Páginas vistas en total

sábado, 6 de abril de 2013

Gracias, Grecia.

La pintura que inicia esta entrada representa a "Polites contemplando los movimientos de los griegos" de Hyppolite Flandrin, famoso como creador de uno de los actuales iconos gay, aun no sé por que, "Hombre joven". Polites es uno de los muchos hijos de Príamo y Hecuba, reyes de Troya. Vemos a un hombre demasiado joven para entrar en combate sabiéndose condenado ante la inminencia del desastre. El aire trágico es, para mí, evidente.
De muy jovencito, mientras los chicos de mi edad se rompían las espinillas con el fútbol y demás, yo me perdia leyendo sobre mitologia y sobre la antigua Grecia. Así que para mí Héctor, Dafne, Zeus, Aquiles y demás son como de la familia, sus nombres, sus hazañas eran parte de la familia o casi y, desde luego, a menudo más cercanos que la familia real. Sin embargo, era demasiado joven o demasiado tonto para enfrentarme a la lectura de Homero, aunque lo intenté repetidamente desde los trece años, fracasando estrepitosamente una y otra vez (lo mismo me ha pasado con Proust). La trayectoria personal a la que cada uno está codenado con el pathos griego tan propio de la tragedia y tan inevitable que hace buena, una vez más, la cultura que lo creó, me llevó por otros derroteros profesionales. Nada hay más lejano a la Antigua Grecia que el Japón tradicional (¿o no tanto?) y como me perdí en él durante muchos años mi viejo hogar mental a la sombra del Olimpo quedó abandonado llenándose de telarañas y empezando a desdibujarse.
Existe la depresión postparto y quien me dirigió la tesis me advirtió que existe la depresión  post-tesis, vamos que después de años volcándote en un sólo tema, día y noche, cuando acabas estás "como vaca sin cencerro". No me lo creí pero es rigurosamente cierto, o lo era. Ahora ya no sé si con las nuevas maneras de entender y aplicar la educación y la cultura todo eso importa a alguien. El caso es naufragaba en ella cuando, haciendo limpieza de mi biblioteca, abrí un viejo libro ilustrado y me encontré con mis viejos amigos, discobolos, doríforos, kouros y demás. Fue como el retorno de Ulises a Itaca. Como encontrar un abrigo de humanidad, de calor, cuando se ha atravesado una estepa en medio de la ventisca. Una experiencia difícil de contar y no sé si de entender pero muy intensa.
Hete aquí que ahora, por causas que no vienen a cuento, he de volver a sistematizar mis conocimientos sobre la Antigua Grecia y, echándole valor, he retomado mi batalla con Homero, con La Ilíada precisamente.
Estoy sobrecogido, esa es la palabra. Hay en esa obra como diría el zorrillesco D. Juan, un "no sé qué de grande que me espanta". Echando cuentas nos encontramos ante un texto de hace unos tres mil doscientos años y, sin embargo, en medio de las formas arcaicas, duras de leer, ajenas, Homero da un salto de tres mil años y se nos pone delante, en medio, y no puedes evitar tropezarte con él. Aquel hombre supo extraer de la humanidad que conocía, de la naturaleza que conocía lo que en ella había de permanente, lo que aun hoy tenemos todos dentro y lo reconocemos en sus palabras. Cuando en medio de una batalla farragosa, larga, cruel en sus descripciones, nos encontramos con esa realidad es como un calambrazo en el alma. Tres mil doscientos años después quien que haya cumplido cierta edad no se reconocería en esta frase "Así era yo, si es que entonces yo era". Tres mil doscientos años después todavía la hombría de bien de Héctor permanece, el dolor de Príamo, la arrogancia trágica de Aquiles, la chulería de Agamenon, la zozobra de Helena, y hasta las argucias domésticas de Hera para engañar a Zeus y las broncas de ambos, permanecen. ¿Que va a quedar de nuestra cultura dentro de tres mil doscientos años? Seguramente nada pero, si la humanidad logra sobrevivirse a sí misma, seguramente seguirán los héroes de Homero perturbando a quienes a ellos se acerquen.
Nada que ver aquello con la Grecia actual, piensa uno, convencido. Han sido demasiadas tragedias y catástrofes, demasiadas guerras y saqueos para que algo tan grandioso quede indemne. Hoy, piensa uno, Grecia no es sino un país arruinado más, un país mal gestionado más. Y uno se equivoca.
En cierta isla en la que, como en tantos puntos de la Europa secuestrada por Walkirias y demás, se está pasando hambre, isla griega, por supuesto, se presentó Aurora Dorada, el partido ultra, repartiendo alimentos pero "sólo para helenos" (pureza racial ¡en Grecia que ha sido invadida miles de veces!) y las gentes de la isla, en medio de su necesidad, levantaron la cabeza y dijeron "No, gracias". No he recogido la noticia y bien que lo siento pero fue publicada en EL PAIS hace un par de días.
Gracias, Grecia, por Homero, por Héctor y por que en medio de tu catástrofe, en medio de quienes manipulan y hunden, en medio de quienes caen convencidos por la necesidad del mendrugo de pan todavía nos demostráis que la sangre de Héctor sigue viva y con ella, a pesar de los esfuerzos de la mayoría, la única esperanza de dignidad de la especie. Gracias, Grecia.

