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jueves, 18 de septiembre de 2014

El verano se despide


Hoy en Madrid el verano ya ha dejado clara su intención de irse, medio llueve, está oscuro. Hace unos días que viene avisando, “que me voy a tener que ir” con calles tapizadas de hojas doradas, con vientos con un punto de humedad que uno no quiere ver, por que se alberga la esperanza de que dure un par de semanas más así, a medio gas, como quien no quiere la cosa, como el invitado que remolonea por qué no tiene ganas de irse y, al final, resulta que hace que esa sea la mejor parte de la reunión. Sin embargo, este verano se nos va ya, un verano fallido más, como todos. Un verano en el que tampoco hemos encontrado una carne hermana, una cabellera en la que hundir nuestros dedos, una sonrisa cómplice y profunda. Un verano en el que, como siempre, la mejor compañía han sido los libros y, como siempre, el mayor fracaso, mi incapacidad de escribir en condiciones, de hacer que broten las historias y que fluyan.
Un verano en que ya no cabe más indignación, ni más desastres, un verano en el que, realmente, nos han puesto a todos al  borde del abismo. No soy muy eclesial, ya lo sabéis aunque aquí, el Papa porteño, me tiene completamente fascinado, tampoco sé muy bien en que sentido a decir verdad. El caso es que anteayer dijo algo que me pareció muy expresivo del conjunto de la realidad. Vino a decir que estamos viviendo una III Guerra Mundial fragmentada, y en todos los niveles, bélico, social, ideológico, sociológico y humanístico en general. Al menos eso es lo que yo le entendí. Para mí resulta evidente. Incluso la gripe del 18 se corresponde con el ébora actual. Los puntos geográficos son los mismos, los de siempre, los bandos, casi también, las instituciones tiemblan por falta de consistencia pero también de miedo ante los monstruos que han creado y el pueblo –esos variadísimos grupos humanos que hemos dado en llamar “pueblo”- comienza a no tener nada que perder, como la clase media, pero también a encontrar nuevos medios para movilizarse no siempre en la calle, aun queda para que esto cuaje, pero lo hará, ya lo creo que lo hará. En conjunto es una guerra global del todos contra todos para que, al final, la eterna oligarquía vuelva a ocupar el poder omnímodo pero más, por que ahora tienen más fácil controlar las mentes.  Se me ocurre que de este tipo de actitudes siempre ha habido un personaje que ha sabido darle la vuelta a esa manipulación y trabajar contra la oligarquía, Eva Perón es un ejemplo (con todas las pegas que queramos ponerle), también ahora, alguien o algo antes o después lo hará pero de momento estamos condenados a un abismo en el que se juegan malabares con bombas atómicas, decapitaciones, pandemias descontroladas y saqueo sistemático, ante un hambre creciente y más grave que los que ha habido nunca en la historia por que ahora el pueblo sabe que es posible comer, tener un sueldo y un tiempo libre. Hemos conocido otra cosa, una Edad de Oro, a la que volver. Sí, vivimos una III Guerra Mundial y que se quede en estos niveles  -que lo dudo-.
La marcha del verano me pilla personalmente en un momento de desolación, la tira de libros, del modo que sea –dados, donados, regalados etc- es para mí extraordinariamente dolorosa.  Al fin y al cabo han sido siempre mis únicos compañeros y amigos. Cuando mis hombros me lo permitían de vez en cuando vaciaba una estantería por el mero placer sentir su tacto, el placer del tacto de un libro es comparable a pocas cosas y me pasaba tardes enteras en esta labor.  Pero no es solo eso. Un detalle, el otro día esperaba con mi panamá barato, mi polera más elegante, las otras estaban a lavar, con mi bolso  en el que cargo libros, pastillas, etc; estaba justo enfrente a la salida a Carmen del Corte Inglés de Callao, para quienes no sois de Madrid, uno de los puntos más céntricos, comerciales y vivos de la ciudad. Estaba esperando pegado a la pared del FNAC para estorbar lo menos posible el paso.  Barba recién arreglada y hasta una bolsa por la que asomaban unas películas. ¿Cuál no sería mi aspecto que un señor de mi edad, más o menos, buena ropa, discretamente… me dio limosna? Naturalmente respondí con una sequedad que no me es propia y que, seguramente, el bienintencionado ciudadano (¿no habrá mendigos en el centro de Madrid?) no se merecía. Es cierto que me miro en los espejos y veo que he perdido la sonrisa, que tengo cara avinagrada , pero de ahí a darme limosna creo yo que hay un abismo.
En realidad no, es sólo la resistencia a asumir que, hoy por hoy, la profunda insatisfacción que siento ante mí mismo me convierte en una ruina humana. Eso, seguramente es lo que vio el buen ciudadano que alargó la mano con mucha discreción y la mejor intención. Así entro en el otoño. Quizás su suavidad, su declinar hacia el invierno me ayude a remontar, a hacer fluir las palabras en lo que escribo, a encontrar a qué o a quien dar las caricias que se me mueren en las manos. Antes cogía a los bebés y jugaba con ellos ahora cuando voy a hacerlo veo en los ojos de los padres, aquellos bebés precisamente, miedo a que se me caigan y, obviamente, me abstengo, pero queda el hueco y una distancia.  En otoño es todo más fácil, menos hiriente, a ver si este me trae el fluir libre de las palabras en un papel con las historias que hierven en la olla a presión de mi cabeza sin salir.


3 comentarios:

  1. No conocía esa apreciación del papa Francisco, pero creo que lleva mucha razón. En otro sitio escuché que, para esclavizar a los países, ahora basta con endeudarlos hasta el gorro, y se ahorran las invasiones. Y yo mismo he llegado a pensar que los "recortes" del gobierno son un golpe de Estado a cuentagotas. Algo de eso habrá. En cuanto a los libros, no te sientas obligado a hacer algo que no te apetece, Joaquín. Y en cuanto a eso que cuentas de la limosna, me has hecho recordar algo, que no sé si he contado, que me pasó de niño. Estábamos unos amigos jugando una tarde en una plaza, mientras esperábamos por la catequesis, y vimos acercarse unos turistas extranjeros que paseaban. Y, no recuerdo por qué, los saludamos. Y ellos respondieron tirándonos comida, como si fuéramos monos en un zoológico. Me pareció ofensivo, pero seguramente eran unos imbéciles. Y anécdotas así conozco varias. Así que tampoco pienses que eso tiene que ver contigo, debe ser más bien que hay gente que es muy torpe en su "altruismo" y no pregunta antes de meter la pata. Saludos, Joaquín, y un fuerte abrazo.

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  2. Te tengo que dar la razón en todo incluso en lo que no quisiera, pero la tienes. Eso sí, reconocerás conmigo que para llegar al "son imbéciles", hay que saltar por la ofensa profunda. Y más con lo atractivo y resultón que me veo últimamente (cuando tengo destos para mirarme al espejo jejejeje)

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  3. Joaquinito, a mi me han tomado por ladrón cuando he ido a avisar de un hurto y ni te imaginas la cara de buenísima persona que tengo. Pero entiendo que si estás de bajón y te pasa una cosa así el recuerdo de los difuntos del interfecto es inevitable.
    De todas formas por si acaso, creo que este otoño voy a tirar un abrigo un poco viejuno que tengo.

    Un abrazo

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