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jueves, 28 de febrero de 2013

El Rey y yo


En alguna ocasión ya he hablado de mis abuelos y no bien. Pues el caso es que, como diría la Pantoja, hoy quiero confesarme: me parezco, a pesar mío, a uno de ellos. Este hombre tenía dos aficiones principales, hasta que cayó en la adicción a Marcial Lafuente. La una era leer y corregir las esquelas de ABC y digo corregir por que la segunda de sus aficiones era todo el asunto de nobleza, títulos y demás. Mozo de cuota hizo la mili de escribano en Palacio, corrían los últimos tiempos del nefasto reinado de Alfonso XIII, así que tuvo ocasión de no sólo de informarse sino de conocer en vivo y en directo a los Grandes de España y demás. Yo no, por supuesto, pero el tema me apasiona. A la que me descuido me encuentro buscando en la red con quien demonios se casó el Archipámpano de las Galias en 1723 y de quien era hijo (oficial). Aun me emociono pensando que mi abuelo pudo ver a La Chata vestida de papagayo como decía Valle Inclán con su habitual mala leche sobre el gusto indumentario de nuestra castiza Infanta. Huelga decir que mi abuelo era monárquico siempre que no costase demasiado esfuerzo, no vayamos a pensar que… hizo algo alguna vez en su vida. Lo malo es que yo también.
Reconozco que me hice monárquico desde mucho antes de que existiera la opción. Los reyes, para mi mente gilipollamente glamourosa y estúpidamente preadolescente, tenían mucho más glamour y savoir faire que los jefes de estado. El caso es que ahí me quedé: monárquico pa toa la via.
La historia desde el 75 no sé si me da la razón o no, pero no me la ha quitado. Hasta ahora. Me considero un hombre inteligente –dentro de un orden- y muy capaz de reconocer un error. Por eso no puedo si no lamentar lo que está pasando con la monarquía. Claro que todo eso es superficial y frívolo al lado de lo que está pasando en las calles, no lo pierdo de vista, pero si la gente pasa media vida parloteando sobre futboleros yo puedo hacerlo sobre algo que a la larga puede llegar a ser más importante.
Por supuesto no voy a entrar en el debate Monarquía o República, no gracias. Demasiadas broncas me ha costado para entrar al trapo a estas alturas, ambas opciones han sido nefastas para la humanidad y ambas han dado lo poco bueno que tiene la humanidad.
Durante al menos veintiséis o veintisiete años la Corona española ha tenido un comportamiento, no diré que ejemplar, al menos digno y, por encima de todo, discreto. Ya sabemos que lo importante de la mujer del César no es ser decente sino parecerlo. Quiero decir que en una familia, en cualquier familia hay de todo como en botica, pues las familias regias no creo que nadie piense que son una, la única, excepción. Las cosas han cambiado.
Es lamentable que un hombre con una vida personal que no ha sido un camino fácil, aunque, eso sí, necesidades no ha pasado, precisamente, que ha desarrollado un oficio en tiempos realmente difíciles, que ha dado la talla durante tanto tiempo, ahora, precisamente ahora, haya dilapidado el caudal de prestigio personal y, en cierta medida, el institucional, ahora, cuando por la edad tenía que ser aún más respetado. El día que se hizo público el accidente en la ¡cacería de elefantes! Pensé que la monarquía estaba finiquitada. Desde entonces la cosa ha ido a peor. No tengo que enumerar todo lo que está pasando, no es necesario, pero resulta tan triste ver un personaje que podía haber pasado a la historia como pieza clave del gran cambio que supuso la transición vaya a hacerlo salpicado no sólo por sus escándalos personales –sí, digo escándalos- sino por, al menos, al menos no haber atajado los juegos sucios y trapicheos con dinero no siempre privado de su entorno. Ayer ambos mundos, el personal y el juego sucio que le rodeaba encontraron un punto común: Corinna. El asunto suena como lo de las versallescas damas que pasaron a la historia, claro que ellas no eran empresarias. Matices. Personalmente no suelo dar importancia a la rumorología sobre estos temas por que los entiendo como de ámbito privado pero leí ayer para enterarme de donde venía esta “Princesa” (ya he dicho que el tema dinástico me apasiona) en Santa Wikipedia esta cita: “La revista ¡Hola! publicó en su portada en 2011 imágenes de una cena del rey con sus tres hijos, en ausencia de la reina Sofía, la princesa Letizia, Iñaki Urdangarin y Jaime de Marichalar. Según algunos confidentes, en ella el rey habría comunicado a sus hijos su relación con Corinna”. En este punto junto con las declaraciones de ayer en no sé qué revista de la susodicha, el asunto deja de ser privado.
Lo más terrible es que todo esto ocurra ahora, cuando el país está pasando una situación terrible no sólo económica sino de desprestigio institucional generalizado a causa de una no menos generalizada corrupción. Precisamente ahora es necesario, imprescindible, que alguna de las instituciones conserve un átomo de prestigio. Cuando el Estado está siendo desmontado por los poderes fácticos más o menos descaradamente y cuando se han producido cosas como esta:
(http://politica.elpais.com/politica/2013/02/27/actualidad/1361994938_586044.html ).
Que precisamente ahora la Corona no sepa salir del atolladero en el que se ha metido solita, ya no es algo que preocupe sólo por las consecuencias sino que, hablo por mí, me parece tristísimo una trayectoria como la del Monarca y el más largo periodo de estabilidad democrática española (por mucha deficiencia democrática que haya que hay mucha) vaya a acabar así. Hace tiempo, repito, di la monarquía por perdida pero por lo menos debería plantearse enfrentarse a este proceso de desprestigio de algún modo serio y coherente. Nadie me paga para buscar los medios, pero hay gente, seguramente demasiada, que sí cobra por ello: pues que hagan su trabajo, y rápido, antes de que la única salvedad de la noticia que he recogido en link (¿se llama así?) pierda el menguante prestigio que le queda.

