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miércoles, 28 de octubre de 2015

¡Se aclaren, coño!

A ver su no pierdo los nervios que en este tema como diría Maria Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios "eztoy mu cencible, Pepa". Analicemos seriamente antes de organizar batallones de fusilamientos. Quede claro que no como carne, salvo pollo, "!jamón" de york, pechugas de pavo desgrasadas y bajas en sal. Podría comer conejo pero un día miré a los ojos a uno y va a ser que no. Es la ventaja de los pollos no se les pueden ver los dos ojos de frente. Es más cuando podía comer carne lo hacía poco, no soy carnívoro pero es que la cosa ya está empezando a tocar los destos al mismisimo Galeno. Coñoya.
A ver: la carne roja, dicen ahora, que produce cáncer, pero sin embargo es necesaria por las proteinas y lo digo por que lo que lleve de carne el "jamón de york" o las pechugas de pavo es lo mismo que tengo yo de sumo sacerdote azteca o mohicano.
El pescado blanco: no engorda -si es a la plancha, claro- pero tampoco produce el puñetero omega 3
El pescado azul al igual que los frutos secos engordan una barbaridad pero aportan otra barbaridad de omega 3 también conicido como HDL.
La sal: yuyu total pero su ausencia total provoca meones sin cuento, tengo una experiencia familiar al respecto.
El aceite ha de ser de oliva pero hace veiticinco o treinta años era puro veneno para el corazón y los pobres pacientes tenían que comerse sus berzas cocidas con algo de pescado blanco sin sal y con esa cosa llamada aceite de girasol o de lo que fuera.
El pan está erradicado de cualquier dieta por que no sé que leches dicen que hacen con los alimentos pero es antidepresivo.
Lo mismo del chocolate.
Las berzas y las frutas son sanísimas pero cuidado, o padeces el mal del siglo del estreñimiento o te andas de ..... cada media hora. Además es curioso que los animales más grandes (obesos) del mundo sean herbivoros.
Los dulces: anatema puro, malos para todo, pero el cerebro para funcionar necesita glucosa, que quizás nos pasemos, de acuerdo, pero la necesita.
El arroz estriñe y encima dicen que si no es integral no contiene alimento.
Ah, para el corazón hay que adelgazar, no importa cuanto se pese, y comer pescado azul y frutos secos. Olé mi niño.
Las patatas cocidas o asadas sin sal por supuesto. Claro que también engordan y eso es malísimo para la artrosis.
El pollo está cuajadito de hormonas y antibioticos para ponerlos gordos pero que hacen que esos antibioticos no tengan ya efecto en nuestro organismo. Sin contar con lo de la gripe aviar.
Hay que hacer mucho ejercicio ... hasta que los meniscos, los tendones o los cartílagos te impiden hacerlo por exceso de uso, solución. Ejercicio y berzas sin sal, por supuesto,
Por cierto: el repollo, la lombarda y la coliflor entre otras delicias producen flatos varios. En general la dieta a más vegetal más gaseosa y peor oliente, así como quien no quiere la cosa.
Antes el sonido de los patios a la hora de la cena era el batir de huevos para la tortilla a la francesa. Ahora, dos por semana y.... gracias. Eso sí pierdes su aporte de proteinas.
Tengo una amiga que lleva como cincuenta años a dieta y desde no cogerle el tinte en el pelo por falta de nutrientes a tener que darle proteinas por que ya su cuerpo no las recoge como alimento a falta de todo eso, junto con un exceso de ejercició y la eliminación del pescado azul por las gorduras lo que dañó aún más los cartílagos. Está doblada de dolores y ya no se vale por sí misma.
Conozco casos de que las dietas han llevado a perder la cabeza literalmente .-metafóricamente ya ni os cuento-. Y a eso parece encaminarse cada investigación: a volvernos locos.
Aparte, sñores -por llamarles algo- de la OMS de los claros o no tan claros intereses que rigen sus informes, ¿nos pueden decir algo que podamos comer sin riesgo?
Llevo desde los 17 años a dieta adelgazante, jejejeje, pues desde el infatto tengo que comer justo lo que tenía prohibido. Comprenderéis estoy hasta .... y más arriba de tanta amenaza, tanta prohibición y tanta mierda empaquetada en consejos para mejorar la salud. VAYANSE A FREIR ESPÁRRAGOS, SRES., AUNQUE LES PRODUZCAN CÁLCULOS RENALES, según ustedes, claro.
Sólo he oído una opinión médica sensata sobre alimentación. Acababa de sobrevivr a mi segundo infarto en tres meses y el cardiólogo me dijo "no seas un taliban de la comida".
En fin que me tienen harto, mucho más de lo que podáis imaginar. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Des segundas (2)



