Páginas vistas en total

jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz 2010

Os deseo a todos que desde la tranquilidad o la juerga/orgía más desenfrenada tengáis una muy feliz salida de año y mejor entrada. Un abrazo de Joaquinitopez

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ah, la familia

Como dijo no recuerdo que rey francés mientras su cuñado le degollaba “Ah, la familia” (no sé si era el cuñado, el primo o el hermano, tanto me da, la familia cristiana nace de un modelo que dio como primer y más granado resultado aquel asuntillo de Caín con Abel). “Ah, la familia”, creo que también decía Don Vito Corleone (no soporto esa serie de películas, demasiado realistas). Nada como la familia ¿Qué duda cabe? Una familia como Dios manda (undécimo mandamiento, creo, no, ese es “no estorbarás”) con un papá una mamá y un hijo al año hasta que la madre reviente en un parto o el padre en un pluriempleo. Los abuelos en los asilos regidos por dulces monjitas que se embolsan la pensión y los inmuebles. Como debe ser. Las cosas en su sitio y de fondo esas frases que suelen ser el hilo musical de las familias tradicionales que todos hemos oído (doy fe de haber escuchado todas estas frases en familias cristianas): “eres tan inútil como tu padre”, “si lo llego a saber, a buenas horas me caso”, “en que horita me dejé preñar”, “si no fuera por esta yo hubiera llegado lejos”, “las mujeres es que no saben obedecer órdenes”, “éste, que es idiota”, “¿qué sabrá ésta?”, “se va a quedar la pensión por haberme planchado cuatro camisas en su vida”, “con Pepe (póngase aquí el nombre que convenga) me tenía que haber casado”, “la mujer te quita libertad” y un largo etcétera que lo queramos o no reconocer todos hemos escuchado mil veces si nos hemos tomado la molestia de escuchar, claro. Ese modelo de familia cristiana, que quieran o no, impera en nuestro país ha producido, según unos cálculos que escuché hace poco en la radio, que el diez por ciento de los hijos nacidos dentro del matrimonio no sean precisamente del matrimonio, bueno sí, del matrimonio de su madre y del matrimonio de su padre que, lamentablemente no son el mismo matrimonio, por que para que haya un hijo hace falta cierta colaboración entre ambos sexos. Ese modelo de familia cristiana ha producido un enorme índice de madres adolescentes por que, claro, como se va a educar en la sexualidad si no es reproductiva, y de bebés en contenedores si hay suerte vivos, muchas veces no la hay. Ese modelo de familia cristiana ha producido tragedias cuando una jovencita se descuidaba y engendraba –todo antes que un anticonceptivo- con las secuelas de expulsión de casa paterna, vergüenza familiar –deshonor, en palabra fina-, imposibilidad de encontrar trabajo, como le dijeron a alguien que conocí “ya sabes ahora o puta o monja en casa de papá”. Cierto que ese aspecto ha sido superado pero sólo en la medida en que la sociedad se ha alejado de ese modelo de familia cristiana. Ese modelo de familia cristiana ha condenado a mujeres de por vida a estar encadenadas a borrachos, maltratadores, delincuentes y violadores, a hombres a vivir encadenados a fieras enloquecidas y castradoras.
¿En serio puede creer alguien que unos niños van a ser mejores por vivir en una casa de sesenta metros con nueve hermanos, o sea, un campo de concentración? ¿por percibir las constantes tensiones de unos padres que ya no quieren estar juntos, que quizás nunca quisieron?, ¿en serio cree alguien que se puede dar cariño y atención a diez críos cuando se trabajan dieciséis horas?, ¿en serio creemos que los niños no se dan cuenta de la resistencia a las muestras de amor de su madre por que ya su cuerpo no soporta otro embarazo?, ¿en serio creemos que es preferible para un niño asistir a las palizas de un padre borracho a un divorcio? ¿en serio creemos que es peor un divorcio que unos abusos paternos o maternos? Nadie quiere que eso ocurra, pero, señores, ocurre y el modelo de familia cristiana con su NO a todo (divorcio, anticonceptivos, aborto, educación sexual) cierra una trampa sobre el individuo y le obliga a elegir entre sus creencias y las vidas suya y de sus hijos. Creencias, por cierto, dictadas un tanto al margen de las fuentes pero como decía aquel personaje “Esa es otra historia”
Todos queremos que un matrimonio funcione y dure toda la vida, que Pepe encuentre a Pepa y Manolita a Manolito, pero ¿que pasa si Pepe encuentra a Manolito y Pepa a Manolita? Si, siguiendo sus propias enseñanzas, la familia se basa en el amor que hay entre sus miembros es evidente que cualquier pareja o grupo de cualquier tipo o número unido por ese vínculo es más familia que las parejas destrozadas, los hijos maltratados o abusados, las familias recocidas en un odio vengativo fruto de convivencias forzadas o las familias sin más vínculo que la dependencia económica o social. Desgraciadamente el mosaico que presenta la vida no es idílico y está lleno de conflictos ¿alguien me puede decir por que añadirle más en lugar de facilitar que los pobres seres humanos sean mínimamente felices? Un niño será siempre más feliz y mejor persona si recibe cariño, cuanto más mejor, hombre o mujer, joven o mayor, casado de primeras o cuartas nupcias; y será tanto más desgraciado y resentido cuanto más rencor perciba, cuanto más desamor haya a su alrededor.
Quizás alguien debería pensar en lo que de verdad necesita el ser humano, no lo que necesitan ciertas elites.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Fantasmas del pasado o la nostalgia como arma de destrucción masiva II

