Páginas vistas en total

viernes, 20 de enero de 2017

20 de Enero

Pues sí, hoy cumplo 58 años de vellón. No todos, desgraciadamente, llegamos aquí luego es un logro personal haberlo hecho. Tengo el pelo casi blanco y la barba, yo no hago el milagro (o el ridículo) de Rajoy, que tiene el pelo negro y la barba blanca. Estoy gordo. Padecimientos varios e igualmente variadas terapias. Estoy a la espera de por lo menos dos operaciones, relativamente menores y tengo los mismos problemas que pueda tener cualquiera que esté a punto de entrar en la tercera edad. Tomándolo con humor, resulta que la polio acorta un treinta por ciento la vida de quienes sobrevivimos a ella. Vamos que como quien dice ya me va tocando. Ahora que me vayan explicando como muchos de nosotros, no unos pocos, alcanzan los ochenta y muchos. ¡Estadísticos! ¿Qué sabrán ellos de la realidad? Además soy Capricornio con ascente en Leo, signo chino el Perro y elemento tierra.  En otras palabras que son signos de una laaarga y peleona existencia, y que cuando muerdo presa, no la suelto así me aspen. Claro que, a menudo, la vida duele y entonces piensa uno en James Dean, tan mono, tan joven y a la vez tan atormentado, pues si da igual vivir poco o mucho para sufrir como perras que diría Terenci, mejor me quedo. Por otra parte me conservo muy bien; de joven era todavía más gordo, no me podía peinar por los rizos que eran casi afro, estaba cuajado de granos, como todos, la barba me salía por parroquias y encima siempre estabe enfermo de enfermedades tontas, anginas, catarros, colitis. En conjunto y gracias a mi, modestamente, seductora sonrisa no ofendia a la vista pero tampoco la atraía. Si vemos a guapos oficiales como el Banderas que es de mi edad uno piensa que se parece más a sí mismo que él, y otros. Será que al ser feos no se nota el deterioro.
Lástima que en esta fecha hayan ocurrido algunos de los desastres de la humanidad. Fue la fecha en que se decidió La Solución FInal, o sea: el exterminio judio.
Es fecha extrañamente mágica: se dedicaba al Dios escandinavo Thor, dios del trueno. La parte central y norte de la península se cubre de tamborradas por San Sebastián que es hoy. Vamos que, pot alguna razón se ha elegido este día para despertar a la tierra t que empiece a trabajar,  a dos semanas de la Candelaria cuando ya se ha puesto en marcha.
Lo que realmente me preocupa es que es el día de la toma de posesión  de los Presidentes del Imperio. No logro imaginar por qué, pero teniendo en cuenta los origenes de tal nación casi prefiero seguir sin saberlo. Hoy mirando el paisaje histórico uno diría que estamos indudablemente ante el Apocalipsis. No es broma. Locos, golpistas, tiranos, ingleses, ultraderechas, izquierdas que quieren ser ultras y se quedan en viejas, y dictadores varios nos tienen en su poder ¡y están armados!. Eso lo que vemos, la realidad objetiva sin censura debe ser tan espantosa que nadir quiere mirarla a pesar de las audiencias que reportaría. A fuer de ser sincero, estoy asustado y me pregunto si nos dejarán llegar al verano. Siempre he pensado que el autor del Apocalipsis se había fumado algo antes de coger la pluma pero empiezo a temerme que no, que hablaba muy en serio.
Así que cumplo 58 años acojonaito perdío. Supongo que como todo el mundo

