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sábado, 31 de diciembre de 2016

Cenas alternativa: primera cena

Una cena de Navidad de Elf Goblin


Tenía este relato elaborado desde hace tiempo pero sin mecanografiar. Coincide que acabo de teclearlo con Nochevija y no quiero alejarlo más de la Navidad. Antes de empezarlo:






Elena ha encendido las luces del árbol, alegres, excesivas, chillonas; también las del Nacimiento, este año ha comprado unas ocas y una noria para el río. Hay espacio para muchas cosas en el tablero que ocupa medio salón ahora que nadie va a cenar con ella. Ahora toca preparar la cena. No será cosa de mucho. Sobre la bandeja de laca negra extiende un mantelito de encaje, un bajoplato rojo, plato de porcelana con una orla pintada con ramas de acebo trenzadas y estrellas y el filo dorado. El fondo aparece decorado con el tópico y típico paisaje navideño de nieve, trineos y demás. Copa y jarra de cristal fino, tallado con roleos y pámpanos. Para beber cristalina agua en cristal de La Granja, para comer una delicatesen. Sobre un lecho de rebanada de pan de molde cortado en perfecto cuadrado, dos lonchas de fiambre de pavo al aroma de un bote de pecaminosa y festiva mayonesa ¡que un día es un día! En una primorosa cajita de esmalte junto a la copa de agua, las pastillas, menos las gotas para el corazón “cinco, eh, nada más que cinco” que no hay manera de quitarles lo prosaico de su caja de cartón y el frasco marrón. Cubiertos de plata y a la mesita junto al sofá a la sombra de una flor de Pascua.
            Toca arreglarse. Vestido recto, un Channel, por supuesto, dorado con manga tres cuartos, varias pulseras de oro. Peina sus cabellos entrecanos, tempranamente encanecidos, en un moño a la griega, pendientes largos y finos, con lo largo de su cuello y los kilos que ha perdido se los puede volver a permitir. Un toque de rouge en las mejillas, suave pero suficiente, y otro algo más contundente en el rojo de los labios, un golpe de perfume y el detalle final: los Manolos. Dorados, de corte falsamente clásico, hay algo de vanguardista en el diseño, y tacones de vértigo como siempre. “Sin bragas y sin tacones, no vayas de celebraciones”  decía su abuela. El espejo le devuelve la imagen de una  mujer ajada pero aun hermosa, un difuminado de lo que fue belleza, y sola. No. No va a caer en esa trampa, ya está bien de tropezar dos veces en la misma piedra. Sí, está sola, su familia ha muerto o la ignora. Claro que tiene amigos pero Nochebuena es para la familia y, al fin y al cabo, siempre irá detrás de un “después de”. Es lo normal, por eso no ha aceptado un par de invitaciones de amigos y por eso no se va a dejar llevar a esa trampa. Se deja caer en la chaise longue con cierto espíritu glamuroso y burlón. Lo que lleva peor en situaciones como esta es comer (cenar en este caso) sola y en silencio, aun no está tan loca como para hablar sola, piensa. Para eso se inventó la tecnología, vuelve a pensar, que siempre ofrece solución para esto. Discutir con la televisión tiene la ventaja de que ni te contradice ni argumenta ni se ofende por salvaje que sea el insulto que se le dirija. En una cadena emiten un concierto de villancicos corales  y alemanes, no sabe qué es peor, cuando quiera dormirse se irá a la cama, no necesita un montón de niños rubicundos entonando cantos no por magníficos menos somníferos. Recorre las posibilidades y lo que resulta menos ofensivo para su inteligencia es un informativo que va desgranando, estupideces y mentiras con la indiferente desfachatez habitual mientras ella da cuenta de su sanísima cena y luego de las pastillas de la cajita de esmalte. De la casa contigua llega rumor de las conversaciones a una cena familiar, de la calle los estampidos de algunos petardos y las luces de su Nacimiento parecen brillar más. Quizás su sonrisa se un poco triste pero ¿Quién no la tiene en Nochebuena?. Abre la caja de las pastillas para el corazón, unas cápsulas enormes. Tararea aquello de “corazón de melón de melón de melón, melón, melón”. La televisión sigue con su rutina implacable.
