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martes, 20 de septiembre de 2011

Mi Pumby o La entrada más difícil

Portada de un Almanaque navideño de Pumby con muchos de sus personajes al fondo.
Para mi asombro esta es la entrada que más me está costando escribir desde que empecé en el bloguerío; y no deja de ser sorprendente pues es la que me lleva más lejos en mi infancia, quizás ese sea precisamente el problema. Mi infancia no son recuerdos de ningún patio de Sevilla sino un tiempo oscuro de dolor y frío, un tiempo en el que se me veía como igual a subnormal profundo, literalmente, en el que la diferencia, lo pondré en plural, diferencias eran demasiadas para ser toleradas. En realidad así ha sido siempre, pero entonces eso apaga las luces que iluminan las infancias recordadas por casi todos. Y luego estaba el dolor. En aquel panorama oscuro, casi mísero, deslavazado y sin sentido para mí, había puntos oscuros, concretados en días y en escenarios, pero también había puntos de luz que eran faro de la semana, por ejemplo: la visita semanal al quiosco. Eso supone que al tratar algún tema que tenga que ver con aquellos años se me levanten fantasmas, recuerdos y cicatrices. Por eso me está costando tanto esta entrada, en la que quisiera poner más cariño que en otras.

Los Almanaques de Navidad, Primavera o Verano eran entonces acontecimientos de primera índole para cualquier chaval.
Es curioso como alguien de quien no hemos visto jamás la cara, de quien sabemos apenas un nombre, puede marcar nuestra vida, sin quererlo, sin saberlo, sin pretenderlo. El día dos del pasado agosto moría José Sanchís a los 79 años y con él se va el creador que me hizo pasar algunos de los mejores ratos de mi primera infancia y cuyo rostro vi por primera vez ese día, cuando salió en la prensa con su necrológica. Pumby, su creación más importante, era un gato “de profesión: sus ratones”, vestía un pantalón rojo y un algo al cuello que parecía un cuello de camisa muy almidonado con un gran cascabel; tenía un amigo científico, el Profesor Chivete que era una especie de cabra, y una medio novia, Blanquita, que lucía los peinados a la moda, cardados. Pero, además, Pumby era un tebeo semanal.

Payasete y Fu-Chinin, inolvidables.
Al abrirlo a la izquierda estaban Payasete y Fu-chinin, a la derecha la aventura de Pumby. Esa era la visita obligada del domingo al quiosco a la que me refería,  mi padre por el Ya y yo por mi Pumby. En el interior había otros personajes como Plumita, Trompy, La alegre tripulación del barquito Cascarón, algunas historietas sueltas, y al final, en la tapa trasera Caperucita Encarnada, no creo que dejaran decir “roja” en una publicación infantil.

Plumita, un niño indio muy en la moda del western de la época pero en infantil
He de decir que a Pumby le debo lo que soy en un sentido estricto. A una historieta en concreto. En ella el gatito Pumby visitaba un museo y la Venus de Milo le pedía que fuera al monte Olimpo a buscar sus brazos, allí se iba encontrando con diversos personajes mitológicos entre los que recuerdo a Pandora, una gatita de melena como la de Conchita Bautista, cancan y tacones de aguja que con un silbido llamaba a Pegaso, se subían en él al ritmo de “Mi jaca, galopa y corta el viento”. Jamás había oído hablar del Monte Olimpo, la Venus de Milo o Pandora pero gracias a aquel tebeo me empezó a interesar la mitología, de la mitología pasé a la historia y, de ahí, al arte que es lo mío.

Caperucita Encarnada con su conejo, ni que decir tiene que el lobo siempre perdía.
Pero hay más. Mi infancia entera está repleta de referencias iconográficas a la labor de este hombre. De su obra en el “tebeo” llamado “Jaimito” quedan dos personajes para mí y para otros muchos de mi generación sin duda también inolvidables: el Capitán Mostachete y el Soldadito Pepe.
En "Jaimito" triunfaron el Capitán Mostachete y el Soldadito Pepe, ingenuos quizás pero parte de la formación estética y emocional de muchos de nosotros.
Lo cierto es que mi niñez no fue en absoluto idílica, más bien fue una larga pesadilla, y que no añoro nada de aquellos años infernales, es más, creo que en nuestro fuero interno todos vivimos la infancia como un caos de cosas, normas y órdenes que no acabamos de comprender y por tanto vamos a ciegas de castigo en regañina, de bofetada en silencio, y de caída en arañazo, lo que ocurre es que, desde lejos, lo vemos como el tiempo en que las decisiones las tomaban otros a quienes hoy podemos culpar de nuestros errores y fallos. No nos consideramos responsables de aquellos años, de ahí su idealización cómoda y acomodaticia.