miércoles, 18 de enero de 2017

Gilipollas x el mundo

A lo largo y ancho de la historia el hecho de tener que salir de tu país en busca de una mínima calidad de vida, y entiendo por "calidad de vida" n o tener que mendigar o depender de la pensión de tus abuelos por que no hay trabajo, o peor aun, que se tenga que ir a un comedor social despues de una jornada de trabajo. Esto, decía, siempre ha sido considerado una desgracia personal y colectiva. Un desgarro brutal a todos los niveles. Otra cosa es que se vaya uno a trabajar como ingeniero cuántico en la NASA, pero eso es fuga de cerebros, que es harina de otro costal.
Nuestro memorable Suspiros de España, en la versión de Estrellita Castro y la correspondiente pelìcula lo muestra con potentes imágenes aunque sin intención documental. El emigrante ya ni os cuento. Pasando a cosas serias, el profundo e irremediable, trágico, desgarro íntimo de Rosalía al tener que dejar su Galicia: Adeus rìos, adeus montes/adeus regatos pequenhos.... Lo escribo de memoria y no domino del todo el galego pero el espíritu está ahí, y eso que Rosalía no se iba con una mano delante y otra detrás después de quemarse las pestañas treinta años estudiando.
Pues bien esta desgracia, la de que la generación mejor preparada de la historia de España (sería cuestionable en algunos aspectos, en otros, no) se tenga que ir del país dejando todo detrñás se nos quiere presentar como todo un logro. Será para los Orgasmus. Sin embargo, que un ministro de dudosa legitimidad, como casi todas las autoridades actuales en el mundo, diga una majadería, es lo suyo, pa eso es ministro. No tiene importancia. Una más como la de los niños obesos y demás. Es algo que se puede esperar viniendo de donfe viene.
También se podría esperar el tema del que ya habréis adivinado que quiero comentar, sólo que uno, que en el fondo es un bendito, tenía la esperanza de que no nos tomaran por tontos y de que no nos comportaramos como tales. Desde hace varios años existe una "cosa" televisiva llamada "Españoles por el mundo" que luego se ha extendido a "Madrileños por el mundo" y no estoy muy seguro pero me suena "Manchegos por el mundo". Imagino que es más que posible que el resto de las autonomías o como queramos llamarlas, tengan sus clones de esta cosa.
Junto con los noticiosos que diría Mafalda lss televisiones públicas están entonando un canto a coro a la emigaraciòn. Resaltan sólo aquellos que no están fregando los watweres ingleses, o germánicos. No, esos no existen. Lo asimproso para mi ingenuidad es que la gente trague, por que si se ha extendido eso es por que tiene audiencia, o sea que se lo creen.
No me lo puedo creer.

domingo, 15 de enero de 2017

Los odio

Sí, los odio con toda mi alma. Hablo de los "hombes/mujeres esquela. Esos que antes de saludarte te sueltan aquello tan animoso de "¿Sabes quien se ha muerto?" que dan ganas de contestar "Ahora mismo las ganas de hablar con usted" Y los hay auténticos especialistas, ya lo creo. Conocidos tengo que serían capaces de cruzar una autopista si te ven al otro lado para soltar su "¿Sabes quien se ha muerto?". Una de mis antiguas alumnas contestaba indefectiblemente "No, ni me importa", y es que los hombres/mujeres esquela no tienen criterio claro de si la otra persona (víctima en este caso) conoció o no al difunto. Lo que realmente les importa es soltar "¿Sabes quien se ha muerto?" disparado como un rifle de repetición. Como se den cuenta de que no conocías al difunto/a o no tenías una relación que fuera más allá del "buenos días", se empeñan en contarte su vida y milagros hasta que les localices, o finjas hacerlo.
Sinceramente creo que disfrutan con doblemeente, primero por que el cotilleo siempre es un placer, hsta ahí de acuerdo, y  segundo con el regodeo morboso de revolcarse en lo luctuoso y de ser el primero en intentar que tú hagas lo propio. Lo que menos les importa es el difunto/a. Quizás como decía el personaje de Lorca sean los golpetaztos en el pecho por no ser ellos quienes están bajo tierra, (Doña Rosita la soltera, tercer acto). Por otro lado haylos tan insensibles o, mejor dicho, con vidas tan aisladas de los demás, del mundo en general por propia voluntad o no, que un disgusto de vez en cuando viene a ser como cuando uno se va de copas para romper la monotonía. Naturalmente hay un componente masoquista/envolvente pues no solo quieren sentir algo, el disgusto, sino que quieres que tú lo sientas.
Esto viene a que el otro día mi padre subió diciendo "Se ha muerto Perenganito", por norma yo estas cosas no me las creo que ya me ha ocurrido encontrarme días más tarde con el difunto de paseo. Le pregunté ¿Quien te lo ha dicho Funlanita (de fiar) o Mengano (hombre esquela/escalafón por excelencia?" Efectivamente había sido este. No podía fallar, Otro día quizás pueda hablar más a fondo de, como yo le llamo para mis adentros, el Hombre que embiste, hoy es otro el tema y lo voy a cerrar con una anécdota que ejemplifica lo que vengo desarrollando. Los años ochenta fueron para la historia los de la movida y demás, para mí fue un tiro al blanco en el que a quien la Parca disparaba era a mi familia. Bien, en el 84 supimos que una tía mía estaba ingresada con mala pinta, al ir a verla conocimos a su compañera de habitación que estaba que se subía por las pareces por no sé que asunto del cantante Francisco. Como no hablaba de otra cosa ni siquiera supinso su nombre, a los pocos días le dieron el alta. Mi tìa aguantó hasta agosto del 85.
Julio de 1986, apenas dos semanas después de la muerte de mi madre, suena el teléfono ¡a las ocho menos cuarto! (buena hora para ir a trabajar pero no es el caso) y al otro lado de hilo oigo a mi otra tìa hipando y sollozando a berrido limpio y entre uno y otro soltó "¿Sabes quien se ha mierto?" teniendo en cuenta que en los últimos tresciendos días la Parca había dado de lleno tres veces en la familia ya os imaginais lo que se le pasó uno por la cabeza. Sudot frío, temblor de manos, empezar a vestirte para ir al velatorio incluso antes de preguntar, trémulo y con un hilo de voz:m ¿Quien?
-Perenganita.
¿Me mande lo qué? ¿Y quien es esa buena moza para que casi me hayas provocado un soponcio, un esparavás y un tarantán a las ocho menos cuarto de la mañana. ¿Sabéis quien era? la compañera de habitación de mi tía, la que tan sin vivir vivía por las lides de Francisco de quien nadie había vuelto a saber nada. Pero lo supo mi tía y no pudo evitar revolcarse en el masoquismo de quien pasa demasiado tiempo solo ni querer envolvernos y arrastrarnos a nosotros.
Los odio.

