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sábado, 10 de septiembre de 2016

Septiembre, imágenes de un verano vacío.



Septiembre es, en realidad, año nuevo. Cambian los horarios, los niños cambian de curso, de material escolar, las parejas se casan como poseídas por el amor, las parejas igualmente se divorcian este mes como si se conocieran, los sueños de un curso que empezó en septiembre del año pasado para este verano se han esfumado y empezamos a pergeñar otros para el que viene, nos planteamos aprender inglés, adelgazar por que la paella se ha pegado a las lorzas, hacer ejercicio por aquello del colesterol.  En fin, que todo lo que decimos que vamos a hacer en diciembre es ahora cuando se pone en marcha.
Este septiembre ha empezado con mala leche, si se me permite la expresión, al menos en Madrid, con una ola de calor como pocas recuerdo y desde luego nunca tan tarde en el calendario. Los ventiladores funcionando de nuevo y uno quitándose ropa como si fuera un striper.
Otoñean algunos árboles, otros se secan directamente.
Las urgencias de los hospitales funcionan como siempre, sólo que ahora recuperando el ritmo perdido durante ese espacio vacío, vacuo, muerto, que suele ser el verano.
He empezado septiembre de hospitales, o lo que es lo mismo, he acabado el verano como lo empecé. En medio, nada, un libro sobre los samuráis y la exposición del Bosco.
El libro, que no viene a qué citar pues haré una entrada en Japonerías, me ha descubierto, mejor dicho me ha desmontado organizada y sistemáticamente cuando yo ya sospechaba sobre la realidad de los samuráis. Claro que hay quien echa pestes de ellos pero el autor aquí lo razona, explica, analiza y justifica. Lo malo es que llevo 37 años de estudios basándome en premisas que sabía falsas a las que me quería agarrar quizás por que necesitara que hubiera algo limpio aunque el hara-kiri lo ponga todo perdidito de sangre. Puede que parezca una tontería en alguien que nunca ha vivido de ello pero no lo ha sido. Es como si descubriéramos que el Capitán Trueno –cuyo creador también ha muerto este verano- en realidad estaba liado con Goliath y Sigrid negociaba con el cuerpecillo de Crispin.
La exposición, magnifica, sin peros. Ahora el Bosco es tan… Bosco. Carnes sobre carnes entrecruzadas, obscenidades entre lo sublime, la locura que no deja paso al orden, la orgía en realidad, orgía de carne y sexo pero también de sangre y dolor. ¿Cómo interpretar eso? Mi loquera, afirma que voy sembrando el desorden por que tengo un enorme caos en la cabeza. El jardín de las delicias es el caos en estado puro, sexo, sexualidad, erotismo, y si en lugar de cuerpos esquematizados como los que pinta el Bosco, fueran fotos, hablaríamos de pornografía.
Rodeando todo esto esos silencios repentinos de Madrid que parecen una ilusión. Un sueño.
Los leones y su circo, ahí siguen, dando por … nada cambia y cambia todo, para que nada cambie.
Una imagen de este verano, por que de este verano sólo guardaré una imagen, cinco de la tarde, césped, sol cayendo a mala leche, alcanzando los 44 a esa hora, un árbol da sombra a un trozo de hierba, en él una pareja. Parece un cuadro del XIX, una de esas cursiladas que a mí tanto me gustan. Ella está echada sobre la hierba y él con la espalda muy recta y en la posición del loto, tocaba la flauta. Yo lo veía desde la soleada acera dudando si llegaría a casa o me quedaría en el camino. Sí, claro que me monto novelas, pero esa pareja estaba ahí, serena, y , en ese momento, al margen de todo.
De este verano sólo guardaré una sensación: desconcierto. A un nivel muy profundo.
Menos mal que Julieta es la peli que representa a España en los oscar, alguna alegría tenía que llevarme ¿No?

4 comentarios:

  1. Tudirás que es poca cosa pero suena muy interesante. Quizá es por que lo cuentas muy bien.
    Un abrazo

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  2. Tú que me lees con buenos ojos. Gracias.

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  3. Coincido con Uno. Para mi estos días comienza un año nuevo, es cierto, una nueva vida también te diría. Tras cerca de treinta y cinco años retomo rutina de estudiante de sol a sol y deberes para casa. ¿Quien me lo iba a decir a estas edades? ¡Rajoy cuanto te quiero!. Un abrazo, amigo.

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