8 comentarios:

  1. Preciosas reflexiones las que nos ofreces en esta entrada Joaquin. Pese a la tormenta perfecta en que estamos sumidos desde hace tanto ya, siempre brillara un faro en una isla griega hacia el que podamos dirigir la mirada. Buen fin de semana, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre es unn foco de calor humano aunque sea sólo por su estética, que también es su gran peligro.
      Muchas gracias y un abrazo

      Eliminar
  2. Muy interesante este viaje al espíritu helénico desde la introspección. Yo creo que la fulgurante llama de la razón y el humanismo aún hoy sigue tan viva como en la Antigua Grecia, aunque no pocos son los enemigos que intentan que volvamos a la barbarie, y quizás los mismos que en aquellos tiempos. Te confieso que he intentado leer la Ilíada varias veces infructuosamente, me resulta una obra compleja, no me es fácil de leer. Tendría que hacer un esfuerzo para leérmela de un tirón, porque como la deje a medio, ya me puede la pereza. Por otra parte, me parece preocupante que todas la reformas educativas que se han ido sucediendo en los últimos tiempos han ido restando importancia a la Filosofía, a las lenguas clásicas, al Arte..., a todo eso que nos hace pensar y nos humaniza, y en favor de la tecnología y los intereses del mercado, para convertirnos a todos en borregos. No obstante, en los mitos griegos siempre aparecía un Odiseo o una Ariadna que con su inteligencia fueron capaces de vencer la monstruosidad. Ahí deposito mis esperanzas. Un fuerte abrazo, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Curiosamente me estoy leyendo la Iliada a tragos cortos y espaciados. Sé que no es la mejor manera pero me va funcionando, echándole tiempo, claro.
      El humanismo se basa en formar al individuo para que tenga la capacidad de pensar, elegir y crear. Justo lo que ningún poder quiere ni ha querido nunca, la única diferencia es que parece que ahora se están saliendo con la suya.
      Un abrazo

      Eliminar
  3. Europa nació a las orillas del Mediterráneo, Europa es ante todo mediterránea, y eso es algo que las tribus bárbaras no soportan. Pero Europa será mediterránea o no será, será otra cosa, pero no Europa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sólo es cierto sino que si estuvieras aquí te plantaba dos besos. Así es y así sera. Estamos en manos de los bárbaros del norte y de sus criterios mecanicistas, por llamarlos así.
      Gracias por dejarlo tan claro y un abrazo.

      Eliminar
  4. Mi acercamiento a la mitología griega, debo confesar, tuvo un primer interés erótico. Raptos, violaciones, incestos me interesaban bastante mas que "Los cipreses creen en Dios" por poner un ejemplo de las alternativas que teníamos. Es solo una anécdota, me ha encantado este viaje a Grecia que nos regalas. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Gracias por tus palabras y he de confesar que el puntito erótico festivo sigue teniendo un tirón para mí. En cuanto a las alternativas, en fin, siempre nos quedaban los Episodios Nacionales.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar