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viernes, 14 de diciembre de 2012

Segunda incursión navideña: de mulas y bueyes.

Como ya he comentado aquí en más de una ocasión Joaquinitopez es la identidad secreta de El Espíritu de la Navidad Presente, como Clark Kent o Peter Parker. Claro que por lo menos esos pueden dar de leches a quien les apetece con el pretexto de que “Eh, ellos son los pillos,¡sí!” como se traducía cuando yo leía aquellos comics. Como Espíritu de la Navidad Presente no me están permitidos tamaños desafueros, lógicamente. Sin embargo, estoy pensando seriamente en presentar mi dimisión irrevocable. O me autoriza la Superioridad a dar unos cuantos sopapos a quien fuere menester o el menda lerenda se larga a la cola del paro, aunque haya que emigrar a Chikititistán.

Es que, caramba, a veces hasta el más optimista de los mortales y de los inmortales (la escena en el Templo de Jerusalén nos habla de ello) se echa las manos a la cabeza y se le vienen ideas como coger una antorcha, montar una guillotina en la esquina más próxima o directamente gritar aquello de “paren el mundo que me apeo”. La última ha sido lo que ha dicho Benedicto XVI: primero que la estrella de los magos fue una supernova, cágate lorito, buen intento para que no quede establecido con precisión el momento de la Natividad. Belenísticamente esto supone que en lugar de un cometa con cola de lentejuelas y demás hay que poner un buen petardo sobre el portal para que chamusque las alas de los ángeles con el Paz en la Tierra. Segunda: que los pastores no cantaban. Vaya por Dios, ninguno de los pastores de todo Belén cantaba, bueno, sería lógico puesto que era plena noche pero ¿tan infalible es el Santo Padre (eso sí, sólo desde el 18 de Julio [oh, cielos] de 1870) como para asegurar que a ninguno de esos pobres hombres en una noche gélida del año 0 se le había ido la mano con el tintorro? Por que en aquella tierra había tal cantidad de razas y culturas que es realmente complicado asegurar que ni uno solo de todos los pastores de Judea estuviese cantando. Misterios del Dogma que repara en todo, desde estas minucias hasta la imposibilidad de que encajen las fechas de diciembre para la Natividad ¿o no? Además, Lucas 2, 20 dice: “Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho”. Que yo sepa el canto siempre ha sido la manifestación más rápida y directa para esta labor, en este caso gozosa.

Sin embargo, lo que me ha sacado de mis casillas y a punto ha estado de lograr que me quite la corona de muérdago –el acebo pincha- y la mandara volando por la ventana ha sido la afirmación gratuita de que no hubo ni mula ni buey en el Nacimiento de Jesús. Curioso que fuera un establo y no hubiera bichos, ¿habría cerdos, vacas, cabras u ovejas? ¿gallinitas, tal vez? El argumento es que no lo dice ningún evangelista. Genial, sólo uno (Lucas) trata del Nacimiento, y de un modo harto escueto, por otra parte. Teniendo en cuenta la luz y taquígrafos con que la Santa Madre ha decidido cuales son los canónicos y cuales no; item más, sabiendo que el más cercano a la vida de Jesús de los cuatro evangelios canónicos, que no es el que habla del nacimiento, data de, al menos el año 70, cuando muy difícilmente podía quedar un superviviente dada la esperanza de vida de la época; item más, conociendo de sobra que, forzosamente, los bienintencionados evangelistas tuvieron que apoyarse en tradiciones orales (eso sin querer ser heterodoxo). Teniendo en cuenta todo esto me cuesta creer que alguien pueda tomarse en serio esta afirmación y menos que nadie las personas tan cultas y preparadas que rigen la Santa Madre.

Bien, sigamos. La mula y el buey, ahora resulta que tampoco estaban allí. Vamos, que aceptamos que el bueno de José y la pobre parturienta María se meten en un establo sin animales, que, por cierto, son la primera calefacción usada por los humanos. Un establo en una noche de invierno vacío, si se dijera “cueva”, “ruinas” o algo semejante cabría esa posibilidad pero se dice textualmente “pesebre”, término cuyas definiciones son 1: Especie de cajón, hecho de obra de albañilería, donde se pone de comer al ganado vacuno y a las caballerías. 2: Lugar donde se coloca este cajón. Nada de ruinas ni de cavernas: pesebre. Afirma Lucas inmediatamente después “Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño”, luego era zona ganadera. Bueno, pues no. Allí no había ni mula ni buey. Decidido. Ayer en el mercadillo navideño de mi Plaza Mayor una pareja decía: “No vamos a poner la mula ni el buey, vamos a poner la vaca y el burro”. Una buena salida y casi tan absurda como la afirmación que dio lugar a ella. Cierto que no son mencionados en los Evangelios, pero teniendo en cuenta que José tiene, según, los canónicos, dos genealogías diferentes, digamos que el rigor periodístico de los escritores de ciertas partes de los Evangelios deja un pelín que desear. El hecho de que en la mente popular ambos animales hayan encajado en la escena del Nacimiento de Jesús no es en absoluto gratuito, no soy antropólogo ni cosa parecida pero un tema iconográfico, por lo demás complejo de encajar en las composiciones artísticas de cualquier género, no perdura tanto tiempo sin un motivo más profundo. El inconsciente colectivo tendría mucho que decir aquí, el simbolismo egipcio, también, y, desde luego, la pura lógica del hombre rural, sencillo y que conoce lo que es una noche de diciembre al raso con una mujer alumbrando. Más interesante resulta preguntarse a santo de qué viene esta afirmación a estas alturas, cuando lo que iconográficamente hemos venido llamando el “Misterio” es uno de los pocos pilares universalmente aceptados o al menos no tan cuestionados como otros muchos (fecha de nacimiento, censo, matanza de los Inocentes, y sólo apunto unos ejemplos).

