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martes, 30 de junio de 2009

Diez cosas que...


Diez cosas que…. hacen que no valga la pena vivir
El dolor físico constante.
El frío.
Los regímenes alimenticios adelgazantes.
Las matanzas de animales.
La indiferencia.
El fanatismo.
La costumbre.
La doble moral.
La prioridad del dinero y lo económico sobre lo humano.
La pérdida de los ideales.

sábado, 27 de junio de 2009

Maximiliano y Carlota II

Para apreciar en su justa medida esta pequeña historia que ha quedado arrinconada en los laberintos subterráneos de la Historia (con mayúscula pedante y engreída) hemos de remontarnos bastante tanto en tiempo como en espacio. Hemos de dejar atrás Austria, México, y buscar fuera de los continentes. Corría el ilustrado s. XVIII antes de convertirse por obra y gracia de la Revolución Francesa en la evocación de un falso paraíso de reinas vestidas de pastoras, de céfiros alados y de mujeres pintadas mucho más femeninas y deseables de lo que jamás ha sido mujer alguna; paraíso poblado no sólo de alegres y lujuriosos pastorcillos dispuestos a fornicar con alegría en la isla de Citerea a los pies de Afrodita, sino de sesudos pensadores que debatían las ideas que habrían de cambiar el mundo entre sedas, terciopelos, pelucones y damas con lunares de terciopelo pegados a sus nacaradas pieles. Lo poco que vale la pena del mundo actual, si es que ya queda algo, nació en esos salones, en esas mentes y en esa época. Era como un prodigioso museo de proyectos en cristal, llegaría quien entraría y haría lo que hacen las bestias en estos casos: acabar con todo. Del recuerdo de aquellos cristales se recuperó esa brizna que permite al ser humano todavía hoy seguir siéndolo. Como todos los paraísos era falso y como todos los paraísos era para unos pocos. Aunque, como aúno no se había iniciado el feroz colonialismo decimonónico había poblaciones perdidas que vivían felices sin saber nada de Europa, también llegaría pronto quien acabara con esa Arcadia.
Fuera de los continentes están las islas y en una isla llamada La Martinica (colonia francesa desde el XVII) cuando en 1763 nació una niñita, hija mayor de Joseph-Gaspard de Tascher, caballero y señor de la Pagerie, teniente de la Infantería de Marina,[] y de su esposa, Rose-Claire des Vergers de Sanois, cuyo abuelo materno era de ascendencia inglesa, la pequeña recibió el nombre de Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie. En el año 63 reinaba en Francia, y le quedaba un buen rato, Luis XV y, a su lado, aun estaba la prodigiosa –aunque todavía polémica- Madame de Pompadour. Reinaba en España Carlos III, recién enviudado; reinaba en Inglaterra Jorge III el rey loco –uno de ellos, ha habido tantos locos reyes y no reyes gobernando el mundo- y en Austria reinaba –en toda la extensión de la palabra- una muy oronda dama llamada Maria Teresa, la inolvidada emperatriz Maria Teresa que pasó mucho tiempo ocupada en la labor de engendrar y parir nada menos que dieciséis hijos.
LUIS XV

MADAME DE POMPADOUR

CARLOS III DE ESPAÑA

JORGE III DE INGLATERRA

MARIA TERESA DE AUSTRIA

Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie se crió en una plantación y tomo el hábito de chupar constantemente caña de azúcar lo que le produciría una característica personal que pasaría con ella la historia. El caso es que esta familia tenía tres cosas: problemas económicos, tres hijas y, más importante, una tía en la metrópoli, Désirée, que estaba casada con François, vizconde de Beauharnais. A diferencia de nosotros que los tíos y tías suelen ser como el de Alcalá que ni tienes tío ni tienes ná, esta buena señora conociendo los desastres económicos que el huracán de 1766 y la no menos catastrófica afición de su hermano por el juego comenzó en 1778 a trabajarse el matrimonio del hijo de su esposo, a punto de defuncionarse según pronosticaba su cada vez más frágil salud, Alejandro, vizconde de Beauharnais, de 17 años y oficial de la armada francesa con la hermana de nuestra Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie, la joven Catherine. Grave cuestión pues la muchacha había muerto un par de meses antes de que se tomara la decisión y ya sabemos como funcionaba correos entre Martinica y Francia. “No problem”, debió pensar la familia “mandamos a la pequeña de once añitos que le durará más” craso error pues la pobre Manette cayó enferma y sólo entonces se tomó una decisión que acabaría cambiando en parte la faz del mundo: mandamos a Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie. Siendo malintencionado y en este blog me lo voy a permitir se podría pensar que la familia tenía un argumento central: trincar el dinero del bueno del vizconde.
En 1779 casaba la joven pareja, él ya venía con la amante puesta, y nuestra jovencita se dedicó a la tarea de refinarse, que buena falta le hacía para adaptarse a los usos de la aristocracia parisina, y a la de ser amante esposa. Estaba Alejandro obligado por sus cargos en el ejército a viajar mucho a pesar de lo cual tenía tiempo para amantes varias (entre ellas una prima de su esposa, Laure de Girardin de Montgérald) juego y borracheras. Sin embargo, también encontró un par de momentitos para engendrar dos hijos con su esposa: Eugene y Hortensia Eugénie Cecile. Bien, el parto de la niña, personaje que será clave en la historia central de Maximiliano y Carlota aunque no lo parezca, se adelantó por lo que Laure de Girardin de Montgérald acusó a su prima de infidelidad lo que tras muchos ires y venires, dimes y diretes, sobornos y a pesar del apoyo de la familia del esposo a la joven madre Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie acabó en una abadía donde se recluía a mujeres en situaciones parecidas (arrecogías, en castellano decimonónico). La cosa no acabó ahí sino que Alejandro secuestró a su hijo para lograr su custodia en 1785. Bien, si para algo sirvió a nuestra veinteañera la estancia en tan peculiar centro religioso fue para establecer contactos y para aprender a moverse en determinados círculos. En el 88 cogió los bártulos y a su hija Hortensia y volvió a La Martinica de donde tuvo que salir corriendo en el 90 por los disturbios que surgieron como consecuencia del principio de la Revolución Francesa.
ALEJANDRO DE BEAUHARNAIS

