX allí nos esperan las pequeñas cosas, las que nos hacen llorar cuando nadie nos ve; que ya bastante siniestro es el asunto, pero, piensa mientras no le queda más remedio que afrontarlo, no son nuestras pequeñas cosas, esas con las que al fin y al cabo podemos ir conviviendo de tarde en tarde. Lo peor es encontrarse las huellas de lo fueron historias de otros.
Es  la caja donde  guarda las bellas postales antiguas que ha aparecido inesperadamente, acechándole. Postales, cartas, recordatorios, estampas, de los ocho años de noviazgo de sus padres. Eran los cincuenta y los San Valentín todavía no estaban de moda, todavía lo importante eran bienes esenciales aunque ya empezaba a iniciarse el consumismo con insinuaciones como la película de la Velasco. Él siempre lejos, Santander, Cartagena, Canarias, Cadiz, enviaba las postales escritas casi hasta por los cantos. Casi suenan los boleros al abrir aquellas desplegables en dos o en cuatro, con pajaritos o florecitas cursis, pero encantadores. Bonet de San Pedro, Jorge Sepúlveda y, sobre todo, Machín con su voz de miel. A ella le gustaba Machín, le gustó hasta el día de su muerte hace ya tiempo. “Dos gardenias”, “Angelitos negros”, “El manisero”. No se entienden  aquellas imágenes sin aquella música, por eso siente especial veneración por aquellos años que tanto le costó entender siendo un jovencito de los setenta con pantalones pata de elefante y porrete escondido debajo del colchón. Tuvo que primero perderla, enfurecerse con ella y sus rarezas que tan mal camino habían traído y, finalmente, leer un libro, un ensayo cuyo título no le hacía especialmente atractivo “Usos amorosos de la posguerra española”.  Allí, entre sus páginas, entendió casi todo pero había más y nada bueno, por supuesto.
En aquellas postales hay vitalidad, no sólo una esperanza de vida y felicidad, una vitalidad, una alegría de vivir en sus remitentes que nunca les conoció. Claro que sus recuerdos más tempranos pasan, ya entonces, por discusiones eternas, rencores, arrepentimientos de matrimonio.  Ya en la radio no sonaban boleros sino porrompoperos, chicas yeyé, y yencas. Según creció pudo darse cuenta de que debajo de aquella eterna guerra continuaban vivos los textos interminables de las postales del 53, 54, 55, e incluso de los esfuerzos que ambos hacían en vano para sacarlos por encima de aquel marasmo de insultos enrabietados, palabras coléricas y gestos hostiles, incontrolables que lo mismo estallaban en la casa, que en mitad de la calle o en una reunión familiar, sin tregua, ni siquiera esas ridículas treguas navideñas, no, al contrario: la Navidad, un cumpleaños, cualquier día especial los combates se recrudecían sin concesiones, no importaba donde no importaba delante de quien. 
Como era de esperar las cosas no mejoraron con los años, todo lo contrario, la palabra pronunciada se enquistaba, ya no se pasaba por alto sino que se sacaba a relucir cuando convenía. El espíritu de aquellas postales, que algunos llamarían amor, de aquellas cartas, sin embargo, continuaba y casi se diría que cobraba fuerza, no sus ganas de vivir, no su alegría. Fue quizás el peor tiempo, no tenía edad de saber ciertas cosas, de saber ciertas cosas, esas cosas familiares que nadie debería saber nunca por que ya son historias demasiado viejas para que le importe o por que son demasiado íntimas. El era demasiado joven, por ejemplo, para saber que, al menos en parte, el sexo era una de las causas de aquella situación, no la única. Era inevitable, a unas respuestas que no quería oír siguieron unas preguntas que no debía hacerse. Por ejemplo, ¿Qué había pasado en la superficie