Páginas vistas en total

jueves, 13 de septiembre de 2012

Copla y 4: El estado de la cuestíón.

Aquí hemos de hacer un ejercicio serio de separar la paja del trigo. Hoy la Copla ofrece una imagen tristísima de decrepitud, cutrerío, aromas de corrupción, exclusivas en revistas del corazón y programas del higadillo. Casquería, en suma. Alcaldes, toreros, guardias civiles, presentadores incalificables, niños pijos, trepas, descuideros/as, paparazzi, ricachones e impresentables en general han clavado las garras en lo relacionado con la Copla con el beneplácito de los/las sucesores/as de quienes fueron grandes al amparo de medios de incomunicación, caciquismo y pijerío. Este devastador panorama de la copla se enmarca, además, con otro panorama musical hecho de triunfitos y de jovencitos y jovencitas cuyos méritos musicales están más bien en sus caderámenes que en su talento y que se parecen asombrosamente unos a otros, panorama no menos devastador. A estos elementos hay que añadir el toque político que ya mencioné al identificarse con el franquismo antes y hoy con un cierto tufo a caciquismo del tipo gilesco-marbellí, así como un no menos cierto snobismo pseudoprogre que no hace sino impedir escuchar de veras la Copla. A todo esto, ya de por sí apocalíptico para el género, añadimos algunos detalles más:
-la excesiva valoración y éxito de la copla durante muchos años dieron lugar a subproductos carentes de valor alguno y, lo que todavía es peor, a películas nefastas en que se mezclaban piezas de calidad con otras infames en caldos de cultivo incalificables como obras cinematográficas.
-la mezcla entre géneros y subgéneros: rumba, pop, incluso flamenco puro. Esta mezcla, en ocasiones, especialmente en los sesenta-setenta, como intento de “actualizar la copla” y en otras ocasiones llevándola a un terreno que, el flamenco o “Jondo”, por grande y glorioso que sea, no es el suyo.
-la indefinición sobre las fronteras entre cuplé, copla, canción aflamencada, número de revista y otros hace que se desdibuje tanto que resulte realmente duro entresacar la Copla de todo ese marasmo. A ello han contribuido de un modo lamentable pseudocopleras que, al no encontrar su sitio en el género, han cantado cualquier cosa de cualquier manera. Recuerdo una lamentabilísima versión de "La hija de D. Juan Alba" de los sesenta-setenta cuya intérprete voy a tener la caballerosidad de callar que explica por sí misma lo que estoy diciendo.
-los y las niñas prodigio del cine español: empezando, naturalmente por Marisol y seguida de cerca por Joselito y Rocío Dúrcal: todos ellos creaciones que interpretan en sus películas infantiles algo que, siendo parecido a la Copla o simplemente con resonancias copleras si se le echa mucha imaginación, resulta un espectáculo lamentable. Afortunadamente en muchos casos de adultos siguieron otros caminos artísticos con verdadero talento.
Está claro que apenas doy nombres, cualquiera puede ponerlos sin errar.
Ahora bien, no toda la decadencia de la imagen de la Copla hay que ponerla en el plato de la balanza de la farándula del coplerío. Voy a destacar dos aspectos fundamentales y complementarios que son los polvos que trajeron estos lodos.
El medio natural de la Copla era la radio, que nace en España casi simultáneamente a ella, y que la difunde. En un país que apenas tenía para comer, si había suerte, en un país en que el pensamiento oficial pasaba por el “niña Isabel ten cuidado, donde hay pasión hay pecado”, en un país triste, con las familias divididas en cuatro: republicanos, franquistas, exilados y muertos, en un país sin hombres y con ciudades y tierras devastadas la radio saliendo de una ventana, llenando el patio con los boleros y las Coplas, era como un analgésico, según palabras de Pedro Grijol, (Catálogo de la exposición: “La Copla”, Biblioteca Nacional, Febrero-Abril 2009), sí, por supuesto, como las radionovelas de Guillermo Sautier Casaseca, pero, y este pero es importantísimo, también la única forma de cantar y contar la mayoría de las tragedias que se desarrollaban detrás de cada ventana abierta a ese patio: soltería, soledad, pobreza, abandono, hambre, adulterio, homosexualidad. Eso era la radio. Hoy es difícil de imaginar incluso para quienes vivimos el fin de aquel tiempo, pero en los primeros sesenta había una televisión como mucho en cada portal, eso cuando la había; en los hogares todavía estaba la única radio en lugar preferencial, casi siempre en la cocina, donde se podía vivir entonces, cabíamos y estaba el calor de las cocinas de carbón. Cuando había corrida de toros o algo importante, los vecinos se reunían en casa del propietario de la tele pero el diario, el sonido que llenaba las mañanas antes de ir al cole, las tardes, a la vuelta, todo el día para los más pequeños o cuando estábamos malos era la radio. Además en AM, la FM todavía no la teníamos todos. La radio fue pues la gran difusora de la Copla, en ella se aprendían las letras y luego se cantaban por que sí: antes la gente cantaba. Sé que parece como si estuviera hasta las trancas de estupefacientes pero no es así, la gente cantaba. No a todas horas, no en cualquier parte pero sí, cantaba. Las labores domésticas eran un momento perfecto para ello y así salían de las ventanas, las mismas por las que habían entrado, voces menos educadas echando al viento mientras aireaban las camas que ella era la otra o que iba buscando de mostrador en mostrador. Pero fue también la radio un elemento que contribuyó en no poca medida al deterioro de la imagen de la Copla primero por sobresaturación, "El toro enamorado de la luna" era casi obsesivo, y luego por tardar demasiado tiempo en dejar espacio a las nuevas formas musicales, especialmente las anglosajonas. Así dio tiempo a que músicas no especialmente subversivas se convirtieran en encarnación de progresismo y rebelión.
