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miércoles, 11 de agosto de 2010

Lunares blancos

Tenía los ojos verdes y un lejano parecido a Enma Cohen en cutre. Se comía las uñas, caminaba como un percherón y llevaba un chubasquero rojo con lunares blancos. Morena de pelo y blanca de piel, hacía régimen pero se zampaba cada bollo en la cafetería de la facultad que ya quisiera yo –ya por entonces con el cuentacalorías en marcha-. Tenía los ojos verdes y la mirada perdida, el óvalo perfecto y los pechos pequeños -Jardiel diría que como “granadas de mano”-, llevaba las camisas de su hermano mayor que le quedaban enormes y zapatillas de deporte aunque no hacía ninguno. En Eurovisión aquel año nos representaba José Vélez con “Voulez vous avec moi” y ella tenía la cabeza de un busto renacentista. Se sentaba a mi lado, cada día, con sus camisas grandes y su bolso inmenso. Tenía los ojos verdes y oscuros. Una tarde llevó tacones y se iba agarrando a las paredes, no la reconocí y casi la trato de usted. Un día dejó de sentarse a mi lado, luego cambiamos de turno, ella por la mañana, yo por la noche. Acabamos la carrera, ella antes que yo, y la perdí de vista. Pasaron unos pocos años y me encontré con ella de dependienta en una librería. Seguía teniendo los ojos verdes y seguía comiéndose las uñas. Siguieron pasando los años –los años es lo que tienen, que no se cansan de pasar- y en la calle del Arenal yo bajaba, ella subía, la vi de lejos, ella también me vio. Tenía los ojos verdes y se cruzó de acera. Uno es un macho, mantuve la sonrisa y seguí calle abajo. Ella trabajaba calle arriba en una célebre institución donde todos los que estudiamos lo nuestro querríamos hacerlo. Congelé mi sonrisa y vi de reojo que seguía comiéndose las uñas y que seguía teniendo aspecto de dama florentina. Los pesaos de los años siguieron pasando y ya teníamos la friolera de treinta y… Volví a la librería y no pude evitar preguntar por ella así, a lo tonto, se había casado con un catalán y hacía poco que había tenido un niño. Algo se había cerrado en mi vida. Tenía los ojos verdes y yo me sentí aliviado.
Mira por donde tenía que llegar LA RED. El primer día, solo e iluminado apenas por el flexo, estando ya mi casa sosegada, en esas primeras horas de la madrugada tecleé su nombre. El primero que escribí en el nuevo mundo. Había desplegado sus bellas alas de mariposa y había volado alto, un buen puesto académico. No me alegré –soy un poco cabroncete- pero tampoco lo lamente; descubrí que, a pesar mío, a pesar de los esfuerzos por convertir aquel desastre en una historia romántica, a pesar de mis intentos de hacer una película de Meryl Streep y Al Pacino, a pesar del dolor, a pesar de todo eso me daba igual, absolutamente igual. O quizás no. Sólo años después cuando hice terapia conseguí no pensar en ella –sus ojos verdes, sus uñas comidas, sus andares de percherón, su mirada perdida, sus pechos menudos, sus lunares blancos y sus camisas grandes- con rencor todos los días.
Hoy me he puesto nostálgico. Vintage que se dice ahora y quedas como un señor (pedante pero como moderno y como se decía en aquellos tiempos del cuplé “chic”) y me he dedicado a recorrer viejas canciones. Leonardo Favio es de cuando yo tenía seis o siete añitos pero describe un encuentro semejante al último con la chica de los ojos verdes que subía la calle del Arenal por la misma acera que yo la bajaba y cruzó la calle a la altura de San Ginés. El caso es que ella no fue mía ni un verano quizás ese sea mi verano pendiente como las asignaturas que se quedan para septiembre.
Pondría el vídeo pero no sé hacerlo así que pongo la letra:
HABLADO: Hoy la vi, fue casualidad,
CANTADO: yo estaba en el bar,
me miro al pasar
yo le sonrei
y le quise hablar
me pidió que no ,
que otra vez será,
que otra vez será,
que otra vez será,
tierno amanecer,
sé que nunca más.
Como olvidar tu pelo,
como olvidar tu aroma,
si aun navega en mis labios,
el sabor de tu boca,
cada piba que pase
con un libro en la mano
me traerá tu nombre
como en aquel verano.
Fuiste mía un verano
solamente un verano
yo no olvido la playa
ni aquel viejo café
ni aquel pájaro herido
que entibiaste en tus manos
ni tu voz ni tus pasos
se alejaran de mí.
Que otra vez será,
que otra vez será,
tierno amanecer,
sé que nunca más.
Se titula “Fuiste mía un verano”, por si queréis buscarla.

