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viernes, 2 de julio de 2010

2 de Julio en Chueca.

Hoy he ido, tempranito con las calles recién regadas y los baretos aun llenos de gente que tomaba la última o la primera, que vaya usted a saber, a la Calle Hortaleza. Para quienes no conozcan esta ciudad Hortaleza está en pleno barrio de Chueca y, claro, está en fiestas. Según me acercaba las paredes florecían de arco iris, las aceras de pantalones pirata con piernas de gimnasio bien depiladas y abrazos entre osos o no osos, manos entrelazadas; las paredes lo hacían con carteles de hombres semidesnudos anunciando eventos y las calles con operarios montando escenarios, guirnaldas, entoldados, quioscos. En suma: alegría, vida y… sexo, en el mejor sentido del sexo, el de la libertad suprema de los cuerpos y la exaltación del placer. Me dediqué durante un rato, hasta que abrieran las tiendas, a uno de mis mayores placeres: el purísimo placer de callejear (bueno, no siempre tan purísimo). En Madrid es conveniente tener los ojos en todas partes: en el suelo para no caer en una zanja de obra, a los lados para que no te aplaste un camión saliendo de una obra, en los bolsillos por que… ya imaginais, pero también hay que mirar arriba. Madrid, a menudo sórdida y de apariencia ruinosa a ras de suelo, ofrece un espectáculo cambiante apenas se levanta la vista del piso bajo. Además para quienes nos gusta la historia y, sobre todo, la “petit histoire”, esos conocimientos inútiles que, sin embargo, nos forman más que los académicos, Madrid es una enciclopedia, muy especialmente del XIX y XX. Pues bien, iba yo de las guirnaldas a las buhardillas, de los besos de tornillo a los barriles de cervezas siendo descargados cuando me encontré con una de esas placas que dan ese dato tonto, sin importancia quizás pero hoy para mi sí la tuvo.

La placa decía que en esa casa había nacido el escritor Enrique Jardiel Poncela, o para mis adentros, El Divino Jardiel. Sita la casa y la placa en la calle Augusto Figueroa, perpendicular a la calle Fuencarral. No voy a entrar en la calidad o no de tan peculiar escritor, conferenciante y dramaturgo, sólo diré, y eso explicará algunas cosas de este blog, que él junto a García Lorca y el egregio Oscar Wilde fueron mis primeras lecturas de semiadulto. Siento pues hacía D. Enrique veneración y gratitud pero también cierto resquemor pues siendo personaje tan sumamente trasgresor en su vida y en su obra optó por una ideología elitista y clasista, sin entrar en la definición derechas-izquierdas, machista (eso sí, con mucha gracia, las cosas como son) y en el fondo en la línea de las que fueron caldo de cultivo de las ideologías totalitarias que vivió en su tiempo. Las ideas progresistas le rechazaron por ello y las conservadoras por trasgresor. Aristócrata por definición y creencia, no por rango, la imagen que se veía esta mañana ante su casa natal ponía las cosas en su sitio. Mujeriego y machista, la homosexualidad era en sus obras si no motivo de burla sí de cierta condescendencia tolerante, su homosexual por excelencia es un tal Perico Espasa, “La tourneé de Dios”, y es periodista. Teniendo en cuenta la opinión que le merecía la prensa no es precisamente halagador. Su ventaja: que esos criterios elitistas eran corrosivos contra todos/todas/todo no sólo con uno u otro colectivo. Junto a la placa que le recordaba dos guirnaldas de banderas arcoiris colocaban al aristócrata en su lugar, entre los mortales con opciones de todo tipo diferentes a la suya. Seguro que le hubiera molestado, no por homófobo sino por popular. Don Enrique, esto es la vida, España y Madrid hoy 2 de Julio de 2010.

4 comentarios:

  1. Curioso, curioso, e irónica la situación, creo que es algo que se hubiera tenido que tomar con bastante flema.

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  2. Bueno, quien sabe, lo mismo estar rodeado de arcos iris y banderolas le han hecho sentirse una princesa (o una reinona), ya que le gustaba tanto la aristocracia, je je je. Un poco de justicia poética nunca viene mal.

    Un besote

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  3. jaj conozco la casa y la placa, pq yo subí una vez una foto de esa placa, casi al doblar la calle pelayo te le encuentras, enfrente de la perfumería que ahí allí y encima de una zapatería creo.

    A mi Jardiel poncela me parece genial. Un dia subí a mi blog una obrita que me encanta y que me sé de memoria, de la que he bebido mucho para mi humor: el genial "Manera de hacer un drama en el que muera la dama" Y tuve el inmenso placer y honor de que su nieto me escribió un comentario agradeciéndome que mi post sirviera para que la memoria de su abuelo siguiera vivo... Creo que fue el comentario de la persona más conocida que tuve nunca, jaajaj

    Bezos.

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  4. Jaja, digo lo que Theodore, justicia poética... conozco bien la placa y la zona, he vivido once años en esa calle...

    Al margen de posicionamientos, opino como tú, que era un dramaturgo de gran talento.

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