Lo curioso es que no llegan a desaparecer nunca estos fantasmas, así, anodinos, casi inexistentes, cobran vida de repente al abrir una caja de bombones que regalaste o te regalaron (tengo restos de colección de cajas metálicas, así que les pierdo la pista) o aquella otra de madera que hiciste cuando te dio por hacer manualidades hasta que descubriste que no eran lo tuyo... tampoco. Inocentemente las abres creyendo encontrar qué se yo: sellos repetidos, por ejemplo. Entonces los muy cabrones te saltan al cuello y clavan sus garras en ti. Cierras la caja deprisa pero ya es tarde, el tiempo concentrado ya te ha caído encima como una losa, y te das cuenta de que, entonces, querías que te saliera barba deprisa y hoy es en la barba donde más se te notan las canas; de que, entonces, creías posible vivir y hoy te conformas con apenas subsistir; de que, entonces, tenías una fe ciega en que apareciera el amor en tu vida y hoy te resignas a vivirlo a través de imágenes y palabras ajenas; de que, entonces, nunca tenías frío y hoy apenas sientes calor; de que, entonces, la gente de cincuenta eran ancianos y hoy eres un joven de cincuenta años acabado como un anciano por que ya pasó tu tiempo, por que ya no eres joven, eres "todavía" joven, te "conservas" bien, no "aparentas" la edad que tienes. Pero no es eso lo peor, lo peor es que de aquel tiempo en que soñabas en poder vivir no quedan más buenos recuerdos que los objetos con su valor estético, a pesar de la avalancha de recuerdos viscosos que preferirías no guardar y que te tiran desde la cartulina a la cada a modo de vitriolo. Y dices: "¡Hay que ver el polvo que hay, hace que se irriten los ojos!"

sábado, 26 de diciembre de 2009

Fantasmas del pasado o la nostalgia como arma de destrucción masiva I

En diciembre todos nos enfrentamos a cosas, ausencias, presencias, estorbos, carencias. El caso es que nada para levantar sentimientos deseados o no como las cosas, el pequeño y a menudo despreciado mundo de las cosas. Objetos que en un momento u otro de nuestra vida supusieron algo importante, que nos traen buenos o malos recuerdos, a veces ni lo uno ni lo otro sino la evocación de un aroma de aquellos tiempos en que llegaron a nosotros y compartieron nuestra vida cotidiana, nuestro día a día, en un rincón, en una carpeta o en un armario. No se sabe como un día desaparecen de ese fluir de las horas. Una mudanza, una limpieza general, un cambio de mobiliario, una reorganización de papeles y se diluyen, a menudo acaban en el cubo de la basura, la vida necesita espacio para renovarse, pero siempre dejan una huella, una estela no tan fugaz como quizás quisieramos. En mi caso tengo ciertos agravantes como el hecho de ser coleccionista compulsivo: dadme un objeto del cual haya más de dos modelos y ya me planteo hacer una colección; junto a esta cuasi enfermedad que podríamos llamar el Síndrome del Museo Universal padezco un incontenible barroquismo exuberante por lo que mis colecciones suelen crecer deprisa y un tanto indiscriminadamente hasta que de repente he de elegir entre comprarme un palacio tipo Xanadú o deshacerme de la colección en cuestión. Como no me llega el monetario para alegrías propias de Ciudadano Kane y mis colecciones suelen ser de objetos humildes no hay más que una opción y deshago la tan querida colección, eso sí, me quedo con la estela, lo más querido de cada colección. Unos cuantos ejemplos de cada cosa, así que actualmente soy un coleccionista de selecciones de colecciones. Nadie ha dicho que yo esté en mis cabales.
El caso es que el otro día saqué de armarios y altillos, de sótanos y trasteros, de desvanes y cajones los aproximadamente dos mil objetos que uso para decorar mi casa en Navidad (barroquismo exuberante también en este tema) y al remover todo apareció una caja que conservaba restos de una de las colecciones que hacía a principios de los años ... 70. Postales, pero no postales cualquiera, eran postales con personajes dibujados, algunos con poemitas picarones para la época (o sea: tontos) pero siempre con un encanto que no sé a qué se debía. Este tipo de postales han ido desapareciendo y no es que lo lamente, no, eran propias de un tiempo en que la gente escribía más y decía más cosas en una postal con la imagen y el poco texto que cabía en su dorso que hoy decimos en 1000 mensajes de móvil o e-mail, más tampoco es mejor, que conste. En cierto sentido hacían lo que los SPP que te acaban arrancando una sonrisa a través del dibujo. Bueno, tenía su mérito para el dibujante, no creamos que no. El caso es que he conservado durante casi cuarenta años una serie de postales que recogen la moda de la época de una manera peculiar, alguno de los usos (¿os acordáis de la mili obligatoria?) y hasta una forma de ver el mundo que hoy resultaría políticamente incorrecta pero que entonces era hasta progre.
Lo malo de reencotrar estas cosas es el efecto demoledor que tienen en el alma de uno, la demostración palpable de que han pasado un montón de años y el recuerdo de los sueños y proyectos que al recibirlas o comprarlas tenías en tu mente y la confirmación de que ninguno de esos sueños, ninguno de esos proyectos, ninguna de esas aspiraciones se han confirmado y ya pasó su tiempo. A algunas de esas postales se les pasó su tiempo pocas semanas después de enviadas, me las envió una amiga algo mayor que yo, una muchacha preciosa, que murió a los dieciséis años en una tonta operación sin riesgo alguno. Por eso la nostalgia es un arma de destrucción masiva, por eso mejor que las grandes potencias no descubran como concentrarla y bombardear con ella, por que nadie sobreviviría a semejante ataque.
Es más que probable que no os interesen estas imágenes pero me ha parecido una buena idea compartirlas como quien comparte un recuerdo querido o un hallazgo arqueológico.

