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domingo, 20 de julio de 2014

Verano, vacaciones, recuerdos, ilusiones, decepciones.

Habréis observado que últimamente las entradas se vienen distanciando un poco más de lo habitual. No, no pienso dejar el blog, ni siquiera tomarme unas vacaciones estivales. Lo que si voy a hacer es durante un tiempo no presionarme para tener que poner una entrada cada cuatro días como venía haciendo o lo intentaba al menos. Espero que tan solo lo que dura el verano. Si todo va bien recuperaré el ritmo pasado este tiempo en otro tiempo tan estimulante para mí. Ahora veo a casi todo el mundo preparar sus vacaciones con ilusión y expectativas como un espectáculo ajeno que me esfuerzo en comprender pero que no logro hacerlo. Sé que yo viví todo eso: el equipaje, la perspectiva de reencontrar amigos, amores, de romper la monotonía, incluso eso de comprarte un bañador nuevo diferente aunque el del año anterior estuviera nuevo. Sé que todo aquello ocurrió, lo recuerdo, pero no consigo comprender esta pequeña voragine que fue la mía de preparativos y  alegrías. Debo haberme hecho viejo, infinitamente viejeo a mis cincuenta y cinco cabales. No salgo de vacaciones, no me veo con fuerzas, ni físicas ni mentales. Supongo que han sido demasiadas desilusiones, demasiadas perspectivas rotas, demasiado vacío para no agotar al más pintado. No, seguro que machotes que han tenido más pero aun les quedan ganas. A mí, no.
Hoy me he confirmado en lo que yo ya me imaginaba. Caminaba por Preciados cuando apareció otro especimen de enlutada: luto cerrado y media tupida, nada de frivolidades.
Mi experiencia con los lutos no es para contar aquí, ni siquiera para contarla salvo para quien haya vivido algo parecido, baste decir que sólo la tenue línea de no tener dinero para criadas y demás impedía que mi casa fuera algo peor que la de Bernarda a la hora de los lutos. Las odio. Las odio a muerte, mi instinto es la de inflarlas a sopapos para que tengan por que taparse la cara. El látigo de nueve colas se me queda corto. Ya lo sé, ¿a mí que me importa? Nada, nada absolutamente. Como si las parte un rayo. ¿Que son muy libres? Habría que verlo, ver lo que van sembrando con su soberbia de Mater Dolorosa, habría que ver qué exigen desde el pedestal en que se creen subidas con sus lutos. Diréis que en las ciudades ya no se ven salvo entre "minorías étnicas", pues no: se ven y no precisamente limitadas a las minorías étnicas. Si no exigen nada, sí, son muy libres, y, por tanto ¿a mí que coño me importa si van de luto o de verde pistacho? Tras el primer arrebato flagelante me paré a preguntar que narices me pasa. La respuesta está en la imagen que encabeza la entrada.
Como ya habréis reconocido es de "Up", una de las mejores películas de animación y de obligado cumplimiento para quien intenta salir de un pozo, manual debería ser de autoayuda salvo por lo que es la anécdota del aventurero. El protagonista se empeña en arrastrar su casa con todos sus recuerdos a un remoto lugar donde prometió llevar a su mujer y nunca pudo hacerlo. Cargando así con todo su pasado, cuando ya no vale para nada, cuando ya no le ayuda.
Buda decía que si te encuentras un río y haces una barca para cruzarlo, cuando lo has cruzado ¿sigues cargando con la barca?