sábado, 23 de febrero de 2013

Debate sobre el estado de la nación jejejejejejeje

No tengo por norma ver obscenidades como las que suelen ofrecerse en hecatombe en el altar a la estulticia que es cualquier sede en la que nuestros políticos (jejejejeje) abren sus boquitas-cloaca, pero por razones que no vienen a cuento me tuve que tragar casi toda la primera jornada del mal llamado Debate sobre el estado de la nación. Más bien debería llamarse "Que bueno soy contra Dimita usted Sr .... (póngase el apellido correspondiente según quien ocupe la poltrona presidencial)
De entre las infinitas majaderias, estupideces, lugares comunes, triunfalismos, perogulladas, embustes, medias verdades, ofensas más o menos soterradas, tonterías varías y demás actitudes más propias de la corte de la Reina de Corazones de Alicia que de un país del planeta Tierra en el s. XXI sólo una frase que se le escapó a uno de los politicastros expresó la realidad de este país y de este gobierno:
"ABANDONAD TODA ESPERANZA"
El pais, los ciudadanitos, de momento, que pronto dejaremos de serlo para ser ... otra cosa no tenemos más que decir que aquello de

lunes, 18 de febrero de 2013

Contra el deporte o de corrupciones, minusvalías y asesinatos

Nunca he tratado el tema aquí por que para algunas personas es como mentarle a su Santa Madre. De hecho mi opinión sobre el tema me ha hecho perder amistades y, lo que es peor, relaciones familiares, sin contar con burlas y desprecios varios desde que tengo uso de razón para expresar lo que me parece el deporte. Puntualizando y matizando antes de explicar: no confundir ejercicio físico, ante el que me descubro y admiro por lo poco dado que soy a él, siendo una de las cosas que más falta me hace. Una cosa es el ejercicio y otra, radicalmente distinta, es el Deporte.


El Deporte es competitivo y eso se traduce necesariamente en “ganar siempre y a cualquier precio”. No existen valores deportivos, salvo en la ficción y en los pobres incautos que babean viendo a los semidioses contemporáneos hacer proezas que a nadie sirven de nada salvo a sí mismos, a quienes les llenan de cartelitos y a quienes trafican con su nombre. Hombres forrados de dinero y atiborrados de todo tipo de sustancias, algunas ilegales, pero no todas. El Deporte es patear la cara innecesariamente, pisar la mano, arrancar el bañador (waterpolo) o forzar salidas falsas para desquiciar al contrario. Eso es Deporte.