jueves, 5 de enero de 2017

Enero o "contigo no, bicho."

 Cuando empezó la moda de las prendas rojas para recibir el año aprovechaba cada año para probar diversos tipos. Lo cierto es que para mí calzoncillos y bañadores, cuando más exiguos mejor. El caso es que en la calle Preciados de Madrid entonces, ahora en Carmen, abrieron una tienda de ropa interiror "Intimissimi" o algo así. En el escaparate de hace ya al menos diez años había algo parecido a lo de la foto. Escueto, rojo, de malla justo para llevar algo puesto y que no lo pareciera. Luego descubrí que no, que hay otras formas. Volvamos a Intimissimi. Además de lo bastante escaso para mis gustos, era barato. Así que entré con mi silla de ruedas y acercandome educadamente a una señorita y después de desearle una Feliz Navidad, le pedí el tanga en cuestión. Aquella mujer, muestrario de la elgancia fácil de mala dependienta, me miró con tal asco que si no me dijo "a ti no, bicho" fue, supongo, por que se le podría caer el estucado con tantas palabras. Pocas veces me he sentido tan ridículo como en esos momentos. Es cierto que estoy más cerca de Quasimodo que de Adonis, en realidad mucho más cerca, pero lo ridículo que yo pudiera estar con eso ella, gracias a Dios, no lo iba a ver. Además en una cosa tan lúdica como esta chorradita del calzoncillo rojo, en esta época del año, si a algo se presta es a una broma. (como cuando tuve que irme a un sex-shop un 31 de diciembre a buscar unas bragas rojas para una amiga, que nos estuvimos riendo el dependiente y yo un rato largo) Aquella mujer me había mirado y calificado como ganado, y el rictus de asco lo cantaba. Me dio el paqutito con la punta de los dedos y tragándome sapos, culebras y anacondas, salí respirando hondo.Naturalmente a Dios puse por testigo de no volver a pisar ese comercio. 
Pues hete aquí que con las subidas salvajes de los alquileres de renta antigua,  el centro de Madrid está cambiando su panorama comercial (eso sí en casi todas partes te venden camisetas del Barça) e Intimissimi cambió de local y ubicación de manera que hace esquina y si por una de las calles hay uno par o tres escalones, por la otra  tiene una entrada lisa. Creí como un buen imbécil que soy que la politica de la empresa habría cambiado, simplemente teniéndonos en cuenta. Así que me dirijo "loco de contento" a la tienda y más concretamente a la puerta de acceso liso. No sólo había el típico cartel "entrada por la otra puerta" sino que estaba cerrada y creo que me pareció ver un candado. Esto podía no ser cierto por que ya estaba obnubilado, pero cerrada estaba. "A ti, no, bicho". Asi terminé el año, y si fuera uno el caso, pero no. Yo no me visto como quiero sino en lo que quepo de las tiendas en las que puedo entrar. Cierto es, seamos justos, qie las cosas van cambiando, pero se me acerca la jubilación y no han llegado los cambios que parecían inminentes cuando hice la selectividad.
Como enero es bifronte y mira al año pasado y al futuro y lo he empezado acatarado y bien, mi casa entre los adornos que este año han quedado lamentables después de perderlos todos, y volver  encontrarlos, es un caos absoluto y mi cabeza ni os cuento. Así he de afrontar Reyes, mi fiesta predilecta (lo reconozco, me encanta regalar) que antes era la fiesta de mi casa, ahora, es apenas un breve intercambio de regalos con unos pocos amigos que siempre tienen prisa. 
Me estoy devanando la cabeza para rematar la entrada con un toque positivo. Bueno, esperemos que Garci no haga una película.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Cenas alternativa: primera cena