martes, 22 de diciembre de 2009

¿Feliz Navidad?

Hoy, martes 22 de diciembre del Anno Domini de 2009, doy por inaugurada las Fiestas de Navidad, Año Nuevo y Epifanía de Nuestro Señor, o sea: juerga, consumo, desenfreno y a vivir que son dos días.
Como de costumbre no nos ha tocado el gordo y de salud ando jodido pero uno es muy navideño pa sus cosas y seguramente estos días escribiré aquí algo más a menudo.
Ya dije al principio del blog que hay un punto de nostalgia en mi forma de ver el mundo y, hasta ahora no ha aparecido aquí. Iré compartiendo alguna cosilla estos días.
De momento ¿Feliz Navidad?
Titulares recogidos los tres últimos días:
La cumbre del clima terminó con un acuerdo clandestino"
Nacho Cano compara Mecano con Beethoven y Mozart
“Camps mantiene en barracones a 30.000 alumnos”
Berlusconi no abandonará la política "por el bien de Italia" : Sube su popularidad tras la agresión
“Un cambio de ley muy a gusto de la mafia: El Gobierno italiano promueve una enmienda para sacar a subasta los inmuebles confiscados que no hayan sido adjudicados en un plazo de 180 días”
"La iglesia española tiene la tentación de influir en la política vasca": El presidente del EBB del PNV opina que los obispos vascos no son "rebeldes" sino "consecuentes con la realidad social"
Nobel de la Paz para el golpismo: Dos asociaciones latinoamericanas piden el Nobel de la Paz para Roberto Micheletti”.
El PP culpa también al Gobierno de no respetar a la familia de Lorca: Javier Arenas denuncia que una minoría impone el debate de la Memoria Histórica.”
Desaparece la niña que quería dar la vuelta al mundo sola
EE UU impone al mundo su ley ante el cambio climático
125 inocentes, presos por graves errores desde 2002
El Colegio de Médicos denuncia la situación de la sanidad madrileña
Un imputado del PP hizo el código ético municipal
“La contabilidad B de Correa suma 20 millones entre sobornos y 'mordidas': El líder de la trama gastó 127.000 euros en un viaje a Venezuela donde figura Agag”
"Nuestra tarea no es remover tierra buscando huesos ": El ex presidente del Gobierno además se ha referido a los asesinados durante la dictadura como "sólo huesos"
España duplica el límite de emisiones contaminantes
Ante tanta estupidez y maldad refinada uno sólo puede preguntarse ¿Feliz Navidad?
Eso sí: es mi deseo para todos quienes me leen. FELIZ NAVIDAD