El Deporte como “escuela de vida”. Sí, si entendemos la vida como el “todo vale”. Desgraciadamente lo que está saliendo ahora me da la razón en lo que vengo diciendo desde que no levantaba dos palmos del suelo. ¿Qué tienen en común la mayoría de los hombres encausados de Bárcenas a Urdangarin? El Deporte de alto o pretendidamente alto nivel. El asunto Eufemiano Fuentes demuestra que nadie nace con “los cojones cuadrados” y que aquí, al igual que quien no roba es por que no puede, quien no se mete de todo hasta las trancas es por que no tiene ocasión. El valor central del llamado “Deporte”, lo que se les inculca a los chavales –y lo sé de primera mano- es la victoria a cualquier precio. Insisto, a cualquier precio. No hay que jugar mejor, hay que destrozar la pierna del rival para que juegue peor, no hay que correr más, hay que hacer que el otro corra menos. Eso es todo lo que se va a aprender del Deporte.

Ah, eso y que la hombría se mide en logros físicos. Así, según cierto locutor de radio que contaba su experiencia, cuarentones que se reúnen para correr, se meten su anfeta, como lo hacían mis compañeros de estudios para jugar al tenis y, además, estudiar, dejándonos a los demás como gilipollas aunque sacaramos mejores notas. Claro luego las compensaban yéndose de copichuelas hasta las tantas con los/as profesores/as. Así vemos a cincuentones, jugando al fútbol a pleno sol en agosto a las tres de la tarde, a riesgo de golpes de calor etc, pues la inmensa mayoría de los cincuentones tenemos dolencias variadas que suelen empezar por la hipertensión. La masa sigue el ejemplo de los “creadores de tendencia”. Y el precio se paga en vidas.

Vencer a cualquier precio. Evidentemente quien tiene una cierta ética y no pasa por ahí, bien deja el deporte por muy cerca que esté de llegar a vivir de él –que no es otra cosa que el sueño áureo de vivir sin trabajar- o bien son personajes absolutamente excepcionales a quienes todos tenemos en la cabeza, aunque no retiro ni de ellos lo de meterse de todo, aunque sea legal.

Veamos a nuestros queridos corruptos: quien no ha sido “profesional”, ha escalado el Everest, o están de caza adecuadamente, como cierto ministrillo, exministrillo. Por cierto, habría que meditar por que les gusta tanto a quienes tienen poder sobre nuestras vidas y haciendas los deportes que implican matar algo, osos, peces o elefantes ¿Será el ancestral reflejo de masacrar insatisfecho? ¿será que añoran los años veinte en que los capataces de los campos andaluces pastoreaban a los labradores a caballo con la escopeta al hombro? Que afán de matar, en serio.

Claro que, ya metido en harina y como estoy hasta los mismísimos de todo esta adoración hipócrita al “Deporte”, que ha causado ya demasiadas muertes entre los aficionados, dicho así, como quien no quiere la cosa, al desgaire. Decía que, ya que estoy, hablemos de Pistorius.

El hombre que luchó contra la adversidad, etc, etc, etc. Respiro hondo para no echar espuma por la boca. ¿Cuánto cuestan esas prótesis y quien se las pagó? ¿la seguridad social? Sintetizando: o es adinerado o alguien le ha puesto la pasta en la mano. Eso no es luchar contra la adversidad. Luchar contra la adversidad, teniendo una minusvalía, es que levantarte arrastras para trepar a una silla de ruedas desvencijada por que no puedes comprar otra, ir de solicitud en súplica para que te paguen unas prótesis infinitamente menos refinadas (ojo que también son extraordinarias, pero no para eso), es mendigar un puesto de trabajo que no te dan. Es más, a un discapacitado puede que la formación que tanto nos venden como elemento central de empleo juegue en su contra. Es más fácil que te metan en una empresas dedicadas exclusivamente a nosotros y que pagan considerablemente menos (excepciones habrá) si tienes una discapacidad mental que si la tienes física. Adversidad es no poder entrar en el noventa por ciento de los locales por que tienen barreras arquitectónicas; adversidad es no poder ir a un acontecimiento familiar por que no te puedes pagar el taxi y no puedes contar con que las rampas de los autobuses funcionen. Adversidad es ver como produces rechazo por un aspecto más o menos deforme o peculiar, desde síndrome de Down a una escoliosis pronunciada, y saber que ese rechazo te va a eliminar de la carrera por un trabajo, por ejemplo. Adversidad es que los productos que necesitamos como discapacitados y, por tanto, no puedes dejar de consumir, tengan precios abusivos. Si el Sr. Pistorius ha tenido alguno de estos problemas me callaré. No creo que su físico haya producido rechazo a nadie, ni creo que haya tenido que pedir que le bajen el puré de patatas de la estantería en el super. Ni que un taxi se haya negado a llevarle. Ah, se me olvidaba, es que Pistorius es “deportista de élite”, eso es superación y vencer la adversidad, lo demás, los demás, mierda, el saltar barreras todos los días hasta para salir de tu casa, el sobrevivir peleándote para demostrar una y otra vez lo que los “normales” no tienen que demostrar nunca, enfrentarte a límites absurdos como una taza de water con dos escalones (que las hay) ¿eso? Eso no es ná, cosas de unos tarados que no tenemos “instinto de superación”, vagos y maleantes. “Vencer a cualquier precio”, los resultados a la vista están, desgraciadamente. Joder, como me gustaría equivocarme a veces y por lo menos la chica estaría viva.

