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jueves, 13 de junio de 2013

Hoy es San Antonio

Por cierto, nunca he visto tanta gente en esta fiesta.

 Hoy es trece de junio y, por fin, hace calor en Madrid. Luce un sol espléndido que baña el alma más que el cuerpo incluso. Trece de junio en Madrid equivale a San Antonio. Curiosamente esta ciudad celebra, casi al margen de la oficialidad, a los dos Santos Antonio (Abad, más conocido como San Antón, y de Padua) con tradiciones remotas que se siguen cumpliendo contra toda lógica y sin ni siquiera un corte de tráfico, salvo en la procesión de los animales, La vueltas de San Antón, pues son calles estrechísimas.

Esto es lo más cercano que pude estar del Santo esta mañana.
Un trece de junio del sesenta y ocho, Corpus, por más señas, vestidito de marinerito, con mi silbato y demás hice la Primera Comunión, parecía un angelito de Rubens antes de ponerse a dieta (él, por supuesto) y otro trece de junio este ya del ochenta y tres, creo, hice el último examen de mi carrera: Historia del Arte del Siglo XIX. Al volver compré unos churros ante la ermita que me vendieron sin sal, pero me había quedado tan a gusto que a gloria bendita me supieron. Como veis un día un tanto especial para mí, pero también un espacio por otras historias que no voy a contar hoy.

Así que cada trece de junio me endomingo tempranero y me pongo en camino a la ermita. Soy de esos escasos madrileños que vive entre tres ermitas, a cual más pequeña, a cual más valiosa, a cual más bella: San Isidro, La Virgen del Puerto y San Antonio de la Florida. Un hermoso paseo entre árboles algunos demasiado jóvenes para dar sombra, que bordea el mini río que, según el ángulo, incluso parece un río de verdad. Creencias aparte me gustan las tradiciones, te hacen formar parte de algo aunque sea por unos pocos minutos, algo mucho más valioso de lo que muchos creen, así que cumplo con la tradición de ponerme a la cola para coger el pan de San Antonio que dicen protege la casa y da fortuna si lo guardas –creo que hay que meter una moneda, pero no me hagáis caso-, si fuera mujer metería la mano en la pila de agua bendita llena de alfileres para pedir novio, costumbre de modistillas que guardaban aquellos alfileres que se iban cayendo en el taller a lo largo del año y los echaban en la pila, al sacar la mano salen enganchados varios, ese será el número de pretendientes que tendrán a lo largo del año. Hago algunas fotos, las que veis, y deambulo por la zona. Un anciano de sonrisa amable y simpática de la organización de la romería, vende por la voluntad rosarios. Intento hacer una foto al santo que, preparado en los jardines, aguarda salir en procesión. Misión imposible, inmensos traseros marujiles, más inamovibles que la cordillera de los Andes, hacen de barrera. El hombre de los rosarios me pone uno en la mano, no soy capaz de negarme, pregunto cuanto es sin darme cuenta de lo de “la voluntad”. La respuesta, quizás sea un poco sensiblón yo pero ca uno es como es, me emociona: “Nada, es para que la Virgen esté siempre dentro de usted”. Creencias aparte, estos son gestos hermosos, te dan en lo que creen, aunque tú no sepas si lo crees o no. Detalles que, como este primer sol de verano, bañan el alma te arrancan una sonrisa y una gratitud especial.
No intentemos sacar la media de edad, es la misma que hace treinta años.


