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martes, 5 de abril de 2011

Tarde de domingo con buen tiempo.

Tarde de domigo en la Gran Jatte, de Seurat
Hace un domingo precioso de primavera, doña Prisca se acicala como casi todas las tardes de domingo después de la película, ve fatal por las cataratas que, según el médico, no tiene y le tiembla el pulso al maquillarse por culpa del parkinson que, según otro medicucho, tampoco tiene. Si lo sabrá ella que está igual, igual, igual que su tía María Eutropia, la que se murió en el pueblo allá por el veinticinco, le recuerda a su marido mientras quita la corbata por que no hace juego. Claro que ella no la conoció pero lo que contaba la señora Chon a sus ciento dos años es que coincide con todo lo que ella tiene. Vamos, a ella le van a decir. Lo único que no tenía Maria Eutropia era la maldita artrosis, que se murió trotando por los sembraos a los noventa y tres años. Ella, en cambio, baldadita está, esa es otra, los jodidos médicos le dicen que vaya a piscina, que aprenda a nadar, que se le aliviarían mucho los dolores. A estas alturas va a aprender a nadar, sí, hombre, como si ella no tuviera nada mejor que hacer que perder el tiempo con lo que tiene que planchar, ayer mismo: cuatro pantalones vaqueros de su yerno por que la inútil de su hija no sabe planchárselos y le lleva que da vergüenza verle, seis pares de calcetines, catorce paños de cocina, seis toallas y no recuerda qué más; total: toda la tarde a pie firme y luego nadie se lo agradece. Claro, luego tuvo que tomarse una de esas pastillas de dormir que le ha recomendado Maridel por que ella tampoco duerme nada, nada, nada, que no sabe para qué se las toma por que lo único que hacen es estragarla el estómago. El café bebido es su desayuno y luego, hala, a cocinar para otros, que para que lo agradecen más le valía tirárselo a los cerdos, eso sí que se lo deja bien claro: “tres horas de cocina y doce euros el pescado, más el pan, las patatas y el aceite que no veas como ha subido” es una de sus frases predilectas cuanto deja caer los platos sobre la mesa sin que nadie la ayude, que no saben ni poner un plato, por eso no deja que nadie entre en la cocina. Ella, ni probar bocado puede, seguro que lo que tiene es el mal de las vacas locas y eso que a ella la carne le da como asco.
Van al tanatorio, como cada domingo, no es que conocieran al finado pero es el hijo de la vecina del quinto que en cierta ocasión le prestó una taza de ázucar y no le pueden hacer el feo de no ir. Pobre mujer, en tres años ha enterrado a dos cuñados, hermanos de su exmarido, el que la apaleaba y le hizo este hijo, a los dos que la echaron de la casa, precisamente. Menos mal que encontró a este que es un buen hombre que no hace más que emborracharse y dormirla, la pobre hasta cogió una depresión cuando murió el cuñado. Les tenía mucho cariño, claro, les conoció tan jóvenes. Se va a tener que tomar un Nolotil, lo está viendo, no le extraña: hoy tocaba lavar las cortinas, como todos los domingos, y con el cuento de que su marido se marea le toca todo a ella. Así está, que nadie sabe lo mal que se encuentra. Y no será que no lo dice pero nada, ni caso, como quien oye llover. Claro, a nadie le importa. Cuanto mejor hubiera estado de monja misionera en el Congo Belga. En fin, a lo hecho, pecho y a aguantar a este inútil hasta que Dios quiera llevárselo.
En el tanatorio se encuentra, como todos los domingos que no llueve, a la Aurora, la Lumi y la Cari, cotorreando en un rincón. Míra la Cari, y no le llegaba el sueldo, menudo abriguito de pieles se ha agenciado, pues ¿y la Lumi? ¿peluca a su edad?, por favor, hace falta ser vulgar. No como ella, abriguito de paño, de marca, eso sí, que donde hay que se vea, y su pelo blanco y reluciente, bueno, con un ligero toque lila. Ay, la Aurora por donde sale ahora, como si su niña no se hubiera cepillado al difunto, al hermano y al otro difunto de la vecina del quinto y ahora, por que ha sacado las oposiciones a cátedra, se cree algo. Di que mira, para lo que le importa a ella. Se acerca a saludar a Deme, la vecina del quinto, la doliente, y la abraza, se le saltan las lágrimas y no para de lamentarse hasta lograr que Deme se derrumbe con un hábil ¿y tu marido? Como si no supiera que está en la cafetería del tanatorio cogiéndola a base de cubatas. Ay, menos mal que se ha tomado el Nolotil, si no, no cree que soportara el chachará de la Aurora y las otras.
Laurencio ni siquiera mira a su mujer, ha salido a fumar un pitillo y se ha alejado del duelo de los hombres. Hoy la técnica hace milagros y puede desconectar el sonotone del oído izquierdo y conectar el oído derecho la radio y escuchar el Carrusel con cara de poker, imperturbable, como nadie sabe quien es ni qué narices pinta allí, nadie se le acerca y puede ir calculando los puntos y los lesionados de la liga, los puestos de descenso y la posición en que quedan los equipos en los campeonatos europeos. Espera que el miércoles no se muera nadie, es la final de Copa y no quisiera perdérsela pero cualquiera le dice a Prisca de no ir a un velatorio en condiciones entre semana, con lo cumplida que es. Claro, el Atletic pierde, si es que este entrenador, también es cierto que da un poco igual quien les entrene, toda la vida igual. En cambio mira tú, gana el Villareal, le jodió la quiniela, le había puesto un dos fijo. Lo peor es mañana, aguantar a los de la oficina. Hace una tarde espléndida, da gusto, una brisa deliciosa, dentro de nada ya habrá que venir más tarde por el calor y eso le saca de quicio por que al final acaba topándose con los domingueros de regreso las caravanas, ahora todavía no, la gente se anima menos y procura volver bien después de comer o a comer en casa. Hoy va a probar el camino que le dijo el gilipollas de su yerno, que para esto de callejear es tan fullero como para todo lo demás. Gol. ¿Será posible que el Rayo marque otro gol en Valencia? Así no hay quien de una en la quiniela.
A Prisca se le enreda la conversación sobre el asunto aquel del finado con los porros a los quince años y las demás fruncen los labios y dejan caer un silencio cómplice dando a entender que era de esperar, que quien mal anda mal acaba y que de tal palo, tal astilla. Cari, dice que hace fresco pero sólo para arrebujarse en el cuello del abrigo y lucir las pieles, (recuerda, Prisca, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio y muérdete la lengua, hermosa) Aurora se echa a llorar dice que pensando en sus nietos allá en Navalcarnero, tan lejos. Por otra cosa lloras, que nos conocemos, hace lo menos diez minutos que nadie habla de ti. El caso es que es cierto que refresca y es que hace rato que la noche ha empezado a caer. Se va haciendo tarde para hacer la cena. Lumi se lamenta de no tener a quien hacerla, Prisca le responde que no sabe la suerte que tiene mientras piensa que sabe Dios a quien se la está haciendo, que esta con eso de los bailes de salón para bajar el colesterol, además que siempre fue… lo que fue.
-Bueno, hijas, que he de hacerle la cena a éste –dice levantándose bastante menos trabajosamente de lo que pretende hacer ver-. Que una no para de trabajar y ni te lo agradecen ni ná, por que yo ni cenaba, fíjate.
-Si es lo que yo digo: una madre es para cien hijos, cien hijos no son para una madre –remata Aurora asegurándose de que la madre del difunto la escuche mientras se aleja luciendo las pieles de su tronío.
-Por cierto –interviene Cari antes de que Prisca vaya a buscar a Laurencio- ¿sabéis quien está muy malito? El primo de Almudena, la compañera de hospital de Reme ¿os acordáis? Una chica tan maja y lo que lleva pasado.
-Quiera Dios que no tengamos que vernos el domingo que viene en otra como esta –ruega Aurora, a Prisca le viene mejor que sea en un sitio como este que tener que ir a la clínica por la mañana y así no tiene que madrugar tanto para lavar las cortinas.
-Hay que ver que tarde tan preciosa se ha quedado para la fecha en que estamos –le dice a su marido que no la oye mientras conduce camino a casa atento a los tanteos de la liga, maldiciendo el dos del Osasuna y el uno del Villareal- ¿Sabes que está muriéndose el primo de la Reme”- afirma segura de que su marido no tiene ni idea de quien es reme y de la cita con Aurora, Cari y Lumi, espera que por la tarde, por que la clínica por la mañana le viene fatal.