de sus vidas entre los textos de aquellas postales, que sabía vivos en el subsuelo, y lo que a él le había tocado vivir? Sus amigos de los que tanto hablaban y que habían tenido sus hijos prácticamente al mismo tiempo habían desaparecido, incluso los vecinos que solían pasar a charlar por las tardes de invierno dejaron de hacerlo. Fue en aquellas charlas en las que se hablaba de lo divino y de lo humano, más bien de lo humano, todo hay que decirlo, donde había empezado a oír desde muy pequeño las historias de diversos partos: mi Pepi, casi me nace en el taxi, mi Angelín, nació en el intermedio de Las Leandras, para sacar a Anita la comadrona se me tuvo que subir encima, yo creía que me había muerto y Dios me había condenado a las penas del infierno. En realidad a él siempre le han gustado las mujeres en todos los sentidos, por eso siempre se le encontraba de pequeño, silencioso y observador, escuchando con los ojos, y más aun los oídos, muy abiertos, entre las faldas. Lo que le enseñó cosas que no siempre jugaron a su favor. El caso es que escuchar el parto de su madre que entraba en el juego de la conversación con la misma naturalidad que las demás, Por cierto, que hace falta ser bestia para contar delante de los hijos, no era el único que estaba allí, semejantes atrocidades pero es o era al menos uso femenino tradicional. Entonces hablaba de las veinticuatro horas de parto en una noche de tormenta, con la comadrona sin apenas prestarle atención, hasta que casi fue tarde, con las mujeres de la casa donde tenían alquilada la habitación dándole canela para abrir los conductos, oyendo a los hombres, también a su marido reír y celebrar el nacimiento. De cómo las contracciones desaparecieron de golpe y ahí fue el correr. Tuvo que parirle sin contracciones con caderas casi de chico. El horror vino ahora: el niño no lloraba, ya podían sacudirle una somanta palos, el niño no lloraba. Otra vez a correr por una inyección esta vez para él y por fin rompió en llanto.  Según fue creciendo y conociendo la resistencia al dolor de su madre, se le metió en la cabeza que aquella experiencia había sido ese “algo” que ocurrió entre ambos momentos, luego pensó que a eso habría que añadir estar escuchando la celebración al otro lado del tabique. En suma, que lo que había pasado había sido él. Así fue anidando la culpa cuando les veía a sus cuarenta y pocos años como dos seres que parecían dedicados exclusivamente al arte de herirse.
Según crecía y se iba haciendo hombre, lo cierto es que se iba haciendo más retraído y, por supuesto, más tímido con las chicas. De hecho tomó fama de maricón en su entorno, no le importaba, en realidad, lo único que le importaba era conseguir hacer su carrera y salir de aquella casa. Sí, amigos tenía, en los grupos siempre hay que reírse de alguien ¿no?, ese era su papel pero tampoco era tan importante, eran lo bastante amigos para pasar la tarde, irse al cine o a dar unas patadas, ni ellos querían que se les viera demasiado con el maricón, ni él les hubiera permitido acercarse más. Ni mucho menos entrar en su casa, siempre al borde de la explosión. Por eso procuraba irse pronto los domingos,  si no lo hacía y le creían dormido la bronca era sorda, continua, pero “sotto vocce” que acababa por oprimirle el pecho o liarse el también a voces. Ya lo había hecho muchas veces pero no sólo no arreglaba nada sino que quien dijo que entre matrimonios no debe meterse nadie, y menos los hijos, tenía mucha razón pues no logró sino darles más temas de confrontación. Era inútil, no había forma de escapar de aquello, al fin y al cabo vivían los tres en la misma casa y él estaba aun estudiando. A veces, todavía hoy cuando piensa en aquello, era como estar enredado en una telaraña sin fin, pues aquello que llaman amor todavía brotaba, casi por sorpresa en pequeños detalles, en palabras sueltas, en comentarios que el otro no oía. Una maldita telaraña tejida a seis manos, pues él no había dejado de tener mucho que ver con sus intentonas para mediar. El sexo, el parto, y luego él como único lazo.