Pumby cortejando a la manera clásica a Blanquita, cuyos peinados eran reflejo de la moda de la época.
Los grandes de Bruguera eran para niños un poco mayores, aún hoy esos niños que ya son abuelos siguen -seguimos- partiéndose de risa con Mortadelo y demás, pero para los pequeñines de entonces eran Jaimito y, sobre todo, Pumby. Mi Pumby. Llegaron otros tebeos, otras revistas, luego los libros, y más libros, y más aun. Hubo que hacer sitio y mi colección de Pumby tuvo que seguir el camino de la basura, yo ya era muy mayor para conservar esos tebeos que tanto espacio ocupaban, ya era un adulto. Hoy, me doy cuenta de que nunca se es adulto para de esas sonrisas arrancadas a una infancia triste. Hoy lamento más que nunca no haber intentado conservar mis Pumby, mi Pumby. Gracias por esas risas y estos recuerdos, sr. Sanchís.


5 comentarios:

  1. ¿Quieres creer que había olvidado a Pumby? Qué ingrato puede ser el ser humano.
    Cuando he leido el título de tu entrada he vuelto también a mi infancia lejos de cualquier patio de los Alba.
    Yo fuí un niño inconsciente y feliz, un niño con problemas de salud en los primeros años lo que me convirtió en un gran lector de cuentos y tebeos. Al no poder salir a la calle jugaba con Pumby, las hermanas Gilda, Zipy y Zape.
    Con la adolescencia me vino la consciencia de sopetón y se me acabó lo bueno por algún tiempo. Solo tuve que seguir los sabios consejos de Julieta Jones y salí adelante sin demasiados traumas.
    Todos tenemos, Joaquinito.

    Un abrazo

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  2. Qué entrada más bonita, me hizo sonreír mucho... mi niñez fue también oscura... violencia familiar, alcoholismo... también la recuerdo como una gran pesadilla, pero tengo también mis propios "Pumby", cosas que recuerdo con mucho cariño.

    Fui un niño muy extraño, leía demasiado (para decepción de mi padre que me soñaba futbolista) y no encajaba en ningún grupo social... creo q no he cambiado nada.

    Saludos querido amigo

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  3. Sí que es muy enternecedor todo esto que cuentas, muy bonito. Mi infancia objetivamente fue también en gran medida una pesadilla. Coincido con Carlobito en que padecí el alcoholismo de mi padre (que, afortunadamente, superó años después) y la consecuente violencia familiar. No sé cuántos niños han presenciado cómo intentan estrangular a su madre, o han sido envenenados con una tarta, o han recibido una paliza sólo por romper una maceta, al margen de los continuos insultos y vejaciones por parte de "compañeros" de colegio, enfermedades infantiles..., por contar sólo algún episodio. Pero, al margen de esto, en mis juegos, mis fantasías y en el universo interior que me creé para evadirme de todo aquello no dudo que fui inmensamente feliz. Y, hoy por hoy, el recuerdo de esa felicidad interior pesa más dentro de mí que todo lo demás. Y creo que todos los escritores y dibujantes de historietas merecen, sin duda, un lugar en el Olimpo por haber endulzado la infancia de tantos y tantos niños. El homenaje que has hecho a José Sanchís es bien merecido. Yo también le debo mucho a Enid Blyton, Julio Verne, Michael Ende..., y a tantos otros por ello. Es curioso cómo esta semana ambos hemos echado la vista hacia la infancia, aunque yo en plan de guasa, jeje. Un fuerte abrazo, cielín.

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  4. Cuando vi tu entrada no me lo podía creer, Pumby, era volver a la infancia, una infancia que mientras la viví creí feliz, luego pasaron los años y las verdades fueron saliendo a la luz, y mi vida no volvió a ser la misma. Pero guardo un excelente recuerdo de Pumby.

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  5. Hola, soy Joaquinitopez.
    Uno: tenemos una larga serie de paralelismos en nuestras vidas, como el de la infancia dominada por las enfermedades además de los escenarios que has ido detectando en mis relatos. La única diferencia esencial que veo es que yo siempre fui consciente de lo que pasaba en mí y a mí alrededor. Hoy por hoy sigue siendo uno de mis mayores problemas: me entero de todo por muchos esfuerzos que haga para evitarlo. Por cierto, olvidarte de Pumby no tiene perdón de Dios. Jejejeje. Un abrazo.
    Carlobito: gracias por tus palabras. Yo también leía muchos tebeos pero afortunadamente no decepcionaba a nadie con ello, al contrario. Tampoco encajé ni he encajado nunca en ningún grupo.
    Roberto T: jo…lin. Menos mal que tu mundo de evasión funcionó y se impone a tu realidad de entonces. Ninguno de esos autores forma parte de mí infancia y adolescencia pues yo pasé de los tebeos a García Lorca y Oscar Wilde sin transición alguna. Todo un salto.
    Pe-jota: Afortunadamente mientras la viviste la creiste feliz. La verdad nunca suele traer de bueno más que un suelo firme donde pisar aunque no sea tan idílico como creíamos.
    Un abrazo a todos y gracias por leerme.

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