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martes, 2 de agosto de 2011

Maria La Brava.

Actualmente llevo un relativo buen ritmo de lecturas pero me acaba de ocurrir algo que nunca me había pasado: he acabado un libro y me he arrepentido profundamente de haberlo leído. Habitualmente cuando un libro no me convence lo dejo y se acabó, no veo el motivo para prolongar una experiencia desagradable. Sin embargo, dado que los dos libros anteriores de la autora (“Pasión Imperial” y “Ena”) que me he leído en poco tiempo me gustaron y además “Ena” cubre aunque sea novelescamente un período de la historia que no conozco demasiado, me pareció interesante seguir con este libro. Por otro lado es casi una continuación de Ena, digamos que coge el tema donde lo abandona en la novela, cierto que es una biografía y no una novela pero la continuidad existe y en un tema, repito, que desconocía. Sin embargo, hubiera preferido haber seguido mi instinto primero de no leerlo cuando lo vi en la edición cara en las estanterías, pero no lo hice. Sobre la monarquía y la republica no voy a entrar que no viene a qué pero sí sobre el tratamiento de la monarquía y la casa (casas) real (reales). Vamos a ver, cuando uno lee una biografía hay que estar siempre con el hacha levantada esperando el momento en que al autor se le vea el plumero y se delate con qué intención escribe si la de enaltecer a cualquier precio al biografiado o la de demostrar su ascendencia demoníaca. Y luego están estas cosas que se hacen con las monarquías, parecen ser obras de falsos monárquicos que pasan de la objetividad más sobria a la exaltación del o los personajes y de ahí a la puñalada trapera más infame que quepa imaginar. Además, y esto es grave, se escamotean nombres, fechas y datos: ¿eso es una biografía? Comprendo que muchos de ellos están vivos y hay que ir con tacto pero si no puedes concretar simplemente no la escribas.
Para rematar el comentario y diciendo que no está mal para pasar un rato y situar algunos episodios en su momento y su entorno concreto quiero resaltar que nuestra autora, por otra parte amenísima y respetuosa, ve a la familia real española como a la ínclita y nunca bien ponderada familia Simpson: sólo las mujeres son inteligentes y sensatas. El comentario constante de la pena de que en España en su momento rigiera la ley sálica y la castiza Infanta Doña Pilar no haya podido ocupar el trono deja claro lo que quiero decir. Pie este del que cojean novelistas y periodistas mujeres, no así las historiadoras que pocas veces anteponen el feminismo a la objetividad.
En fin, que, como siempre digo, un libro de este tipo hay que hacer que suene cuando caiga en una mesa, que suene con el peso de los datos, las notas y las referencias rigurosos y exhaustivos no unas meras referencias bibliográficas que son de agradecer pero insuficientes. Si quieres hacer una novela, hazla, y si lo que quieres es biografiar, biografía, pero esto está a medio camino entre lo uno, lo otro y el libelo. Eso sí, es un buen libro para llevar a la playa pasar el rato y acabar discutiendo con tu cuñado que es lo suyo en estas fechas.

4 comentarios:

  1. Ay qué pena que no tengo cuñado que si no me lo leía.
    Conozco al empleado de una conocida sastrería de Madrid que fué durante muchos años "Pepa la Brava" en la escena ibicenca. Espero que se querelle con la familia real por esta usurpación de título.

    Un abrazo

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  2. Sinceramente, no es por molestar, pero es que a mi no me apetece nada este libro, no me atrae el personaje, yo es que para esto soy muy raro.

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  3. Pues yo también podría hacer una lista de libros que no recomendaría leer. Y yo soy de los testarudos que a veces me empeño en terminar un libro aunque no me agrade del todo, jeje. Bueno, sinceramente, esta mujer es casi una desconocida para mí, y creo que para la mayoría de los españoles. Su presencia siempre fue muy discreta y en un segundo plano, al margen de que todo lo que sea hablar de la familia real durante mucho tiempo ha sido casi un tema tabú. Con todo respeto para los buenos periodistas, creo que algunos pecan de sensacionalistas cuando pretenden tratar temas históricos, y como tú apuntas, flojean en la objetividad. Me viene al recuerdo el libro sobre la Transición de Victoria Prego, pero eso ya es otro tema... Y una cosa de la que hoy no podemos estar seguros al cien por cien es que los autores de una obra sean sus verdaderos artífices, porque hay editoriales que lo que buscan es vender libros como pan caliente, y ejemplos escandalosos de ello tenemos, y no muy lejanos en el tiempo. Un abrazo.

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  4. Gracias por el dato, voy a incluir este libro en mi lista negra jeje, tengo tantos libros por leer, no quiero perder mi tiempo en uno que no es tan bueno.

    Saludos.

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