Páginas vistas en total

jueves, 28 de julio de 2011

Calle Bailen, Madrid.

Cruzando la calle, a apenas cincuenta metros los jardines de Sabatini, que abren a una perspectiva casi única de Madrid esas ventanas. Leí hace tiempo que fue desde estas mismas ventanas desde las que el poeta mexicano Amado Nervo vio alejarse un día de lluvia hacia las Sacramentales el entierro de su amada. La misma amada a la que dedicó esta maravilla:

Gratia plena

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:

su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...

El ingenio de Francia de su boca fluía.

Era "llena de gracia", como el Avemaría;

¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!



Ingenua como el agua, diáfana como el día,

rubia y nevada como Margarita sin par,

al influjo de su alma celeste amanecía...

Era llena de gracia, como el Avemaría;

¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!



Cierta dulce y amable dignidad la investía

de no sé qué prestigio lejano y singular.

Más que muchas princesas, princesa parecía:

era llena de gracia, como el Avemaría;

¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!



Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía

dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar,

y cadencias arcanas halló mi poesía.

Era llena de gracia, como el Avemaría;

¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!



!Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;

pero flores tan bellas nunca pueden durar!

¡Era llena de gracia, como el Avemaría,

y a la Fuente de gracia, de donde procedía,

se volvió... como gota que se vuelve a la mar!

Por que la belleza no sólo está en la imagen y por que al pasar por delante la escena de la despedida final se nos dibuja en la mente está esta foto aquí, el poema no necesita justificación.

Respuestas 8

La inolvidable Margot Cottens, eso, inolvidable.
Pe-jota: bueno, no era esa mi intención pero me alegro de que algo haya hecho recordar a esa magnífica actriz que todos parecemos haber olvidado.
Carlobito: muchas gracias por tus elogios. Me alegro de que te haya gustado.
Uno: gracias pero difiero con respecto a las mujeres fatales: acuérdate de Paquita La Del Barrio con su grito de guerra en medio de sus canciones “¿Me estás oyendo, inútil?” Claro, era otra forma de “letalidad”
Rober: me abrumas literal y literariamente. ¿A que siempre te habías preguntado que narices metían en esos bolsitos ridículos? Yo lo he preguntado varias veces y siempre se han negado a contestar. Afortunadamente no abundan las Margot de este tipo (uff) pero… nunca se sabe jejejeje (ay) En cualquier caso lo hacen, o lo harían, con más elegancia y glamour que los bestias esos que andan sueltos. En realidad no sé qué decir por que con esto de lo políticamente incorrecto temo que las mujeres que me leen se ofendan y conviertan un simple relato en un atentado contra la dignidad femenina etc. Confío en su inteligencia pero no deja de ser triste escribir sometido a esa censura-juicio.
Gracias por leerme. Como veis sigo con el problema de responder comentarios.