Le salió buena, la jodía, parecía estar en todas partes a la vez, incansable y con sal suficiente para dar la respuesta justa y simpática haciendo reír al cliente, pero sin que a nadie “se olvidara” de pagar. Se acabó fiar y hacer la vista gorda si un queso llegaba en no tan perfectas condiciones: “ni una deuda por cobrar ni una trampa por pagar” parecía ser su lema. Apenas sabía las cuatro reglas pero en poco tiempo aprendió lo suficiente como para hacerse cargo de las cuentas. Rogelio veía su trabajo reducido a la barra y a dar palique al parroquiano para que acabara pidiendo otro vino, vamos un cruce entre relaciones públicas, camarero y  chico de alterne. Por si todo esto fuera poco le salió buena guisandera y antes del año no había celebración que no fuera en torno a su paella o su cordero asado, bien en el local, bien llevándoselos a casa. Desde luego había acertado cambiando de mula pensaba cuando miraba la cartilla crecer y crecer, hubiera sido perfecto si no fuera por la cama. El cuerpo cada vez más rollizo y sonrosado le provocaba de un modo incomprensible pero por más que hacía no dejaba de ser hacerlo con una vaca muerta. Aquello resultó ser el único motivo de discusión entre ellos pero cuando él levantó la mano para “enseñarla a ser una hembra como Dios manda”, se encontró con un cuchillo jamonero en la tripa y la misma mirada de vaca muerta o, lo que venía a ser lo mismo, que le daba igual clavárselo que no hacerlo. No hubo palabras pero el Rogelio ya supo a qué atenerse y si hubiera tenido los “cojones” de los que tanto presumía habría reconocido que cogió miedo a su mujer. El caso es que dejó las cosas como estaban –al fin y al cabo siempre se dejaba- y ella también.
Fue Luisa quien se dio cuenta de que el pueblo se les quedaba pequeño, no por que pretendiese ampliar el negocio sino por qué, uno a uno, sus habitantes iban dejando el lugar. De hecho, hoy, casi cincuenta años después, sólo quedan allí Ramón el del Molino con sus cabras y Rosa, amojamada, seca y sumida en un silencio hostil.
Quizás fuera el nacimiento del chico al que bautizaron como Jesús lo que decidió a Luisa a lo que él nunca se hubiera atrevido: trasladarse a Madrid. A esas alturas Rogelio ya había aprendido que ella tenía mejor ojo para ganar dinero y, pese a no serle plato de buen gusto, vendieron cuanto tenían, incluso las pocas tierras que habían heredado aunque nada les producían y se plantaron en la ciudad. Se instalaron en uno de tantos barrios nacientes donde Luisa –y el propio Rogelio, aunque ahora lo niegue- creyeron ver un futuro de urbanizaciones de calles anchas, plazas ajardinadas, clase media solvente y capaz de apreciar la buena cocina tradicional y contundente de Luisa, pero, por primera vez, se equivocó y aquel barrio quedó olvidado, los edificios se construyeron sin orden, sin calles, sin plazas. Montones de ladrillos con cuatro ventanas eran considerados bloques de viviendas y entre ellos un lodazal sin alumbrado y, a veces, sin alcantarillado. Sus habitantes fueron obreros que bailaban al compás de un par de fábricas que por allí había, la plaza a la que se suponía que iba a dar la fachada del bar y las ventanas de su casa –justo encima- acabó siendo un callejón retorcido y oscuro al que sólo podían sacar cuatro mesas en la fresca del verano. El sueño de un local elegante y hasta unos salones para bodas, bautizos y demás se quedó en un tascucio que servía algunas comidas a los trabajadores de los garajes y bancos cercanos. Los fines de semana era una más de las paradas de los aperitivos gracias a las croquetas de Luisa y a hacer la vista gorda con ciertos trapicheos menores a la puerta. Rogelio a la barra y Luisa eternamente encerrada en la cocina. Tan sólo cerraban una semana en agosto para ir, como todos los exilados del pueblo, a celebrar la fiesta de la Virgen. Para lucir “en feria” como decían todavía, ella se compraba buena ropa, o algo que lo pareciera, zapatos, bolsos, alguna joya y hasta perfumes, se maquillaba cuidadosamente pero nada podía ocultar el progresivo embrutecimiento cerril de sus ojos, las rojeces de sus manos ni el rictus iracundo de su boca. Uno de sus pocos atractivos de moza habían