jueves, 17 de diciembre de 2009

Un nuevo adiós

Jennifer Jones se ha ido con 90 años. Mujer de una belleza absolutamente indiscutible aunque menos agresiva que otras coetáneas de sus mejores años que fueron sin duda los 50. Nos deja inolvidables mujeres representadas con solvencia de gran actriz que, quizás, fue un poco desaprovechada por el sistema.
"Duelo al sol", "Madame Bovary", "La colina del adiós", "La canción de Bernadette" son sólo unos pocos títulos de los que nos dejó, siempre inovidable incluso en papelitos menores como el que desempeño con soltura de veterana en una madurez ciertamente espléndida pero ya ajada en "El coloso en llamas", una de sus últimas interpretaciones.
La gitana enamorada de Gregory Peck, por una vez haciendo de chico malo, la esposa burguesa deslumbrada por el glamour de un aristócrate francés encarnado por un ambiguo en grado sumo Louis Jordan, la enamorada asiática de el soldado condenado a caer en combata interpretado, si no me falla la memoria, por William Holden, la evanescente fantasmal mujer de "Jenny", la inocente Bernadette en aquel horror de película, son iconos del cine.
Con ella se va un mito más, uno de los últimos, y, como siempre, nos deján un poco más solos.
El título de este blog tiene mucho que ver con las ruinas que nos vamos encontrando cuando gente como ella se nos va, por muy natural que sea, por muy racional que sea el concepto de que todo tiene un ciclo. Ruinas un poco más destruidas a partir de hoy en que Jennifer Jones se ha ido.

domingo, 13 de diciembre de 2009

EN EL PUENTE

Siempre va calzada de color rosa, más o menos fuerte pero rosa, a veces lleva algo que parecerían zapatillas de ballet de un rosa brillante si no fuera por la suciedad y lo ajado de su textura, quizás lo fueran en otro tiempo. Falda ocre, color patata, leotardos azul oscuro. En los pies el toque sonrosado, siempre, da un aura de glamour perdido, un afán absurdo de coquetería. Se coloca en la isleta del puente, junto a un artilugio municipal que indica “dirección obligatoria a la derecha”, y espera que el semáforo haga parar a los coches. Vacilante, pero deprisa se mueve entre ellos pidiendo una limosna, no sé que palabras emplea, no sé que argumentos, ni sé si puede articular su discurso. Pocas son las ventanillas que se abren en este invierno y el semáforo cambia a verde. Ella vuelve a la isleta sobre su calzado rosa, a veces lleva unas botas rosa fuerte que parecen de plástico, quizás sean de agua aunque la vuelta que en tiempos fue algodonosa –ahora un pegote de pelo macerado, muy parecido al de su portadora- dan una pista de ensoñación adolescente. Vuelve a la isleta y espera a que el semáforo se ponga rojo pero no mira el semáforo, mira calle arriba, por encima de cachivache municipal de plástico blanco y mugriento, no más alto de un metro, cuadrangular, con su círculo azul y su flecha blanca. Mira calle arriba, hacia donde se pone el sol, desde donde los coches que no han abierto sus ventanillas podrían verla quedarse atrás, como siempre, si le concedieran un pensamiento. Mira por encima de la indiferente señal de tráfico y se santigua, una y otra vez, deprisa, muy deprisa, se santigua mecánicamente, como un muñeco de cuerda bate los platillos o mueve el rabo. Se santigua mirando la calle que sube hacía una vieja iglesia, por donde cada mañana entra un torrente de hombres y mujeres camino de un trabajo, por donde cada tarde sale el mismo torrente camino de una casa, de una familia, quizás un amor que no les ha dejado atrás. Desde la isleta no se ve el campanario de ladrillo que se oye de vez en cuando, si el tráfico no es abundante. El semáforo cambia y ella deambula de nuevo entre coches cerrados sobre sus zapatos rosa, casi blanco, de pulsera, zapatos con algo de puta ingenua, desleídos por el tiempo. Verde de nuevo, un color que, en el gris de la niebla que baja, resulta frío, aún más frío de lo habitual, y que contrasta con la calidez del color de sus zapatos. Sobre la superficie cuadrada del trasto municipal hay algo, algo ante lo que ella se vuelve a santiguar mil veces en los minutos en que el tráfico mueve el aire cada vez más gélido en torno a ella. A veces inicia el gesto de arrodillarse mientras se santigua, a veces no. Hay algo sobre la señal que habla de un silencio, de un vacío, de una vida esperando una respuesta; algo ante lo que ella, la dama de las zapatillas de ballet con cintas blancas percudidas, ofrenda el gesto con que fue educada, la señal de la cruz concatenada, quizás lo mejor de sí misma, de lo que queda de ella después de buscar una respuesta que no encontró, de lo que ha quedado atrás. Cambia el semáforo y ella caracolea otra vez entre los monovolúmenes y las furgonetas. Allí, esperando en la isleta el homenaje que recibe mientras el semáforo está verde, está el tetrabrik de vino barato, vinos Don Simón.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Si no lo digo reviento


De hecho ese será el único castigo que tengan por sus delitos.

martes, 1 de diciembre de 2009

sábado, 28 de noviembre de 2009

Ya estan aquiiiiiiii

Me refiero a las navidades. Sé que para muchos son una realidad poco agradable, para mí mismo suponen pocas cosas buenas pero... soy un navideño nato. Cierto que cada año nos las adelantan más y que cada año parece que encuentran la forma de hacérnoslas un poquito más desagradables e incómodas, cuando menos en este Madrid feudal y faraónico en que se celebran al albur de no se sabe que caprichos de diseño o de Dios sabe qué, mejor no pensarlo; cierto igualmente que cada año parece que nos falta más entusiasmo por ellas y por casi todo, y que Nochebuena es la noche del año en que la policía ha de hacer más salidas por peleas familiares (cuñado borracho, suegro insoportable, hermanas resentidas, en fin esas cosas que hacen que la familia es... lo que es y que lleva tantas veces a la cuchillada real o metafórica por la espalda o al golpe con el adoquín real o metafórico en la base del cráneo, eso que hace que en la mente de muchos se fragüe lentamente esta frase: esta me la pagan y treinta y cinco años después cuando los abuelos están en la residencia y las hermanas viudas aprovechan para vengarse de unos langostinos menospreciados no invitándoles a la cena navideña, que en el caso de algunos abuelos sería una forma piadosa de eutanasia. Como dijo no sé que rey cuando le estaban matando por cuestiones sucesorias "Ah, la familia") Todo eso es cierto, tanto como que personalmente no guardo ningún buen recuerdo de ninguna Navidad pero a pesar de todo disfruto estas fiestas a mi manera, eso sí.
Sin embargo, de momento no voy a seguir hablando de Navidad ni de fiestas-asesinas sino de uno de los más grandes productos que ha dado esta celebración. Me refiero al Cuento de Navidad de Charles Dickens

En algunas ocasiones viene traducida como Canción de Navidad, me da igual lo que me da lo mismo. Este año está un poco más de moda por la versión en 3D y ataque de histeria que se acaba de estrenar. Pero antes de hablar de la película permitidme que hable del cuento o más bien novela corta que nos dejó el gran Don Carlos. Todos conocemos la historia: el viejo digno de ser asesinado Mr Scrogge odia la Navidad, recibe los tres espíritus etc. Sí, pero ¿cuantos la hemos leído? Me temo que no demasiados. Por eso he querido dedicarle esta entrada a algo tan peculiar como universal. Hemos visto decenas de películas, tebeos, dibujos animados, incluso adaptaciones a capítulos de series de televisión, hemos visto a Pedro Picapiedra y al Tio Gilito bordando a Mr Scrogge, incluso a la cerdita Peggy dándole la réplica, la hemos visto ambientada en el mundo del rock, en el lejano oeste, en una empresa de televisión, en unos grandes almacenes, y siempre, siempre la historia funciona como un reloj, y lo hace por que es el reflejo de una carencia esencial al hombre: la de no saber vivir el presente desaprovechando lo que tiene en la mano expresada a través de una fecha, una celebración, que siempre es especial. Cada Navidad tiene algo propio: la que vimos Ben-Hur, la primera de Carlitos, la última de la Tía Crescencia, la que se cayó el árbol, la que no trajeron nada los Reyes Magos. Siempre hay una peculiaridad, algo que las hace únicas. Eso es lo que hace que la historia, el esqueleto de la historia funcione siempre, pero, ay, otra cosa son las carnes. Ninguna adaptación alcanza la rabia, la denuncia social, la amargura del pasado que pudo haber sido y no fue, la presencia de la miseria, la enfermedad, la inminencia de la muerte y la soledad, que dejó escrita Don Carlos en pocas páginas. Dejadme que os recomiende la lectura de este clásico a quienes no lo hayáis leído, estoy seguro de que os sorprenderá. Hay una magnífica y barata edición en Austral.

Ahora dejo de hacer de maestroescuela y paso a la película. En fin, el ataque de histeria perpetuo de Jim Carrey se disimula levemente por la técnica de pseudoanimación empleada. Ese es el gran error de la película, además del propio Jim, que se regodea en exceso en sus tecnicas novedosas quitando metraje necesario para la trama y sacrificándolo a unos viajecitos de pájaros por todo Londres, lamentable que a ese "mira lo que hago" se supedite todo y digo todo, ni siquiera el pequeño Tim da pena de tan poco desarrollado como está. Hay cosas que impresionan, de acuerdo pero una vez vista la Catedral de San Pablo a vista de pájaro ¿no podríamos centrarnos en el meollo?

