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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La lujuria antilujuriosa.

De un Libro de Horas, representando los pecados capitales, y ya se sabe que el más capital de los pecados, el pecado por excelencia es la Lujuria. Ya lo dice el refrán: de cintura para arriba todos buenos, de cintura para abajo, los menos. Me fascinan los libros de horas, en principio son textos religiosos iluminados. pero ¡ay Señor! lo que aparece en las ilustraciones, desde los aspectos más cotidianos de la vida de la época a castillos que ni Disney fumado hubiera podido imaginar. Como casi siempre lo más curioso o interesante son las cosas que hay en los segundos términos. En este caso tras la Lujuria con sus símbolos: espejos, flechas, macho cabró, aparecen dos ventanas una a la izquierda con un caballero nada caballeroso, con ricas vestimentas, que parece mirar a la derecha, como si fuera a avanzar. En la ventana de la derecha se deja ver a una "dama" desnuda metida en lo que entonces era una bañera, que parece estar esperando, sin duda al anhelante caballero de la izquierda. Las posibles lecturas de estas imágenes son varias desde la más obvia de una cita galante, a la visita a un burdel, frrecuentemente enmascarados en estos tiempos en casas de baños con costumbres mucho más libertinas de lo que se imagina uno al pensar en el s. XIV. Pero hay una tercera lectura que nos habla de la mítica Hada Melusina que para no revelar su condición medio monstruosa debía permanecer un día de la semana, no recuerdo si era el domingo, metida en agua y por tanto no consentía que su esposo la viera ese día, hasta que un día él trasgredió el tabú y la cosa acabó como acabó.
Sigueiendo con las curiosidaes. La Lujuria así como la Vanidad van siempre representadas por un espejo, atención, ovalado. La lectura de ese tema se mantuvo hasta el XX en el que la elipse sugiere el espejo y el espejo la lujuria. Ejemplo claro es Gustav Klimt, sin ir más lejos. A estas alturas de la historia lo oval relacionado con la mujer supone autocmplacencia en su propua belleza y, por lo mismo, en su propio cuerpo, y, como inevitable consecuencia de ello para la mente del burgués aterrado por la sífilis en la masturbación femenina. Oh, cielos cualquier día descubren que no nos necesitan, es lo que venían a pensar, lo que trajo no pocas trágicas consecuencias. Lo fascinante del asunto no es lo que unos burgueses salidos pensara o dejara de pensar, sino que la misma forma sigar relacionaada con la sexualidad-lujuria desde prácticamente los orígenes de la pintura occidental
No menos curioso es que no se nos aparezca de un modo más explícito sino como una dama con una serie de símbolos, sin lucir chicha, ni siquiera con ademán provocador. Es más, sin el cartelito aclaratorio es más bien antilujuria pues nos perderíamos en la delicadeza de trazos y colores.
A veces no está mal echar la mirada un poco más atrás, ¡se lleva uno cada sorpresa!

2 comentarios:

  1. De niño, viendo peplum, siempre me fijaba en las escenas que ocurrían al fondo tras los protagonistas y descubría cosas que de haber estado en primer plano no hubieran pasado la censura.
    Un abrazo

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  2. Es cierto, yo creo que el peplum definió la sexualidad de muchos. Recuerda lo que dijo Groucho sobre este género: me gustan las películas en que las mujeres tienen más tetas que los hombres. Evidentemene no es el caso del peplum

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