Una cena de Navidad de Elf Goblin


Tenía este relato elaborado desde hace tiempo pero sin mecanografiar. Coincide que acabo de teclearlo con Nochevija y no quiero alejarlo más de la Navidad. Antes de empezarlo:






Elena ha encendido las luces del árbol, alegres, excesivas, chillonas; también las del Nacimiento, este año ha comprado unas ocas y una noria para el río. Hay espacio para muchas cosas en el tablero que ocupa medio salón ahora que nadie va a cenar con ella. Ahora toca preparar la cena. No será cosa de mucho. Sobre la bandeja de laca negra extiende un mantelito de encaje, un bajoplato rojo, plato de porcelana con una orla pintada con ramas de acebo trenzadas y estrellas y el filo dorado. El fondo aparece decorado con el tópico y típico paisaje navideño de nieve, trineos y demás. Copa y jarra de cristal fino, tallado con roleos y pámpanos. Para beber cristalina agua en cristal de La Granja, para comer una delicatesen. Sobre un lecho de rebanada de pan de molde cortado en perfecto cuadrado, dos lonchas de fiambre de pavo al aroma de un bote de pecaminosa y festiva mayonesa ¡que un día es un día! En una primorosa cajita de esmalte junto a la copa de agua, las pastillas, menos las gotas para el corazón “cinco, eh, nada más que cinco” que no hay manera de quitarles lo prosaico de su caja de cartón y el frasco marrón. Cubiertos de plata y a la mesita junto al sofá a la sombra de una flor de Pascua.
            Toca arreglarse. Vestido recto, un Channel, por supuesto, dorado con manga tres cuartos, varias pulseras de oro. Peina sus cabellos entrecanos, tempranamente encanecidos, en un moño a la griega, pendientes largos y finos, con lo largo de su cuello y los kilos que ha perdido se los puede volver a permitir. Un toque de rouge en las mejillas, suave pero suficiente, y otro algo más contundente en el rojo de los labios, un golpe de perfume y el detalle final: los Manolos. Dorados, de corte falsamente clásico, hay algo de vanguardista en el diseño, y tacones de vértigo como siempre. “Sin bragas y sin tacones, no vayas de celebraciones”  decía su abuela. El espejo le devuelve la imagen de una  mujer ajada pero aun hermosa, un difuminado de lo que fue belleza, y sola. No. No va a caer en esa trampa, ya está bien de tropezar dos veces en la misma piedra. Sí, está sola, su familia ha muerto o la ignora. Claro que tiene amigos pero Nochebuena es para la familia y, al fin y al cabo, siempre irá detrás de un “después de”. Es lo normal, por eso no ha aceptado un par de invitaciones de amigos y por eso no se va a dejar llevar a esa trampa. Se deja caer en la chaise longue con cierto espíritu glamuroso y burlón. Lo que lleva peor en situaciones como esta es comer (cenar en este caso) sola y en silencio, aun no está tan loca como para hablar sola, piensa. Para eso se inventó la tecnología, vuelve a pensar, que siempre ofrece solución para esto. Discutir con la televisión tiene la ventaja de que ni te contradice ni argumenta ni se ofende por salvaje que sea el insulto que se le dirija. En una cadena emiten un concierto de villancicos corales  y alemanes, no sabe qué es peor, cuando quiera dormirse se irá a la cama, no necesita un montón de niños rubicundos entonando cantos no por magníficos menos somníferos. Recorre las posibilidades y lo que resulta menos ofensivo para su inteligencia es un informativo que va desgranando, estupideces y mentiras con la indiferente desfachatez habitual mientras ella da cuenta de su sanísima cena y luego de las pastillas de la cajita de esmalte. De la casa contigua llega rumor de las conversaciones a una cena familiar, de la calle los estampidos de algunos petardos y las luces de su Nacimiento parecen brillar más. Quizás su sonrisa se un poco triste pero ¿Quién no la tiene en Nochebuena?. Abre la caja de las pastillas para el corazón, unas cápsulas enormes. Tararea aquello de “corazón de melón de melón de melón, melón, melón”. La televisión sigue con su rutina implacable.
-Aparece en un contenedor el cuerpo de un recién nacido con huellas de hipotermia y malos tratos. En dicho colegio el profesor de gimnasia había abusado de un mínimo de treinta muchachos en dos años. La foto que ha dado la vuelta al mundo por las redes es la de este hombre rodeado de cabezas decapitadas por él mismo. Dos niñas de doce y siete años son obligadas por sus padres a inmolarse con un cinturón de explosivos. En un chalet de las afueras de la ciudad se ha descubierto a una joven que llevaba encerrada en el sótano doce años, también en el sótano han aparecido dos cadáveres de niños al parecer hijos de la joven y del hombre que la mantenía encerrada que resultó ser su padre. Un hombre ha sido detenido por estar celebrando la muerte de un bebé junto a sus padres en la en la escaramuza que tuvo lugar ayer en –en pantalla una llorosa anciana muestra una fotografía de los jóvenes padres orgullosa de su pequeño cuya muerte alguien ha celebrado.
            Una tras otra traga con pequeños sorbos de agua todas las cápsulas de la caja, la del colesterol, la de la tensión, la otra de la tensión, el relajante. Apaga las velas para evitar riesgos y se acomoda, No está dispuesta a seguir formando parte de un mundo en el que se celebra la muerte de un niño. Fija la mirada en el otro, el del pesebre, y se deja ir serena y segura por fin de lo que hace. Además es tan fácil y una de las ventajas de vivir sola.
            Llena de agua la copa de cristal tallado, vacía el frasco de las gotas, mira de nuevo al niño del pesebre, levanta la copa en un solitario brindis y la bebe de un trago.