-Si no fuera por el chico te juro que no me veías más el pelo –era una frase repetida por uno y por otro en plena refriega.
-Maldita la hora en que
Y ahí se quedaba la frase, colgando, o el “si no fuera por lo que es”, o sea él, “aquí iba a estar yo”. Sin embargo, aquello no era suficiente, había palabras peores, que si en la adolescencia ya había aprendido a torear, de niño le sumían en secretos terrores no siempre nocturnos. Por eso siempre tuvo prisa por crecer, para alejarse de todo aquello. Pensaba una vida tranquila, sus clases, su casa, sus lecturas, si acaso escribir algo, sí, claro, como no, con una familia pero curiosamente nunca se tomaba en serio a sí mismos al acercarse a una chica. Era, como decían “boda y mortaja del cielo bajan”. Nunca daba un primer paso, aunque más de una vez estuvo a punto, por qué sabía que de lo delicado del asunto y se veía demasiado tosco para hacerlo, nunca veía los primeros pasos por qué no pensaba que fueran hacía él. Entretanto la vida se iba espesando y la telaraña transcurriendo, sólo se animaba pensando en que ya quedaba menos para irse de casa.
Es curioso que recuerde el último San Valentín, coincidió con ellos en un gran almacén, él soñando ya como iba a elegir la cama y demás, pues el trabajo estaba asegurado y la casa no tardaría en llegar. Ellos, buscando no recuerda qué. Naturalmente le tocó elegir el regalo, unas flores metálicas de tradición artesana de algún sitio.
Últimos exámenes,  primeros días de trabajo y la muerte de la madre en un infarto fulminante. No estaba en casa y siempre se ha arrepentido de haber vuelto aquella noche, debería haber huido aunque no supiera de qué. Ahora, desde entonces, ya no hay posible huida, acompaña a su padre que, de algún modo, sólo ha salvado de casi treinta años de convivencia, esa pasión subterránea, eso que llaman amor, eso de lo que él –lo ha descubierto tarde pero lo ha descubierto- se ha pasado la vida huyendo para no volver a vivir lo vivido. Ha olvidado casi del todo el infierno cotidiano de los tres “amores” cruzados, como los fuegos, no lo ha olvidado, evidentemente, pero casi no tienen importancia para él. En cambio su hijo, recuerda todo lo contrario, lógico, no puede recordar lo que no se ha permitido sentir: esa lengua de lava subterránea que aparece en esas postales, en esas cartas. El no quiso vivir el infierno de la superficie y la telaraña aun más espesa y opresora, le ha arrebatado la posibilidad de vivir las tonterías de las postales con pajaritos, de los juramentos eternos, de los apodos tontos.  Y, precisamente hoy, un absurdo día de San Valentín, cuando ha vuelto a reencontrarse con esas postales, esas cartas, ese torrente siempre ajeno e incluso con algún bolero que ha sonado en la radio “si se queda el infinito sin estrellas, si perdiera el ancho mar su inmensidad”.  Pasará la tarde viendo comedias románticas con su padre y luego intentará seguir con la novela que tiene que entregar  en diez días: “Amor en campiña”, de la Colección “Tul ilusión”. La telaraña tejida a seis manos ya se ha cerrado definitivamente en torno a él. Con una sonrisa y, tal vez, un principio de lágrima, coloca las bellas postales antiguas y cierra la caja.

