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jueves, 14 de julio de 2011

14 de julio: la toma de la Bastilla.

La Libertad guiando al pueblo de Delacroix
La Marsellesa de Rude en el Arco del Triunfo parisién.

Marchemos, hijos de la patria,
Marchemos, hijos de la patria,
Que ha llegado el día de la gloria
El sangriento estandarte de la tiranía
Está ya levantado contra nosotros (bis)
¿No oís bramar por las campiñas
A esos feroces soldados?
Pues vienen a degollar
A nuestros hijos y a nuestras esposas
Texto en cursiva Estribillo:
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
Marchemos, marchemos,
Que una sangre impura empape nuestros surcos.
¿Qué pretende esa horda de esclavos,
De traidores, de reyes conjurados?
¿Para quién son esas innobles trabas
y esas cadenas Tiempo ha preparadas? (bis)
¡Para nosotros, franceses ! Oh, qué ultraje ! (bis)
¡Qué arrebato nos debe excitar!
Es a nosotros a quienes pretenden sumir
De nuevo en la antigua esclavitud
Estribillo
!Y qué! Sufriremos que esas tropas extranjeras
Dicten la ley en nuestros hogares,
Y que esas falanges mercenarias
Venzan a nuestros valientes guerreros? (bis)
¡Gran Dios! Encadenadas nuestras manos,
Tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo!
Los dueños de nuestro destino
No serían más que unos viles déspotas.
Estribillo
¡Temblad! tiranos, y también vosotros, pérfidos,
Oprobio de todos los partidos!
¡Temblad! Vuestros parricidas proyectos
Van al fin a recibir su castigo. (bis)
Todos son soldados para combatiros.
Si perecen nuestros héroes.
Francia produce otros nuevos
Dispuestos a aniquilaros.
Estribillo
¡Franceses, como magnánimos guerreros
Sufrid o rechazad los golpes!
Perdonad estas pobres víctimas
Que contra su voluntad se arman contra nosotros.
Pero esos déspotas sanguinarios,
Pero esos cómplices de Bouillé,
Todos esos tigres que, sin piedad,
Desgarran el corazón de su madre ...
Estribillo
(Estrofa de los muchachos)
Nosotros entramos en el camino
Cuando ya no existan nuestros mayores ;
Allí encontraremos sus cenizas
Y la huella de sus virtudes. (bis)
No estaremos tan celosos de seguirles
Como de participar de su tumba ;
¡Tendremos el sublime orgullo
De vengarles o de seguirles!
Estribillo
¡Amor sagrado de la patria,
Conduce y sostén nuestros brazos vengadores!
¡Libertad, libertad querida,
Pelea con tus defensores (bis)
¡Que la victoria acuda bajo tus banderas
Al oír tus varoniles acentos!
¡Que tus enemigos moribundos
Vean tu triunfo y nuestra gloria!
Estribillo

VIVRE LE FRANCE


Respuestas 4 y 5

Sobre las lecturas:

Uno: bueno, la novela histórica es como todo, las hay malas, las hay peores, hay alguna digna de hoguera sin paliativos, se escapa alguna buena, y existe un número intermedio de obras leíbles que, si no enseñan historia, por lo menos la ambientan con dignidad; con los dedos de una mano se cuentan las buenas con todas las letras (Galdós aparte, claro) Yo tengo un prejuicio, que he de comerme con patatas ante esta obra, sobre la mujer y la novela histórica. En general tienden a hacer que las mujeres del s. XIX, XII o del XXX a d. C. piensen como la feminista más furibunda del XX o XXI y eso, simplemente, es una base falsa. Reconozco que no es este el caso, ni mucho menos. Legible, entretenida y con mucho de humor y marujeo pero si a la historia le quitamos el marujeo se nos queda en una larga lista de intereses económicos y de fanáticos asesinos.
Pe-jota: eso es lo bueno, que la autora recoge también ese aspecto pero es como si hablara la capa más profunda de la “Emperatriz” la que se sabe el corte y el recorte por haberse medio criado cerquita de Lavapiés. Se sabe cursi, hortera y advenediza pero por sus… ovarios. Eso es lo que hace más atractiva esta novela.
Carlobito: cuando lo vas leyendo no te resulta tan duro hasta que llegas al final, concretamente a la palabra final. Las piezas del puzzle se encajan y el resultado es demoledor para el tradicional concepto de maternidad.
Sobre “Veinticinco años”
Ante todo lamenté inmediatamente publicar esta entrada, vomitar sobre otros ese desahogo sé que no es del todo correcto. Sin embargo, no quise quitarla por que, por otra parte, hemos de aprender –he de aprender- a darnos, y compartir estos sentimientos y recuerdos es una forma de hacerlo.
Rober: quisiera verlo como tú pero sólo comparto la idea de que únicamente se aprende a convivir con la realidad. 21 de junio, otra fecha para que no se olvide nunca.
Uno: la figura de la madre es la clave del arco de nuestra vida y más siendo varones con nuestro Edipo correspondiente. Siempre está y estará presente. No hay más que ver que cuando en los ancianos la cabeza se les va y ya no recuerdan nada, en la agonía la ven a ella.
Pe-jota: vacío, preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas (que son peores) y un gigantesco cabreo contra no se sabe bien qué o quien.
Damián: habrías hecho lo que te toca hacer: sobrevivir como se pueda, aunque sea dejándote pedazos de vida y de alma en cada gesto.
AntWaters: no es que se recuerde, es que el recuerdo es una presencia constante en cada respiración.
Carlobito: desgraciadamente las cosas son mucho más complejas.
Gracias a todos por leerme, como siempre.

Una cosa: hay blogs en los que no puedo comentar con el problema de los comentarios y en otros sí que puedo hacerlo. Así que si no me veis en algunos tened en cuenta que sigo ahí.

jueves, 7 de julio de 2011

Veinticinco años

Hoy está haciendo veinticinco años de la muerte de mi madre de un infarto, a las doce y cuarto de la noche, estrenando el día de San Fermín, para que nunca se pase por alto, el infarto se la llevó por delante, ese corazón tan familiar y entrañable que se está llevando por delante a toda mi familia, hasta ahora, que parece que los primos nos vamos escapando. Tenía cincuenta y cuatro años y aquella noche hacía frío. Sí, una noche fresca de un verano tórrido. Salimos corriendo a urgencias, con una de las hijas de mi vecina de al lado sujetando su cuerpo en el asiento de atrás, yo iba en el coche del vecino. Cuando llegué ya estaban allí la el vecino de enfrente y la vecina de al lado suyo, Pili. Una de las chicas que había ido con ella, lloraba en un ataque de histeria. Alguien me acercó un vaso de agua. Salió un médico y no pude moverme, Pili se volvió a mí y yo afirmé “Se ha muerto”, ella asintió y pasó su mano por mis hombros. El vecino de enfrente me miraba fijamente, dije que no podía sostener el vaso. Me lo cogieron. Momentos más tarde atravesé el vestíbulo oscuro del hospital sin más luz que la de la cabina de los de seguridad que me miraron extrañados. Era el único teléfono activo, eran más de las dos, la única luz. Llamé a parte de la familia. Sólo había oscuridad y los seguratas que jugaban a las cartas. Fueron llegando los vecinos, luego la familia. Y más tarde la espiral de horror se precipitó hasta hoy. Durante muchos años tal noche como anoche mi vecina de al lado sobre las once menos cuarto llamaba a la puerta, como por casualidad, y se sentaba a charlar hasta que pasaba la medianoche, sin mencionar nada, sin sacar el tema, eso quedaba para el día siguiente, para hoy, para mañanas como esta cuando nos oía salir camino del cementerio y nos daba unos billetes para que le pusiéramos un ramo de su parte. Su cabeza se fue y después ella también. Anoche viendo una película en la tele recordé la delicadeza de aquella mujer de pueblo, que apenas sabía hablar; hoy añoro a ambas.

Lecturas veraniegas.

