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jueves, 16 de marzo de 2017

Lamentos de un anciano.

Hubo un tiempo en que no había internet, sé que nos cuesta creerlo si no lo vivimos y recordarlo quienes si lo hicimos.
Hubo un tiempo en que un archivo era eso,, un archivo tactil con sus tres dimensiones de metal o, los de uso más doméstico, de cartón verde.
Hubo un tiempo en que había algo llamado fichas, tarjeas en blanco o rayadas donde se tomaban notas y se guardaban en el archivador.
Hubo un tiempo no tan lejano que Japón no estaba de moda.
Bien: hace mucho tiempo en una galxia muy lejana y armado boli y papel, en realidad pluma, nunca me ha gustado el trazo del boligrafo, akguien quiso hacer una tesis doctoral sobre Japón. Logro que alquien de los oscuros poderes de los depatartamentos de las facultades firmara y empezó la labor.
Las armas con que inició un camino de cinco años eran mucha decisión (era un poco irresponsable, todo hay quie decirlo) y una ficha bibliográfixa (eran más pequeñas) con cinco títulos. No había más.
La búsqueda de datos fue algo parecido a la del santo Grial, encontrar libris (un montón de papeles entre dos cartones, para los más jovenes, no se cargaba) traduciro en la mayoría de los casos, hallar uno de 1903, porgo por caso, de 700 pásginas y trargarlas una por una para, con suerte obtener uno o dos datos. Rebañando en lo más oscuro de la Cuesta de Moyano y en las ferias del libro antiguo.
El panorama del estudio de Japón era un páramo sin fin, con ocasionales oasis, como la traducción de un de las grandes obras japonesas de más de mil páginas en unas quince.
Iba por la calle con mirada de rapaz pues en cualquier escaparate podía aparecer algo que quizas contuviera uno o dos párrafos útiles.
El resultasdo fue una tesis de 1000 páginas cabales sobre un aspecto muy, muy concreto del arte japonés (viendo la imagen ya imaginaréis cual)
Hoy tengo ganas de llorar, ante el monitor. El dato que tardé años en encontrar, la forma exxacta que tuve que dibujarme yo, todo eso está al alcance del más panoli con un par de clics. Y se me caen las lágrimas por qee hace mucho, cmucho tiempo en una galxia muy lejana alguien pasó años lleno de algo que hoy apenas recurda, ilusión por acaba aquel trabajo.
Hoy es imposible estar al día en la lectura de obras japonesas en español, eso solo en literatura. Entonces sólo tenía  la tetralogía de Yukio Misima "El mar de la fertilidad", y apenas se necesita mover un dedo para llegar a cualquei cosa.
Acabo de encontrar una página de iágenes que entre tatuajes, señoras de buen ver y dibujos de samurais tiene dentro, como quien no quiere la cosa un par de imagenes de dibujos fijando y organizando lo que al guerrero de la galaxia muy, muy lejana le costò años saber.
Y  caen las lágrimas por le temps perdu y por pregunttarse hasta donde hubiera podido llegar él con esta herramienta.
Y una lágrima clandestina se escapa, y el ya anciano guerrero se va a una página porno,que en seso si que ha salido ganando.

2 comentarios:

  1. Son tantas las cosas que hoy están al alcance de cualquiera que me hubieran arreglado la vida cuando era jóven.... Pero también creo que disfruté de ciertos privilegios que hoy los jóvenes no tienen. Por ejemplo, siguiendo con lo del sexo: vivir sin VIH.
    Finalmente yo diría que lo mejor en cualquier época es ser jóven.
    Un abrazo

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  2. Pues no sé si estoy de acuerdo. Creo que la jventud esta sobrevalorada

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