sábado, 7 de febrero de 2015

Ferbrero y otros desastres

Nuestra bella jardinera prepaa ya su jardin para la primavera, unas primeras flores están a sus pies. Una hermosa alegoria, dentro del estilo decó-modernista, de la promesa de que este maldito invierno también ha de acabar.



Febrero, por definición, es un mes cabrón, o mejor aun, cabroncete, pues nos hace faenas de gran calibre pero también de repente nos cambia la luz en la Luna de la Candelaria, nos regala unos días de sol envidiables  -este año todavía no, ya lo sé- y tiene la ventaja de ser cortito, con lo que quienes cobren lo hacen un par de días antes. Así que viene a ser como un muchacho trasto de estos que no sabes si meterle en un correccional o regalarle un monopatín. 
Cada mes, como habréis observado, en la entrada con el nombre del mes hablo de cosas un poco sueltas, un poco a la buena de Dios. Este mes no es fácil hacerlo, o quizás sea demasiado fácil dada la cantidad de estupideces a gran y pequeña escala que se suceden a nuestro alrededor. Aunque prometí no volver a tratar temas políticos (si es que se puede llamar política a lo que se está haciendo aquí y ahora) la fragmentación mentecata de una izquierda que está volviendo a caer en los mismos errores de hace cincuenta o sesenta años (olvidar quien es su enemigo y el nivel cultural y de formación política de sus bases) frente a una derecha corrupta (o no lo sería) que tiene claro que su objetivo es exactamente al que le está llevando la izquierda: la España, no ya del Tirano, sino anterior, la España del caciquismo peor entendido, empieza a rozar el ridículo, la payasada y el absurdo. Por un lado una panda de enajenados que no parecen tener los pies en la tierra proponiendo como factibles ya utopías que, al menos de momento, no lo son. Por otro una panda de “quítate tú pa ponerme yo” que están desarticulando de cara a sus votantes la estructura del partido que debería estar esforzándose por borrar de su pasado los vergonzantes coqueteos neoliberales recientes. La más tradicional de las izquierdas anda ahora como vaca sin cencerro, sin saber qué lugar ocupa, o ni siquiera si tiene un lugar que ocupar. Incluso en el monolítico partido en el poder se oyen los aullidos de las puñaladas traperas que se propinan mientras nuestro presi parece vivir en el Paraíso Perdido, dejando en manos de la Vice, por cierto, pena que sea de derechas, nada menos que diez u once cargos, vamos, que prácticamente es ella quien lleva las riendas. Claro que luego están las otras. De joven yo oía decir que si la mujer ocupara cargos políticos las cosas estarían más equilibradas y tal. ¡Valgame la Macarena!, solo pondré nombres, de los que me acuerde: Barberá, la de Alicante, la de Benidorm, la Tania, la Cospedal, la Botella, la Mato, la Díez, la Trini (calladita ella), la Chacón (también calladita) y, por supuesto LA INNOMBRABLE,  el terror de los madriles, la cólera de Dios, ya sabemos de quien hablo. Pues no veo yo que la llegada de la mujer a la política haya mejorado nada, lo que viene a demostrar lo que siempre he sostenido: la profunda igualdad –para bien y para mal- de ambos sexos. Si a este, como decía mi madre, puchero de enfermo, le añadimos infantas imputadas, y una buena dosis de corrupción generalizada con un toque final no de perejil sino de tarjetas black, comprenderéis que haga una excepción en lo de no hablar de política (si es que a esto se le puede llamar política)
Pero hay más que ya no es cosa política. Ucrania, el Mal Llamado Estado Islámico, la continua salvajada a la que asistimos casi impasibles tan solo dando cuatro voces en foros a los que nadie hace caso, niñas desaparecidas, decapitaciones, retrasmisiones de que asesinatos en la hoguera, cadáveres que aparecen por decenas (me refiero a México, por eso especialmente doloroso), cadáveres que ni aparecen en el Mediterráneo, desahucios aquí mismo, a la vuelta de la esquina, condenas a muerte por que no es rentable bajar el precio de un medicamento mientras el estado cuya primera misión es velar por el bienestar y la felicidad de sus ciudadanos, resurrección de la Bastilla con la cadena perpetua revisable o como la llamen, discapacitados obligados a inmolarse por el Mal Llamado Estado Islámico, niñas captadas para la yihad prometiéndoles, como no, príncipes azules con turbante. Y el frío, este maldito frío, que no parece acabar nunca, que no permite hoy que se cuele ni un rayo de sol. Recuerdo a medias una cita del Apocalipsis: “Rogad por que no ocurra en invierno”. Pues no sé yo.