miércoles, 13 de febrero de 2013

MIércoles de Ceniza

De "exquisito buen gusto y optimismo" el cartel de este año de Chema Madoz.

Baile del Círculo de Bellas Artes. Máscara. Miércoles de Ceniza. Cada año el mismo sueño. Incluso alguno ha llegado a comprar la entrada. El Baile del Círculo, toda una enseña de la ciudad.

Zapato de terciopelo azul con hebilla de plata y tacón rojo, media de seda, calzas de raso azul celeste con lazos blancos, casaca azul cobalto con botones de plata, chaleco también celeste con botonadura de perlas, camisa con profusión de encajes desbordando los puños de la casaca, pelucón empolvado, tricornio cobalto, bastón de plata, un anillo en cada dedo, pañuelo de encaje en la mano, rostro blanco con un lunar junto a sus labios discretamente enrojecidos, cajita de rapé. La capa, la majestuosa capa negra de vueltas y forro de raso rojo abriéndose a su paso y la máscara.

“Mascarita ¿me conoces?”

La máscara plateada, de tipo antifaz, con plumas azules abriéndose hacia arriba. La máscara. O bien blanca, de porcelana, con un rameado en oro, veneciana, con ese aroma siniestro que evoca la peste, con esa mirada más vacía al estar rodeada de materiales nobles, la boca menuda con los labios blancos, sin sangre. La máscara. O un antifaz negro, con ribete de encaje negro y fingidas pestañas plateadas. La máscara. El disfraz está definido hasta el último detalle desde hace muchos años pero la máscara varía, no ve claro cual usaría. La máscara. Metálica sin boca, como la de la novela de Dumas, sugerir sin mostrar, desmentir el disfraz. La máscara. Realmente lo único necesario para ir disfrazado, una buena máscara, la adecuada. Un hombre, una capa y una máscara, podría cruzar desnudo las calles de la ciudad. Es el disfraz en sí mismo. Eso y no los detalles de la vestimenta. La máscara.

“Mascarita ¿me conoces?”

Seguramente es por eso por lo que cada Miércoles de Ceniza guarda en el armario el disfraz cuidadosamente soñado y las máscaras, todas ellas. Quizás nunca vaya al baile del Círculo por que teme que, al volver a casa, o el Miércoles de Ceniza tenga que contestar al quitarse la máscara.

“Mascarita ¿me conoces?”

No.

Carnavales de 1919, el clásico disfraz de destrozona, tan castizo.

Baile del Carnaval de 1936, sobrecogedor.

martes, 12 de febrero de 2013

El Papa dimite

La historia siempre ha demostrado que la sabiduría popular es infalible y para estos casos los dichos castellanos nos dejan una frase lapidaria: "Otro vendrá que bueno me hará"

sábado, 9 de febrero de 2013

Madrid el 9 de febrero de 2013, por la mañana.

La imagen no es de hoy pero la atmósfera es parecida a la de hoy pero menos inquietante.