Logro atravesar ahora los Alpes de otro montón de traseros que escuchan la misa por megafonía y me dedico a deambular de nuevo sin renunciar a la esperanza de acercarme al santo de palo para hacer la humilde foto anual. Imposible pero, en cambio, tengo el raro privilegio de escuchar a la gente. En realidad escuchar como discute la gente. Más que la gente, los matrimonios sesentones, destilando rabia, odio, resentimiento acumulado, algunos en vivo, él quiere irse, ella esperar a alguien, otros a distancia vía móvil, no se encuentran y están los dos, según dicen, en el mismo sitio. Agrias palabras, insultos por omisión, arrepentimientos de bodas, desprecios manifiestos. Una pareja y otra y otra, y otra más. Entretanto las mujeres, muchas casadas hacen cola para los alfileres pidiendo novio. Me pregunto qué interés pueden tener en que aparezcan otros contrincantes en la batalla a muerte que vienen manteniendo con sus respectivos. Una señora en la cola del pan relata como le pidió hace un año al Santo que su padre se curara del cáncer y se curó, otra cuenta como su hija al desmayarse cuando tuvo no sé que accidente descubrió que estaba embarazada, otra más cuenta destilando algo que sólo puede definirse como veneno como despilfarra el dinero otra que no está allí. Un grupo de chulaponas maduras entra en escena luciendo mantón y palmito abundoso. Otro grupo de señoras inician y no continúan el Milagro de San Antonio. Frente a la ermita un par de polis y un grupito de muchachas con sombrero cordobés rojo que reparten folletos sobre no sé que cosa religiosa, recorren la acera ante un montón de maridos que esperan pacientes a que las esposas recojan el pan, toquen la reliquia y recen un padrenuestro al Santo. Quizás alguno se pregunte si el bueno de San Antonio de Padua tuvo algo que ver con su noviazgo. Inicio el paseo de vuelta a casa con un churro en la mano antes de que haga más calor, habiéndome sentido, por un rato, parte de algo.

6 comentarios:

  1. Cariño que gusto comentate hoy mi Joaquinito querido, pues Yo soy gran devoto de San Antonio y hoy tmb fui a visitarlo...

    A mi me gusta porque hoy comienza oficialmente el tiempo de lluvias en Guadalajara Mex. si, a partir de hoy y hasta el 4 de octubre día de San Francisco llueve con regularidad y términa el calor.

    Abrazos.

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    1. Hombre yo no es que sea especialmente devoto pero digamos que es de los santos que me caen bien. Me hace gracia su fiesta y, además, me pilla cerca de casa. Aquí es casi el principio del verano, aunque en esta ciudad nunca se sabe.
      Un abrazo

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  2. Todos tenemos necesidad de formar parte de un grupo, es una necesidad social, lo cual si está unido a una tradición refuerza aún más ese sentido comunitario, aunque por lo que explicas la comunidad anda un tanto revolucionada y bastante alejada de sentimientos piadosos.

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    1. Supongo que es así, personalmente nunca he formado parte de un grupo y lo echo en falta, no creas. Cuando intento integrarme (a mis años) no me termino de encontrar, a pesar mío.
      Las comunidades que acuden a este tipo de eventos suelen tener más de uso que de devoción. De repetición folclorica que de creencia. Por otro lado todas suelen estar igual de revolucionadas, al fin y al cabo y pese a quien pese sigue siendo la suma de individuos, el día que alguien se de cuenta, puede que las instituciones se tambaleen.
      Un abrazo

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  3. Conozco las tradiciones pero nunca las viví. Si tuviera un poco de memoria me gustaría acordarme el año próximo y echarle un vistazo. ¿Algún maromo en la cola de los alfileres?
    Un abrazo

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    1. Como ya sabes las tradiciones en Madrid pecan de exceso... de sencillez. El lugar es muy hermoso y ... sencillo. Pasamos ante el templo que acoge los frescos de Goya y que en cualquier otro lugar sería objeto de veneración como quien pasa ante una mercería. Pero Madrid en estas situaciones ofrece el espectáculo en sí misma, su gente, nuestra gente (aunque como dijiste en cierta ocasión algunos somos tan madrileños que ni hemos nacido en Madrid) forma su propio fresco costumbrista, tan goyesco como nacido de sus pinceles -y lo digo en los dos sentidos, el de los cartones y el de las pinturas negras-. San Antonio presenta frente a San Isidro la ventaja de que nunca hay representación oficial y nos dejan en paz.
      Pues no, ninguno. Se ve que o ellos no quieren novio/a o al Santo no le ha llegado la modernidad todavía.
      Un abrazo.

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