Por otro lado hay en este país, ya Larra lo denunció brutalmente con su “En este país”, un papanatismo ajeno a cualquier forma de objetividad y que va desde el absurdo chauvinismo del “como en España no se vive en ninguna parte” y el “soy español, español, español” al desprecio sistemático de todo lo que tiene aquí su origen. Papanatismo ibérico pata negra. Me voy a permitir contar una experiencia personal: corría el año 1978-79 y estaba yo en la facultad y en la televisión “Cantares”, presentado por Lauren Postigo, presentador en cuyo trabajo no voy a entrar por que sería el cuento de nunca acabar. Aquella noche iba a actuar Lola Flores, nunca fue una de mis debilidades, he de reconocerlo, pero yo no me perdía un programa nunca así que comenté con los compañeros que iba a verlo. Me llamaron de todo, todos se iban a ir no sé donde o a dormir antes que ver semejante “cosa”. Eso en una facultad de Geografía e Historia, sección Arte, donde todo aspecto de la actividad humana debe interesar. Papanatismo puro en la sede de la intelectualidad, genial. Como a mí lo que digan las vecindonas me ha traído siempre completamente sin cuidado y aun sabiendo el choteo generalizado a mi costa que me supuso mi afirmación, hice caso omiso y aquella noche me senté a escuchar y ver a Lola. Convencido, eso sí, de que realmente no estaba yo a la altura de aquella gente tan lista y tan “modelna”, incluso con una pizquita de culpa, que es saborizante sabroso en cualquier guiso. Cual no sería mi pasmo, asombro y anonadamiento cuando al día siguiente todos mis compañeros snob, y digo todos, se habían bebido a Lola Flores y empezaban a buscar disculpas de cualquier tipo para autojustificarse. Ya. Este papanatismo ibérico pata negra hace que cualquier bazofia anglo parlante se ponga por delante del mejor fruto hispano. No voy de patriota, creo, como Larra, que la única forma de mejorar la patria es con la más feroz crítica, en lo que haya que criticar. Así, cuando la falsa progresía comenzó a ser activa, la Copla cayó, mucho antes que los monumentos representativos del régimen, que, por cierto, aun perduran.
La televisión creó sus propios mitos, las grandes copleras se retiraron, las otras intentaron subirse al carro de la modernidad con “cosas” infumables de las que me va a servir de ejemplo “Casa Flora”, película de los primeros setenta, pero que no es sino uno de tantos. Sólo unas pocas, lograron bandearse entre una cosa y otra con cierta dignidad hasta los noventa cuando se produjo una reivindicación de la copla precisamente entre la intelectualidad que en sus años universitarios se había burlado de ella.
Ante este, lamentabilísimo, horizonte actual se ha de tomar partido entre tres opciones: primera, considerar que es algo del peor pasado, pasar página y aquí paz y después gloria. Dejándola para nostálgicos y horteras variados, como el abajo firmante.
Segunda opción: hacer el esfuerzo de mirar y analizar hasta dar con un corpus de piezas básicas, corpus muy amplio desde luego, que configuran la Copla y considerarlo un género cerrado, como la Ópera o el teatro Nô. Sí, se hacen óperas nuevas y también algún intento de Nô, pero el corpus central está cerrado. Ninguna actual alcanza lo que fue el género, ni creo que nadie aspire a alcanzar “La Traviata”. Igualmente se puede considerar que las “coplas” que se hacen y harán ahora y en un futuro ni pueden aspirar a lo que fueron las grandes.
La tercera y última opción supone un aun mayor trabajo. Se trataría de destilar lo esencial de la Copla y ver hasta que punto permanece en la evolución musical española. Veamos un ejemplo: si observamos la estructura dramática de las piezas-copla y reducimos a ella la esencia coplera nos encontraremos con autores como Serrat, Sabina o Serrano, que continúan esa tradición dramática, en ocasiones hasta con temas similares: “La niña de la estación” y “Penélope”, por ejemplo. Alaska (¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?), Mecano y algunos más mantienen esa estructura de planteamiento desarrollo y desenlace de temas del día, “Cruz de navajas” sería un ejemplo perfecto de lo que digo. Pasión Vega o Martirio añadirían a esta estructura otro rasgo de copla, la música más hispana o, en ambos casos, andaluza, pero no podemos olvidar ejemplos como los del Víctor Manuel de hace algunos años, con aires asturianos y es seguro que se me escapan entre los dedos muchísimos más ejemplos. Desde luego hay que hilar fino pues desde hace muchos años las influencias de la gran música iberoamericana se suma al acervo de los autores e intérpretes pero, desde esta tercera opción la Copla sigue ahí, mezclada y perdida en la avalancha musical, al cambiar la piel de sus temas (la madre soltera o la malcasada hoy día carecen de la carga de entonces) y de sus aires musicales parece desaparecer pero ¿es realmente así?.
Creo que es cuestión no ya personal sino tema a debatir o por lo menos a meditar por quienes nos interesa el bagaje cultural de un país, éste que nos ha tocado, y de un tiempo, los últimos ciento y pico años.
Es evidente que el tema no se agota aquí y que he de volver a él, pero consideremos estas cuatro entradas como prolégomeno de otras que no voy a afrontar sino más adelante pues no quiero hacerme monográfico.

