Páginas vistas en total

jueves, 24 de marzo de 2011

Adiós, Liz.

Llevaba muchos años enferma de una en otra pero siempre brillante, siempre deslumbrante y siempre donde debía estar. Comprometida, adicta, abierta, algo promiscua, pasional, irregular, amante de los personajes con sufrimientos desgarradores (Jimmy, Michael, Monty), torrencial con Burton, desesperada a menudo, sorprendente pero siempre, siempre deslumbrante incluso en aquel horror de aparición en Los Picapiedra.
Esperábamos que ocurriera lo que ha ocurrido hoy pero eso no ha evitado que algo se haya roto. Entre ruinas se llama este blog y cada vez más veo que ese es el camino, un sendero entre ruinas que se nos van desmoronando.
Yo no alcancé a verla en sus grandes momentos en cine pero como en mi tiempo las grandes películas te las encontrabas en cualquier reestreno o perdidas en un cine de barrio o de verano. Ya no quedan ni de los unos ni de los otros. Los unos convertidos en bancos y los otros en urbanizaciones-colmena. En uno de ellos me tropecé con Liz en pantalla grande, naturalmente ya la había visto en televisión pero en bodrios sublimes como Ivanhoe de infaustísimo recuerdo y cosas parecidas por que Liz ha hecho muchas malas películas, eso también hay que decirlo. Tendría quince años y era un día laboral de un mes de julio, en el cine aquel, en tales circunstancias no eran muy estrictos con la edad y entre a un programa doble en el que estaba "La gata sobre el tejado de Zinc" y guauuuuuuuuu. Esa no era la belleza insípida de Ivanhoe o Mujercitas. Eso era una bomba de relojería, en todos los sentidos. Primero la belleza incontestable de Liz, luego el formidable duelo contra el mundo que esa mujer estaba presentando, además el duelo con Paul Newmann y ese sexo indefinible que flotaba incluso para alguien que no terminaba de entender la mitad de lo que allí estaba ocurriendo. Hubo dos cosas que se me quedaron clavadas en la mente hasta hoy. Paul Newmann, huyendo del acoso de ella, la gata, se refugia en el baño y se aferra al camisón de ella para olerlo y sentirla. No sé si ha filmado algo con más carga sexual en la historia del cine, incluyendo cine X. Otra frase que se me clavó en el cerebro es cuando el suegro de la gata descubre que su enfermedad es mortal y tiene un espasmo de dolor intenso, Paul Newmann corre a preparar el calmante y su padre se niega por que mientras siente el dolor es que sigue vivo. Es frase que aun duele en mis neuronas, creo que nunca he compartido ese arrebatado afán de vivir a cualquier precio, desde luego no a ese.
Más tarde la volví a ver en pantalla grande en cosas contemporáneas como "Victoria en Entebbe" que he de calificar como lamentables, mínimo. Pero un día en el Cine Progreso, en la casticisima Plaza del Progreso, hoy Tirso de Molina, reestrenaron su "Cleopatra". Siendo como es uno de mis personajes totenmicos no podía faltar y acudí a verla con unción casi religiosa. Mankievich hizo la película que pudo con un buen guión, una actriz que enfermaba continuamente, y que cuando no lo hacía vivía un tórrido, torridísimo más bien  con un poco creible Antonio-Burton, y con el sabotaje que eso no tiene otro nombre del diseñador de vestuario, maquillaje y peluquería de la actriz. A veces el horror de alguno de sus peinados no sólo hacen que sea desagradble ver semejante belleza como la suya sino que hace que las neuronas que se ocupan de seguir el texto se paralicen de puro espanto unos segundos. En cualquier caso Cleopatra es un hito en todas las Cleopatras de la historia del cine y ella saliendo de la alfombra así como entrando en Roma vestida de faraona, el diseñador ahí no pudo destruir mucho, son imágenes que permanecen.
Liz se nos ha ido, teniendo en cuenta que desde los trece años sufria tremendos dolores de espalda, eso tengo entendido, y que llevaba muchos, pero muchos años con una salud extremadamente delicada -Cleopatra tuvo que suspender rodaje al menos en un par de ocasiones por tener que ingresarla en Londres- creo que podemos decir que descansa, al menos del dolor a pesar de lo que dijera su suegro en "La gata sobre el tejado de Zinc"

5 comentarios:

  1. También Liz está en mis recuerdos unida al cine de barrio donde disfruté tanto de sus personajes. Las películas que hizo de niña las vería mas tarde siendo yo mas mayor, en la tele. Su propia vida ha sido una larguísima película que he seguido con la misma fascinación. Pocas personas me han hecho disfrutar tanto.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Sin duda ha sido uno de los grandes mitos de la historia del cine. Me vienen a la memoria varias de sus películas, desde aquella "Mujercitas" en que llevaba la pinza en la nariz, hasta los "Picapiedra". Pero quizá su mejor papel (y esto es una opinión personal), es ése que nombras de "La gata", en el que no sólo ella, sino todos están sublimes. Y es una película que tienes que ver varias veces para apreciar toda su grandeza. Aparte, como persona ha sido una gran mujer comprometida con las causas justas. Qué pocos mitos quedan ya. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Puede que no fuera de las mejores, pero si de las mas guapas, y buenas personas...


    Bezo

    ResponderEliminar
  4. ¡Muy bien elegidas, en mi opinión, las fotos! Nunca barrotes de cama alta con volutas fueron tan polisémicos, a la vez, cárcel para el deseo en camisón de la mujer pantera y al tiempo símbolo fálico alque hay que ver como se aferra Liz, guapísima.
    Saludos blogueros

    ResponderEliminar
  5. La última gran estrella de Hollywood y tal vez una de las más queridas, su vida entera fue una película, en la que, cual Ave Fénix, Liz se inventaba y reinventaba a si misma.

    ResponderEliminar