Especialmente estúpida, deleznable, larga y mutiladora es una secuencia que alguien se sacó de la manga confundiendo a Mr. Scroogge con Alicia cambiando de tamaño como una posesa, una persecución a vista de rata cuando aparece el espíritu de las Navidades futuras. No logro imaginar que se habia metido quien parió esa secuencia, algo muy fuerte desde luego. Por otra parte creo sinceramente que los guionistas no se habían leido la novela sino que tomaron como base para su guión las diversas versiones televisivas que se han hecho por que hay escenas que se añaden que vienen de la televisión y que no aparecen en la novela.
Disney nunca ha hecho nada destacable como tema navideño y esta era la gran oportunidad de lograr un clásico a la altura de "Que bello es vivir" pero, de nuevo ha sido desagradablemente desaprovechada. Por cierto: el peor cartel es el español ¿será por la obsesión por las obras que hasta el Big-ben aparece aquí en obras?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Maltrato y maltratos o una visión políticamente incorrecta


Pero tampoco voy a actuar como si fuera más que yo por el hecho de ser mujer.

martes, 24 de noviembre de 2009

Que veinte años no es nada, Inma

Dentro de un mes será el aniversario pero dentro de un mes, como entonces, estaremos todos enredados en nuestra catástrofe personal que es la Navidad de cada uno. Dentro de un mes hará veinte años. “Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada te busca y te nombra”, decía Don Carlos Gardel. Uno dice, que bonito, que bien rima pero veinte años son una barbaridad de tiempo hasta que un día, al dar la vuelta a una mañana descubres que no, que veinte años no es nada y que en ellos, en ese tiempo que parece arrasar con todo, no se ha llevado sino lo superficial, lo banal, lo insignificante dejando cuanto quisieras haber perdido para siempre como el dolor. No pretendo contar una novela aunque pueda parecerlo, no tiene nada de literario lo que voy a escribir, es todo rigurosamente real, casi documental aunque comprendo que parece el argumento de una peli o de un novelón. Hace veinte años, hará veinte años el 21 de Diciembre que ella se mató. Me refiero a Inma de Santis, se mató en un accidente en unas vacaciones y lo supimos, al menos yo, el día 23. Día de enredos familiares, de cosas que hacer y de falta de tiempo para darse cuenta de hasta que punto un puntal de tu vida se había derrumbado. Luego, cuando tienes tiempo, no quieres asumirlo y dejas ahí el hecho, el comentario, el recorte quizás. Más tarde, al dar la vuelta a una mañana navegas a lo tonto por la red y recuerdas su nombre, lo escribes, le das al Google y aparece ella. Y descubres, atónito, que han pasado veinte años y que es cierto que no son nada y que la mirada la busca todavía en las viejas películas, ansioso de ver una aparición fugaz, una escena, un fotograma. Descubres que hace años que no la mencionas por no levantar la venda de la herida y que, quizás, sólo quizás, haya sido la única mujer que realmente has amado. Debería hablar en primera persona. Ella y yo nacimos el mismo año, se rumoreaba que vivía cerca, a menos de veinte minutos caminando, (la almendra central de Madrid es pequeña y laberíntica, un pueblo retorcido, nada esta lejos pero nada está “ahí mismo”) a pesar de lo cual jamás la vi. La conocí en el 69, quizás en el setenta, en una pantalla de cine. Uno de esos viejos cines de barrio que los jóvenes no habéis conocido y en los que los no tan jóvenes echamos los dientes. Recuerdo la película: “La vida sigue igual” del almibaradísimo Julio Iglesias que tuvo el buen gusto de no hacer más películas, que yo sepa. Aquella cosa tenía como únicos alicientes una espléndida Charo López (demasiado mayor para que yo a mis diez años pudiera apreciarla) y una canción (creo que era “Chiquilla” pero no me hagáis caso) que el ¿cantante? Cantaba a una niña, esa deliciosa criatura era Inma de Santis, es la imagen con que encabezo esta entrada. Desde entonces y en la medida de mis posibilidades, más bien escasas, fui siguiendo la trayectoria de aquella niña, muchachita, joven desde el arrobamiento más puro. Recuerdo que me tragué el peñazo de Ana Karenina, los autores rusos nunca han sido de mi predilección, en aquellas célebres Novelas de la sobremesa de cuando había un solo canal tan solo por que ella tenía un papelito. Recuerdo su Infanta en Las Meninas de Buero y un montón más de pequeños papeles de actriz que empieza.
Guardaba recortes de ella, como todos los chicos de sus bellezas predilectas, y cuando estuve enfermo y hospitalizado una muy larga temporada en el cajón de mi mesilla había un par de fotos suyas recortadas de una revista. Es fácil que hagáis chistes pero os equivocaríais de medio a medio. De aquella enfermedad salí adulto, o sea, desengañado, y con el convencimiento de que jamás la conocería.
Curiosamente quise hacer periodismo, entonces Ciencias de la Información pero me mal aconsejaron y estudié otra cosa. Me obligué a hacerme mayor y dejarme de tonterías adolescentes, me deshice de muchas cosas de cuanto me recordaba a mi adolescencia enfermiza, a esa época de niño sin madurar o joven sin crecer que es la feroz transición a la edad adulta. Entre las mil cosas, ideas, actitudes, relaciones que abandoné y tiré estuvo la carpeta donde guardaba los recortes de Inma. Eso era cosa de críos. Su carrera siguió con las vicisitudes de quien no cede a la corriente que se imponía entonces, destapes y demás. Ella sí estudió Ciencias de la Información, en la facultad junto a la mía, en los mismos años, con la misma edad. Una vez más estuve cerca de ella aunque a esas alturas había dejado de seguir su trayectoria y de agenciarme las entrevistas que daba, tan banales como cabía esperar –eran años de una enorme libertad y al mismo tiempo de una enorme estupidez, supongo que en lo relativo a la prensa del corazón será ahora igual, claro que los protagonistas de entonces eran algo más (actrices, cantantes, etc.) que simple carne de papel couché-. Casi, casi la olvidé perdido en mis historias personales.
Aquella época pasó y dejó un vacío aun más profundo en mi vida, uno más. No sé cuando, sé que habían pasado años, ella ganó un premio dirigiendo un corto “Eulalia”, no sé cuando ella comenzó a presentar programas de televisión pero su belleza se me hacía insoportable. No seguí aquellos programas, no podía con el dolor de verla aunque disimulaba con los argumentos de que eran malos programas, de que no tenía tiempo para verlos, de que esas cosas eran tonterías. La verdad es que su belleza me dolía. Habían pasado otros amores, otras mujeres, otras historias pero ella seguía allí, como a los diez años al salir del cine de ver La vida sigue igual. Un día, justo antes de Navidad lo supe y seguí adelante, había perdido ya por entonces casi todo cuanto me importaba, todo mi mundo se había desmoronado un par de años antes, mi vida era un páramo y empezaba a ver la luz. No podía permitirme dejar fluir la devastación interior. Tuve que hacer una presa y contenerla, ignorarla, permitiéndome tan solo conservar el recorte de la reseña de su fallecimiento. Pero un día llegó la red. La gente de mi edad es casi analfabeta, salvo excepciones claro, en estas lides navegatorias. Probando, probando, escribí su nombre, y apareció un blog dedicado exclusivamente a ella. Entonces descubrí que sí, que veinte años no es nada y que aquella niña, aquella jovencita, aquella mujer en plenitud, la mujer madura que hubiera tenido que ser siempre estuvo, ha estado, está y estará en mí. Supe que, de alguna forma amé a Inma de Santis, quizás de la forma más pura que he amado, quizás como tantos españoles de aquella época de grandes bellezas y bastante más mediáticas (Victoria Vera, Bárbara Rey, Agata Lys, Pilar Velázquez) con unos pocos años más, sí, pero deslumbrantes todas –incluso hoy alguna hay que retiene lo que tuvo-. Ella era alguien aparte, en mi corazón y en el de otros muchos, no me cabe duda. Aquella tarde cuando oí la noticia en la televisión, ni siquiera en mi casa sino rodeado de gente que ni siquiera había oído hablar de ella, sin saberlo una gran parte de mi juventud se cerró para siempre. Dentro de un mes estaremos de nuevo perdidos en el laberinto de nuestra vida, de nuestra supervivencia navideña y no tendremos ni tiempo ni ánimos para sentarnos a escribir y a pensar sobre ella: una criatura de belleza excepcional, con la cara más perfecta y pura que yo haya visto, y con un talento truncado por un tiempo y por un malhadado accidente. Por cierto que eso de poner links no sé si sabré hacerlo pero el blog al que me he referido y del que he tomado todas las imágenes es (htp://inmadesantis.blogspot.com/). Llevado por octopusmagnificens a quien espero no haber molestado tomando estas imágenes.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Para reflexionar.


