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domingo, 2 de febrero de 2014

Febrero

Continuamos con el calendario de Gaspar Camps, carnavalero él.
En realidad hace días que me estoy retrasando en las entradas en parte por el periodo de adaptación al nuevo ordenador, pero también por que ando revueltillo. Permitidme explicarme.
Mi crisis actual, pues yo parece que si no estoy en crisis no me hallo, comenzó cuando me soltó un familiar querido: "es que tú perteneces a una minoría que no le importa a nadie" lo curioso es que la cosa venía por el retraso de Informe Semanal en favor de la majadería gastronómica de Master Chef, a mi ver una Operación Triunfo destinada a un público que, por enfermedad o engorde, prácticamente no puede comer, sin contar con quienes no tienen medios para hacerlo. Es evidente: quienes queremos usar el cerebro no importamos a nadie lo que me lleva a una vieja lucha personal. Siempre he tenido un sentido aristocrático de la vida contra el que he luchado desde que tengo memoria en un esfuerzo democrático. Resulta que no, que no estaba equivocado, que hay una aristocracia vital a la que pertenezco, no precisamente por el uso bueno o malo del cerebro sino primero por resistirme a l corriente y segundo por que soy incapaz de decir a alguien: "no le importas a nadie". Eso, que no sería más que un puyazo más de los que estoy acostumbrado a recibir de lo que se define como familia, me ha introducido en una serie de acontecimientos nimios si queremos pero en cierto sentido demoledores. Por ejemplo, he cumplido 55 años, BIEN, más que nada por que hay una frontera invisible y familiar de morirse a los 54 y los pocos que han sobrevivido lo han hecho hasta edades avanzadas, hubo celebración, claro, y, claro, pequeño enfrentamiento con una amiga. He de reconocer que planeado por mi parte para evitar que se pasara la tarde aterrorizando a dos niñas, inncesariamente. Asuntos domésticos, diréis, y es cierto, que carecen de interés, cierto, el caso es que no fui lo bastante sensible para darme cuenta de que el hogar/familia de esta chica se le está descomponiendo entre los dedos. No hubo consecuencias, menos mal, pero eso no hace que me sienta mejor. 
Sigo, que hay más. El invierno físicamente me destroza, paso muchos días sin salir de casa lo que es capaz de demoler la moral del más pintado, por lo menos a mí me ocurre. El invierno en Madrid normalmente empieza tarde, salvo este año, pero no acaba nunca. Como decía D. Plácido Estupiñá "Madrid es mucho Madrid para estar en la esquina de Gobernación sin capa". El peor més: febrero. Un febrero que puede llegar a la que uno se descuide a Semana Santa. Item más. Por cierto incidente en clase de pintura en el que una loba del norte sin desbravar casi me saca los ojos por haber comentado que no me gusta la copla aflamencada, con estas palabras, ataque del salí con elegancia, me ha hecho ver que cuanto más lazos afectivos tengo menos civilizado soy. Lo que me lleva a la política. Para mi desgracia he heredado el gen de la pasión política, además de tener cuentas pendientes con determinados sectores, dicho esto ¿que decir de las novedades de ley de aborto, educación, aumento de suicidios, niños rebuscando en las papeleras de los colegios, multas a quienes recogen alimentos de los contenedores, cargas en Lavapies y demás lindezas? Cada día es un escupitajo en la cara de quienes, ilustrados o con pretensiones de serlo que buscamos dejar un mundo mejor, mundo que, por lo visto, tampoco. Por otro lado seguramente tendré que dejar mis clases por que el Alzheimer está haciendo estragos entre mis alumnas -no es broma- y de diez que teníamos hace dos años ahora quedan cinco, económicamente no es rentable sin contar con otros matices que no vienen a qué. Treinta y un años de dar clases a un grupo que llegaron a ser cuarenta no es algo que sea fácil de digerir, pero peor es sentir que tampoco podría yo seguir mucho más tiempo. Cierto que por diversos factores pero así es. No sé si esto es la vejez, no sé si será una crisis de crecimiento, no sé si será el inviernocabrón o qué será pero estoy confuso, descentrado, como vaca sin cencerro y, lo que es peor, sin objetivo que logre ilusionarme. Pero me consuelo pensando que soy una minoría que no le importa a nadie lo que me da libertad para soltar cualquier cosa en cualquier sitio, total, a nadie le importa.

3 comentarios:

  1. Las minorías lo que tenemos es pocos votos, por eso no importamos pero somos mucho mas interesantes.
    Me he acordado de ti y de tu calendario viendo la exposición de Eulogio Varela en el Museo ABC. Creo que podría gustarte.

    Un abrazo

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  2. Por supuesto que somos más interesantes pero la gran diferencia es que las "minorías que no importamos a nadie" lo somos por que queremos dejar un mundo mejor a los hijos de las mayorías, como si se lo merecieran.
    No conozco ese museo lo que es absolutamente imperdonable

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  3. Como siempre me he considerado y me han considerado un excéntrico y un bicho raro pocas cosas me afectan, lo interesante es que al fin se han dado cuenta de que soy más peligroso por lo que callo que por lo que digo.

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