Yoko Ogawa: "El embarazo de mi hermana", la portada es un cuadro de una de las olvidadas mujeres impresionistas: Marie Casat.
La lectura es como la ruleta o juegas a rojo y negro, o sea los clásicos, o te arriesgas a perder hasta el gusto por el juego. Últimamente voy teniendo suerte con este juego loco de leer literatura "contemporánea". Reconozco que un tanto heterodoxa.
Han sido dos obras de las que he disfrutado muchísimo por diferentes causas.
"El embarazo de mi hermana". Naturalmente japonesa. A priori un embarazo es bien algo tierno y conmovedor o, visto desde fuera, algo que se presta al humor tanto como a la ñoñería.  Claro que ya he dicho que es una novela japonesa y el resultado es algo tan lejano de todo ello que resulta realmente fascinante. Desde luego no es apta para embarazadas ni futuras madres, ni siquiera para quien no esté dispuesto a una mirada radicalmente, muy radicalmente, diferente del hecho maternal. Sencillamente magnifica en la sobriedad alusiva que es propia a la literatura japonesa. Desde luego extremadamente recomendable para descolocarse y salirse de los tópicos en los que al final caemos sin querer. El final es digno de ... bueno no voy a destripar por si os da por hacerme caso y leerlo.
"Pasión Imperial" de Pilar Eyre es todo lo contrario. Partiendo de un personaje que personalmente he detestado toda mi vida, Eugenia de Montijo, elabora una biografía novelada o una novela biográfica que en nada favorece al personaje, labor meritoria pues cuando se escribe sobre alguien se enamora uno de él o los personajes (yo viví una loca pasión por todos los samurais), pues la describe como una ambiciosa sin límites y una intriganta de mucho cuidado, un poquito pendón y absolutamente cainita. Sin embargo, lo hace como si estuviera en lo más profundo de su mente, donde se expresa a "la pata la llana", lo que en medio de un siglo como el XIX y de la sociedad en la que se mueve no deja de arrancarte carcajadas casi constantemente a pesar de lo sórdido de la historia y de lo lamentable que aquel imperio de advenedizos y trepas resultó ser para la historia e incluso de las tragedias personales de sus protagonistas. Pecados del texto: sacrifica un mínimo rigor -por Dios, alguna fecha más, algún clavo donde agarrarte- a lectura de entretenimiento de la que no soy necesariamente partidario pero he de decir que con esta novelita en edición de bolsillo no he tenido la sensación ni de estar perdiendo el tiempo ni de haberla leído antes. Virtudes literarias cada vez más escasas. Nunca será una obra magnífica pero sí un magnífico pasatiempo que deja añade el valor de no descolocar la historia de su marco. Además viene con interesantes ilustraciones.
Así es como una novela que no pasa de entretenida ocupa más espacio que una soberbia, por que ésta si la tocas mucho impides el pleno disfrute de quien te lea u oiga.

lunes, 4 de julio de 2011

Austeridad institucional.

Los jardines de Sabatini dan al oeste de la ciudad y, o yo me equivoco mucho, o son casi versallescos, o sea preciosos pero con pocas zonas de sombra. En Madrid la temperatura media en el mes de Julio es en torno a los treinta y dos grados. El sol se pone por el oeste, si no recuerdo mal. Siguiendo la severísima austeridad que rige este consistorio he aquí lo que se está programando estos días. En fin, eso: sin comentarios.

domingo, 3 de julio de 2011

Respuestas 3

Robert: hay orgullos legítimos y hay Orgullos injustificados como los que mencionas. Incluso hay orgullos legítimos en plan colectivo: orgullo de que España sea el primer país en donaciones de órganos, y, en el otro lado orgullo de SER ESPAÑOL (quien lo dice lo pronuncia con mayúsculas). En cuanto a los personales siempre han de ser valorados desde la subjetividad y no son válidos en sí mismos. En cualquier caso los puedes usar como he hecho yo en esta entrada para autodarte una palmadita en la espalda cuando no hay quien te la dé y la necesitas mucho mucho mucho.
Carlobito: tu orgullo es honor para mí de tener lectores y amigos como tú. En cuanto a lo del orgullo gay es necesario tener siempre presente que ninguna guerra contra ningún tipo de discriminación está ganada nunca. Los años veinte florecieron en espectáculos travestidos, homosexuales y en los cuarenta a quienes los protagonizaban se les exterminó en campos de concentración. Es un ejemplo. Hay que estar siempre alerta y, a ser posible, con el arma –verbal, asociativa etc- preparada por que a la primera que se deja pasar contra cualquier colectivo la discriminación se dispara. Lamentable pero cierto.
Uno: sobre todo eres modesto y humilde jejejeje. Lo malo, querido Uno, es que quererse es extraordinariamente difícil.
Pe-jota: pecado. Ese concepto ha sido la mayor arma usada contra el ser humano a lo largo de los últimos tres o cuatro mil años. Que les den a los del pecado. No podría estar más de acuerdo en lo que proclamas como digno de estar orgulloso, añadiendo, quizás, saber amar, y quitando tolerancia por que siempre me pregunto: “Tolerancia ¿de qué?”. Hay un punto de condescendencia en la palabreja cuando de lo que queremos hablar es de que cada uno meta las narices en sus cosas y deje en paz a los demás, que, si bien miramos, habría que ver a quien se tolera más bestialidades. En fin, que me lío.
Un abrazo y como siempre gracias por leerme.