sido sus más que bien colocadas y más que abundantes curvas. Ahora, sin cumplir los treinta y cinco, tenía un cuerpo casi amorfo, obeso, ajado y deformado por el trabajo constante. Era en suma todo cuanto su marido quería de una esposa. Lo que nunca se le pasó por la cabeza es lo que quería su mujer de él, lo que, a fuer de ser sinceros, no requería ni mucha imaginación ni mucho esfuerzo por su parte: nada; o, por mejor decir, una sola cosa. Que la dejara en paz. Incluso le era indiferente que la tomara cuándo, cómo y por dónde se le antojara, hasta ese gusto por exhibirse desnudo delante de ella ni siquiera le molestaba, sólo le parecía ridículo. Nunca había sentido deseo –y si lo tuvo no fue hacía él, desde luego- y a esas alturas lo único que le preocupaba del tema cama era no preñarse.
La semana de Feria era para ella por un lado un orgulloso exhibicionismo de una situación económica que no tenía y de un matrimonio feliz, y, por otro, un esfuerzo enorme por moverse: que si la Romería, que si los paseos rodeando la plaza una y otra vez con la fresca, que si bajar a la verbena al chico, que si las ineludibles visitas suponían un sacrificio gigantesco para esa mole incansable, sí, pero inmóvil. Encaramada en unos tacones, endomingada, del brazo de Rogelio y con la máscara de una dulce sonrisa vivía aquel martirio de modo que resultaba irreconocible incluso para el pequeño Jesús. Pero había aun algo infinitamente peor para ella y no era otra cosa que la arrogancia de su marido convidando a unos y otros, presumiendo de un dinero que parecían arrancarle de su propia piel sonrosada. Ocasiones hubo en que la ira fue tan violenta que llegó a sentirse enferma de veras. Rogelio por su parte gastaba sin tasa, desde luego para fanfarronear de haber triunfado pero no menos para sentir que gastaba el dinero que había ganado su mujer y la idea le halagaba mucho más que las miradas codiciosas, o eso creía él. Pasados los treinta tenía mejor aspecto que nunca, fibrado, esbelto y con unas canas que no hacían sino mejorarle, lo sabía y gustaba de ser visto, y ¿por qué no? Admirado.
El pueblo entretanto seguía desangrándose poco a poco. Los viejos se iban muriendo y pocos eran los jóvenes y ya no tan jóvenes que no pensaban en hacerlo en un futuro más o menos inmediato. La Antonia se largó de un día para otro y, dicen, que se casó con un capitán de caballería en Madrid y que la tiene como una reina con coche y todo. Rosa en cambio había decidido quedarse con los padres por la mejora y la Isa por fin se casó con Elías el Rubio en boda de sonada aunque de menos tronío que la suya. A nadie sorprendió pues el Rubio había sido el fijo de los chicos que anduvieron con la Isa. No tardaron en marcharse a Madrid donde Elías había encontrado una portería en el barrio Salamanca . Sí, todos iban yéndose hasta que un año no se celebró la feria y ya sólo se volvía para los entierros. Desapareció la talla de la Virgen y parte de la iglesia se vino abajo, como más de una y de dos casas. Una lenta agonía que nada tenía que ver con el torbellino vital de la ciudad. Jesús crecía, el trajín del bar que aturdía el pensamiento, la Isa parió un chico, las cuentas cada vez más ajustadas, las visitas al burdel de enfrente, los primeros y escasísimos clientes extranjeros, guineanos para ser más exactos, negros sin más para Rogelio, la Isa parió otro crío, murió la Sra. Petra y cada noche como si los años no pasaran por él, presa del deseo sin cariño hacia esas carnes pálidas se lanzaba sobre ellas todavía buscando algún resorte que provocara alguna reacción; en vano. Ni siquiera se negaba nunca, ni se resistía a ninguna práctica por extravagante que fuera, seguía siendo una vaca muerta y, lo reconociera o no, aquello era una humillación diaria para su hombría. Cuando comenzó a visitar sin recato El gallo de oro esperaba que su mujer montara en cólera pero no lo hizo, ni cuando se metía en el almacén con alguna clienta caliente, fácil y medio borracha. Nunca cruzaron una palabra sobre el tema, lo cierto es que apenas hablaban lo mínimo y por cosas del bar o de las cuentas. Hacía años que habían dejado de hablarse y ni siquiera se habían dado cuenta.

