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sábado, 17 de diciembre de 2011

Reflexión navideña.

Ilustración de "La fosforerita" o "La pequeña vendedora de fósforos" que con ambos títulos aparece en los libros.
Durante estos días me siento a menudo como un estúpido. Sí, ya sé que habitualmente me lo tomo a broma con eso del Espíritu de la Navidad Presente y demás, pero algo va mal. Me gustaría ser capaz de expresarme con claridad, sin liarme en exceso y sin que lo que voy a decir suene a lamento de viejo o queja de neurótico. No es fácil, por que ya tengo algo de ambos. Me gusta la Navidad. Ya sé que eso está empezando a ser políticamente incorrecto; como bien me dices, Uno, el espíritu de la Navidad lo tiene cada vez más complicado.

Si se me permite una reflexión autobiográfica, que no será la última, me temo. Nunca he tenido una Navidad que pueda considerar “feliz”, momentos aislados, sí, pero relacionados siempre con el regalo del día de Reyes y, en realidad, más con la avaricia infantil que con un momento “feliz”. Sin embargo, soy un fanático de estas fechas. Por ejemplo: es en el único tema en que soy ordenado: tengo las listas con las direcciones de las felicitaciones, los días en que tienen que salir, los regalos que he de hacer y los que hice, para no repetirme, los precios, los gastos año a año, hasta empiezo a comprarlos allá por el mes de Mayo. Meticuloso sólo a la hora de proteger los adornos y de colocarlos en su sitio, los regalos cuidadosamente envueltos con sus lazos y tarjetas hechas por mí, etc. Sin embargo, algo va mal.

Las felicitaciones no son contestadas, los regalos apenas son apreciados, unos ni siquiera los puedo dar en persona, otros los entrego allá por junio por la simple falta de interés en quedar conmigo de esas personas a las que aprecio, muchos no son correspondidos, eso no tendría mayor importancia si no fuera algo peor, que ni siquiera se hace acuse de recibo de ellos con un “gracias” o “me ha gustado mucho”, hasta un “Mira, que digo que si lo puedo cambiar”, sería más de agradecer que el silencio indiferente. Cuando hacen el regalo se nota la falta de interés, el comprarlo aprisa y corriendo por compromiso y por salir del paso. Entendedme: me da igual qué regalo sea, siempre y cuando sienta que se ha pensado para mí y se ha comprado con la ilusión de era para mí, una simple postal me bastaría si supiera que ha sido así, no es el valor del regalo. Ya os he dicho que tengo algo de neurótico o de loco de atar, como queráis. Los adornos son más que nada objeto de burla. Las llamadas contestadas arrastras, interrumpidas por el ya conocido “te dejo que me entra otra llamada” y nunca devueltas, la idea de tomar un café conmigo se vuelve ciencia ficción pues siempre, SIEMPRE, hay algo más importante que hacer, y si no fuera así –o sea si se ven acorralados por el “compromiso”- percibes la tensión de lo que no se quiere hacer, incluso en las comidas navideñas se nota la sensación de obligación. Si sugieres algo así como “oye que si no te viene bien…” ya se agarran como a un clavo ardiendo y ólvidate. Ya ni comento como se me ocurra decir: cuando os venga bien.

Algunas personas incluso se me han ofendido cuando les deseas “Feliz Navidad” por que: “¿como quieres que sea feliz si tengo artrosis o se me ha muerto el marido hace 29 años?” (os juro que esto me ha ocurrido más de una vez). El Elfo Doméstico de quien ya hemos hablado, compite para que su felicitación llegue antes que la mía pero si la mía no llega se pone tan furioso como si llega antes que la de él, y ya ni os cuento las que me monta como no llegue, pero los amigos comunes te dejan claro que no les llames “ya te llamamos nosotros” –en plan casting- y lo hacen pero cuando les resulta menos molesto, menos “comprometido”.

No sé si seré yo, que simplemente no soy una compañía deseable, pero me temo, por lo voy oyendo aquí y allá que no. Al ir tomando nota de lo que se escucha y se ve, atando cabos y puliendo verdades llenas de adherencias que las enmascaran, vemos, veo otra cosa que no sé que es ni quiero entrar ahora en ello. No quiero por que hoy estoy tratando, o esa era mi intención, de mí. De cómo me hace sentir estúpido nadar contracorriente, ser objeto de burla por mis floripondios navideños, de indiferencia por mis regalos y el escamoteo constante de mi compañía –que repito creo que es un problema no exclusivamente individual-. Estúpido, infantil, despreciado y solo.

El año pasado sostenía que el mejor cuento de Navidad es “Canción de Navidad” del bueno de D. Charles Dickens, hoy me planteo si no será “La fosforerita” de D. Hans Christian Andersen, conocido por su cuasi-odio a los niños, como muestran sus cuentos destinados a aterrorizarles para toda la vida. La niña que vende fósforos y que acaba congelada la noche de Navidad mientras mira, al fugaz calor de las cerillas que va encendiendo para calentarse, la celebración de una familia tras un cristal. Quizás sea ese el único cuento de Navidad posible y realista en este 2011.

3 comentarios:

  1. Hasta en los mejores tiempos en que parecía que el mundo entero celebraba con regocijo la Navidad siempre hubo un fondo de obligación en las rutinas navideñas que me molestó.
    Yo ya solo recibo felicitaciones de los bancos, de El Corte Inglés y otros proveedores. O sea que tampoco las envío. A veces si, a veces envío algo gracioso por e-mail a los que están mas lejos. Luego, a ultima hora recibiré SMS´s en navidad o nochevieja a los que contestaré escuetamente. Te cuento todo esto porque quizá, metido en esta dinámica de mínimos, yo sería uno de esos a los que si me llegase un paquete primorosamente envuelto con una felicitación realmente personal no sabría como reaccionar. Con educación, desde luego pero intentando enfriar unos ritos en los que no me siento cómodo.
    Espero que ninguno de esos aguafiestas como yo te impida pasar unas estupendas Navidades. Un abrazo muy fuerte.

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  2. Hola Uno: soy el arriba firmante. Has arrojado mucha luz en un tema que para mí es muy personal. No me deja en muy buen lugar al no saber entender esa necesidad de "enfriar" algo ofrecido de corazón en el único tiempo que vale de "excusa". No lo entiendo pero por lo menos sé de qué va, en parte, claro.
    Del asunto de la obligación hablaré en mi próxima entrada.

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  3. Sabes que no soy un gran amante de estas fechas, pero creo que recibir una felicitación tan sincera como la que tu debes dar me devolvería la fe en el ser humano. No deseo explayarme más....se que lo comprenderás.

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