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lunes, 10 de diciembre de 2012

Una primera incursión navideña: Si, Virginia, existe Santa Claus

Con el llamado “Puente de la Constitución” parece ser que queda inaugurada la temporada navideña cuasi oficialmente. Como ya sabéis quienes me leéis habitualmente la Navidad es una de mis pocas pasiones y algo a lo que dedico mucho tiempo actuando y pensando en ella. Claro que últimamente los asuntos navideños andan por caminos ambiguos. Personalmente veo la Navidad como las expediciones de las películas de Tarzán: siempre al borde del abismo. Seguramente trataré más el asunto que, como sabéis, me interesa de siempre. Sin embargo, antes de entrar en mi propia perspectiva he querido recordar que el debate viene de lejos, quizás desde el principio, pues incluso la propia iglesia no celebró la Natividad de Jesús durante los primeros trescientos años e incluso después tardó mucho en adquirir la universalidad que posee actualmente. Sé que en el estado de la cuestión actual influyeron los grandes almacenes y su necesidad de mantener un calendario de compras que cubriera el año pero tampoco olvidemos que frutos artísticos como los tradicionales villancicos (y no me refiero a los del “ande ande ande la marimorena” sino a los exquisitos poemas medievales cantando el Nacimiento) son muy anteriores a todo este proceso. Incluso el más excelso relato navideño “Canción de Navidad” del nunca suficientemente alabado Charles Dickens data de 1843. Existe, igualmente, una inmensa tradición no evangélica sobre el Nacimiento de Jesús que se ha ido formando a lo largo de veinte siglos al margen de los intereses comerciales. Tradición no evangélica que ha sido cuidadosamente eliminada del catolicismo oficial pero que ahí está, perdurable. Lo cierto es que el debate pro y contra navideño viene de lejos y en esta entrada quiero recordar lo que ha sido una de las editoriales periodísticas más famosas de todos los tiempos, lo que en prensa vienen a ser trescientos años. Lamentablemente no es europea sino norteamericana, y digo lamentablemente por que la potencia con que Estados Unidos ha empujado las celebraciones ha eliminado en cierto sentido la memoria de lo que eran en el resto del mundo antes de ese impulso. Data el texto de 1897, publicado por el “The New York Sun” y escrito por Francis P. Church. Quizás, desde el cinismo de nuestra sociedad falsamente desarrollada, nos pueda parecer infantil o ñoño, pero quiero pensar que todavía quedamos más de uno o dos humanos a quienes todavía nos dice algo el texto, la Navidad y este tiempo, por que si no fuera así, realmente, esta vez sí que realmente, a la condición humana le queda muy, pero que muy poco, de tal.

SI, VIRGINIA, EXISTE SANTA CLAUS (traducción tomada de Epistemowikia)

¿Existe Santa Claus?
Para nosotros es un placer responder de inmediato la comunicación de más abajo, expresando al mismo tiempo nuestra inmensa satisfacción por el hecho de que su fiel autora se cuente entre los amigos de The Sun:

QUERIDO EDITOR: Tengo 8 años.
Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe.
Papá dice, 'Si le ves en The Sun es que existe'
Por favor, dígame la verdad: ¿existe Santa Claus?

VIRGINIA O'HANLON
115 WEST NINETY-FIFTH STREET.

VIRGINIA, tus amiguitos están equivocados. A ellos les ha afectado el escepticismo de una era escéptica. No creen salvo en lo que ven. Piensan que algo no es posible si sus pequeñas mentes no son capaces de entenderlo. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o niños, son pequeñas. En este gran universo nuestro, el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto, si lo comparamos con el mundo sin fronteras que le rodea, si lo medimos según la inteligencia capaz de aprehender toda la verdad y todo el conocimiento.
Sí, VIRGINIA, existe Santa Claus. Ciertamente él existe igual que existen el amor, la generosidad y la devoción, y sabes que éstos abundan, dando a tu vida las mayores bellezas y alegrías. ¡Ay! ¡Cuán aburrido sería el mundo si no existiese Santa Claus! Sería igual de aburrido como si no existiesen VIRGINIAS. No habría fe infantil, ni, por tanto, poesía, ni romance para hacer tolerable esta existencia. No tendríamos placeres, excepto los de los sentidos y la vista. La luz eterna con la que la infancia llena el mundo se extinguiría.
¡No creer en Santa Claus! ¡Entonces tampoco deberías creen en hadas! Podrías pedir a tu papá que contratase hombres para vigilar todas las chimeneas la noche de Navidad para atrapar a Santa Claus, pero incluso si no viesen a Santa Claus descender por alguna, ¿qué demostraría eso? Nadie ve a Santa Claus, pero eso no prueba que no exista Santa Claus. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que no pueden ver ni niños ni hombres. ¿Has visto alguna vez hadas bailando sobre el césped? Por supuesto que no, pero no hay ninguna prueba de que ellas no estén allí. Nadie es capaz de concebir ni de imaginar todas las maravillas que permanecen ocultas ni las que permanecerán para siempre en el mundo.
Rompes el sonajero de un bebé y ves lo que produce el ruido dentro, pero hay un velo que cubre el mundo oculto que ni el hombre más fuerte, ni incluso la fuerza unida de todos los hombres más fuertes de todos los tiempos, podrían romperlo. Sólo la fe, la poesía, el amor, el romance, pueden descorrer esa cortina y ver y contemplar la belleza sobrenatural que se oculta detrás. ¿Es todo real? Ah, VIRGINIA, en todo este mundo no hay nada real y perdurable. ¡Ningún Santa Claus! ¡A Dios Gracias! Él vive, y vive para siempre. Mil años a partir de ahora, no, diez veces diez mil años a partir de ahora, él continuará alegrando los corazones de la infancia.

7 comentarios:

  1. Para mi son tus entradas navideñas las que dan comienzo a la Navidad. Será porque no tengo niños.
    Me acordé de ti cuando el bobo de Benedicto ha querido pasar a la historia como el papá que se llevó el buey y la mula del nacimiento. ¿Cómo se atreve? Cómo no va a estar en crisis la Navidad si el propio representante del niño Jesús la ataca.

    Un abrazo

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    1. Es un honor ser un banderazo de salida navideño, gracias. Con respecto al tema que apuntas tengo una entrada pendiente sobre el tema.
      Un abrazo

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  2. Perdona que te responda aquí pero según tu me comentabas la entrada última en los comentarios del tio de la grua y yo he encontrado tu comentario en el de la parejita del metro. No se qué decir ni que solución darte excepto que entres desde un navegador distinto al que utilices que es lo que hago yo cuando tengo un problema y lo que Justo me dijo que hacía para evitar los que tenía al entrar en mi blog.
    Lo siento. Un abrazo desde Sevilla

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  3. Si tu lees en su sitio y yo veo bien tus imágenes y casi todo tu texto, pues estupendo lo que me temía era que se fueran acumulando los comentarios en lo de la grúa. Más que nada por que yo de eso de navegadores más bien cortito.
    Un abrazo

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  4. Los navegadores mas comunes son Internet Explorer, Firefox y Safari. Son todos gratis y es bueno tener mas de uno por lo que hemos hablado.

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  5. La Navidad existirá mientras existan niños y los mayores podamos conservar una halo de inocencia en nuestras miradas. Y lo digo yo que no soy precisamente el más Navideño de tus lectores.

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    1. Creo, además de suscribir tus palabras, que, como la fe, la Navidad es un acto de voluntad.

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