sábado, 10 de octubre de 2015

De segundas (1)




Al Rogelio le gustaba La Rosa, a la Rosa le gustaba el Rogelio y a la Sra. Petra también le gustaba para yerno, tan mozo y ya con negocio propio, sí, era un bar de pueblo pero estaba segura de que subiría y ya veía a su Rosa de señorona con coche a la puerta. Por eso hacía la vista gorda y les iba dejando hacer.
Si, al Rogelio le gustaba la Rosa, pero era una melindres con aspecto de señorita, manos finas y pocas salud y fuerza. Eso sí, en las eras o la cama era una puta fina, joder,  ni pagando se podía hacer lo que ella permitía: una verdadera guarra sólo para él, se sobra sabía él lo que se encontró y que ni miraba a otro mozo. Sin embargo, le convenía una mujer trabajadora, fuerte y sin miedo a romperse las uñas, como la Luisa, la hermana de Rosa, o la otra hermana, la Isa, que era la pequeña y ya andaba predicada por las tabernas y los rosarios. Así que habló cuatro días con la Luisa y la pidió para casar en poco más de mes y medio.
Luego se dijo lo que se dijo, que si mucha prisa era esa, que si la Rosa había ido o no a casa de la Antonia una madrugada, murmuraciones de desocupados. Ocupado sí que estuvo Rogelio preñando a toda prisa a la Luisa para asegurarla y evitarse sorpresas, cierto es que ella no se resistió mucho a las ansiosas solicitudes pero no lo es menos que tirársela era como follar a una vaca muerta, todo quejas y pudores, “menos mal que a los veinticinco uno la mete en cualquier cosa que se deje. De momento, preñarla; luego a trabajar y ya le quitaré a guantazos esos resabios de novicia”, se decía mientras alimentaba el capricho de completar el trío tirándose al menos una vez a la Isa.
Lo de si la Rosa fue o no a casa la Antonia le traía sin cuidado. La casa estaba en un callejón retorcido y solitario, cualquiera ver o inventar lo que le viniera en gana. Era la Antonia buena moza, esbelta y alta con el pelo color estropajo, hija de la Tía Frasca y de un rojo fusilado cuando el movimiento, con fama ambas de adivinas, curadoras de males de ojo, yerberas, remiendavirgos, y emplastos, echadoras de cartas, espiritistas y parteras. Decían que había noches en que de su casa salían lamentos de ultratumba y que en luna llena salían al campo para invocar a Satanás. Es resumidas cuentas, que cuando una moza iba de noche a la casucha del callejón entraba con un problema y la color sonrosadas y salía sin el problema y con cara de muerta.
Fue bodorrio sonado, de los de cinco días que la Sra Petra quería lucir tronío y su marido negociar la compra de unas viñas. Desde los siete metros de cola del vestido hasta el último paño higiénico con la L bordada fue exhibido, elogiado y envidiado hasta la saciedad. Hubo comilonas, juergas, borracheras que podemos imaginar sin esfuerzo y bastantes más historias que no nos incumben. Fue en la sobremesa del tercer día, un mediodía abrasador de mayo, tras una monumental comida en la que la Luisa lució un soberbio aderezo de azabaches y mantón de manila envolviendo su redondeada figura, cuando la Isa dijo que iba a echar una cabezada sestera. Desde donde estaba el feliz novio pudo oír el campanilleo de sus tacones subir a su alcoba seguido de los pasos pesados y cautelosos de un hombre y, segundos después, de otro, más ligeros y apresurados. La Luisa había caído en el corro de viejas enlutadas que le prodigaban consejos sobre la vida conyugal, tardaría en salir del cerco, así que él se escabulló sin demasiado sigilo.
Al abrir la puerta de la alcoba de la Isa la encontró desnuda entre los brazos de dos hombres cuyas ropas aparecían sembradas por el suelo. Vidriados y viciosos, los ojos de su cuñada menor se clavaron en él. Estaba claro que no estorbaba. Uno tras otro, Elías el Rubio,  Ramón el del Molino y él entraron y salieron de su cuerpo a placer ahogando gemidos y mordiendo la almohada para acallar gritos de gozo. Hubiera preferido estrenarla como a sus hermanas pero ya que no podía ser se revolcó en aquel magma de carne y fluidos sin cuestionar nada. Vaciado ya, se vistió tranquilamente y salió de la alcoba mientras el Rubio cabalgaba agónicamente ese cuerpo insaciable y Ramón sobaba las blancas nalgas del hombre. Se reincorporó a la fiesta encendiendo un gran habano y deleitándose con la idea de que las tres hijas de la familia ya estaban herradas por él, y la Sra. Petra todavía estaba de buen ver.
Al quinto día de la celebración a la Luisa le bajó la regla y lo que era un embarazo pasó a ser un retraso. Por lo visto, no sólo él quería asegurar y apresurar esa boda.