viernes, 22 de julio de 2011

Margot

Margot, bajo la lluvia, sonríe. No piensa en las gruesas gotas que se estrellan en su impermeable amarillo, ni en el inmenso paraguas negro que olvidará sin duda en alguna parte, ni siquiera en que detesta estos días de lluvia constante que se siguen como cuentas de un rosario. Distrae lo mínimo de su atención para cruzar por los pasos de cebra pero, en realidad, va concentrada en algo absurdo a estas alturas de su vida. Margot, ¿Por qué Margot? Nadie ha sabido explicarle nunca de donde viene ese Margarita y menos aún la glamourosa transformación en Margot, como la reina le decían. Bueno, no parece una figura muy bienhadada para ponerle su nombre a nadie. Es como llamar Romeo a un niño, se le condena bien a suicidarse bien a sentir que no está a la altura del nombre. Arrecia la lluvia y se levanta un frío serrano al cruzar la Gran Vía, casi da igual no llevar paraguas. Su voz ronca se le viene una y otra vez a la mente repitiendo su el absurdo nombre “Margot, Margot” que en él, en sus labios tiene resonancias de vino oculto, de pócima mágica o de licor en copa de cristal a la luz de las velas de un baile en el país de la Viuda Alegre.  “Margot, Margot”, gemía entre los besos con que ha cubierto su cuerpo esta noche, aunque ella apenas le oía envuelta en el olor de su piel, en el tacto de su vello, en la punta de sus dedos recorriéndola sin pausa. Ahora es el viento frío quien eriza su piel desnuda bajo el chubasquero y la lluvia la que amortigua el tintineo de sus tacones de aguja. No ha querido vestirse sino seguir sintiendo el roce de sus labios masculinos, la humedad de su cuerpo. Se siente limpia y le cuesta comprender por que ha tardado tanto en decidirse con él. Precisamente con él. Margot, Margot, regusto de bayas del bosque cuando se lo murmuraba junto a los labios y perdía los dedos en su intimidad femenina. Le ha hecho esperar tanto, le ha hecho sufrir tanto que anoche le vio temblar cuando se volvió al sonido de sus tacones. Hasta este día áspero y hostil le parece maravilloso. ¡Que absurdas son las esperas amorosas! Tanta inseguridad después de tantos hombres, de tantas noches, de tanto cariño más o menos duradero. Con él fue distinto desde el primer momento. Le perturbó su aire seguro y a la vez tímido, parecía sacado de una película antigua, un clásico en todo, de los trajes de corte impecable a las rosas en el momento adecuado, las galanterías justas. A ella también le temblaron las rodillas anoche cuando supo que aquella iba a ser La Noche. La Noche Más Hermosa. También era una película pero no clásica. Él también lo supo apenas la vio llegar con el vestido negro demasiado ceñido y con el escote demasiado profundo como para una cita más. El primer “Margot” al saludarla iba preñado de deseo, lujuria, besos y lágrimas. Con él fue distinto desde el primer momento. Le fascinó su cuerpo musculado, su color de bronce, su indiferencia ante sí mismo, su juventud madura, su gusto para las corbatas, su olor a tabaco y canela, sí, sabía que ese era el aroma de una colonia muy conocida y ni siquiera de las más caras, pero en él era otra cosa, su atención a los detalles. Ahora que lo piensa mientras se pierde en las callejas a la luz de las farolas todo ha resultado clásico, como si lo hubieran hecho a propósito. Ella con sus medias de costura y su afán de postergar, de hacerse desear, de negársele cuando son tiempos de ligue fácil y noches de hombres sin nombre. Él con su estilo trasnochado y casi ridículo de acercarle la silla en un restaurante, con su seguridad de conseguirla pero respetando el juego de asedio que nació sin que, probablemente, ninguno lo pretendiera. Se estremece al recordar aquella boca descendiendo desde su garganta y deteniéndose allí, como quien ha llegado, por fin, a su destino. Al último destino del que no se quiere partir. “Margot, Margot”, después, cuando esos labios estaban casi rozando los suyos pidiendo permiso para seguir adelante sobre su cuerpo exhausto y exacerbado. Esos Margot traían regusto de animal en celo, de esencia masculina, de toro, de semental y, a la vez, de cortesano, de caballero, de bestia revolviéndose en la jaula. “Margot, Margot” casi a gritos cuando entró en ella y se sintió envuelta por dentro y por fuera de calor, de ternura. Durante esos instantes Margot tuvo la certeza de que el universo después de milenios había puesto la última pieza del puzzle y todo estaba en su sitio. Ha dejado las medias en el piso, y también las bragas, de hecho sólo ha cogido los zapatos, el chubasquero y el paraguas de él. “Margot, Margot”, enronquecidos por la gratitud abandonando la cabeza en su vientre, adormeciéndose a pesar suyo. Narcotizado por su sexo, realmente por su sexo. Ha tardado demasiado, tenía que haberse entregado mucho antes, hace meses. De nada sirve lamentarse y menos aún impregnada del placer de sus caricias y su aroma. Ahora ya puede dejarse ir tranquila y acariciarse los pechos recordando esa voz, “Margot, Margot”, adormecida y levemente angustiada, incapaz de comprender. Cuanto va a echar de menos lo que se ha llevado de su casa en el bolso, uno de esos bolsitos de fiesta que los hombres no entienden para que sirven y bromean “Como no sea para llevar un par de condones”. Pobres. La idea del narcótico en el vello púbico es realmente efectiva, lenta como para darles tiempo a cumplir y contundente como para no dejarles reaccionar.  Cuando quiera recuperarse habrán pasado horas antes de que sepa lo que se ha llevado de su casa, siempre y cuando se haya cortado la hemorragia y no se mire la entrepierna. A ver si así por lo menos éste se entera para que valen los bolsitos de fiesta. ¡Que nombre tan curioso, Margot! Sí, tiene glamour: La Reina Margot con su bolsito de fiesta por las calles lluviosas de Madrid pasea un par de…trofeos mientras se excita recordando la voz que caía sobre ella como pétalos de miel “Margot, Margot”. Hay que reconocerlo, el nombrecito tiene glamour.

Respuestas 7

Uno: sí, como nuevo pero a ver como se explica llegar a casa en calzoncillos (si los llevara o llevase)


Carlobito: imagina el pasmo cuando lo vi un domingo por la mañana, casi me da un ataque de risa. Por otro lado era tal la avalancha de posibilidades para un cuento que renuncié a él.

Rober Tenique: hombre, muy íntima no es que sea un pantalón, y lo del tendedero no cuela, no quedaría tan estiradito.

Muchas gracias por leerme, perdonad que tenga que seguir contestando así e interviniendo de aquella manera en los blogs pues no a todos me permite acceder para comentar. Un abrazo, y si os ponéis en contacto con Parmenio deseadle de mi parte que se reponga de una vez.

domingo, 17 de julio de 2011

Culo veo culo quiero.

Amigo Uno: hoy inicio una serie imitándote en lo de las fotos, sé que nunca alcanzarán la calidad de las tuyas pero espero que, por lo menos, sorprendan y, si hay suerte, hagan reír o pensar. Naturalmente con tu permiso.
No es difícil imaginar lo que ocurrió ahí encima, lo difícil es imaginar como volvió el propietario a casa. ¿No?

Respuestas 6

En realidad hace muchos años que soy partidario de extender el uso de tan noble instrumento, un alarde de eficacia. Lástima que no haya caído nunca en buenas manos.
Un abrazo

jueves, 14 de julio de 2011

14 de julio: la toma de la Bastilla.

La Libertad guiando al pueblo de Delacroix
La Marsellesa de Rude en el Arco del Triunfo parisién.

Marchemos, hijos de la patria,
Marchemos, hijos de la patria,
Que ha llegado el día de la gloria
El sangriento estandarte de la tiranía
Está ya levantado contra nosotros (bis)
¿No oís bramar por las campiñas
A esos feroces soldados?
Pues vienen a degollar
A nuestros hijos y a nuestras esposas
Texto en cursiva Estribillo:
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
Marchemos, marchemos,
Que una sangre impura empape nuestros surcos.
¿Qué pretende esa horda de esclavos,
De traidores, de reyes conjurados?
¿Para quién son esas innobles trabas
y esas cadenas Tiempo ha preparadas? (bis)
¡Para nosotros, franceses ! Oh, qué ultraje ! (bis)
¡Qué arrebato nos debe excitar!
Es a nosotros a quienes pretenden sumir
De nuevo en la antigua esclavitud
Estribillo
!Y qué! Sufriremos que esas tropas extranjeras
Dicten la ley en nuestros hogares,
Y que esas falanges mercenarias
Venzan a nuestros valientes guerreros? (bis)
¡Gran Dios! Encadenadas nuestras manos,
Tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo!
Los dueños de nuestro destino
No serían más que unos viles déspotas.
Estribillo
¡Temblad! tiranos, y también vosotros, pérfidos,
Oprobio de todos los partidos!
¡Temblad! Vuestros parricidas proyectos
Van al fin a recibir su castigo. (bis)
Todos son soldados para combatiros.
Si perecen nuestros héroes.
Francia produce otros nuevos
Dispuestos a aniquilaros.
Estribillo
¡Franceses, como magnánimos guerreros
Sufrid o rechazad los golpes!
Perdonad estas pobres víctimas
Que contra su voluntad se arman contra nosotros.
Pero esos déspotas sanguinarios,
Pero esos cómplices de Bouillé,
Todos esos tigres que, sin piedad,
Desgarran el corazón de su madre ...
Estribillo
(Estrofa de los muchachos)
Nosotros entramos en el camino
Cuando ya no existan nuestros mayores ;
Allí encontraremos sus cenizas
Y la huella de sus virtudes. (bis)
No estaremos tan celosos de seguirles
Como de participar de su tumba ;
¡Tendremos el sublime orgullo
De vengarles o de seguirles!
Estribillo
¡Amor sagrado de la patria,
Conduce y sostén nuestros brazos vengadores!
¡Libertad, libertad querida,
Pelea con tus defensores (bis)
¡Que la victoria acuda bajo tus banderas
Al oír tus varoniles acentos!
¡Que tus enemigos moribundos
Vean tu triunfo y nuestra gloria!
Estribillo

VIVRE LE FRANCE


Respuestas 4 y 5

Sobre las lecturas:

Uno: bueno, la novela histórica es como todo, las hay malas, las hay peores, hay alguna digna de hoguera sin paliativos, se escapa alguna buena, y existe un número intermedio de obras leíbles que, si no enseñan historia, por lo menos la ambientan con dignidad; con los dedos de una mano se cuentan las buenas con todas las letras (Galdós aparte, claro) Yo tengo un prejuicio, que he de comerme con patatas ante esta obra, sobre la mujer y la novela histórica. En general tienden a hacer que las mujeres del s. XIX, XII o del XXX a d. C. piensen como la feminista más furibunda del XX o XXI y eso, simplemente, es una base falsa. Reconozco que no es este el caso, ni mucho menos. Legible, entretenida y con mucho de humor y marujeo pero si a la historia le quitamos el marujeo se nos queda en una larga lista de intereses económicos y de fanáticos asesinos.
Pe-jota: eso es lo bueno, que la autora recoge también ese aspecto pero es como si hablara la capa más profunda de la “Emperatriz” la que se sabe el corte y el recorte por haberse medio criado cerquita de Lavapiés. Se sabe cursi, hortera y advenediza pero por sus… ovarios. Eso es lo que hace más atractiva esta novela.
Carlobito: cuando lo vas leyendo no te resulta tan duro hasta que llegas al final, concretamente a la palabra final. Las piezas del puzzle se encajan y el resultado es demoledor para el tradicional concepto de maternidad.
Sobre “Veinticinco años
Ante todo lamenté inmediatamente publicar esta entrada, vomitar sobre otros ese desahogo sé que no es del todo correcto. Sin embargo, no quise quitarla por que, por otra parte, hemos de aprender –he de aprender- a darnos, y compartir estos sentimientos y recuerdos es una forma de hacerlo.
Rober: quisiera verlo como tú pero sólo comparto la idea de que únicamente se aprende a convivir con la realidad. 21 de junio, otra fecha para que no se olvide nunca.
Uno: la figura de la madre es la clave del arco de nuestra vida y más siendo varones con nuestro Edipo correspondiente. Siempre está y estará presente. No hay más que ver que cuando en los ancianos la cabeza se les va y ya no recuerdan nada, en la agonía la ven a ella.
Pe-jota: vacío, preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas (que son peores) y un gigantesco cabreo contra no se sabe bien qué o quien.
Damián: habrías hecho lo que te toca hacer: sobrevivir como se pueda, aunque sea dejándote pedazos de vida y de alma en cada gesto.
AntWaters: no es que se recuerde, es que el recuerdo es una presencia constante en cada respiración.
Carlobito: desgraciadamente las cosas son mucho más complejas.
Gracias a todos por leerme, como siempre.