martes, 27 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad 2016 2



No, no es nostalgia lo que siente. Por mucho que se esfuerce –y lo hace a menudo- no logra encontrar un buen recuerdo; por pequeño que sea, de unas, de alguna al menos, Navidades. Por una cosa o por otra siempre han sido amargas con un no sé qué de hostil. Sólo las cosas, los pequeños objetos que van apareciendo y ocupando su lugar entre las ramas, como el ángel que remata el árbol. Lo compró con su exiguo primer sueldo, es tan sólo una cabecita y dos manos de barro; el resto es de papel grueso ceñido por una cinta rosa. El papel era blanco cuando vino, prefiere no pensar cuanto tiempo hace de eso, pero ahora está pidiendo la jubilación a gritos. No será este año y para la Navidad del próximo ni siquiera abrirán las cajas y para el otro no cree que dejen nada de todo esto “Y uno de los primeros en ir caminito del contenedor serás tú, estás gastado y viejo, sí, con un papel nuevo parecerías otro pero no lo harán y yo tampoco por me gustas así, como yo, todavía útiles pero más desgastados que viejos”, piensa acariciándolo como hace tiempo que sus hijos no se dejan.
Su manos siempre han tenido sed de acariciar, en vano. Apenas roza con la punta de los dedos unos nidos diminutos que compró un mes de mayo para colocar entre el ramaje y todos se pasaron el día tomándole el pelo, los chicos eran aun casi niños. Ojalá volvieran a serlo un rato para darles todos los abrazos que se han quedado dentro que han muerto sin salir. ¡Hombre, los cencerros! Aquello fue en un agosto de mercadillo donde vio y se hizo con ellos, como una docena de llaveros con un pequeño pero muy audible cencerro de vaca. Su mujer estuvo tres días riéndose a lo tonto al recordar las bromas de los chicos, incluso cuando les puso cinta roja para poder colgarlos. Dejaron de hacerlo cuando vieron, sobre el verde oscuro y, sobre todo, cuando el árbol se convirtió en una pequeña sinfonía  de tintineos en la que los cencerros eran los graves y campanitas y cascabeles cantaban sobre ellos al menor movimiento, les hizo sonreír a su pesar. Nunca les ha contado que el cascabel de la cinta rosa era del gato su abuela que es más que posible que acabara en la cazuela del vecino. Va bien de tiempo, se puede permitir sentarse a tomar un café en la taza de Papa Noel que se compró el año pasado y contemplar lo hecho y si los caramelos de cristal de Murano que le trajo un amigo “para tu árbol” reciben bien la luz, si la muda campana roja ocupa su lugar, justo en el centro, y todos los ángeles están distribuido más o menos equilibradamente y los bastones de caramelo, simétricos. Sólo faltan las guirnaldas, incluida la de conchas que le llevó dos meses taladrándolas con una pequeña barrena. Hoy no sabe si tiene dos meses por delante, si es maligno es de los rápidos, dicen. Ahora toca el Nacimiento, los Nacimientos, pues son varios los que monta. El primero es el más duro, el más difícil a pesar de sus pocas figuras y de las pocas posibilidades de la disposición de las mismas, apenas diez minutos por mucha filigrana que quiera hacer. Si vivido Navidades tristes innecesariamente tristes, pocas como cuando esas figuras –escayola blanca- regaladas por una visita inesperada en una Nochebuena Lóbrega, negra y fría que hubiera acabado echándole a la calle, más cálida y acogedora de lo que se respiraba en su casa –entonces la de sus padres- y no quería salir por qué no estaba seguro de volver, hoy sabe con certeza que no, y su vida habría sido otra, peor sin duda. Aquellas pocas figuras, inesperadas y de trazas algo infantiles que nunca le habían gustado, supusieron el clavo ardiendo a qué agarrarse esas horas, las justas para cenar e irse a la cama sin que empeorase el ambiente, algo harto difícil.