-Aparece en un contenedor el cuerpo de un recién nacido con huellas de hipotermia y malos tratos. En dicho colegio el profesor de gimnasia había abusado de un mínimo de treinta muchachos en dos años. La foto que ha dado la vuelta al mundo por las redes es la de este hombre rodeado de cabezas decapitadas por él mismo. Dos niñas de doce y siete años son obligadas por sus padres a inmolarse con un cinturón de explosivos. En un chalet de las afueras de la ciudad se ha descubierto a una joven que llevaba encerrada en el sótano doce años, también en el sótano han aparecido dos cadáveres de niños al parecer hijos de la joven y del hombre que la mantenía encerrada que resultó ser su padre. Un hombre ha sido detenido por estar celebrando la muerte de un bebé junto a sus padres en la en la escaramuza que tuvo lugar ayer en –en pantalla una llorosa anciana muestra una fotografía de los jóvenes padres orgullosa de su pequeño cuya muerte alguien ha celebrado.
            Una tras otra traga con pequeños sorbos de agua todas las cápsulas de la caja, la del colesterol, la de la tensión, la otra de la tensión, el relajante. Apaga las velas para evitar riesgos y se acomoda, No está dispuesta a seguir formando parte de un mundo en el que se celebra la muerte de un niño. Fija la mirada en el otro, el del pesebre, y se deja ir serena y segura por fin de lo que hace. Además es tan fácil y una de las ventajas de vivir sola.
            Llena de agua la copa de cristal tallado, vacía el frasco de las gotas, mira de nuevo al niño del pesebre, levanta la copa en un solitario brindis y la bebe de un trago.

martes, 27 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad 2016 2



No, no es nostalgia lo que siente. Por mucho que se esfuerce –y lo hace a menudo- no logra encontrar un buen recuerdo; por pequeño que sea, de unas, de alguna al menos, Navidades. Por una cosa o por otra siempre han sido amargas con un no sé qué de hostil. Sólo las cosas, los pequeños objetos que van apareciendo y ocupando su lugar entre las ramas, como el ángel que remata el árbol. Lo compró con su exiguo primer sueldo, es tan sólo una cabecita y dos manos de barro; el resto es de papel grueso ceñido por una cinta rosa. El papel era blanco cuando vino, prefiere no pensar cuanto tiempo hace de eso, pero ahora está pidiendo la jubilación a gritos. No será este año y para la Navidad del próximo ni siquiera abrirán las cajas y para el otro no cree que dejen nada de todo esto “Y uno de los primeros en ir caminito del contenedor serás tú, estás gastado y viejo, sí, con un papel nuevo parecerías otro pero no lo harán y yo tampoco por me gustas así, como yo, todavía útiles pero más desgastados que viejos”, piensa acariciándolo como hace tiempo que sus hijos no se dejan.
Su manos siempre han tenido sed de acariciar, en vano. Apenas roza con la punta de los dedos unos nidos diminutos que compró un mes de mayo para colocar entre el ramaje y todos se pasaron el día tomándole el pelo, los chicos eran aun casi niños. Ojalá volvieran a serlo un rato para darles todos los abrazos que se han quedado dentro que han muerto sin salir. ¡Hombre, los cencerros! Aquello fue en un agosto de mercadillo donde vio y se hizo con ellos, como una docena de llaveros con un pequeño pero muy audible cencerro de vaca. Su mujer estuvo tres días riéndose a lo tonto al recordar las bromas de los chicos, incluso cuando les puso cinta roja para poder colgarlos. Dejaron de hacerlo cuando vieron, sobre el verde oscuro y, sobre todo, cuando el árbol se convirtió en una pequeña sinfonía  de tintineos en la que los cencerros eran los graves y campanitas y cascabeles cantaban sobre ellos al menor movimiento, les hizo sonreír a su pesar. Nunca les ha contado que el cascabel de la cinta rosa era del gato su abuela que es más que posible que acabara en la cazuela del vecino. Va bien de tiempo, se puede permitir sentarse a tomar un café en la taza de Papa Noel que se compró el año pasado y contemplar lo hecho y si los caramelos de cristal de Murano