martes, 3 de febrero de 2015

Frio

No soporto el frío, es superior a mis fuerzas, mi cuerpo no reacciona a él y encima después del tusnami de antibióticos que me pusieron en el hospital y con la depre estoy de un débil/fragil mental y físicamente que, sobre lo mal que lo he llevado siempre, estoy un tanto acobardado por ser fino y no decir acojonado, que no queda nada propio ni fino ni chic ni siquiera fashion (que ni sé lo que significa ni me importa un bledo por no decir un carajo o el más galaico carallo, que todo el mundo entiende). En otras palabras que estoy jartico del p.... invierno. Ah, y luego el refranero, que si la Cadelaria plora el invierno fora, que si por San Blas, la cigüeña verás y si no la vieres año de nieves, que si febrero y las mujeres en un día mil pareceres, que si... etc. En cualquier caso que estoy pasando un invierno a la manera de Madame de Maintenón cuando ya era decente, o sea cuando estaba casada con Luis XIV: pegado a las calefacciones varias. Jartico estoy. Sin embargo, casi no es eso lo que más me jode, con perdón, (hoy tengo el día mal hablado) sino que sobre que se nos aproxima, además, un no sé qué que se descuelga de centroeuropa, con lo que van a bajar las temperaturas, y lo que vaya viniendo hasta mayo (por que cuando Marzo mayea, Mayo marzea, y en Madrid en Mayo puedes estar a bajo cero o a 42) pues sobre todo eso, cuando la temperatura se temple habrá que oír aquello de "pues este invierno no hay hecho mucho frío", "apenas ha nevado" "mira como están los pantanos" (Señores: o los pantanos tienen fugas o aquí hay un contrabando de agua de mucho cuidado por que por mucho que llueva siempre están vacíos y hay sequía, que alguien intervenga de una vez, la UME, por ejemplo) Creo que si este año oigo algo así puede haber un asesinato y hasta no estoy seguro de que el juez no me diera la razón.
Claro que hay algo peor, los que tienen razón. En cierta ocasión estaba yo con mis alumnas comentando el frío que hacía cuando llegó María, noventa y...años con su abriguito de garras, su pañuelito morado al cuello y su bolso, indumentaria que se ponía en octubre y mantenía hasta mayo. Nos oye como si estuvieramos locos y nos suelta sin previo aviso:
-¿Frío? Como se nota que no estuvieron ustedes en Cuenca en el año dieciocho.
Unánimente cambiamos de tema, sonrojados, imaginandonos con lo que es Cuenca en el año de la gripe y un invierno de "los de antes de la guerra". Nos sentimos un poco avergonzados y hasta nos pareció que hacía menos frío por que lo que nos había dejado helados había sido María y su respuesta. Pero vamos, de una pieza.

miércoles, 28 de enero de 2015

Si son de otro linaje, aggiornamento

 Francisco de Goya y Lucientes: "Si son de otro linaje", de la serie "Los desastres de la guerra"

Hoy voy a ser previsible, adocenado, vulgar. Hoy voy a comentar algo que todos hemos visto. Supongo, por que el ojo, al igual que la memoria, sigue criterios selectivos. Hoy voy a poner tres imágenes de David Rengel, de quien no conocía obra alguna, de la serie "Turismo sucio". Niños trabajando en un vertedero, de sol a sol, que para eso está la explotación infantil. Un autobús se para, bajan unos señores -me temo que con pinta de japoneses- se hacen unas fotos con los niños como quien se las hace con el Oso y el madroño, se suben al autobús y se vuelven a su confortable imperio. Hubo un artista que ya lo hizo, hace alrededor de doscientos años, Goya. En Los Desastres de la Guerra, no sólo se centra en los episodios bélicos (Las mujeres dan valor, Yo lo he visto) sino también en lo que ahora que nos hemos vueltos tan finústicos llamaríamos "daños colaterales", hambrunas, epidemias, esas cosas de las que los ricos siempre estan a salvo y si no pues se van a una villa en el campo a contarse cuentos porno. "Si son de otro linaje", parece explicar la figura del bicornio al grupo de "gente bien" mientras procura mantenerlos a cierta distancia, no les vayan a pegar algo, mientras ante él se desarrolla una escena de extrema miseria sobre un lecho de cadáveres de niños. ¿Ha cambiado algo desde entonces? Pues sí, muchas cosas: el encuentro casual se ha convertido en un viaje organizado, la gente bien se acerca más por el gloriso invento de las mascarillas y para poder hacerse su selfie correspondiente, de aquella miseria nadie ganaba,  de esta gana, al menos, la empresa de viajes. Si vemos con detalle las imágenes la compasión que despierta Goya con el primer grupo se convierte ahora en una impresión festiva como de quien va a un tablao flamenco. Quizás parezca forzado pero era esa misma frase u otra muy parecida la que pensaban quienes escribieron la de la última imagen. Si la una tiene doscientos años, la otra setenta y la otra es actual uno se pregunta si algo ha cambiado, aparte de las ganancias de las compañias de viajes.


 David Rengel de la serie "Turismo sucio"

sábado, 24 de enero de 2015

Código penal, penita

Ilustración de Edouard-Henri Avril, cuyo seudónimo era Joseph Avril, de la serie "De figuris Veneris", creo que se titula algo así como pastor en la antigua Grecia.