 Las colocó en un espacio muy parecido al de ahora, sin nada más, pero probando esto y aquello para escapar sin huir. Jamás se recuperó del dolor y la hostilidad de aquella Nochebuena que, sin embargo, no fue la peor. Pedro le dijo que esta mañana tendría los resultados y que le llamaría en cuanto supiera algo; pero la mañana va avanzando sin noticias. Sigue colgando cosas de las ramas, las figuras sueltas del Anciano de la Navidad, las bolas con nieve. Nadie más lo sabe, pero por poco tiempo que tenga no va a amargarse las fiestas, pase lo que pase, aunque ahora parezca faltarle el aire de puro terror (ansiedad lo llaman los modernos). Sí, tiene miedo aunque no quiera reconocerlos ni ante sí mismo.
            La última caja contiene una labor de años, comprando una figurita al año, arañando centímetros de superficie, sacando de la nada ríos, molinos, pozos, grutas. Eso es lo más difícil pues .. Suena el teléfono apremiante. Todo se para pero no corre a cogerlo, quisiera alagar ese tiempo, seguir en la ignorancia un poco más.
-Diga… ¿seguro?... Gracias… te veo en la consulta después de las fiestas… Sí, claro, feliz Navidad.
            Pues sí, las grutas y las montañas son lo que más cuesta pues no se le da nada bien manejar ese papel tan rígido y el corcho no le ha convencido nunca. Debería buscar otra estrella. Las lágrimas se deslizan por su cara, se las seca. Los hombres no lloran. El camino de serrín amarillo sobre serrín verde y las ovejas pastando y bebiendo de un arroyo de papel de plata. Las ovejas nunca se sostienen bien. “Gloria in excelsis Deo”, dijo el ángel a los pastores. Un borrico cargado pasa por el puente y otra oveja se cae. Escucha la llave abrir la puerta. Mira que les dijo que no volvieran pronto. Es el mayor, solo, no sabe donde habrá dejado a su nuera y al pequeño. Hasta los trece años era el único que colaboraba entusiasta con su “manía navideña”, como decía su mujer, pero luego dejó de hacerlo y se despreocupó de todo. Se quita la cazadora y se arrodilla a su lado para ponerse a su altura pues anda calculando la rampa que necesita para que los camellos no rueden.
-¿Qué te parece si ponemos aquí las gallinas?
            No se ha acercado a un nacimiento desde los trece años y ahora está ahí, codo con codo, mirándole de reojo y colocando las piñas plateadas tras el portal.
-Papá ¿ha llamado… alguien esta mañana?
-¿Lo sabías?
-Sí, pero ¿ha llamado… alguien esta mañana?
-Los demás
-No saben nada. Papá, por Dios ¿ha llamado alguien?
-Sí –le ve palidecer y la figura del rey mago que sostiene está a punto de caerse de su mano (que grandes son ahora sus manos) temblona. Lo coloca antes de preguntar.
-¿Y?
-Benigno. Hay que sacarlo pero
            Su hijo le abraza con desesperación de naufrago, como de niño y le oye sollozar en su hombro. Como cuando era un bebé llorón, le acuna y le escucha repetir “·benigno”. El también llora pero en silencio. El joven se va calmando pero él le retiene cogiéndole por el cogote, recuperando abrazos que creía muertos en sus brazos. Le besa la coronilla y a punto está de llamarle “mi niño” pero no lo hace. Ya es un hombre y padre, no es un niño más que para él. Le va soltando mientras se pregunta por que ya no se cree en los milagros de Navidad si están ahí, al orden del día.
-Bueno, esos pastores no se van a colocar solos ¿verdad?
-No hijo, no, pero ya no hay prisa, ninguna prisa. Tenemos toda una vida.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Llegó Navidad