Aquí la dejaremos por hoy pues largo va siendo el legajo y corta es la paciencia del internauta. Dejamos a una joven dama refinada, bellísima y sumamente elegante llegando al París revolucionario sin un céntimo con una niña reuniéndose con su hijo mayor. (¿A que parece un folletín por entregas?)

jueves, 25 de junio de 2009

lunes, 8 de junio de 2009

No quiero olvidarme.


Este comic es una obra maestra. Desde luego no estoy capacitado para juzgar su calidad como obra de este arte y no lo hago. Es una obra maestra sobre como tratar un tema tan extraordinariamente doloroso para tantos de nosotros con un tacto exquisito sin dejar por ello de hacernos llorar. Lloré ayer ante las páginas que recogen de un modo magistral el terrible momento.
Ni quiero recomendarlo ni hacer una crítica de él sólo quiero agradecer a sus autores su obra.

viernes, 5 de junio de 2009

Maximiliano y Carlota



Dije en la primera entrada de este mi primer blog, aún bastante torpe como podéis ver, que era un “buscador de la belleza”. En esa búsqueda, quien la haya emprendido lo sabe, uno se encuentra de todo desde la más insignificante hierba al darle un rayo de sol en la última gota de rocío a las grandes epopeyas históricas. El arte, las artes, reflejan en la medida de sus posibilidades estos estallidos de belleza.
A menudo hay episodios históricos que se pierde en la maraña de la Gran Historia con sus grandes líneas económicas, religiosas, sociales. Episodios que fracasaron casi siempre y así se difuminan, pero que si hubieran alcanzado un mínimo éxito habrían cambiado la faz de este mundo.














A menudo hay episodios históricos que no te los crees. Sencillamente por que sucedieron de tal manera que ni a todos los guionistas de Hollywood de todos los tiempos se les podría ocurrir uno mejor. Cuando el inmenso Oscar Wilde dijo aquello de que “la vida imita al arte” estaba mucho más cerca de la realidad de lo que seguramente él mismo creía.
Uno de estos episodios es el que voy a tratar aquí, durante un par de entradas o alguna más pues aunque entre los mamotretos de los libros de Historia que dormían a Alicia antes de entrar en el País de las Maravillas se haya extraviado y ocupe como mucho una línea, sigue siendo un momento apasionante de un siglo mal entendido casi siempre: el XIX.



Me estoy refiriendo al Segundo Imperio Mexicano (1863-1867) con Maximiliano de Austria y Carlota de Bélgica como protagonistas. Casi todo el mundo, por lo menos las generaciones de adictos al buen cine (A Dios pongo por testigo de que lo hubo) conocimos esta historia a través de la gran pantalla aunque fuera en la pequeña en blanco y negro de nuestro televisor y es que la historia es en sí misma un guión perfecto, no para una película de hora y media sino para una Superproducción de cuatro horas. Decía que conocimos esta historia a través de una película, “Juarez” de 1939 dirigida por William Dieterle y protagonizada por el hoy ya casi ni mencionado Paul Muni, Brian Aherne y, por supuesto, Bette Davis como Carlota de Bélgica, Emperatriz de México.


Era una aproximación no muy exacta, no muy buena, no muy nada pero si tenía el glamour de Hollywood y de no haber estado limitada en tiempo y seguramente en ideología hubiera sido magnífica y nadie se acordaría ya de Maximilian de Habsurgo, Archiduque de Austria y de Charlotte de Saxe-Coburg, Princesa de Bélgica sino de Brian Aherne y Bette Davis.
Puesto que este fue el primer conocimiento que tuvimos muchos de esta historia, recojo aquí alguna escena y carteles de la película.

martes, 2 de junio de 2009