Hoy he salido por el centro de mi ciudad. Hace un frío más que notable, hay nubes con ocasionales destellos de sol despistado. Atravieso la gélida Plaza Mayor, apenas hay gente, un camarero acodado sobre el mostrador mira los soportales. Nadie en el bar. En una terraza un grupo de jóvenes pelados de frío desayuna. Un camión en el centro de un espacio vallado.. Son las diez de la mañana. Cruzo por la Plaza de las Provincias, los cubanos están refugiados en su campamento bajo un plástico. En la plaza de Santa Cruz unas vallas aíslan un rectángulo, apenas cuatro personas en la plaza. En Viudo de Pontejos, una tienda de artículos religiosos cerrada a cal y canto “por inventario”. Sol aparece tomada y vallada, lecheras de policía, coches con sirenas, como agazapados, bajo Carlos III unas pocas personas parecen dispuestas a acampar, no más de quince. Decir que hay silencio en Sol sería mentira, en Sol nunca hay silencio pero hay espacios entre los sonidos, lo que equivale a un silencio subterráneo, vestido de grises, espacio que también hay en la plaza, poca gente. Preciados, otro coche de policía atraviesa y gira, despacio.

Entro a hacer mis compras, planta tercera, sigue el silencio subterráneo. Planta segunda. No suelo frecuentarla, no sé que nivel de actividad hay habitualmente. Planta séptima. Los dependientes hablan entre sí. Muy ocupados no parecen. Salgo, Maestro Vitoria no es sino una calle desierta y la plaza de las Descalzas sólo tiene gente delante del convento, esperando el turno de entrar. Supongo.

Preciados de nuevo, aun más vacía, más policía. Los actores callejeros en Sol, Minnie, Bob Esponja, resultan aun más inquietantes sobre ese silencio subterráneo. Más lecheras. Un mago concentra la atención del único grupo importante de la plaza junto a la salida del Metro, frente a La Mallorquina. Esquina Espartero un coche de policía está subido a una acera. Llega otra lechera a Sol. Calle de la Sal, como la mitad de gente de un sábado normal. Plaza Mayor, podría decirse que vacía. El camión ha ido descargando y veo un dragón a medio montar, un esqueleto en un galeón y otro bicho sin cabeza. Nadie está trabajando en ellos, son las carrozas para esta tarde, sábado de Carnaval, sólo una vigilante de seguridad. Entro a tomarme mi cortado para que algo me reanime del habitual desfallecimiento mediomañanero. Tres personas en todo el local. Sigue el silencio enmascarado, casi imperceptible pero en la Plaza apenas grupos pequeños de turistas. Hace cada vez más frío. Recorro los soportales, otros bares vacíos, no puede ser que la crisis haya empeorado tantísimo en quince días. Cerca de Cuchilleros una taberna clásica de las de toda la vida, cerrada, ningún cartel. Paseo sin tropezar con nadie hacia Ciudad Rodrigo, Arribas, la juguetería y para mí, el mejor comercio de Madrid, cerrada a cal y canto. Las vallas y lo coches de policía toman Ciudad Rodrigo, bajo por San Miguel y todo parece volver a la normalidad salvo ese silencio por debajo.

Se me viene a la cabeza una frase de García Lorca en su Mariana Pineda: hay un miedo que da miedo. El gris es más denso, hace cada vez más frío. ¿Qué está pasando hoy en mi ciudad? ¿está asustada, arruinada, o simplemente se siente emputecida por Eurovegas?

No lo sé. Sólo sé que según vuelvo a casa sale un sol falso, que ni intenta calentar, y que regreso inquieto, preocupado, sobrecogido y sin haber comprado lo que más falta me hace. ¿Qué está pasando hoy en mi ciudad?