Refrán español de origen creo que asturiano pero aplicable a todo el país.

"Al hombre por lo que gana y a la mujer por guapa y sana"

Se me ocurren tantas reflexiones sobre la frase que me las callo pero no es banal ni mucho menos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

La victoria de Federico


A Federico, a nuestro Federico, le mataron en el treinta y seis, en la primera tanda de matanzas que duró muchos años. En su muerte, injusta y brutal, en su tumba, muchos años abandonada y clandestina, en sus huesos dispersos y mezclados con los de otros asesinados –si asesinados-, en su familia que no quiere encontrarle ni saber nada de él, en que hayan pasado setenta y tres años tirado en medio del campo, en esas familias de quienes mezclan con sus huesos en las que todavía domina un miedo profundo, un miedo más allá de cualquier límite –en parte sin duda por la serenidad con que esa cuerda sigue actuando en este país como tuvimos ocasión de ver hace poco con el asesinato de Carlos Javier Palomino-; en todo ello Federico, nuestro Federico, se ha erigido a pesar suyo en el símbolo de un país derrotado, acobardado y machacado, un país que aceptó su humillación más allá de la muerte del dictador, un país donde todavía se oye “no hay que remover el pasado” a quienes leen cada día en el nombre de la calle donde viven el nombre de los asesinos de sus padres, de sus abuelos, un país en que todavía se oye “a ese le mataron por maricón” justificándolo o poco menos, un país en el que se teme saber la verdad, se eleva a delincuentes a la categoría de semidioses y se jalea la perpetua impunidad como una gracia más. Sin embargo, en ese país hoy, setenta y tres años después de su asesinato, todavía sin sepultura, todavía tirado en el Barranco de Viznar, Federico ha vencido.