Como cada año llega Navidad y ya sabéis que yo soy  el Espíritu de la Navidad Presente de incognito. Uno sabe que se aproxima Navidad cuando empiezan a montar Corilandia, que suele ser en octubre, cuando empiezan a aparecer en television muchos anuncios de perfumes especialmente con tios todo lo desnudos y eróticos que permite la nueva y sibilina moralina, entonces la cosa ya va en serio. Ahora bien, la Navidad como tal no empieza hasta tal dia como hoy en el que uno se levanta con una cantinela que llevamos impresa en los genes o poco menos. Cualquiera de nosotros podría decir casi cualquier cosa con ella. Evidentemente hablo de la lotería de Navidad, durante años creí que era el único sorteo del año, nunca toca nada pero, es como las peladillas: nunca se comen en Navidad pero hay que tenerlas o no huele a Navidad (se comen después, con el mono de dulces que se crea a partir el Roscón. En cualquier caso no pueden faltar, ah, y los higos secos.
Así que con la Navidad oficialmente inaugurada yo me despliego y comienzo mis entradas navideñas. El año pasado fueron escasas y no muy brillantes, tenéis que perdonarmelas, estaba en la fase aguda de la depresión. Este año es otra cosa, antes queria morirme y ahora ya sólo estoy tirado por las esquinas pensando en la inanidad de las cosas. Como cada aaño os deseo una muy feliz Navidad y Año Nuevo. Igual que cada año ahí va mi, fallido, intento de cuento de navidad.