jueves, 7 de febrero de 2013

Nyotaimori

Es que si no fuera para descerrajarse un tiro en la sien sería para morirse de risa. Mirad: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/02/01/actualidad/1359733847_570740.html. O cuando la bandeja es Yolanda que así tienen el cinismo de enunciar el artículo. Las imágenes que adjunto son expresivas de que va la cosa.
La “tradición” ahora puesta en duda, consiste en servir la comida japonesa, que por sus formatos se presta a ello, sobre el cuerpo desnudo, lavado con un jabón inodoro y depilado, de una mujer, (nyotaimari), o de un hombre (nantaimori). El artículo habla de que para los japoneses resulta tan exótico como para nosotros, pongamos que es cierto, ¿es que para la inmensa mayoría de los occidentales no resulta exótico la coprofagía y no pondríamos igualmente “cara de poker”, si lo conociéramos y nos preguntaran? Por lo que sé de la cultura japonesa no se caracteriza, precisamente, por dejar acceder a sus rincones al “otro”, y hay que entender el “otro” como todo el resto del mundo, así que no cabe esperar bajo ningún concepto que admitan y expliquen con alegría algo tan “peculiar” (van demasiadas comillas, lo sé, pero las veo necesarias). Mi experiencia en mis investigaciones sobre Japón y las pocas veces que he podido tratar con ellos, es que te consideran básicamente como un intruso. Es igual que cuando llama a tu casa un vendedor de enciclopedias, si te interesa el producto le dejas entrar hasta el salón, si no, no pasa del pasillo pero en ningún caso le vas a enseñar tu alcoba. La actitud de los japoneses sobre su cultura es muy semejante a este ejemplo, y cuanto más leo sobre quienes han vivido y viajado allí más me confirmo en ello. El inmenso escritor Junichiro Tanizaki, nos describe en "La enmascarada vida del Señor de Mushashi", Ed: Edhasa.. Barcelona 1.989 una parafilia basada en colocar la cabeza como si estuviera decapitada y que se realicen actos sexuales de uno u otro tipo. Bien, esa parafilia se muestra en algunas de las  imágenes de Nobuyoshi Araki durante sus recorridos por la noche tokyota (“Tokyo Lucky Hole”, Ed. Taschen 2005) y, estoy seguro de que ningún japonés reconocería su existencia ante un extranjero. ¿Admiten de facto el arte del shibari o arte de atar a la gente? No lo sé, pero lo hagan o no, existe dentro del muy conocido arte de envolver, prodigioso por otra parte. Con esto quiero decir que lo que digan los pretendidamente expertos, en este caso experta lo que le da un sesgo feminista más que respetable… desde un punto de vista occidental. En cualquier caso añade un elemento a tener en cuenta.
Nobuyoshi Araki, detalle de una de las imágenes del libro citado
Sin embargo, no es este aspecto de la noticia lo que me hace recogerla aquí, como veis con unos días para pensarlo, sino otros dos que creo mucho más cercanos e interesantes.
El primero es que se protesta por que se considera una vejación de la mujer, de la condición femenina. Podría estar de acuerdo siempre y cuando dejásemos de lado algunos aspectos:
1: esas mujeres son profesionales de ese trabajo, no prostitutas y bien claro ha quedado en todo lo investigado, es decir, personas que aceptan un trabajo a cambio de una retribución.
2: puesto que el negocio era legal, no un burdel, damos por sentado que esta mujer está registrada como trabajadora, si no fuera así a estas horas los responsables estarían diciendo que nunca ha trabajado para ellos.
3: como consecuencia damos por sentado que elige libremente, que nadie la obliga. Si no es así no se trata de vejación a la condición femenina sino de puro y simple secuestro, ya tardan en encerrar a los responsables, que bien vendría ahora un buen escandalazo que tape cosas.
4: que no es una cuestión clandestina puesto que parece ser se publicitaba. Ya hay en el tema y en esta mujer mucha más transparencia que en la inmensa mayoría de lo que se vive habitualmente en este país.
5: que no implica una exhibición masiva de su cuerpo sino un mostrar a un reducido grupo de personas en un ambiente adecuado. Nada que ver con las exhibiciones de carne que suponen los concursos de misses retransmitidos por las televisiones para todo tipo de, de marujonas viperinas, a jovencitas influenciables futuras anoréxicas y a onanistas compulsivos (sin contar con los viejos verdes).

6: que no implica mutilación ni manipulación definitiva alguna para ese cuerpo que no se quiere vejar. Nada que ver con las insultantes publicidades de clínicas estéticas.
7: que esta mujer tiene un horario, cosa que no tienen la mayoría de las mujeres trabajadoras de este país, y no por eso se considera que las empresas estén vejando a la condición femenina.
8: que, si bien (y eso es cierto) supone una cierta objetualización del cuerpo, se produce desde la admiración no desde concebir el cuerpo femenino como algo que pierde líquidos constantemente (período, pequeñas pérdidas de orina, etc) como nos lo suele representar la publicidad.
9: que es un modo honrado, puesto que es legal (y no es una concejalía) de ganarse la vida. Mucho más decente, por ejemplo, que ir a la caza del famosuelo y luego vivir de esa noche loca toda la vida paseándola de televisión en televisión.
10: que ni el empresario ni ella van poniendo el trabajo en cuestión en medio de la calle sino que se recluye en recintos discretos. Mucho más que ciertas fiestas célebres con menores, creo recordar. Quienes así hablan, en realidad no saben qué es vejar a una mujer:

Vejar a una mujer es que a igual trabajo cobre un 22 por ciento menos que un hombre.
Vejar a una mujer es no poner a su alcance guarderías públicas.
Vejar a una mujer es permitir que el número de malos tratos y muertes sigan creciendo
Vejar a una mujer es que en la sanidad se les receten muchas menos pruebas que a los hombres ante la misma sintomatología (este dato es de hace unos años, no puedo asegurar que siga igual)
Vejar a una mujer es que en carreras mayoritariamente femeninas no existan mujeres catedráticas o sean extremadamente minoritarias. Cuando digo femeninas me refiero exclusivamente al número de mujeres estudiantes, no a su carácter.
Vejar a una mujer es no dejarla disponer libremente de su cuerpo llegando a obligarla a parir hijos con malformaciones y condenados al sufrimiento y a la muerte temprana.
Vejar a una mujer es reducir su valía al mero número de kilos que aparezca en la báscula y a una imagen.
Vejar a una mujer es no reconocer ni recompensar económica, social o simplemente un reconocimiento al trabajo que mayoritariamente hacen de cuidar sus ancianos, sus enfermos, sus discapacitados dejándose la piel sin ningún tipo de ayuda.
Vejar a una mujer es condenarla por ser madre, por cierto, madre de futuros consumidores.
Vejar a una mujer es también la discriminación positiva puesto que supone dar por sentado que son incapaces de lograr nada sin ayuda.
Vejar a una mujer es decir que son invisibles, cuando lo cierto es que es el colectivo más visible y cercano de la sociedad.
Vejar a una mujer es imponerles uniformes de diseño no funcional pero que “lucen pierna”
Vejar a una mujer es ofrecerles productos de comunicación como si fueran tontas, aquí poned lo que os parezca bien, todos sabemos a qué me estoy refiriendo.
Vejar a una mujer es haberla reducido tanto que en las mujeres de cierta edad todos los tópicos son ciertos, haber conseguido que se lo crean y hacer que respondan como el estereotipo falso que se buscaba.
Vejar a una mujer es el piropo por muy elegante que sea, el acoso, el enfocar descaradamente la cámara a su cuerpo, el ensalzar su belleza como único valor, el protestar por que las calles no se diseñan para los tacones, o convencerlas de que tienen que ser eternamente jóvenes, de que tienen a un inútil al lado y de que los príncipes azules existen.
Vejar a una mujer es, en suma, todo lo que hace esta sociedad bien pensante que tanto se escandaliza por unos trocitos de pescado sobre la piel de una mujer.

El segundo aspecto que quería resaltar es una simple pregunta: ¿y si fuera un hombre? Entonces no sería vejar la condición masculina ¿verdad?

lunes, 4 de febrero de 2013

El Divino Marqués dijo:

Creo que ya he mencionado a menudo mi debilidad por el S. VIII, especialmente por Madame de Pompadour y, lo confieso, por este pobre infeliz de biografía digna de culebrón en plan "Las dos huerfanitas", el Divino Marqués de Sade. A él le corresponde esta frase que ¿a que parece dicha ayer por la tarde?:
"La ley sólo existe para los pobres, mientras los ricos y los poderosos la desobedecen cuando quieren. Y lo hacen sin recibir castigo porque no hay juez en el mundo que no pueda comprarse con dinero."

Frase de: Donatien Alphonse François, Conde de Sade, alias Marqués de Sade (1740-1814), escritor e ilustrado. Claro, pensando así no es de extrañar que el amigo Napoleón se esforzara en mantenerle calladito y encerradito. Lo mismo hubiera hecho, y, de hecho, hizo cualquier gobernante. De ahí su malditismo.