que le trajo un amigo “para tu árbol” reciben bien la luz, si la muda campana roja ocupa su lugar, justo en el centro, y todos los ángeles están distribuido más o menos equilibradamente y los bastones de caramelo, simétricos. Sólo faltan las guirnaldas, incluida la de conchas que le llevó dos meses taladrándolas con una pequeña barrena. Hoy no sabe si tiene dos meses por delante, si es maligno es de los rápidos, dicen. Ahora toca el Nacimiento, los Nacimientos, pues son varios los que monta. El primero es el más duro, el más difícil a pesar de sus pocas figuras y de las pocas posibilidades de la disposición de las mismas, apenas diez minutos por mucha filigrana que quiera hacer. Si vivido Navidades tristes innecesariamente tristes, pocas como cuando esas figuras –escayola blanca- regaladas por una visita inesperada en una Nochebuena Lóbrega, negra y fría que hubiera acabado echándole a la calle, más cálida y acogedora de lo que se respiraba en su casa –entonces la de sus padres- y no quería salir por qué no estaba seguro de volver, hoy sabe con certeza que no, y su vida habría sido otra, peor sin duda. Aquellas pocas figuras, inesperadas y de trazas algo infantiles que nunca le habían gustado, supusieron el clavo ardiendo a qué agarrarse esas horas, las justas para cenar e irse a la cama sin que empeorase el ambiente, algo harto difícil.
 Las colocó en un espacio muy parecido al de ahora, sin nada más, pero probando esto y aquello para escapar sin huir. Jamás se recuperó del dolor y la hostilidad de aquella Nochebuena que, sin embargo, no fue la peor. Pedro le dijo que esta mañana tendría los resultados y que le llamaría en cuanto supiera algo; pero la mañana va avanzando sin noticias. Sigue colgando cosas de las ramas, las figuras sueltas del Anciano de la Navidad, las bolas con nieve. Nadie más lo sabe, pero por poco tiempo que tenga no va a amargarse las fiestas, pase lo que pase, aunque ahora parezca faltarle el aire de puro terror (ansiedad lo llaman los modernos). Sí, tiene miedo aunque no quiera reconocerlos ni ante sí mismo.
            La última caja contiene una labor de años, comprando una figurita al año, arañando centímetros de superficie, sacando de la nada ríos, molinos, pozos, grutas. Eso es lo más difícil pues .. Suena el teléfono apremiante. Todo se para pero no corre a cogerlo, quisiera alagar ese tiempo, seguir en la ignorancia un poco más.
-Diga… ¿seguro?... Gracias… te veo en la consulta después de las fiestas… Sí, claro, feliz Navidad.
            Pues sí, las grutas y las montañas son lo que más cuesta pues no se le da nada bien manejar ese papel tan rígido y el corcho no le ha convencido nunca. Debería buscar otra estrella. Las lágrimas se deslizan por su cara, se las seca. Los hombres no lloran. El camino de serrín amarillo sobre serrín verde y las ovejas pastando y bebiendo de un arroyo de papel de plata. Las ovejas nunca se sostienen bien. “Gloria in excelsis Deo”, dijo el ángel a los pastores. Un borrico cargado pasa por el puente y otra oveja se cae. Escucha la llave abrir la puerta. Mira que les dijo que no volvieran pronto. Es el mayor, solo, no sabe donde habrá dejado a su nuera y al pequeño. Hasta los trece años era el único que colaboraba entusiasta con su “manía navideña”, como decía su mujer, pero luego dejó de hacerlo y se despreocupó de todo. Se quita la cazadora y se arrodilla a su lado para ponerse a su altura pues anda calculando la rampa que necesita para que los camellos no rueden.
-¿Qué te parece si ponemos aquí las gallinas?
            No se ha acercado a un nacimiento desde los trece años y ahora está ahí, codo con codo, mirándole de reojo y colocando las piñas plateadas tras el portal.
-Papá ¿ha llamado… alguien esta mañana?
-¿Lo sabías?
-Sí, pero ¿ha llamado… alguien esta mañana?
-Los demás
-No saben nada. Papá, por Dios ¿ha llamado alguien?
-Sí –le ve palidecer y la figura del rey mago que sostiene está a punto de caerse de su mano (que grandes son ahora sus manos) temblona. Lo coloca antes de preguntar.
