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martes, 25 de octubre de 2016

Trotaconvemtos 1


Si en lugar de haber conocido al personaje en los setenta del siglo pasado lo hubieramos hecho en el XV sin duda que no le encajaría mal este nombre por su ubicuidad y locuacidad al menos.
En realidad ya la conocemos aunque lateralmente ¿Recuerdan a aquella viuda a quien tanto preocupaba la virginidad de la Insigne? Pues de ella hablamos. Sin duda de toda la fauna que nos reuníamos en aquella casa en verano fue con ella con quien más charlas tuve y con quien duró más tiempo la relación, de una u otra forma, concretamente hasta su muerte, hará más o menos cuatro años.
Por ponerle un nombre que no es el suyo la llamaremos Rosa que a nada compromete y que es bien levantino como ella lo era. Formaba parte de las fijas de la casa desde mucho antes de que llegáramos nosotros, fija pero irregular. Unos veranos iba un mes, otros dos y otros, quince días, el caso es que no faltaba nunca. Decir que fue, finalmente, a quien más cariño cogí de aquella casa quizás fuera demasiado absoluto, pero no demasiado alejado de la realidad.
Me resulta difícil hablar de ella pues no sé por donde empezar, lo cierto es que era un torrente a menudo y a menudo un origami por las dobleces que podía llegar a tener, eso sí, muy bien disimuladas.
La conocí cuando aún no había cumplido los cincuenta y con su hija única más o menos recién casada. Nunca tuve la ocasión, luego veremos el porqué,  de preguntarle a qué edad se casó pero debió de ser muy joven pues por entonces ya era viuda y su hija una mujer casada. Parece un problema de lógica pero no lo es ni he conocido persona menos lógica, o por mejor decir, con una lógica propia y enigmática a la que se accedía no sin esfuerzo ni sin pasar al menos veinte horas escuchándola. Una vez iniciado era fácil moverse en su universo un tanto peculiar, cruce entre pensamiento medieval, paleto, caótico y futurista.
Pertenecía Rosa a ese abundante tipo de mujer tan hispana y racial que hasta el idioma, tan machista él, ha creado un refrán que las define perfecta y un tanto cruelmente:”Es de la calidad del tordo, cara fina y culo gordo”. No era gorda lo que hacía que su silueta de espaldas o a contraluz fuera inconfundible: peinado tipo chichonera, cintura estrecha, ahí aparecían sus anchas caderas y nalgas, pierna fuerte, bien calzada y con un haldear de falda plisada de ancho vuelo. De frente se podía apreciar su cuello largo y nervudo. Quizás fuera una de esas personas de que quien las conoce maduras piensa que de jóvenes han debido ser buenas mozas, incluso guapas, cuando ha sido al contrario. Además, ya que vamos de refranes en este párrafo, dicen que “las viudas hermosean” y que “Dios te salve de trasera de burra y delantera de viuda”. En cuanto a la delantera de Rosa no había peligro… de ningún tipo.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Octubre

Como cada octubre empezamos almanaque nuevo. El de este año es de un autor aleman anónimo. Lo que no hace falta ser muy despejadito para darse cuenta de la influencia de Mucha. Bellos y decorativos. Espero que comartáis esta opinión.
Bien, hablemos pues, como siempre, del mes que empieza. Lo he visto siempre como la vuelta a la normalidad, los niños en el cole, los trabajadores trabajando, los abuelos abueleando. Lo malo es que recientemente he descubierto que la normalidad simplemente no existe. A poco que se rasque somos todos unos psicóatas controlados (más o menos) Desde la psicopatia que es la única explicación de la absurda posición de Sánchez en el vergonzoso espectáculo que dieron la semana pasada, al más "normalito" de los ciudadanos, menciona el nombre de su equipo y el cerebro desaparace mucho más deprisa que Houdini. Hay, eso sí, una psicopatía general que es el gusto global por hablar de enfermedades, vida sana, remedios y demás. Es un tema de conversación interminable.(mis amigos y yo deducamos cinco miuutos máximo pues si no se nos va el vino en catas, o el tiempo en médicos). La principal diferencia entre un psicópata y otro es simplemente que uno lo sabe y el otro no. Vivimos pues entre locos de atar, me incluyo, por supuesto. Eso sí con la salvedad de que me diagnosticaron depresión y anuciaron que iba a ser cosa larga así como me aconsejaron iniciar psicoterapia. Y en ello estoy. Y voy muy bien, cojonudamente, (eso es rigurosamente cierto) pero he me han ido llevando a descubrir aspectos de mí que no creía tener, ninguno positivo, y que no puedo negar sin mentirme a mi mismo y para eso no me pago la terapia, carallo. Bien, establecidas estas premisas os dirñe que mi psiologa cierto día apareció vestida de diosa griega y al dia siguiente todo el barrio me preguntó de donde había sacado semejante chica. Es que el centro en el que trabaja no tiene accesos para sillas y ha de venir a casa o, como ahora en verano, a Madrid Río. 
Con los descubrimientos interiores, que repito no puedo negar si quiero salir adelante, resulta que ahora no sólo comprendo que sea tan fácil deshacerse de mí hasta el punto que me da hata un poco de miedo iniciar una conversación o una relación. Sé que es una fase, vale. Pero una adevertencia: si no queréis enfrentaros con alquello que siempre nos ha espandatdo, si no estais dispuesto a que tus construcciones mentales, todas, se vengan abajo con tan sólo cuatro palabras que llevas temiendo oír desde los doce años, que las temes por sabes que en cierta medida son ciertas. Si no estás dispuesto a la demolición interior no os metáis en esto. No voy a decir que sea malo, ni que no funcione, que funciona, tampoco que es fácil pero los resultados son magníficos hasta que se llega a la llaga allí donte te duele el alma y no quieres mirar, que no quieres asumir pero que has de hacerlo si quieres en serio mejorar y salir del pozo de verdad, no para caer al día siguiente. Ayer, no sin una cierta premeditación, llegó y me llevó allí. Estoy demolido, dolido, y herido. Como cuando te sajan un forunculo y luego hay que hacer curas para apretar y que salga de todo, pues así fue, ayer tocó apretar y llegar a una de las piedras de toque (supongo que habrá más pero esta es de las más duras). Escuchar lo que ni siquiera estás seguro pero lo sospechas con las mismas palabras, exactas, que temes. Palabras qué curiosamene han sonado en tu cabeza mil veces pero que he tapado con otras cosas. Aquello de que "la vida es lo que te pasa mientras tú haces otras cosas" no puede ser más real. Y yo, que no soy tonto, que me precio de inteligente y agudo (soy todo modestia) me partiría la cara por no haber visto que todo apuntaba ahí, que quienes me habían intentado guiar hacia ahi fueron inmediatamente expulsados de mi vida, que quienes me han insultado con esas palabras tenían razón. Por que si algo no tolero es parecer tonto, y en esto no lo he parecido, lo he sido y lo que es peor, de balde, sin ganar nada con ello, al revés, perdiéndolo todo, por eso me daría de bofetadas no por lo que hay, sino por no haberlo visto. El cogollo es insoportable, también, pero de momento he lidiar con esto de haberme comportado como un imbécil tantos años.
Y vosotros os preguntaréis que qué os importa todo esto, posiblemente, nada,  pero necesitaba compartirlo.