Toda su vida se preocupó por la extensión de la cultura y toda su vida, siendo un altísimo intelectual, bebió de la sangre del pueblo sus cantares, sus sentimientos, sus ritmos, su pasión, incluso su falsa y pagana religiosidad. Bebió en su poesía, bebió en sus músicas y bebió en la creación de sus personajes dramáticos. Por que Federico hacía drama, teatro, contaba una historia incluso en los poemas menos narrativos y oscuros. Pero es en sus tragedias, en sus tres grandes tragedias donde el alma de la gente llana escapa del teatro, de la cuarta pared y se desborda hasta envolver la nuestra. “Yerma”, la hembra estéril y rebelde a su destino, la romería para fornicar y engendrar de otro hombre, su negativa, el amor que ha pasado, la certeza. “Bodas de sangre”, la Madre inútil con todos sus hijos muertos y la pasión arrastrándolo todo. Y “La casa de Bernarda Alba”. “Bernarda, cara de leoparda”, dice la anciana y enloquecida Josefa, madre de la autócrata. Bernarda, la madre omnipotente y castradora, asesina de mentes y almas, bestia sedienta de poder que ejerce hasta la aniquilación. Bernarda Alba nacida como documental de los pueblos de España es, hoy, la victoria de Federico.
¿Por qué decir esta majadería a estas alturas? Muy simple, estos días se está preparando la única representación de La casa de Bernarda Alba que podrá apresar la dureza emocional de esas mujeres enclaustradas, la crueldad de la madre dominadora, la ancestral brutalidad de una cultura que machaca al individuo –no voy a caer en la fácil trampa de identificar Bernarda Alba con machismo, eso se lo dejo a las plumas fáciles y complacientes que tanto abundan-; la única representación que va de abajo, del sentimiento vivido y no expresado al acto sublime de levantarlo en un escenario. Un grupo de mujeres gitanas, analfabetas en su mayoría, con sus chiquillos en las chabolas, con sus pucheros en el fuego, con su dificultoso castellano, van a tener el valor y las agallas para poner en escena La casa de Bernarda Alba. Sólo mujeres como ellas, acostumbradas a luchar por cada pequeña cosa, a sobrevivir en una sociedad que las oprime por todas partes, a plantarle cara a la vida con todas sus fuerzas pueden darle a Bernarda y a sus hijas la profundidad ética, la ferocidad de la lucha por la supervivencia, la energía en suma que requiere ese juego de papeles. Sólo ellas pueden reunir todo lo que las mujeres de Lorca sienten en esta tragedia, sólo ellas pueden ser creíbles y sólo ellas pueden llegar a comprender el horror de lo que cuentan y trasmitirlo.
Grandes actrices han representado a Bernarda, las más grandes quizás, pero desde mi admiración profunda, ninguna ha llegado a estremecer con el personaje, a unas las fallaba el físico, a otras que entendían la obra como alarde literario y dramático, a otras que su formación personal las alejaba demasiado del mundo en que esas mujeres se retuercen enjauladas, lloran y mueren. Ellas, estas nuevas actrices tienen todo eso demasiado cerca –sus madres, sus abuelas, su proximidad con la realidad más inevitable y material- como para sentir extraños esos personajes.
Esa es la victoria de Federico, a pesar de todo el pueblo, incluso el que no tiene acceso a la lectura o al teatro siente lo que el expresó hace setenta y tres años. No conseguiste eliminar el analfabetismo, Federico, ni extender un mínimo de cultura; no conseguiste ni siquiera que te dejaran en paz, pero conseguiste establecer un vínculo con tu gente, con tu gente de verdad, no con los pseudointelectualoides que limitan la literatura a la sexualidad, la política o directamente el soborno de una buena venta o de un buen patrocinador, un vínculo que, por fin, dará a tu Bernarda la carne y la sangre que necesita.
Ojalá vivieras para verlo, pero segaron tu vida como la de tantos otros, y siguieron segando vidas incluso cuando dejaron de matar con el tiro en la nuca, siempre han tenido otros medios para que, en lo más profundo todos sigamos siendo las cinco hijas de Bernarda, enclaustradas, sometidas y conducidas al redil como ellas o al suicidio como Adela. Hoy todas ellas se levantarán en un escenario desde la tierra que las crió y esa es tu victoria.