-¿Y?
-Benigno. Hay que sacarlo pero
            Su hijo le abraza con desesperación de naufrago, como de niño y le oye sollozar en su hombro. Como cuando era un bebé llorón, le acuna y le escucha repetir “·benigno”. El también llora pero en silencio. El joven se va calmando pero él le retiene cogiéndole por el cogote, recuperando abrazos que creía muertos en sus brazos. Le besa la coronilla y a punto está de llamarle “mi niño” pero no lo hace. Ya es un hombre y padre, no es un niño más que para él. Le va soltando mientras se pregunta por que ya no se cree en los milagros de Navidad si están ahí, al orden del día.
-Bueno, esos pastores no se van a colocar solos ¿verdad?
-No hijo, no, pero ya no hay prisa, ninguna prisa. Tenemos toda una vida.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Llegó Navidad

Como cada año llega Navidad y ya sabéis que yo soy  el Espíritu de la Navidad Presente de incognito. Uno sabe que se aproxima Navidad cuando empiezan a montar Corilandia, que suele ser en octubre, cuando empiezan a aparecer en television muchos anuncios de perfumes especialmente con tios todo lo desnudos y eróticos que permite la nueva y sibilina moralina, entonces la cosa ya va en serio. Ahora bien, la Navidad como tal no empieza hasta tal dia como hoy en el que uno se levanta con una cantinela que llevamos impresa en los genes o poco menos. Cualquiera de nosotros podría decir casi cualquier cosa con ella. Evidentemente hablo de la lotería de Navidad, durante años creí que era el único sorteo del año, nunca toca nada pero, es como las peladillas: nunca se comen en Navidad pero hay que tenerlas o no huele a Navidad (se comen después, con el mono de dulces que se crea a partir el Roscón. En cualquier caso no pueden faltar, ah, y los higos secos.
Así que con la Navidad oficialmente inaugurada yo me despliego y comienzo mis entradas navideñas. El año pasado fueron escasas y no muy brillantes, tenéis que perdonarmelas, estaba en la fase aguda de la depresión. Este año es otra cosa, antes queria morirme y ahora ya sólo estoy tirado por las esquinas pensando en la inanidad de las cosas. Como cada aaño os deseo una muy feliz Navidad y Año Nuevo. Igual que cada año ahí va mi, fallido, intento de cuento de navidad.


 CUENTO DE NAVIDAD 2016 (I)
Según él la Navidad es, ante todo, objetos, casi nada más, al menos ahora. No es que crea que las Navidades Pasadas, ni las de su infancia, fueran mejores. No. Ni mucho menos, pero fueron dejando un poso aluvial, casi una leve pátina, de objetos, casi todos pequeños, muchos que ya no existen sino en su memoria, y unos pocos más grandes que pesan como losas o como lápidas. Objetos, al fin y al cabo solo cosas, cuatro o cinco cajas de madera llenas de cosas casi inofensivas en apariencia pero hay que saber manejarse entre ellas para conocer el peligro, su capacidad para hacer daño, agazapadas y acechantes para lanzarse sobre la memoria y hacer que se rompan las ampollas de dolor que guarda y se extiendan por todo su ser. Le estremece la similitud con lo de ahora. La culpa es de su maldita memoria que almacena la historia de cada uno de esos objetos y de algunos hasta la fecha en que entraron en su vida, le crean o no. Por eso cuando llegan estos días se deshace de su mujer,  sus hijos y hasta de los pequeñines. Cuando vuelven, ya de noche, todo ha pasado y el Árbol brilla en su rincón, el Nacimiento grande ya ocupa su espacio sobre el aparador, y los demás adornos también primorosamente colocados. Quizás este año no haya hecho sino empezar.