Dejemos sentado que el abajo firmante no se cree nada. Éxplicome. Las leyes son y han sido siempre un instrumento para machacar a quien convenga. Desde el nefasto día en que a un tal Hammurabi se le ocurrió dejar en pedrusco de buena calidad, oiga, lo que puede considerarse el primer código legal, desde ese mismo día fue usado como manual de la estafa, el engaño y la opresión en manos del que estuviera arriba, tirios o troyanos.  Lo malo es que entre unos y otros hemos acabado creyéndonoslo y miramos la Ley, ese sacrosanto papel mojado, como solución de los males sin cuento que toda sociedad padece y así hemos creado un macrotinglado en el que existe hasta un Poder Judicial “al margen” de los otros –que también tienen lo suyo pero que hoy no me interesan. Dejando sentado pues el hecho de que no me creo nada que venga del aspecto legal-judicial y dado que últimamente he cogido el vicio de escuchar informativos  -me estoy quitando, no hay adicción buena-, quiero comentar algunas cosillas que me han dejado de piedra o como diría Doña Ramírez  “de estuco”  de buena calidad, oiga.
Por ejemplo ejemplar ejemplarizante: se propone, ojo: “se propone”, que se haga una lista europea de personajes con antecedentes terroristas y que no se les permita entrar a la Unión Europea. Atención, pregunta: ¿se puede saber qué coño han estado haciendo los responsables de seguridad de la UE que no se les ha ocurrido semejante perogrullada?
Segundo ejemplo: los –para mí siempre suaves- castigos a los padres inmigrantes en España  de niñas que sufren ablación durante las vacaciones, en muchas ocasiones a manos de las dulces abuelas y contra la voluntad de los padres. A buenas horas, mangas verdes. Esta es una realidad  que viene ocurriendo desde que España pasó a ser país receptor de inmigración y ahora, ahora cuando Dios sabe cuantas niñas han pasado por esa atrocidad se nos ocurre legislar.
Nuestra legislación dijo alguien hace poco está pensada para robaperas, no para grandes delitos, por eso se nos escapan con la pasta quienes todos sabemos y tenemos las cárceles llenas de quienes las tenemos. La culpa, como de casi todo, es de Napoleón (cuyo código tienen aun aspectos vigentes o los tenía hasta hace poco) y de la panda de ineptos que nos han venido gobernando o desgobernando.  Me gustaría saber que va a pasar con esa panda de infraseres que se han dedicado a traficar con medicamentos de oncología infantil dejando desabastecido el país y cobrándolos a precio de oro donde quiera que los vendieran,  pues conociendo el patio y dado que el kilo de medicina es más caro que el de peras: nada. Como con los casos de Talidomida en España, único país en que no han ganado los juicios los afectados.
Entre tal despropósito me voy enterando de prohibiciones varias: manifestarse, por ejemplo,  ir sin camiseta por la calle en no sé qué paseo marítimo, acercarse a las vallas en caso de temporales como los de estos días, que uno no sabe si están de broma o peor aún,  no lo están.  Lo que motivó esta entrada fue algo así como que se prohibía la zoofilia. Ah, coño, ¿Es que no lo estaba a estas alturas de la película? Toda mi vida he creído que en Occidente sólo quedan dos grandes tabúes en cuanto al sexo: lógicamente el incesto y, creía yo, la zoofilia. Estas reflexiones de un cerebro con antidepresivos me han llevado a pensar en Padre Padrone, pongo por caso; los tradicionales romances entre ovejas y pastores que para tanto chiste obsceno han dado. El propio Zeus haciéndoselo con vacas, o ellas haciéndoselo con Zeus-cisne, Zeus-toro.  O sea que lo de Pasifae metida en la vaca esperando ser montada por el toro para parir el Minotauro resulta que era legal. Y lo de la cabra Asunción, la xxxx de la cabra, la cabra, también lo era. E incluso lo de otra cabra que dio pie al inicio de la relación entre los protagonistas de Muertos de risa.  ¡Todo era legal! Y ahora que todo el mundo monta cualquier humano animal o cosa que vibre se ilegaliza.
No sé, no sé, me parece que va a ser que son otros quienes van perdiendo tornillos mientras otros nos pagamos psiquiatras.