Si se me permite una reflexión personal he de decir que en muchos, sino en todos, los nacimientos y muertes de los grandes Maestros de la humanidad han estado presentes animales, representación quizás de la universalidad de su mensaje, en la más inocente de sus lecturas, por supuesto. Por eso alrededor de estos animales, lógicos en el pesebre, la tradición ha ido poniendo otros como el gallo (el término “misa del gallo”, es por algo), lechuzas, corderos, etc. Es evidente que se podría decir muchísimo del sentido de cada uno de ellos, algunos tan profundamente cristianos como la alegoría del cordero con el sacrificio Pascual y la propia Crucifixión, lamentablemente carezco de formación para ello y me tendría que limitar a una enumeración.

Sigamos con la, por ahora, última perla: Sus Majestades Los Reyes Magos llegaron a Belén nada menos que desde Tartesos. Cuando lo oí se me cayó la mandíbula de puro boquiabierto que quédeme. ¿Me mande lo qué? Senteme y cuasi desconectáronseme las neuronas ya en franca rebelión después de lo de la mula y el buey. La cultura tartésica se sitúa entre Huelva y Cádiz, hombre, salero no les iba a faltar a los buenos Monarcas, pero sólo creyendo que fueran capaces de dar la vuelta al mundo y llegar a Tierra Santa por Oriente se puede entender lo que dice Mateo 2:1 y 2:2: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. Vamos que yo sepa Hispania siempre fue el finisterrae por OCCIDENTE. Además, no sólo es imposible comprobar la existencia de una ciudad llamada así, lo cual no tendría importancia alguna, sino que la cultura tartésica había desaparecido en el s. VI a. C. y en aquel tiempo, reinando Augusto en Roma, toda la zona era colonia romana, a menos que exista una “pequeña aldea hispana que resistiera al invasor” y que nos es históricamente desconocida. Creo recordar que afirma que eran astrónomos, no sé por que no me sorprende cuando vienen siguiendo una estrella, lo que sí me sorprende es que no hayan quedado, que yo sepa, restos de observatorios de entonces por estas tierra y sí, y bastantes, al Oriente de Judea.

Básicamente es increíble tanta tontería que en nada afecta a lo esencial del mensaje cristiano, que no siempre es el de la Iglesia. Entonces ¿Qué representa todo esto?, ¿es una cortina de humo?, ¿realmente uno de los más grandes líderes espirituales del mundo se dedica a contar las ovejas de Belén?, ¿realmente la gente que le rodea no ve que no viene a cuento todo esto en un momento crucial para la humanidad? Por que lo que no cabe dudar es que en la Iglesia están muchas de las mentes privilegiadas, que ha sido y es, en cierto modo, depositaria de la cultura, y que una institución tal ha de estar en manos muy inteligentes –y crueles- para sobrevivir dos mil años. Vamos, que tontos no son. Me pregunto a Santo de qué este numerito a estas alturas.

Leo en algunos blogs más o menos religiosos que los medios han hinchado y manipulado la información, que el Papa quiso decir o ha dicho esto o aquello. No me cabe la menor duda de que tienen razón pero primero: señores, han sido ustedes quienes han creado el monstruo de la manipulación de los medios. Segundo: aunque sólo fuera una nota a pie de página ¿es realmente necesario ese comentario en un libro sobre la infancia de Cristo?

En fin, como siempre digo: “Pasa y conóceme mejor”, aunque parece ser que cada vez lo ponen más difícil

Firmado El Espíritu de la Navidad Presente

6 comentarios:

  1. En fin, que decir, Joaquin. Yo en mi ignorancia pienso que el burro en el que previsiblemente montaria Maria para el viaje no lo aparcarian en zona azul cuando hasta hace pocos años y aun hoy en muchos lugares, personas y animales comparten estancias por una mera cuestion de superviviencia. De todos modos, con tanto burro en la iglesa catolica actual, uno menos no se notara. Felices fiestas.

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    1. Suscribo tus palabras de pe a pa. Feliz Navidad y un fuerte abrazo

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  2. A mi me lleva a pensar que ese hombre se aburre mucho, lo que es símbolo de aburramiento, porque anda que andar metido en estos pesebres cuando existen tantos temas realmente importantes, El Vaticano necesita ventilarse que huele a moho !!!

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    1. A lo que huele a es a lo que olía Dinamarca según Hamlet. Más que aburrimiento yo me pregunto si no será del riego. Feliz Navidad.

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  3. En Sevilla he percibido alegría por el hecho de que los magos fueran andaluces (lo que le faltaba al chauvinismo andaluz) y al mismo tiempo indignación por lo de las bestias. Incluso una protesta en el belén de un bar (¡cuantos belenes por toda Sevilla!) con un letrero que decía: No nos movemos de aquí. Firmado: la mula y el buey.
    Entiendo que Benedicto mas allá de la fe ciega, pretende dar verosimilitud al asunto y como lo de la virgen que pare y la paloma y todo eso es mas dificil se ha agarrado a la mula.
    ¿O será que aplica recortes?

    Un abrazo

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  4. Los chauvinismos son siempre malos, pero hay que reconocer que Sevilla y su gracejo tienen un puntito que pa que las prisas. Repito que yo creo que lo de Benedicto va a ser del riego. Feliz Navidad y un abrazo

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