            Las ha pintado; las cajas de madera resultarían irreconocibles por las filigranas navideñas de colores alegres con que las decoró, es hombre de poca paciencia en general, que les pregunten a sus hijos, aunque no sabría calcular las horas que dedicó a cada una de esas cajas. Sin embargo, por más que sus colores de puro alegres sean casi chillones, que abunden los dorados, los ositos adorables, las campanitas y el acebo, los Papá Noel y los árboles de Navidad, las estrellas y los angelotes, son cajas tristes, no hay otra palabra para definirlas. Tristes con esa peculiar tristeza de lo huido, de lo que se escapó como un puñado de arena entre los dedos; pero también de lo que decidimos no vivir, del tren que no quisimos coger. Lijado, preparar la madera –generalmente de poca calidad- para la pintura, el primer fondo de imprimación, la primera distribución de los motivos, segundo lijado, segunda capa de imprimación, pintar los motivos y barnizar una y otra vez sin dejar de estar pendiente del secado, un pelo que caiga sobre el barniz puede estropear el efecto, buscar, comprar y colocar cierres, bisagras y asas. Para otros quizás sí, pero para él no es un pasatiempo sino algo más serio. En especial este año, decorar y restaurar los daños tiene algo de rito funerario, de mortaja que ha anidado en él.
            Esas cajas son, sin embargo, solo los continentes de las cosas. Teniendo en cuenta que sin su protección acabarían en la basura como ocurrirá tarde o temprano, es toda una hazaña que sobrevivan de un año para otro con su mujer vociferando cada vez que tropieza con las cajas en los altillos. Quizás, una vez montado, sea cierto lo que dice y realmente le guste pero, a menudo, abre la puerta al volver del trabajo con el temor de que en uno de esos “arrebatos limpiadores” haya acabado con las cajas en el contenedor. Intentaba hace tiempo volver antes que ella pero la jornada a tiempo parcial que le ha impuesto la empresa a ella lo hace imposible. Es probable  que no tarde demasiado en salirse con la suya. Todo depende. Antes empezar a abrir las cajas e ir sacando sus pequeños tesoros se prepara un café, se sienta tranquilo a tomarlo y pone música. Una pausa antes de entrar en combate. Adeste Fidelis, su música navideña predilecta da el pistoletazo de salida. Cambia el disco y ahora suenan Sinatra, Crosby y demás, suficiente para acompañar pero no para distraer. Toma aire, reúne valor y abre la primera de las cajas. Sí, lo cierto es que hoy le hace falta más valor que nunca para afrontar la tarea.
            Cuando nació la niña y hubo que reorganizar la casa donde había vivido siempre fue encontrando elementos sueltos que apartó pensando que, tal vez, en algún momento sirvieran para algo; y sí, claro que valieron poniéndoles un trocito de cordón dorado para colgar de las ramas del Árbol de Navidad. Entonces, con el abeto a medio decorar, con un diminuto osito de cristal que recuerda desde siempre en su casa y con el que su madre no le dejaba jugar para que no se atragantase, vio que en todas y cada una de las piezas navideñas le iban contando su vida, y hace falta valor para afrontarla a sangre fría cada año. La primera que coge es un paquetito de papel de seda –es para lo único que es tan cuidadoso y organizado-. Casi no le hace falta abrirlo para saber que contiene. Tenía cinco años y, en realidad, no es propiamente navideño sino tan sólo la figurita muy esquematizada, de un ángel, un cono, una esfera, dos pequeñas elipses como alas y otros dos conos diminutos haciendo de brazos que sostienen una especie de laúd . La túnica es amarilla, muy amarilla- las alas, blancas, aunque de un blanco con más de cincuenta años encima, y la cabeza, en ella estuvo la clave para que comprarlo y para que no desapareciera en una de esas “limpiezas locas”. En realidad, y por eso se lo compraron, es un angelito negro. Nada que extrañar dada la predilección materna por Don Antonio Machín, como tantas chicas de su tiempo, o no sería quien sigue siendo Machín. No puede evitar una sonrisa amplia y enternecida al colgarlo del árbol, ni demasiado visible ni demasiado escondido –el amarillo de la túnica hace que se le vea-. Resulta, cuanto menos, curioso que la primera pieza que del árbol de este año sea también la más antigua. Como cerrar un círculo o completar algo inacabado. Sí, así es posible que sea este año: unas Navidades para atar cabos sueltos y dejar que los objetos que tanto ha mimado sigan su propio destino, una suerte de despedida sin añoranza, liberadora y, quizás, definitiva.