miércoles, 14 de enero de 2015

Enero

Grasset nos ofrece a la bella jardinera en un huerto casi yermo, enero es el único mes que de forma natural no da flores. De ahí viene el dicho: la flor de enero que es el cardo borriquero. Aplicado, por lo menos en lo que yo he oído, a personas poco cariñosas o ásperas. Sin embargo, como hoja de calendario quizás sea una de mis predilectas de la Bella Jardinera.
Como veis muy al día no voy pero me voy poniendo en marcha, poco a poco. a modiño que dicen por las galáicas tierras. Hoy por fin hay nubes en Madrid y parece que los planes del ayuntamiento de gasearnos a todos le van a salir mal. No es un espectáculo alegre ver desde la ventana el cielo gris, yo diría que con algo de niebla, estoy al lado del río, pero por lo menos algo se mueve en el aire, que no es poco. 
Enero está, y no descubro nada, dedicado al Dios Jano, dios de dos caras, una que mira patrás y otra que mira palante. Esta bien pensado, después de todo los romanos no estaban tan majaretas, pues es una de las bisagras del año. Nada florece, nada da fruto, sólo queda esperar el paso del tiempo, las primeras flores de cerezo, almendro, y alimentarse de lo que nos dio la tierra hasta diciembre. Tiempo vacío, de mera supervivencia, frío, nieves, heladas, cencelladas, inversiones térmicas. En fin que por eso  en cuanto llega febrerillo el loco nos lanzamos como idems a la calle con nuestro disfraz de destrozona o de Madame Pompadour. En las grandes ciudades esto se nota menos pero cuanto más pequeño es el lugar, siempre y cuando no queden quince personas de más de noventa años, más se nota ese cambio. 
Volvamos, sin embargo a enero. Esotérica y exotéricamente estamos precisamente en estas fechas en una acumulación de lo momentos más mágicos del año. Acabamos de pasar Reyes, léase Epifania, fecha de la Natividad en el cristianismo ortodoxo, pero también ha sido dentro del ámbito católico el llamado "Día de los locos" que tan magnificamente describe Victor Hugo en el principio de "El jorobado de Notre Dame", El dia diecisiete es San Antonio Abad, extraño personaje que se convierte en patrón de los animales cuando, siguiendo una lógica coherente encajaría más San Francisco, seguramente para invocarle como protector del ganado en el cruel invierno. A lo largo de la historia entre el día seis y el veinte han ocurrido cosas extrañas, incoherentes y se han tomado decisiones decisivas como el 17 de enero de 1793 cuando la Convención francesa condena a muerte Luis XVI, curiosamente recluido el el Temple. El día 20 se celebra San Sebastián dentro del orbe católico. Curiosamente es Santo que se festeja muchísimo en el centro de España con procesiones y romerías a pesar del frío intenso que suele hacer, pero es aún más curioso que en San Sebastián se celebre con una siempre polémica tamborrada, sobre todo tieniendo en cuenta que esa fecha estaba dedicada en la cultura escandinava a Thor (no, al de Marvel, no, al otro) Dios del Trueno. Hay una creencia rural, así nos lo trasmitió mi bisabuela que vivió casi cien años sin salir de seis kilómetros que dice que mientras no haya tronada, las aguas no vuelven digamos a su normalidad. Uniendo todo esto la tamborrada podría interpretarse como una invocación al Dios del Trueno para que aleje los hielos. Sentido distinto del que tienen las de Semana Santa aragonesa pues ahi se pretende despertar a la tierra para que comience a florecer. 
Es más hay una serie de "coincidencias" de ese día que no hace falta ser muy druida para ver que tiene un hilo conductor común: se firma el tratado por el se reconoce la independencia de las colonias americanas de Inglaterra, es la fecha en la que los presidentes de EEUU toman posesión y desde hace pocos años se celelebra el día de Luther King.
Sin embargo, lo más terrible es que, según he leído en alguna parte, es tal día como ese cuando la cúpula nazi reunida en alguno de esos lugares semimágicos que construyeron, opta por lo que llamaron "la solución final", es decir: el exterminio judío.
Sí, enero es un mes oscuro y en la oscuridad siempre se ha gestado lo más grande y lo más atroz de lo que es capaz el género humano.