Pues últimamente el peso de mi pasado está siendo demasiado para mis fuerzas, cosas que aparecen recuerdos indeseaddos, comentarios, películas. Soy historiador y entiendo mucho más el pasado que el presente, no sé de qué va el actual juego de relaciones, de poder, de lenguaje. ¿De qué va el ser humano hoy? No puedo entenderlo, por eso amo el pasado, pero el caso es que así, sin darme cuenta ha ido ocurriendo algo curioso. Cuando alguien quiere liberarse de un objeto o libro, o cualquier cosa, me lo da: "Toma, que yo sé que tú no lo vas a tirar como mis nietos", "Toma, aquí aprendí a leer", "Toma las fotos que guardaba tu tío solterón que nadie sabe de quien son, que a ti te gustan". Cierto, y todas esas cosas van componiendo puzzles tan sórdidos y crueles como los de los pasados de cualquier vida, sólo que soy yo quien carga con ellos. Pasados secretos que abren las puertas de los secretos presentes y que he de callar, añoranzas, amores. Ya no es la casa de mi pasado la que arrastro, son decenas de casas que hay que manejar con cuidado para no herir, que hay que cuidar por que me fueron encomendadas para que no se perdieran. Esto tan abstracto tiene una doble vertiente, por un lado la puramente verbal o incluso escrita, por otro la material. La caja donde alguien guardaba los botones, el alfiler de boda de no sé quien, las fotografías de comunión de desconocidos, felicitaciones fechadas en los años diez, unos guantes de boda. Poco a poco invaden la casa, el espacio y el que queda libre se impregna de las historias que acompañan a esos objetos, los guantes que se prestaron con el tocado y no devolvieron el tocado, la evocación de las calles de los remitentes de los años diez, la pregunta de si sobrevivieron a la guerra, de a quien iban dirigidos. Acaban ocupando tu, mí, espacio, mi, si queremos, alma y la sofocan incapaz de combatir el presente con tan pesada armadura -estoy deliberadamente evitando los más sangrantes-, un guerrero sofocado por su peto y sin espada.
Hace poco ha nacido una niña en mi edificio. Esto en una comunidad más de geriátrico que de otra cosa es más que un acontecimiento. Su madre es la nieta de una vecina que llegó a este edificio siendo ya vieja y vivió creo que hasta pasado el siglo, hace años que murió la mujer. Pues resulta que junto al lujo de la bebita dormida, de esa alegría de la llegada de un niño, de repente resulta que levanto la vista y a quien veo es a la bisabuela, por cierto, una bruja de las de escoba, pues debo ser el único que recuerda sus rasgos y los reconoce en la mamá encantadora de la pequeña.
Cargo con demasiados pasados, hago demasiadas referencias a lo que dijo la gente que conocí y ya no están, la música más moderna que oigo es "La televisión pronto llegará" y hoy a punto he estado de comprar "Arriba y abajo" en DVD.
Un cuento de Cortázar se titula creo recordar "Casa tomada", a Cortázar siempre me cuesta seguirle, en realidad, aunque me he leído todos sus cuentos no he conseguido que me interese en absoluto, demasiado moderno para mí, sin duda. Pero hoy me pregunto si en "Casa tomada" no está hablando precisamente de esto. De un pasado, de unos pasados propios y ajenos que no dejan sitio para un presente abierto.

4 comentarios:

  1. Cualquiera que haya venido por aquí sabe de tu interés por el pasado. Yo pienso que no siempre es para ti una carga que recordar también te proporciona satisfacción, pero si ves que se está poniendo un poco pEsado intenta evitarlo.
    Guarda tus queridos recuerdos bien guardados para sacarlos solo cuando tu quieras.

    No me reconozco tan tajante recetando formulas magistrales. En fin, yo me compraría un bañador.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Yo un tanga fucsia, pero luego me da vergüenza

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    2. Estoy con Uno aunque te comprendo porque comparto alguno de tus "vicios".¿ Nunca has soñado con abrir la ventana y tirar por ella todos esos pasados ajenos e incluso el propio y comenzar de cero? Yo si, de momento aqui sigo, con la ventana cerrada. Feliz verano, Joaquin.

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    3. Sí, todos los días veinte veces pero si arrasamos con todo eso ¿que va a quedar de nosotros? Mi vantana también sigue cerrada.
      Un abrazo

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