No, no es añoranza de las Navidades Pasadas, ni aquello de lo que pudo haber sido y no fue lo que deja que le invadan estas labores. Algo hay de todo eso, sí, pero poca cosa; lo que encuentra es el presente perpetuo de los recuerdos sin calificarlos y del amor, algunos dirían quizás más acertadamente “energía”, depositados en cada uno de ellos y que nunca cambia, año tras año. Como la carcajada que siempre le arranca ver el botijo dorado y pesado: un botijo en un árbol de Navidad, original si que es, como casi todo lo que venía de ella cuando se permitía ser ella, original, diferente, excéntrico desde lo corriente, casi vulgar. Sí, todo un tanto exótico menos aquel dejarse ir de los últimos años, aquel desprenderse de los afectos y de todo, como preparándose para el hachazo que fue el fulminante infarto. Veinte minutos duró todo y se le encoge el alma al recordarlo pero las esperadas lágrimas nunca llegaron. No es que sea hombre de llanto difícil, es que no ha sabido llorar a su madre, nunca supo. Sin embargo,  ahí está el botijo dorado y brillante haciéndole reír cuando ya ha vivido más años que ella y cuando es posible que nunca vuelva a sacarlo de sus cajas.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Diciembre

En fin ya estasmos otra vez en diciembre. Un año ya, y paice que fue ayer.
Claro que este diciembre, si resumimos, nos presenta un panorama de lo más interesante para el historiador de dentro de doscientos años.
Uno de los hitos lo marca sin duda el cambio de presidente de Yanquilandia. Uno quiere conservar cierta esperanza pero creo que de la mano de éste no sería extraño llegara el Apocalipsisi Biblíco. Sin bromas: Muro en México, poner al frrente de la lucha contra el cambio climático a un pájaro que "no cree" en el cambio climático. Ni que esto fuera una cuestión de fe. Para colmo en no sé que cargo ha colocado a uno que quiere electrocutar a los homosexuales para "curarles". En fin que si "como me ves te veeás" es aplicable estamos apaañados.
En Europa se está imponiendo una nueva forma de gobierno: la demoscracia sin elecciones. Inglaterra e Italia son dos ejemplos pero sólo los últimos. Golpes de estado de guante blanco pero no mejores que los clásicos, al contrario. No matan al hombre simplemente le anulan.
Otra moda, pero más peligrosa, es mantener al ciudadano europeo asustado ante el terrorismo pero no se hace nada para una mejor cohexión entre las policias y otras fuerzas. Me pregunto si no será que lo que quieren es mantenerles asustados. De esto en España estamos vacunados, por desgracia. También me pregunto cual será el nuevo pánico que tienen preparado como lo fueron la gripe aviar, la gripe A y el ébola. El miedo paraliza, si lo sabré yo, y nada mejor que unos paises de con el cerebro parado.  
Claro que nosotros tenemos también lo nuestro. Se podría decir que este ha sido el año de las chicas desaparecidas, no sé si más que otros pero ha sido tremendo. Un país con ese problema que seguramente va de la mano con el maltrato en el hogar y el alcoholismo, y no es capaz de ni siquiera intentar esta matanza, al ritmo que llevamos acabaremos como ciudad Juárez. Un individuo mata a sus sibrinos, su hermana, creo, y su cuñado. A uno se le ponen los pelos de punta. No ha mucho repasé "Kika" sw mi venerado Pedro. Al principio Andrea Caracortada (Victoria Abril) hace un sumario de su programa y entonces parecía uno más de los desparramaes de la posmovida, Hoy nos parecería de lo más normal.
Pais enfermo, lo demuestra que en los paises en que se emitió Gran Hermano creo que aguantó siete u ocho temporadas. Nosotros vamos por la diecisiete, con un par.
Yo tuve un coche que era alérgico al agua. Cada vez que lo lavabamos se estropeaba. Llegué a la conclusión  de que era la mierda pura lo que mantenía unidas las piezas del coche, así veo yo al país: si alguien tira de la manta de verdsad los engranajes de todas y cada una de las institiciones se paralizaría y vendría abajo. Es si es que no lo están ya con mierda y todo.
Pero no nos quedemos en lo político que siempre los políticos han sido causa de mofas y befas.  El otro día fue el día de la discapacidad, eso de los días es unta tontería más, pero respaldada por alguna institución de las que parece que quieren hacer pero que, al final no hacen. Resulta que en una encuesta callejera la mayoría no sabían que era una discapcidad, el más cercano dijo "Una especie de enfermedad ¿no?"