Una cosa: hay blogs en los que no puedo comentar con el problema de los comentarios y en otros sí que puedo hacerlo. Así que si no me veis en algunos tened en cuenta que sigo ahí.

jueves, 7 de julio de 2011

Veinticinco años

Hoy está haciendo veinticinco años de la muerte de mi madre de un infarto, a las doce y cuarto de la noche, estrenando el día de San Fermín, para que nunca se pase por alto, el infarto se la llevó por delante, ese corazón tan familiar y entrañable que se está llevando por delante a toda mi familia, hasta ahora, que parece que los primos nos vamos escapando. Tenía cincuenta y cuatro años y aquella noche hacía frío. Sí, una noche fresca de un verano tórrido. Salimos corriendo a urgencias, con una de las hijas de mi vecina de al lado sujetando su cuerpo en el asiento de atrás, yo iba en el coche del vecino. Cuando llegué ya estaban allí la el vecino de enfrente y la vecina de al lado suyo, Pili. Una de las chicas que había ido con ella, lloraba en un ataque de histeria. Alguien me acercó un vaso de agua. Salió un médico y no pude moverme, Pili se volvió a mí y yo afirmé “Se ha muerto”, ella asintió y pasó su mano por mis hombros. El vecino de enfrente me miraba fijamente, dije que no podía sostener el vaso. Me lo cogieron. Momentos más tarde atravesé el vestíbulo oscuro del hospital sin más luz que la de la cabina de los de seguridad que me miraron extrañados. Era el único teléfono activo, eran más de las dos, la única luz. Llamé a parte de la familia. Sólo había oscuridad y los seguratas que jugaban a las cartas. Fueron llegando los vecinos, luego la familia. Y más tarde la espiral de horror se precipitó hasta hoy. Durante muchos años tal noche como anoche mi vecina de al lado sobre las once menos cuarto llamaba a la puerta, como por casualidad, y se sentaba a charlar hasta que pasaba la medianoche, sin mencionar nada, sin sacar el tema, eso quedaba para el día siguiente, para hoy, para mañanas como esta cuando nos oía salir camino del cementerio y nos daba unos billetes para que le pusiéramos un ramo de su parte. Su cabeza se fue y después ella también. Anoche viendo una película en la tele recordé la delicadeza de aquella mujer de pueblo, que apenas sabía hablar; hoy añoro a ambas.

Lecturas veraniegas.

Yoko Ogawa: "El embarazo de mi hermana", la portada es un cuadro de una de las olvidadas mujeres impresionistas: Marie Casat.
La lectura es como la ruleta o juegas a rojo y negro, o sea los clásicos, o te arriesgas a perder hasta el gusto por el juego. Últimamente voy teniendo suerte con este juego loco de leer literatura "contemporánea". Reconozco que un tanto heterodoxa.
Han sido dos obras de las que he disfrutado muchísimo por diferentes causas.
"El embarazo de mi hermana". Naturalmente japonesa. A priori un embarazo es bien algo tierno y conmovedor o, visto desde fuera, algo que se presta al humor tanto como a la ñoñería.  Claro que ya he dicho que es una novela japonesa y el resultado es algo tan lejano de todo ello que resulta realmente fascinante. Desde luego no es apta para embarazadas ni futuras madres, ni siquiera para quien no esté dispuesto a una mirada radicalmente, muy radicalmente, diferente del hecho maternal. Sencillamente magnifica en la sobriedad alusiva que es propia a la literatura japonesa. Desde luego extremadamente recomendable para descolocarse y salirse de los tópicos en los que al final caemos sin querer. El final es digno de ... bueno no voy a destripar por si os da por hacerme caso y leerlo.
"Pasión Imperial" de Pilar Eyre es todo lo contrario. Partiendo de un personaje que personalmente he detestado toda mi vida, Eugenia de Montijo, elabora una biografía novelada o una novela biográfica que en nada favorece al personaje, labor meritoria pues cuando se escribe sobre alguien se enamora uno de él o los personajes (yo viví una loca pasión por todos los samurais), pues la describe como una ambiciosa sin límites y una intriganta de mucho cuidado, un poquito pendón y absolutamente cainita. Sin embargo, lo hace como si estuviera en lo más profundo de su mente, donde se expresa a "la pata la llana", lo que en medio de un siglo como el XIX y de la sociedad en la que se mueve no deja de arrancarte carcajadas casi constantemente a pesar de lo sórdido de la historia y de lo lamentable que aquel imperio de advenedizos y trepas resultó ser para la historia e incluso de las tragedias personales de sus protagonistas. Pecados del texto: sacrifica un mínimo rigor -por Dios, alguna fecha más, algún clavo donde agarrarte- a lectura de entretenimiento de la que no soy necesariamente partidario pero he de decir que con esta novelita en edición de bolsillo no he tenido la sensación ni de estar perdiendo el tiempo ni de haberla leído antes. Virtudes literarias cada vez más escasas. Nunca será una obra magnífica pero sí un magnífico pasatiempo que deja añade el valor de no descolocar la historia de su marco. Además viene con interesantes ilustraciones.
Así es como una novela que no pasa de entretenida ocupa más espacio que una soberbia, por que ésta si la tocas mucho impides el pleno disfrute de quien te lea u oiga.

