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martes, 4 de junio de 2013

Ana

Mirando hacia el cielo, vio un nido de pájaros en el laurel y se lamentó consigo misma diciendo: << ¡Ay de mí ¿Quién me engendró? ¿Qué seno me dio a luz? Por que yo he nacido como maldición ante los hijos de Israel, y me han echado con burlas del templo del Señor. ¡Ay de mí! ¿A quien soy yo semejante? Desde luego yo no soy semejante a las aves del cielo porque las aves del cielo son fecundas en tu presencia, Señor. ¡Ay de mí! ¿A quien soy yo semejante? Yo no soy semejante a las bestias de la tierra, porque también las bestias de la tierra son fecundas en tu presencia, Señor. ¡Ay de mí! ¿A quien soy yo semejante? No soy semejante a esta agua, porque esta agua son también fecundas en tu presencia, Señor. ¡Ay de mí! ¿A quien soy yo semejante? Yo no soy semejante a esta tierra, porque también esta tierra produce sus frutos a su tiempo y te bendice, Señor.>>”


“Dolor de Ana” del Protoevangelio de Santiago, mediados del s. II (Piñeiro, Antonio (recopilador): “Todos los evangelios”, Ed. Edaf. Madrid 2009)

No miremos contenidos religiosos, que siempre nos traerán prejuicios, a favor o en contra, sino la capacidad de expresar un dolor universal y permanente aun en los albores de la literatura occidental. Resulta perturbador. Es innecesario evocar el monólogo de Segismundo que se despliega de un modo semejante pero sobre la hipotética libertad del individuo, pero esto es, probablemente del II y como mucho de antes del IV.
Por cierto, pocas cosa más irreverentes que la expresión de Santa Ana en este boceto de Leonardo, no parece tomarse muy en serio lo que le cuentan y encima (no se ve aquí) levanta clásicamente leonardesca el dedo hacia el cielo como diciendo (y no quiero ser irreverente) "Y ¿dices que es obra del cielo?".

2 comentarios:

  1. No se si quedarme con la belleza leonardesca de ese fragmento del cuadro de la Virgen, Santa Ana y el Niño o con el lamento de Santa Ana, dilemas.

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    1. Bueno, por lo sorprendente personalmente me quedo con el lamento.
      Un abrazo

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