5 comentarios:

  1. ¿Te acuerdas de aquel programa de la tele en que los concursantes tenían "sufridores en casa"? Pues eso.
    Estupendo como todos tus "reality bites" que dicen los americanos.
    Un abrazo

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  2. Estupendo relato. Parece que la vida de las personas mayores es igual en todas partes. Y a mí me cabe la duda de si muchos problemas de salud pueden ser consecuencia de una excesiva medicación. A mi abuela, siendo ya nonagenaria, la atendió un médico que decidió retirarle gran parte de su medicación y, contra todo pronóstico, mejoró mucho, y en sus últimos años gozó de mejor calidad de vida, dentro de su senectud, que en años anteriores. Y hace un tiempo escuché una entrevista a Santiago Carrillo en la que decía: "Es que hay un día en el que empiezas a ir a funerales y no acabas nunca". Y, como describes en tu relato, se termina convirtiendo en un pasatiempo más. Un saludo.

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  3. jaja Cari, real y demoledor, como siempre. Vaya retratos sociológicos que haces entre costumbristas y esperpénpenticos... Eso si, que considerados los amigos de este matrimonio que siempre se mueren en domingo, jaaj. Y no son tan mayores, puesto que él todavía "va" a la oficina, no?. Esto me recuerda algo que contaba mi abuela de que los de su pueblo en Galicia aprovechaban los autobuses que se ponen para ir al os entierros (ya sabes que lo pone en las esquelas: "saldrán autobuses de las parroquías de Piornela, Mazaricos y Oza de los Ríos...) para ir de excursión, conocieran o no al muerto... Hacia un turismo mortuorio, jaja

    Bezos.

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  4. Bodas, bautizos y comuniones, pero no hay con una defunción para pasar una tarde de lo más entretenida.

    Oye y lo del cartelito de entrada, a cuadros me he quedado ????

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