lunes, 4 de julio de 2011

Austeridad institucional.

Los jardines de Sabatini dan al oeste de la ciudad y, o yo me equivoco mucho, o son casi versallescos, o sea preciosos pero con pocas zonas de sombra. En Madrid la temperatura media en el mes de Julio es en torno a los treinta y dos grados. El sol se pone por el oeste, si no recuerdo mal. Siguiendo la severísima austeridad que rige este consistorio he aquí lo que se está programando estos días. En fin, eso: sin comentarios.

domingo, 3 de julio de 2011

Respuestas 3

Robert: hay orgullos legítimos y hay Orgullos injustificados como los que mencionas. Incluso hay orgullos legítimos en plan colectivo: orgullo de que España sea el primer país en donaciones de órganos, y, en el otro lado orgullo de SER ESPAÑOL (quien lo dice lo pronuncia con mayúsculas). En cuanto a los personales siempre han de ser valorados desde la subjetividad y no son válidos en sí mismos. En cualquier caso los puedes usar como he hecho yo en esta entrada para autodarte una palmadita en la espalda cuando no hay quien te la dé y la necesitas mucho mucho mucho.
Carlobito: tu orgullo es honor para mí de tener lectores y amigos como tú. En cuanto a lo del orgullo gay es necesario tener siempre presente que ninguna guerra contra ningún tipo de discriminación está ganada nunca. Los años veinte florecieron en espectáculos travestidos, homosexuales y en los cuarenta a quienes los protagonizaban se les exterminó en campos de concentración. Es un ejemplo. Hay que estar siempre alerta y, a ser posible, con el arma –verbal, asociativa etc- preparada por que a la primera que se deja pasar contra cualquier colectivo la discriminación se dispara. Lamentable pero cierto.
Uno: sobre todo eres modesto y humilde jejejeje. Lo malo, querido Uno, es que quererse es extraordinariamente difícil.
Pe-jota: pecado. Ese concepto ha sido la mayor arma usada contra el ser humano a lo largo de los últimos tres o cuatro mil años. Que les den a los del pecado. No podría estar más de acuerdo en lo que proclamas como digno de estar orgulloso, añadiendo, quizás, saber amar, y quitando tolerancia por que siempre me pregunto: “Tolerancia ¿de qué?”. Hay un punto de condescendencia en la palabreja cuando de lo que queremos hablar es de que cada uno meta las narices en sus cosas y deje en paz a los demás, que, si bien miramos, habría que ver a quien se tolera más bestialidades. En fin, que me lío.
Un abrazo y como siempre gracias por leerme.