martes, 28 de junio de 2011

Orgullo y orgullos

Cada mañana al despertar lo primero que veo es la imagen de la foto que encabeza esta entrada. Enciendo la luz y ahí está Don Paco y mi graffiti privado. Segundos más tarde enciendo la radio. Hoy he escuchado, por el oído malo con lo que no puedo asegurar que sea dato exacto, que hoy es el día del Orgullo Gay. Luego, ya despierto del todo y con el oído bueno también, los locuaces locutores lanzaban la pregunta a los oyentes internautasradiofónicos ¿de qué os sentís orgullosos? Como dirían por la tierra de mis ancestros “¡Ay carallo!”. La cosa da que pensar. Sé que el tema del Orgullo o no Orgullo Gay conlleva cierta polémica sobre que si se quiere la normalización a santo de qué viene el circo que se monta (sería fácil decir que más normalizado que el catolicismo no hay nada y también monta sus exhibiciones a menudo, demasiado fácil para decirlo pero demasiado cierto para no dejarlo caer, así, como quien no quiere la cosa). Mi opinión personal es que el Orgullo Gay no es patrimonio de la comunidad de seres humanos que deciden acostarse con otros de su mismo sexo, ni mucho menos. El Orgullo Gay es patrimonio de las sociedades en las que eso no conlleva la pena de muerte, castración o cualquier otra barbaridad –que las sigue habiendo-. Es por tanto, o debería ser, el Orgullo de todos y cada uno de nosotros. Mío también, por supuesto, como lo es que en el Levante Ibérico se celebren fiestas de Moros y Cristianos en ciudades donde la presencia actual árabe es apreciable y que cuando alguien protestó fuera esa propia comunidad quien saliera en defensa de esas fiestas (conste que personalmente no soporto ninguna fiesta cohetera, me pueden los petardos). ¿Demasiado políticamente correcto? Bueno, váyase por lo radicalmente incorrecto de casi todo cuanto pienso.
Ese sería uno de mis orgullos personales.
Estoy orgulloso de seguir vivo después de taitantos años luchando contra mi propio cuerpo.
Estoy orgulloso de conocer algunas personas, pocas, de inmensa valía personal que, como comprenderéis, no voy a nombrar salvo a quien ya lo hice en su momento: el ya desaparecido Don José Manuel Pita Andrade.
Estoy orgulloso de que no me hayan doblegado la gentecilla y la gentuza, los ataques y las indiferencias y de tener la capacidad de levantar la cabeza una y otra vez.
Estoy orgulloso de no perder de vista lo que es y no decir “este burro es bueno” sino, como mucho “este burro es un asco pero si tengo que tragarlo, trago”.
Estoy orgulloso de no haber cedido ni un ápice de mí mismo para ser falsamente aceptado por grupo alguno.
Estoy orgulloso de saberme débil, quebradizo y de tener el coraje de buscar ayuda.
Estoy orgulloso de tener la sensibilidad para reírme o llorar ante una obra de arte incluso en mis peores momentos, mejor dicho: de trascenderme para apreciarla.
Estoy orgulloso de reírme con y de casi todo.
Estoy orgulloso de no olvidar y de ser incapaz de fingir el olvido. No hablo de rencor.
Estoy extraordinariamente orgulloso de no parecerme a mis abuelos, por ejemplo.
De pocas cosas más pero creo no está mal, para ser yo. Otra cosa será el capítulo de las vergüenzas. Pero eso es otra laaarga historia.