6 comentarios:

  1. Conozco muy bien la canción. Y no es una metáfora que yo no he tenido nada con ojos verdes. Me refiero a la de Flavio.
    Un amigo mío sufría el escarnio de sus hermanas que le pillaron una carta de un novio de verano y no dejaban de canturrearla.Preferentemente en presencia de cualquiera: Fuiste mía un verano...

    Qué cosas me haces recordar. Emma Cohen...

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  2. De la canción de Flavio no sé nada, pero al título de la canción de José Vélez le falta algo... O "coucher" o "dance"... y por la época que creo que debió de ir ese señor, me inclino por "dance" jajaja.

    Ay, cari, la de veces que habré paseado yo por la Calle Arenal, tb. estudié algo por aquella calle que, como sabrás, ahora ya no tiene aceras, es peatonal. Igual, alguna vez coincidimos tú, yo y tu ex-amada del impermeable de los lunares blancos... que digo yo que ya se le habrán caído algunos lunares, no? jaja

    Así que "estando ya mi casa sosegada..." eh? jajaj cari, se te ha escapado esta frase del frasquito donde guardas la "mística", mira a ver si la está buscando San Juan de la Cruz, jaajaja


    Bezos.

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  3. Vaya! los días nostálgicos son agotadores, a mí me dejan k.a.o
    Está visto que no hay que dejar escapar la oportunidad porque cuando quieres darte cuenta ya es tarde... ( joder, menuda frase para animarte!)) Bueno, sea como sea, este estado es temporal y mañana será otro día.

    Un abrazo

    UT

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  4. Te ha pillado la nostalgia! Bueno, de vez en cuando tampoco es tan malo. Cómo no recordar esa canción, si me habrán taladrado el cerebro con ella!!

    BESOTES AMIGO Y BUEN FINDE!

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  5. UNo: SIIIIIII Enma Cohen aaaahhhhh (para los más jovencitos, esta dama fue uno de los iconos sexys-progres de los setenta. Toda una belleza.
    Thiago: listo eres, efectivamente me salte "dancer". Cuando ocurrió todo esto tú no eras, sencillamente. Lo que me hace muuuuuuyyyyy viejecito. Hay frases de los clásicos que siempre deben estar ahí, rondando, y San Juan es San Juan.
    Ut: El caso es que ni hubo oportunidad que aprovechar y además si no admitimos estos ataques de recuerdos que no de nostalgia negamos nuestra propia identidad. Solo somos lo que hemos vivido
    Stan: Imagino, creo que Leonardo es de tu tierra ¿no? Aquí enseguida dejó de sonar pero me sigue gustando como cuando tenía diez años.
    Muchas gracias por leerme.

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  6. De favio conocía más aquella de "y shovía y shovía" (¿le regalé una rosa, o algo parecido, puede ser?). Estamos hechos de nuestras vivencias, y por tanto de nuestros recuerdos, como bien dices. No hay problema de que se transformen en nostalgia de rato en rato. Sin pasarse, por supuesto. Este tragmento de tu vida lo has bordado. Como de costumbre.

    Un besote.

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