domingo, 4 de octubre de 2015

Octubre


 Theodore (Theo) Wilhelmus Nieuwenhuis (26 de abril de 1866- 5 de diciembre de 1951) era un artista holandés que destacó como diseñador sobre todo. Son evidentes las influencias del cambio de siglo y de la modernidad de las vanguardias. No es mi favorito pero para variar en los almanaques con que inauguramos mes en este blog es perfecto. 

Bueno, pues ha llegado octubre y sin vender una escoba, a ver si por Hallowen. 
Sabéis que he procurado no hablar de temas candentes durante todo el proceso de elecciones plebiscitarias o no en Cataluña pero soy capricornio, o sea, pesado o constante, según se quiera ver. Hubo unas declaraciones hace unas semanas del ministro de Exteriores que, sinceramente me sentaron como una patada en los mismísimos. Hablo de catalanizar España y valencianizarla. En otras palabras que el resto del país es, somos, gente de segunda fila. Ni soy patriorero ni localista, ni mucho menos nacionalista de ninguna nación pero Sr. Ministro como madrileño nacido en Andalucía, de padre gallego y madre madrileña y abuelos manchegos no siento que tenga que bajar la mirada ante las pretendidas virtudes de ninguna de las autonomías que menciona usted ni de las que no menciona y esa idea de ponernos a todos a seguir un par de modelos, a uno de los cuales parece que quisiera usted hacerle la pelota y al otro por ser uno de sus feudos, es casi casi una bofetada. Está claro que ni a usted ni a ninguno de su partido les debe parecer muy mal eso de abofetear a los votantes bobalicones, como a tal nos tratan, pero quizás alguien debería enseñar en todas esas universidades privadas en las que se educan los ministros del mundo, algunos con fondos públicos, el arte de medir las palabras. Esa frase dicha en una corrala madrileña encaja por que la verdulera que la soltara se encontraría con otra que le responderia a su mismo nivel, no con un compi que la pasa por alto y hace que la pasen por alto los medios. 
Octubre es un mes en teoría apacible, de lluvias suaves, de temperaturas suaves, de grises suaves. De vuelta ya a todas las rutinas y, en cierto sentido, de inicio de nuevos proyectos, no al nivel de septiembre o fin de año, pero sí más realistas, más de día a día. Sin embargo, este año el Sr. Rajoy, que mira que por más que hace no loga caerme mal personalmente, se ha cargado, también el mes de octubre y de paso la Navidad poniéndonos las elecciones más delicadas desde el referendum del 78 nada menos que el día 20 de Diciembre. No vamos a saber si las burbujas de Freixenet hacen propaganda electoral o felicitan las fiestas, alguno habrá que se líe y en el sobre del voto meta una tarjeta de felicitación y felicite a un familar con un voto de Podemos. A mí que lo que más me gusta del día 22 es que en los informativos no se habla de política me van a llenar éstos de conjeturas y componendas. No quiero ni pensar el follón que tendrá el pobre Felipe VI -que menudo pastel le dejó papá- a la hora de plantear el discurso de Nochebuena y mucho menos esas entrañables cenas navideñas que acaban a puñaladas que este año acabarán con lanzallamas. Eso no se hace, Sr. Rajoy, hombre, respete usted el turrón, que al fin y al cabo es una de las grandes industrias de ese feudo suyo, tan suyo que va a ser necesario un Cid Campeador para que lo suelten. Ahora a ver por donde sale la Carmena con la Navidad que miedo me da.
Habréis observado que este mes he subido menos entradas. En realidad es que ha sido un mes un tanto tonto para mí, pendiente de mil problemas nimios pero que te ocupan la mente y ahuyentan la musa.Además creo que he de dar un giro y ampliar este blog.