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jueves, 7 de julio de 2016

Julio

No es mes de mi especial devoción este de julio. Demasiado veraniego y poco estimulante. Afortunadamente están viniendo tormentas y eso, quieras que no, ameniza la cosa. De todas formas hoy me vais a perdonar pero es que vengo traumado. Esta mañana he ido con mi padre al especialista, una doctora nueva. Mi padre tiene 84 años y yo 57 y siempre nos hemos parecido mucho. Lo espantoso es que nos ha preguntado ¡si somos hermanos! Reconoced que es como para que a uno le de un algo. Aún no me he recuperado. Ahora en serio en la entrada anterior me preguntaba cuando se da uno cuenta de la edad que tiene y lo cierto es que en los últimos dos o tres años he envejecido precipitadamente. Sin embargo, no es lo malo envejecer, joden los achaques, obviamente, pero no es lo malo tener el pelo blanco o que de repente te  quedes sin pelo en las pantorrillas, o pensar "cuando yo era joven eso no pasaba", no. Lo espantoso es lo que ha pasado a tu lado a lo largo de tu vida que no has sabido o podido atrapar. Por decirlo vulgarmente: los trenes a los que no te has subido. Ya hemos hablado de mis limitaciones físicas pero hay algo quc va más allá y en mi caso se expresa en una imagen, un verano, un verano de los setenta para ser más exactos. Por la calle bajaba. Era simplemente un veinteañero (como yo) muy bronceado y rubio, anudado a la cintura un pareo, descalzo y nada mas. A pesar de no ser transparente el pareo dejaba ver que iba desnudo, iba solo calle abajo, no sé donde pero aquel muchacho encarnó y aun lo hace todo lo me he perdido, lo que no he podido o sabido vivir, las personas a quienes no conocí lo suficiente o las que conocí demasiado, la perdida de tiempo de odiar profundamente, con infinita rabia, lo que desprecié y lo que aprecié sin merecerlo. Siempre con la esperanza de un verano, un verano en que ser como aquel joven, de sentir alas, de tener a alguien al lado mirando lo que se mira en verano, las olas, las estrellas. Siempre con la esperanza del siguiente, o de cuando pase esto o aquello y siempre la esperanza decepcionada. La libertad que percibí en aquel hombre tan a medio hacer como yo, vuelve cada día. Hasta que pasa lo que ha pasado hoy, haces recuento de dolores varios y quizás es hoy cuando haya empezado a darme cuenta de la edad que tengo. Es curioso que hoy sea San Fermin, y que hoy haga treinta años de la muerte de mi madre. Sí quizás sea ya el tiempo de dejarse envejecer "sin llanto, sin dolor, sin desconsuelo"

2 comentarios:

  1. Con la edad es aconsejable bajar el listón de la espectativas que las oportunidades son menos pero ve uno tantas cosas... No perdamos la esperanza.

    Un abrazo

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  2. Es mucho peor de lo que creía, no he sabido expresar lo que quería decir que no iba exactamente por ahí.

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