Julio Romero de Torres, que flaco favor hizo a lo "español" a pesar de su talento, pintó, además de la mujer morena, esta "Consagración de la Copla", obra en la que están presentes casi todos los elementos perniciosos para el género.

4 comentarios:

  1. Gracias por esta clase magistral. Eres un artista del estudio de la copla.

    ResponderEliminar
  2. Al ver al Golosinas ya me imaginé lo peor.
    Tengo la impresión de que la copla, la de siempre, no la de Alaska y eso, ha quedado reducida a La Pantoja y otras cantantes desconocidas para el gran público que se mueven basicamente por Andalucía. La tele andaluza tiene, cómo no, un programa de concursantes que cantan copla (el concurso y la copla han estado muy unidos desde que tengo memoria). Qué horror esas niñas casi bebés que se mueven como sus abuelas. La señora Pantoja nunca me gustó (y me refiero en este caso a su forma de cantar) precisamente porque me suena a concursante, a la que gana el concurso si quieres, pero a concursante.
    Hoy en mi opinión, solo Miguel Poveda le da calidad y altura al género.
    No conocía el cuadro de R. de Torres.Veo a la hija de Don Juan Alba (asesinada por Rosa Morena) pero no veo a Gloria de Cadiz ni a la vendedora de doña Manolita.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. La verdad no se por qué opción decantarme, ha llegado un momento en que sólo puedo oír alguna copla cuando es interpretada por una de las voces clásicas o algún cantante minoritario, creo que en realidad el círculo hace años que quedó cerrado y hoy en día es casi algo arqueológico de un pasado que algunos quisieran enterrar, curiosamente se nos avecinan años que van a recordar ese pasado, así que de ahí el no saber que opinar ya que este país da muchas vueltas.

    ResponderEliminar
  4. David, gracias aunque sea excesivo elogio.
    Uno: te doy toda la razón, se ha recluido en Andalucía con pocas excepciones, y hasta en lo de la Pantoja como concursanta. Las niñas se mueven como sus abuelas y van maquilladas como la p. de la esquina.
    Personalmente la copla me gusta en voz femenina pero no voy a opinar sobre Miguel Poveda por que no conozco nada de él.
    El cuadro de Romero de Torres es uno de los muchos que tiene que es mejor no conocer, se salva por los otros muchos maravillosos. Uno, por favor, que poco caballero: "asesinada por Rosa Morena", con lo discreto que había quedado yo.
    Javier: desde luego tienes razón en gran parte. Un corpus cerrado cantado por las grandes voces. En lo que difiero es en lo de arqueológico, creo que se vive como un permanente redescubrimiento. Quizás esos muchos que quieren enterrarla no se dan cuenta de que Elvis lleva ya la tira de años criando malvas y ahí seguimos. Ah y de que si es por esa falsa progresía, más valía que quisieran desenterrar lo que sigue enterrado. Aunque se nos avecinen años semejantes no volvera la copla por sus fueros por el papanatismo al que me he referido y por los triunfitos y demás carnaza. En cuanto a mi opción personal va madurando despacio.
    Un abrazo y gracias por leerme.

    ResponderEliminar