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sábado, 23 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros, Almodóvar y otras hierbas (malas)

Ante todo, y a modo de confesión general en estos tiempos litúrgicos por excelencia, he de decir dos cosas: primera, que voy a escribir esta entrada a vuela tecla, o sea, sobre la marcha, cosa que rarísima vez hago; segunda, soy adicto a Pedroooooooo, desde Pepi. Pero adicto, adicto, adicto. Es más diría que soy Pedrodependiente. No puedo pasar más de un par de semanas sin mi dosis almodovariana. Digo yo que serán esa cuarta parte de mi sangre de la Mancha Profunda (Las Pedroñeras, capital del ajo, Villarrobledo y el Tomelloso), sin contar con que el otro cuarto es madrileño bonito, flor de verbena, lo que no deja de ser manchego. Eso sí, la mitad que queda: gallega. Por cierto, nací en el único punto que nunca dejó de ser españa desde la reconquista: La Isla del León. Vamos que, ante este pisto, con un apellido de judeoconverso y otro con cinco veces probada limpieza de sangre imaginaréis que las diferencias "autónomicas" o como decíamos antes en tiempos de menos sensibilidad, regionales, no me digan mucho. Pero, establecido mi mancheguismo de pro, volvamos a nuestro oscarizado director.
Pedro pertenece a ese grupo de gente que parte, sin querer, el mundo en dos: despierta los más acendrados odios y las más encendidas pasiones. No sé si él lo usa o no pero sí que sé que hay gente que provoca esas reacciones, yo mismo, cuando me dejo brillar, percibo esa división. Menos mal que brillo poco. Lo cierto y verdad es que Pedro hace que yo divida el mundo en dos: los que disfrutan de su obra y quienes la odian. Por sistema desconfío de estos últimos pues suele ser posición visceral, y si hasta John Ford -autor que no me gusta un pelo- hizo una película que me gusta -El hombre tranquilo- y que hasta el western tiene títulos "visibles" (concretamente tres) e incluso Garci tiene la misma historia, me parece que rechazar tan visceralmente la obra de Almodóvar responde más bien a una ideología que a una apreciación. Claro, luego me llevo chascos considerables.
En fin, hablemos de cine. Como era de esperar la crítica ha puesto de vuelta y media la nueva película del director. Hasta ahí nada nuevo, que yo recuerde nunca las primeras críticas a sus películas fueron buenas. Los cuchillos siempre listos para degollar se lanzan sobre ellas. Luego el público y sobre todo, la reacción en el extranjero va enmendando la plana a los críticos. Por una vez me adelanté a los críticos y fui a verla antes de haber leído ninguna crítica, con tan sólo la opinión de un amigo, bastante neutra, por otra parte. A los cinco días del estreno, para mí todo un record, ya estaba viéndola. Luego leí lo que ya sabía que iba a leer.
Bueno, tonterías se leen todos los días pero con tanta saña, pocas. En fin, centremonos en la peli. Sí, es una comedia, pero quien se empeña en decir que ha vuelto a sus orígenes, se engaña. La obra es una falsa comedia que te hace patinar por el resbaladizo mundo de Almodóvar, que crea en un universo paralelo, siempre, con sus autoreferencias y sus citas. Un mundo con una lógica propia que es, precisamente, la que la mitad del mundo no quiere ver y, que cosas, la que suele regir entre bambalinas este país. Normalmente la comedia tiene sus puntos fuertes, sus gags, y todo el mundo se ríe. El otro día en la sala cada uno se reía por libre, no se estaban usando teclas de humor fácil. Ojo, sí que hay sal gorda, pero no era eso precisamente lo que hacía reír. Ese es quizás el punto flaco de la peli: el vocabulario salpicado de palabros más bien soeces que, perfectamente, podían haberse reducido bastante. Claro que si algo tan sórdido como Torrente es admitido ¿por que no en una peli de Pedro?
Quizás sea la película con más pluma de la carrera de Almodóvar pero no creo que resulte excesiva en un entorno que lo asume directamente. Ya no es la trasgresión ochentera en la que todo estaba vedado y cada palabra que no estaba firmada poco menos que por Pemán era provocadora y sospechosa. Nosotros, los de los ochenta, ya no somos los mismos, y el director lo sabe. Tampoco lo es el país, ni los medios de que dispone. Por eso juega contigo, te hace dudar de qué estás viendo en realidad y no sabes si, en realidad, quieres saberlo. Por eso te deja vías de escape. Si te quieres quedar con la lectura del humor simplemente, vale, si quieres escandalizarte por el lenguaje, vale, si quieres verla como una obra menor, vale; claro que puedes verla de otro modo. Un modo incómodo, molesto como un moscardón tigre zumbando junto a tu oreja en una siesta de verano. Subversivamente violento. Puedes elegir.
Pedro juega como siempre con la mezcla de géneros, catástrofe, comedia del tipo Aterriza como puedas, melodrama colateral, comedia gay desmadrada, sátira más o menos soterrada y, dicen que, astracanada. Cuestionemos este término usado sobre la película concretamente "reune lo peor de la astracanada", si se quiere uno aferrar a superficializar la obra de Pedro, hay que conceder que tiene elementos coincidentes. Sin embargo, todo lo que Pedro ha hecho, desde el principio, encaja en lo que dijo Machado, "lo que no es tradición es plagio". La tradición cultural española está permanentemente presente en sus películas. Volver, por ejemplo, nos dice desde el primer momento con el nombre de la protragonista cual es su referencia inmediata: la Malquerida. Todo sobre mi madre, encaja perfectamente con la tradición de la maternidad estéril y así nos lo deja ver en la escena en que Marisa Paredes ensaya Bodas de sangre. Incluso ese poner en solfa permanentemente aspectos de esta sociedad también responden a una tradición crítica. Pero por encima de todo la tradición que más marca la obra del director es la del esperpento de Quevedo a Valle. Claro, a nadie le gusta mirarse en un espejo, y menos a una sociedad y menos aún si ese espejo es uno de los del Callejón del gato, deformantes.
Me parece que esta entrada va siendo demasiado larguilla, así que si me permitís, volvere a Los amantes pasajeros en la próxima.

3 comentarios:

  1. Yo soy de los que aman el cine de Almodobar asi que te agradezco que me dejes una puerta abierta, habia llegado a quitarme las ganas de verla tanta mala baba como he oido por ahi. Pero es lo que tu dices, ¿cuando no ha pasado eso en los primeros dias de una peli de Pedro?. Mi sangre manchega me llevara a verla. Abrazos.

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    1. Cuando fui me dijeron: no esperes más que pasar un buen rato.
      Bueno, de acuerdo, pero no fue exactamente sólo eso. Ya me contarás. Atención a la escena del ¿aterrizaje?
      Un abrazo

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  2. Produce un efecto interesante esto de leerte al revés, eso pasa por ir a mi ritmo.

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