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sábado, 31 de diciembre de 2016

Cenas alternativa: primera cena

Una cena de Navidad de Elf Goblin


Tenía este relato elaborado desde hace tiempo pero sin mecanografiar. Coincide que acabo de teclearlo con Nochevija y no quiero alejarlo más de la Navidad. Antes de empezarlo:






Elena ha encendido las luces del árbol, alegres, excesivas, chillonas; también las del Nacimiento, este año ha comprado unas ocas y una noria para el río. Hay espacio para muchas cosas en el tablero que ocupa medio salón ahora que nadie va a cenar con ella. Ahora toca preparar la cena. No será cosa de mucho. Sobre la bandeja de laca negra extiende un mantelito de encaje, un bajoplato rojo, plato de porcelana con una orla pintada con ramas de acebo trenzadas y estrellas y el filo dorado. El fondo aparece decorado con el tópico y típico paisaje navideño de nieve, trineos y demás. Copa y jarra de cristal fino, tallado con roleos y pámpanos. Para beber cristalina agua en cristal de La Granja, para comer una delicatesen. Sobre un lecho de rebanada de pan de molde cortado en perfecto cuadrado, dos lonchas de fiambre de pavo al aroma de un bote de pecaminosa y festiva mayonesa ¡que un día es un día! En una primorosa cajita de esmalte junto a la copa de agua, las pastillas, menos las gotas para el corazón “cinco, eh, nada más que cinco” que no hay manera de quitarles lo prosaico de su caja de cartón y el frasco marrón. Cubiertos de plata y a la mesita junto al sofá a la sombra de una flor de Pascua.
            Toca arreglarse. Vestido recto, un Channel, por supuesto, dorado con manga tres cuartos, varias pulseras de oro. Peina sus cabellos entrecanos, tempranamente encanecidos, en un moño a la griega, pendientes largos y finos, con lo largo de su cuello y los kilos que ha perdido se los puede volver a permitir. Un toque de rouge en las mejillas, suave pero suficiente, y otro algo más contundente en el rojo de los labios, un golpe de perfume y el detalle final: los Manolos. Dorados, de corte falsamente clásico, hay algo de vanguardista en el diseño, y tacones de vértigo como siempre. “Sin bragas y sin tacones, no vayas de celebraciones”  decía su abuela. El espejo le devuelve la imagen de una  mujer ajada pero aun hermosa, un difuminado de lo que fue belleza, y sola. No. No va a caer en esa trampa, ya está bien de tropezar dos veces en la misma piedra. Sí, está sola, su familia ha muerto o la ignora. Claro que tiene amigos pero Nochebuena es para la familia y, al fin y al cabo, siempre irá detrás de un “después de”. Es lo normal, por eso no ha aceptado un par de invitaciones de amigos y por eso no se va a dejar llevar a esa trampa. Se deja caer en la chaise longue con cierto espíritu glamuroso y burlón. Lo que lleva peor en situaciones como esta es comer (cenar en este caso) sola y en silencio, aun no está tan loca como para hablar sola, piensa. Para eso se inventó la tecnología, vuelve a pensar, que siempre ofrece solución para esto. Discutir con la televisión tiene la ventaja de que ni te contradice ni argumenta ni se ofende por salvaje que sea el insulto que se le dirija. En una cadena emiten un concierto de villancicos corales  y alemanes, no sabe qué es peor, cuando quiera dormirse se irá a la cama, no necesita un montón de niños rubicundos entonando cantos no por magníficos menos somníferos. Recorre las posibilidades y lo que resulta menos ofensivo para su inteligencia es un informativo que va desgranando, estupideces y mentiras con la indiferente desfachatez habitual mientras ella da cuenta de su sanísima cena y luego de las pastillas de la cajita de esmalte. De la casa contigua llega rumor de las conversaciones a una cena familiar, de la calle los estampidos de algunos petardos y las luces de su Nacimiento parecen brillar más. Quizás su sonrisa se un poco triste pero ¿Quién no la tiene en Nochebuena?. Abre la caja de las pastillas para el corazón, unas cápsulas enormes. Tararea aquello de “corazón de melón de melón de melón, melón, melón”. La televisión sigue con su rutina implacable.
-Aparece en un contenedor el cuerpo de un recién nacido con huellas de hipotermia y malos tratos. En dicho colegio el profesor de gimnasia había abusado de un mínimo de treinta muchachos en dos años. La foto que ha dado la vuelta al mundo por las redes es la de este hombre rodeado de cabezas decapitadas por él mismo. Dos niñas de doce y siete años son obligadas por sus padres a inmolarse con un cinturón de explosivos. En un chalet de las afueras de la ciudad se ha descubierto a una joven que llevaba encerrada en el sótano doce años, también en el sótano han aparecido dos cadáveres de niños al parecer hijos de la joven y del hombre que la mantenía encerrada que resultó ser su padre. Un hombre ha sido detenido por estar celebrando la muerte de un bebé junto a sus padres en la en la escaramuza que tuvo lugar ayer en –en pantalla una llorosa anciana muestra una fotografía de los jóvenes padres orgullosa de su pequeño cuya muerte alguien ha celebrado.
            Una tras otra traga con pequeños sorbos de agua todas las cápsulas de la caja, la del colesterol, la de la tensión, la otra de la tensión, el relajante. Apaga las velas para evitar riesgos y se acomoda, No está dispuesta a seguir formando parte de un mundo en el que se celebra la muerte de un niño. Fija la mirada en el otro, el del pesebre, y se deja ir serena y segura por fin de lo que hace. Además es tan fácil y una de las ventajas de vivir sola.
            Llena de agua la copa de cristal tallado, vacía el frasco de las gotas, mira de nuevo al niño del pesebre, levanta la copa en un solitario brindis y la bebe de un trago.

4 comentarios:

  1. Uf, Joaquín. En fin, que tengas una muy feliz entrada de año. Un fuerte abrazo.

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  2. También te deseo un año espléndido pero no tengo muy claro como interpretar lo de "uf" jejeje
    Un abrazo

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  3. Bueno, ya está, ya ha pasado todo y, al menos nosotros, hemos sobrevivido. Con no ir a la cabalgata de Reyes por si nos gasean, todo arreglado.
    ¡Qué no decaiga!
    Un abrazo

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  4. No ha pasado tood, quedan Reyes. Para mí la más bonita de las fiestas

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