 CUENTO DE NAVIDAD 2016 (I)
Según él la Navidad es, ante todo, objetos, casi nada más, al menos ahora. No es que crea que las Navidades Pasadas, ni las de su infancia, fueran mejores. No. Ni mucho menos, pero fueron dejando un poso aluvial, casi una leve pátina, de objetos, casi todos pequeños, muchos que ya no existen sino en su memoria, y unos pocos más grandes que pesan como losas o como lápidas. Objetos, al fin y al cabo solo cosas, cuatro o cinco cajas de madera llenas de cosas casi inofensivas en apariencia pero hay que saber manejarse entre ellas para conocer el peligro, su capacidad para hacer daño, agazapadas y acechantes para lanzarse sobre la memoria y hacer que se rompan las ampollas de dolor que guarda y se extiendan por todo su ser. Le estremece la similitud con lo de ahora. La culpa es de su maldita memoria que almacena la historia de cada uno de esos objetos y de algunos hasta la fecha en que entraron en su vida, le crean o no. Por eso cuando llegan estos días se deshace de su mujer,  sus hijos y hasta de los pequeñines. Cuando vuelven, ya de noche, todo ha pasado y el Árbol brilla en su rincón, el Nacimiento grande ya ocupa su espacio sobre el aparador, y los demás adornos también primorosamente colocados. Quizás este año no haya hecho sino empezar.
            Las ha pintado; las cajas de madera resultarían irreconocibles por las filigranas navideñas de colores alegres con que las decoró, es hombre de poca paciencia en general, que les pregunten a sus hijos, aunque no sabría calcular las horas que dedicó a cada una de esas cajas. Sin embargo, por más que sus colores de puro alegres sean casi chillones, que abunden los dorados, los ositos adorables, las campanitas y el acebo, los Papá Noel y los árboles de Navidad, las estrellas y los angelotes, son cajas tristes, no hay otra palabra para definirlas. Tristes con esa peculiar tristeza de lo huido, de lo que se escapó como un puñado de arena entre los dedos; pero también de lo que decidimos no vivir, del tren que no quisimos coger. Lijado, preparar la madera –generalmente de poca calidad- para la pintura, el primer fondo de imprimación, la primera distribución de los motivos, segundo lijado, segunda capa de imprimación, pintar los motivos y barnizar una y otra vez sin dejar de estar pendiente del secado, un pelo que caiga sobre el barniz puede estropear el efecto, buscar, comprar y colocar cierres, bisagras y asas. Para otros quizás sí, pero para él no es un pasatiempo sino algo más serio. En especial este año, decorar y restaurar los daños tiene algo de rito funerario, de mortaja que ha anidado en él.
            Esas cajas son, sin embargo, solo los continentes de las cosas. Teniendo en cuenta que sin su protección acabarían en la basura como ocurrirá tarde o temprano, es toda una hazaña que sobrevivan de un año para otro con su mujer vociferando cada vez que tropieza con las cajas en los altillos. Quizás, una vez montado, sea cierto lo que dice y realmente le guste pero, a menudo, abre la puerta al volver del trabajo con el temor de que en uno de esos “arrebatos limpiadores” haya acabado con las cajas en el contenedor. Intentaba hace tiempo volver antes que ella pero la jornada a tiempo parcial que le ha impuesto la empresa a ella lo hace imposible. Es probable  que no tarde demasiado en salirse con la suya. Todo depende. Antes empezar a abrir las cajas e ir sacando sus pequeños tesoros se prepara un café, se sienta tranquilo a tomarlo y pone música. Una pausa antes de entrar en combate. Adeste Fidelis, su música navideña predilecta da el pistoletazo de salida. Cambia el disco y ahora suenan Sinatra, Crosby y demás, suficiente para acompañar pero no para distraer. Toma aire, reúne valor y abre la primera de las cajas. Sí, lo cierto es que hoy le hace falta más valor que nunca para afrontar la tarea.
            Cuando nació la niña y hubo que reorganizar la casa donde había vivido siempre fue encontrando elementos sueltos que apartó pensando que, tal vez, en algún momento sirvieran para algo; y sí, claro que valieron poniéndoles un trocito de cordón dorado para colgar de las ramas del Árbol de Navidad. Entonces, con el abeto a medio decorar, con un diminuto osito de cristal que recuerda desde siempre en su casa y con el que su madre no le dejaba jugar para que no se atragantase, vio que en todas y cada una de las piezas navideñas le iban contando su vida, y hace falta valor para afrontarla a sangre fría cada año. La primera que coge es un paquetito de papel de seda –es para lo único que es tan cuidadoso y organizado-. Casi no le hace falta abrirlo para saber que contiene. Tenía cinco años y, en realidad, no es propiamente navideño sino tan sólo la figurita muy esquematizada, de un ángel, un cono, una esfera, dos pequeñas elipses como alas y otros dos conos diminutos haciendo de brazos que sostienen una especie de laúd . La túnica es amarilla, muy amarilla- las alas, blancas, aunque de un blanco con más de cincuenta años encima, y la cabeza, en ella estuvo la clave para que comprarlo y para que no desapareciera en una de esas “limpiezas locas”. En realidad, y por eso se lo compraron, es un angelito negro. Nada que extrañar dada la predilección materna por Don Antonio Machín, como tantas chicas de su tiempo, o no sería quien sigue siendo Machín. No puede evitar una sonrisa amplia y enternecida al colgarlo del árbol, ni demasiado visible ni demasiado escondido –el amarillo de la túnica hace que se le vea-. Resulta, cuanto menos, curioso que la primera pieza que del árbol de este año sea también la más antigua. Como cerrar un círculo o completar algo inacabado. Sí, así es posible que sea este año: unas Navidades para atar cabos sueltos y dejar que los objetos que tanto ha mimado sigan su propio destino, una suerte de despedida sin añoranza, liberadora y, quizás, definitiva.
No, no es añoranza de las Navidades Pasadas, ni aquello de lo que pudo haber sido y no fue lo que deja que le invadan estas labores. Algo hay de todo eso, sí, pero poca cosa; lo que encuentra es el presente perpetuo de los recuerdos sin calificarlos y del amor, algunos dirían quizás más acertadamente “energía”, depositados en cada uno de ellos y que nunca cambia, año tras año. Como la carcajada que siempre le arranca ver el botijo dorado y pesado: un botijo en un árbol de Navidad, original si que es, como casi todo lo que venía de ella cuando se permitía ser ella, original, diferente, excéntrico desde lo corriente, casi vulgar. Sí, todo un tanto exótico menos aquel dejarse ir de los últimos años, aquel desprenderse de los afectos y de todo, como preparándose para el hachazo que fue el fulminante infarto. Veinte minutos duró todo y se le encoge el alma al recordarlo pero las esperadas lágrimas nunca llegaron. No es que sea hombre de llanto difícil, es que no ha sabido llorar a su madre, nunca supo. Sin embargo,  ahí está el botijo dorado y brillante haciéndole reír cuando ya ha vivido más años que ella y cuando es posible que nunca vuelva a sacarlo de sus cajas.