Páginas vistas en total

miércoles, 16 de febrero de 2011

Maria Antonia Eme Punto. (Séptima entrega)

Un día apareció una gotera en la casa de renta antigua. Poco después volvimos a reunirnos todos en la comunión de la preciosa niña que salía a toda la familia. La gotera creció y el matrimonio acudió al casero que, naturalmente, se negó a arreglarla. Ellos también, la gotera creció, aquello se enredó y pidieron consejo al sobrino guapo que ya no jugaba al tenis en el Canal sino que ejercía de abogado y con consejos tales lograron acabar en la calle, objetivo del casero, con una niña de diez años, sin trabajo y sin nadie a quien acudir. Casi se oía a las hermanas y vecindonas el “¿Ves? Con lo bien que podía estar ella solita en su casa. Tan ricamente”, casi se veían las sonrisas sarcásticas y victoriosas. No hubo otra que abandonar las cinco tétricas calles en que la Mari se había criado y partir hacia el Lugar de la Mancha donde aguardaba la casa materna de Juanjo.

Durante bastante tiempo le perdimos la pista, hasta que un día sonó el teléfono y era ella. Casi organizamos una fiesta pero la cosa no era para tanto, ni mucho menos, llamaba para preguntar por mí, siempre pachucho, y acabó contándonos como su suegra estaba encamada en el primer piso de la casa, cuánto le iba costando subir y bajar las escaleras, pues tampoco podía cambiar sus hasta entonces siempre primorosos zapatos ortópédicos y corses; nos contó como Juanjo bebía mucho, como la niña pasaba casi todo el tiempo en el polideportivo jugando boleibol, también como Juanjo un tiempo atrás había empezado a drogarse en el bar de enfrente y de cómo una mañana la niña subió corriendo las escaleras para avisarla de que su padre le había dicho que fuera a decirla que en cuanto acabara de fumarse el cigarrillo iba a matarla, de cómo casi lo consigue al pillarla sin el corsé que armaba su cuerpecillo y de cómo todo aquello quedó en nada.

Pasaron unos años sin saber nada de ella, en mi casa ya no estaba mi madre, su amiga, descolgué y me alegré como siempre al oír su voz. Era y, sin embargo, no era su voz. Dudaba incluso de mi nombre al principio. Poco a poco me fue explicando que se había caído por las escaleras, “caído”, que por el golpe no recordaba nada de antes, que su hija, con las fotos antiguas y las historias que le había ido contando de todos nosotros, intentaba ir reconstruyendo lo que había sido su vida. Supongo que entre papeles, fotos, agendas viejas aparecimos, preguntó por mi madre. “Sabía que hoy me iba a enterar de algo malo” dijo al oírlo. Juanjo seguía bebiendo, la abuela se había muerto, Juanjo seguía drogándose. Quedó en volver a llamar. No lo ha hecho más.

A Maria Antonia M. hay que dejarla aquí, aturdida, sin, pasado, con una hija aun adolescente bellísima; atrapadas ambas con un amargado, borracho, drogadicto y seguramente rabioso, que amenazaba con matarla y que, posiblemente, a estas alturas ya lo haya conseguido de una u otra manera, si no algo peor. Entonces estas noticias no salían en los periódicos.

Y a uno se le queda el amargor profundo de una interrogante ¿esta es la respuesta de todos los porqués que Maria Antonia M. se hacía junto al brasero en las tardes frías rodeada de paredes grises?

4 comentarios:

  1. pero cari... has publicado cuatro capítulos seguidos hoy? Vengo después de San Valentín y has acelerado todo... ya la tenías preparada y de repente has decidido colgarla toda junta?

    buen, en fin, vaya vida... y vaya pregunta. Cari, lisiados o no, todo el mundo tiene derecho a pretender ser feliz. Otra cosa es conseguirlo, pero veo mucha gente con todos sus atributos en perfecto estado de revista y tampoco son felices. Pq la felicidad no depende solo del físico. Digo yo.

    Bezos.

    ResponderEliminar
  2. Estoy de acuerdo con Thiago.
    Además, dudo que hubiera sido feliz metida en casa sin conocer varón como se decía antes.

    Tengo un primo con un cierto retraso mental, y muy guapo, que se volvió loco, como un animal rabioso, cuando sus hermanos impidieron que se casara.

    Pero lo que mas me ha gustado de todo el relato es la atmósfera de la época y los ambientes que tan bien has sabido crear.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Dicen que el futuro está en nuestras manos y que nosotros lo vamos moldeando, es algo que siempre me ha generado ciertas reticencias, ya que hemos de contar con los factores externos, aquellos que aunque no queramos sí logran cambiar las cosas y hacer que situaciones normales o que deberían serlo acaben convirtiéndose en otra cosa.

    ResponderEliminar
  4. THiago, si, la tenía preparada aunque parece que se me han ido bastantes signos de puntuación y la verdad es que parecía que se iba convirtiendo en serial de los que oía Maria Antonia Eme Punto. En cuanto a la pregunta: yo soy incapaz de contestarla, lo he sido siempre.
    Uno: con respecto a la felicidad o no de Maria Antonia Eme Punto te digo lo que ha Thiago: nunca he sido capaz de contestarme esa pregunta.
    Muchas gracias por tus elogios en lo literario, y parece que conoces las calles de las que hablo por los enlaces que me has mandado. Si las has reconocido ya es todo un éxito para mí.
    Pe-jota: el futuro nunca está en nuestras manos, es una falacia que nos hemos inventado para reunir valor y salir de debajo de la cama.
    Ahora un pequeño detalle: nada de cuanto he escrito aquí es ficción, ni una sola coma, incluido Abigail. No sé a vosotros pero eso sí que me aterra.
    Gracias por leerme con doble razón por que esta historia se me fue de las manos y siete entregas son muchas entregas y además no es precisamente antidepresiva.
    Un abrazo y perdonad la tardanza en contestaros. No estoy en mi mejor momento.

    ResponderEliminar