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viernes, 26 de septiembre de 2014

Uno que se va, Gallardón, quedan miles

¡Por fin! Otro que se va y, lo que es mejor, deja el escaño. Si ha habido un personaje siniestro, pernicioso, destructivo, sibilino, ambiguo, ególatra en grado sumo y también en suma dañino del género masculino –del femenino ya sabemos que es otra historia- es este ser que de un modo merecidamente indigno acaba de salir del ¿gobierno? Su contacto ensuciaba cuanto tocaba de un modo invisible y pegajoso, untuoso, de un ser no ser, de un falso progre, de un falso facha. Madrid, su principal víctima asistió sin darse cuenta a como ese ser comenzaba el proceso de destejer el tapiz social de la ciudad, preparando la comunidad para “la otra” –que viene a ser el caballo de Atila-. Apagó luces, quitó neones, abrió obras (y quedan muchos años para terminar de pagarlas, aquí lo dejo como quien no quiere la cosa), se emperró en el proyecto olímpico (que también hay que pagar, aquí lo dejo, como quien no quiere la cosa) jugó a dos barajas con la iglesia sin dejar clara su posición y me refiero a los actos relativos a la ciudad lo que haga con su alma (si la tiene) es asunto suyo. Sus megaproyectos han hundido barrios enteros, ejemplo: la mala planificación, la excesiva tardanza y la poca atención que se prestó a ciertos puntos del Madrid Río han convertido a la calle Virgen del Puerto en una sucesión de locales cerrados mucho antes de que la crisis comenzara a cerrar por cuenta propia. De Madrid Río hablamos otro día que hay mucho que decir. Si con Manzano el ciudadano asistía pasmado a como se inauguraba cada esquina de un cruce –y no es exageración,  léase calle Sepúlveda y sus ajardinamiento-, con el faraón asistimos al imperio de alguien que dejaba claro que se creía superior al ciudadano que le mantiene y que, además, venía directamente por nosotros. Si Aznar obligó a la sociedad española a radicalizarse, Gallardón, en su actuación de ser el favorito de la izquierda dentro de los de la derecha, un papelón digno de su falsedad, dividió la ciudadanía y más de una bofetada he evitado llevarme por los pelos al criticarle. Las viejas guardan el verdadero poder del país y para ellas él y “la otra”, eran intocables.
Sin embargo, aun no había desplegado todo su poderío maligno. La ley del Aborto, en parte destinada a enmascarar leyes de más hondo calado como la del poder judicial pero menos vistosas, era su punto fuerte. Mi opinión personal es que debería ser libre, gratuito y sin restricciones, si una mujer tomó libremente la decisión de acostarse con un hombre igual de libre es para afrontar las consecuencias. Y punto. Por otro lado es un asunto que sinceramente no me importa en absoluto, las mujeres que yo he conocido a lo largo de mi vida si han querido abortar, han abortado legal o ilegalmente, pero han abortado, hay hasta un barrio en Madrid célebre por las clínicas dedicadas a ello desde la guerra a hoy mismo, eso sí, privadas. Las  pobres se limitaban a la vecina y a las agujas de calcetar, o a veces a acarrear muebles de un lado a otro hasta lograr el efecto deseado, pero abortar, abortaban. Luego vinieron los viajes a Londres que lo pusieron un poco más fácil. Sé que es una visión personal que no encaja por completo con la realidad, pero tampoco es ficción sino una parte más de esa realidad. Cada uno de nosotros conoce casos en que se ha hecho así de una forma u otra, por tanto, y dejando claro que mi opinión es que debe ser libre y gratuito sin restricciones y, si se me permite, con la posibilidad real de que esa madre con problemas, nadie aborta por gusto y pasar la tarde, vaya a tener ayudas y apoyos reales, no ficticios como hasta ahora, en la crianza del hijo si decide tenerlo; dejando claro esto paso a lo que sí me importa.
Cuando un niño viene con una malformación, según aquí, el salvapatrias, está obligado a nacer aunque sea para cinco años de sufrimientos y condenado a una muerte segura. Hay muchas malformaciones, deficiencias y enfermedades congénitas, de muchos tipos y si algunas son digamos, asumibles –por poner un ejemplo, y cualquiera que ponga es atroz, nacer sin un brazo-, y cuando digo asumibles quiero decir que ese niño que llegará a adulto podrá tener una vida independiente –no mendicante de cuatro perras de un estado siempre traidor (sé de qué hablo)- y sin excesivos sufrimientos,  cuando digo asumibles quiero decir que ese niño que llegará a adulto será aceptado por su entorno social, personal y laboralmente sin convertirse en carne de explotación. Eso entiendo por una “malformación/enfermedad asumible”. Pero hay otras muchas que no, que convierten las vidas de los afectados en infiernos de dolor, dependencia, humillaciones y desprecio, sí, desprecio, y las de sus familias en caos de lucha inútil, sin ayudas, sin medios, sin apoyos, niños que tras cinco, seis, diez años morirán irremediablemente por mucho que la familia y solo la familia luche a brazo partido, tras pasar la mitad de esos años en un hospital, destruyendo el tejido familiar y el futuro incluso de otros hijos. Cuando a unos padres se les presenta el horror de que su hijo va a nacer con esas perspectivas lo único ético, lo único con un mínimo de dignidad que puede hacer un ser humano, es dar un paso atrás y respetar lo que esos padres, que bastante tienen ya y lo tendrán para toda su vida, decidan lo que decidan. Ahí Gallardón dejó caer su careta de falso progre, ahí dejó que se le viera a quien sirve. Imponer nacer a niños así es como mínimo infame y mucho más si luego el estado –siempre traidor y miserable- los va a dejar tirados como están dejando a tantos ahora y como nos ha dejado a tantos antes.
Debería alegrarme de que se vaya, de no volver a ver su geró al encender la televisión, debería alegrarme y me alegro en la medida que esa infame medida desaparezca con él. Nada más. No puedo alegrarme por qué ha hecho demasiado daño, ha creado demasiadas deudas, ha destruido demasiado mi Madrid –ya hablaremos de Madrid Río- y, lo que es peor, deja semilla sembrada: hijos abogados que a no tardar entrarán –ojalá me equivoque- como los Fabra o los Fraga en política, como entró él con el respaldo de su padre. No me alegro tanto por que me dan miedo, por qué a cada cambio con estos últimos gobiernos autonómicos, municipales y ahora nacionales se hace bueno aquello del “otro vendrá que bueno me hará” , aunque la Botella no llegó ni a eso. De momento celebremos que se retire la prohibición infame, luego, ya veremos.

2 comentarios:

  1. No se va por nada de lo que dicen. se va porque no tiene futuro. es un oportunista que ha jugado mal sus cartas. No tiene ideología ni vergüenza. Creyo que eso le daba ventaja en la lucha por el poder pero disimuló mal. O echamos al PP de la ciudad o le ponen una plaza.

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  2. Mientras las viejas manden tenemos PP en Madrid. Son su nicho de votos.

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