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sábado, 31 de julio de 2010

Costumbres gastronómicas I

Hay dos momentos claves en la vida cotidiana del bicho humano que se repiten todos los días incluso varias veces: el momento del sueño, acto más o menos íntimo, y el de comer, acto social en muchas ocasiones, de hecho casi siempre. Observando a la gente comer he descubierto una serie de costumbres que suelen sazonar y “amenizar” las comidas de casi todos. Cada uno sin duda tiene sus peculiaridades pero hay algunos que merecen consideración aparte:
Primer y más irritante, para mi gobierno lo llamo el “viajao”: habla constantemente de otras comidas. Cosas del tipo, “esto no es nada, cuando estuvimos en Navalmarqués del Marquesado de la Duquesa comimos una fabada que eso era cosa fina, hecha en fuego de sarmiento ¿eh? Nada de gas ni demás”. El caso es que estamos en un italiano comiendo canelones y que si quisiéramos comer fabada no habríamos ido al italiano. Es propio de quienes quieren hacer ver que son muy corridos, lo sean o no. Hombres o mujeres. Lo peor es que esta manía se contagia y al cabo de dos minutos tienes a todos los comensales hablando de los mariscos que se comieron en Finisterre, los pescaitos de Málaga o lo que es todavía más insufrible y ha de decirse con la nariz encogida como si cualquier otra comida fuese una … eso: “marisco del Duero” o sea: morcillas. En fin que al final ya no sabe uno si se ha comido un centollo en el Pirineo, unas morcillas en las islas Cies o una merluza recién pescada en Socuéllamos.
Segundo tipo: los ordenados. Cierto que esta especie es afortunadamente muy escasa pues de no serlo abundarían los crímenes. Son aquellas personas que consideran que el plato es un caos y se dedican a poner orden: por un lado el arroz, por otro el marisco, por otro el pollo y cuando acaban su labor de archivo, sin duda digna de mejor causa, se lo comen tan ricamente. Conocí yo a un espécimen de estos comiendo ensaladilla rusa: la extendía por todo el plato hasta alcanzar un nivel homogéneo y luego la cuadriculaba con el tenedor como si fuera una excavación arqueológica. Son raros de narices pero he de decir en su favor que no se meten con nadie, van a lo suyo, metódicos y eficaces, y dejan a los demás en paz. Cosa muy de agradecer, teniendo en cuenta los ejemplares que siguen.
Tercer tipo los “Detectives”: suelen ser señoras y se caracterizan por no saber qué comer o por no tener hambre con lo que deciden hacer tiempo y se dedican a preguntar al camarero-víctima: oiga, esto de merluza a la romana, ¿es fresca? (No, señora, la recogimos esta mañana de la basura del vertedero de la esquina). O, los espaguetis con gambas ¿Qué llevan? (faisán, jabalí asado a la Obelix y chorizos de mi pueblo) Seguro que las gambas son congeladas. No, mire, traigame una ensalada mixta ¿lleva lechuga? Entonces no que me da gases. Y ¿dice que la merluza es fresca? Mejor me trae un escalope ¿usan huevo en el rebozado? Entonces no. Lo del pollo asado con guarnición ¿Qué guarnición trae? Y así ad infinitum para acabar pidiendo la merluza dejando claro que está segura que es pescadilla congelada.
Cuarto tipo “las guardianas de la salud”: es un tipo exclusivamente femenino, específicamente amas de casa, que amenizan las comidas con comentarios del tipo: “A saber si se han lavado las manos”, “El plato no está muy limpio”, “Pescado no, que tiene anisakis”, “Ternera ni hablar, acuérdate de las vacas locas”, “Esta ensalada sabe a aceite de frenos”, “Seguro que no han limpiado los callos en condiciones”. Estas frases son continuas y vienen acompañadas de una expresión de asco infinito que llega a darte la impresión de que te van a vomitar encima. De manera que cuando llega la comida eres tú quien tiene ganas de vomitar y la comes a duras penas y rezando para no caer envenenado allí mismo. Existe, empero, una sub-especie que denominaré “guardianes de TU salud”: en este caso da igual que sean hombres o mujeres pues su común denominador es la mala leche. Sólo se delatan cuando uno de los comensales tiene algún tipo de problema (en mi caso los X kilos de más) y se manifiestan diciendo cosas como “Uf, eso engorda muchísimo”, “di que sí, que por un día, por cierto ¿has cogido peso?”, pero también “eso sube la tensión”, si hay algún hipertenso, o “¿Vas a comer eso con el azúcar que tiene?”, si ese es el problema del afectado.
Quinto tipo “guardianes de la economía”: suele ser exclusivamente femenino pues la variedad masculina suele ser escasa como veremos. Son el tipo de mujeres que cuando se están comiendo hígados de alondra confitados a las finas hierbas aromatizas con perfume de rosas del Cairo en los jardines de Versalles te sueltan: “¿Cuánto cobran por esto? Ganas de tirar el dinero, en casa con una sopa de pollo Maggi habíamos comido tan a gusto”. Esta especie o tipo se manifiesta de dos formas: la que hemos mencionado cuando come fuera de casa y otra semejante pero sutilmente diferente cuando lo hace en casa, suelen ponerte el plato delante diciendo como una coletilla amenazante “Ha pesado siete euros”. En cuanto al tipo masculino suele ser el anti-guardian de la economía y te suelta de vez en cuando “come, come, que está to pagao” cuando no “este lomo me lo han traído de Valdezamacueco Denmedio a tanto el kilo, come que es cosa fina”.
Sexto tipo: inapetentes, miran la comida como si fuera Allien, tanto que si les miras mucho es fácil que lo que has comido salga como Allien, de tu tripa. La expresión de asco es tal que logran levantar el estómago; eso cuando se limitan a la expresión y lo lo sazonan con cosas como “tiene aspecto de vomitao”, “¿Por qué esto es verde? Que asco”
Séptimo tipo: adelgazantes sin convicción ni necesidad: comen como cerdos/as pero el café… con sacarina.
Octavo tipo: los destripapanes, sacan la miga del pan y la dejan a un lado por que “eso es lo que engorda”.

5 comentarios:

  1. jaj cari, tu has ido a una boda familiar, no lo niegues... vaya disección, eh.

    Bezos.

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  2. Estoy fascinado. Qué poder de observación que tenés!
    Ahora me voy a leer la segunda parte.

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  3. Thiago: mi familia es demasiado moderna para casarse, por no decir que es otra cosa y hasta por lo menos cuatro años no hay boda. Y si no es de mi familia no voy, nunca me han gustado los circos.
    Stan: gracias.
    Un abrazo

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  4. Mi nombre es Uno y soy un destripapanes. Vaya en mi defensa que no es por no engordar es que no me gusta.

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  5. Uno: la confesión ha sido parecida a la de alcoholicos anónimos y tampoco es para tanto, coñe.
    Un abrazo

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