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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Felicitaciones

¿A quien no se le escapa una sonrisa o un pensamiento del tipo “que majos” o “que detalle” cuando abrimos el buzón y encontramos una felicitación navideña? Todas dejan un algo, incluso las de aquellos que preferirías no conocer pero a quienes por genética estás condenado.
Sin embargo, hay otras que van un paso más allá y acaban siendo pequeños tesoros que se almacenan en esas cajas –sí, esas cajas que tantas entradas han alimentado-, de lata madera o cartón en las que queremos, como si fuéramos Noé, salvar lo que fue nuestra vida o la de nuestros ancestros.
Algunas adquieren ese “valor añadido” por ser la última de alguien que se fue; otras por ser especialmente graciosas, bonitas u oportunas y otras no se sabe muy bien por que.
En alguna Navidad una señora amiga de los veraneos nos felicitó con una sencilla postal, cielo azul, casas, nieve y, aquí y allá, toques plateados, era apaisada con lo que cubría muy bien la base del diminuto árbol que entonces ponía, así que fue inmediatamente colocada bajo él. En años sucesivos fui descubriendo su gusto por los brillos y guardando cada tarjeta por puro placer estético. Una Navidad no llegó el sobre matasellado, ya no podía escribir. Cuando, bastantes navidades después, tampoco sonó la llamada con que contestaba a mi felicitación, supe que esas tarjetas brillantes eran lo único que me quedaba ella. Se habían convertido en reliquias de las largas charlas del mes de agosto, de las bromas, de su coquetería, de su inacabable parloteo, de todas sus historias, de una personalidad exuberante, reprimida y algo hortera, como sus felicitaciones. Hoy cuando las encuentro al buscar con qué tapar la maceta de plástico del arbolito de navidad no puedo evitar una sonrisa ni pronunciar su nombre en voz baja.

3 comentarios:

  1. Joer, Joaquin, eres un poeta. Como me gustaria saber expresar asi un sentimiento. Un abrazo.

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  2. JOAQUINITO, hay que reconocer que con estas fiestas te creces. Estupendo texto.

    Un abrazo

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  3. David: no creo expresar todo lo que quisiera, pero muchas gracias.
    Uno: te tengo que dar la razón, en Navidad me crezco y yo que soy torpón por naturaleza con cuatro cosas monto una decoración navideña, sin recursos pero resultona.
    Lo que siempre digo, soy la identidad secreta del Espíritu de la Navidad Presente, pasa y conóceme mejor.

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