Y ya que halamos de enfermedades ¿que me decís de los papás de la niña que se han dedicado a vaciar los bolsillos a gente de buena fé haciendo un daño dificilmente reparable al inmenso problema de la investigación de las Enfermedades Raras.
Luego nos quejamos del Informe Pisa, y eso que este año se ha hecho una selección de colegios mucho más escogida, demostrando así que donde no mandan las gaviotas hay menos nivel.
Podría seguir así un buen rato pero voy a acabar con una factura: Castellon, Hospital 90000 € por montar un Belen. Ya sabéis lo que disfruto de estas fechas así que esto es como cuando Mario Conde traficó con dinero dentro de la imagen de una Virgen. Creyente o no hay cosas que no se deben hacer y "sacabao"
Como el diciembrte pasado el año que viene promete poco. este ha cumplido su palabra. Esperemos qie el 17 sea un malqueda.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Trotaconventos 7



Sería bonito pensar que guardaba fidelidad al difunto, o que no quería correr el riesgo de volver a pasar por algo parecido; cualquier cosa antes que asumir que era hija de su tiempo. Les enseñaron a confundir sentimentalismo con amor o, en el mejor de los casos, el sexo como el débito del matrimonio donde se inmolaban, en aras de la ficción de un amor romántico a ritmo de bolero y de tardes de cine, con películas en blanco y negro con final en boda. Sería arriesgado, pero no absurdo, asegurar que Rosa no sintió placer físico real, sólo algo parecido por el hecho de sentir cerca a su marido o por poder satisfacerle. Cualquier cosa que pudiera hacer a alguien pensar que a ella pudiera interesar el, llamémoslo así, aspecto carnal, era una ofensa personal que la sacaba de sus casillas.
            Cuando pudimos pagar un poco más alquilamos para pasar el verano la casa justo de enfrente, se acabaron nuestras largas charlas salvo, ocasionalmente, en la playa cada vez sobre menos temas. Sus nietos que ya empezaban a mocear, sus estudios y poco más, como mucho noticias de viejos conocidos. Había algún verano que se iba con la familia a otro de los pueblos playeros de la zona, pero siempre encontraba uno o dos días para llegarse al nuestro y saludar a las amistades. Como conocía más que bien nuestras costumbres siempre nos localizaba en la atestada playa, donde, comenzábamos  con la ya comentada puesta al día de los conocidos. Así supe que la Fernández con escudo de armas había logrado que su hijo saliera médico, que la hija mayor de Loli la rubia había muerto de cáncer y hasta que Nina tenía ciertas aficiones exhibicionistas, algo que ya se maliciaba uno. En apenas cuatro horas me contaba tres veces todas las batallitas familiares y nos poníamos al día. Y hasta el verano siguiente.
            En el ínterin estaban las Navidades y nunca faltaba la felicitación de Rosa que yo no necesitaba leer ni el remite, me bastaba con verlas. Sus tarjetas venían plenas de dorados, plateados y brillos varios que, serán horteras y de mal gusto, pero que a mi me siguen encantando. No supe ver, sin embargo, como su letra se iba deformando, año a año, haciéndose más temblona, nerviosa e inestable. Ahora, como guardé todas aquellas tarjetas de los brillos y las coloco alrededor del árbol de Navidad lo veo, pero entonces no. Un año no hubo tarjeta y pocos días después de Reyes recibí una llamada de Rosa que me contó lo que siempre contaba, que si sus nietos, que si los novios de las nietas y demás pero hablaba aun más deprisa de lo habitual en ella, con prisa por si no podía decir la palabra siguiente. Nació una nueva tradición: yo la felicitaba por escrito y ella respondía con una llamada, en una de ellas me dijo que le temblaban las manos demasiado para poder escribir, lamento decir que no me lo tomé en serio pensando que la línea del ojo seguro que se la pintaba. Así cada año, hasta que uno, ya no hubo llamada en enero. No necesité más. Después de tantas palabras como habíamos intercambiado resulta que, al final, no hizo falta ninguna.