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viernes, 4 de marzo de 2011

De Cisne Negro a Pato Mareao

 Me vais a permitir que continúe con mis plumíferas entradas de los últimos días eso sí de un modo más íntimo y personal hoy que tengo buenas noticias cardiacas y eso te alegra el día por lo menos unas horas. No creáis  gratuita la relación. Al entrar el otro día al cine pasé por delante de varios restaurantes de esa comida que me esta prohibida –o sea, toda- y cogí la entrada junto a cinco o seis zánganos que deberían estar en galeras por hacer lo que estaban haciendo ante gente de cierta edad: comer palomitas como locos. El caso es que ocupé mi butaca pensando en el fiambre de pavo, bajo en sal y grasas, el tomatito sin sal y el yogur desnatado que me esperaban en casa para cenar. Casi lloro oliendo las palomitas de los zánganos, e incluso en las primeras imágenes de la película se me pasó por la cabeza si el cisne será o no comestible y, de serlo, si estaría o no prohibido en mi dieta. Sin embargo, en el climax de la película, extasiado ante aquella actriz, atrapado en la telaraña de la creación, otra idea me vino a la mente: vale la pena vivir aunque sea a base de pavo desgrasado y leche agria desnatada si se pueden ver obras maestras de esta talla o por lo menos que le lleguen a uno tan hondo como me estaba llegando a mí en aquel momento.

El cisne, ese bicho tan cursi que parece que siempre está componiendo una fotografía o a punto de convertirse en algo (cambios de color, príncipes, patitos feos, etc), ese bicho modernista que encaja sólo con el castillo de Blancanieves al fondo o con los paisajes helados del Norte del Japón y sus aguas termales, el mismo que parece siempre deslizarse sobre un espejo, ese, todavía volaba por mi cabeza en cierta sensación parecida a la resaca de la borrachera cinematográfica –algo que me ocurre cuando una película, no hace falta que sea una obra maestra, me llega en el momento justo- cuando de repente la realidad se convirtió en un pato mareao. Ni siquiera un patito de goma que ahora, no sé si quiero saber por que, se venden en los sex-shop, (en serio ¿Qué se puede hacer con un patito de goma que parece el de Tom y Jerry que sea minimamente erótico?), no en un pato mareao, feo y desplumado, que iba dando tumbos con el tío de las Ocas de Los Aristogatos, borracho perdido.

La culpa no fue del chachachá  (chiste no apto para lectores posteriores a la movida madrileña) sino, como no, de la televisión que suelta, así, como quien no quiere la cosa, con una alegría indiferente, justo después de hablar de las matanzas en Libia y ya imagináis de qué más, algo parecido a esto: “La cantante Lady Gaga lanzará al mercado un perfume que contiene muestras de su propia sangre y de semen, dicho perfume no tiene olor” (no fueron estas las palabras pero sí las ideas) Hasta el pato mareao se dio de pico en el suelo y los cisnes que flotaban elegantemente en el jardín sonriente de la Princesa Rosalinda, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú, se ahogaron en él. Los que volaban de nuevo hacia la primavera todos, simultáneamente, se estrellaron protagonizando el más grande accidente aereo-avícola de la historia. Los coreógrafos del mundo sintieron como los tobillos se les debilitaban y parte de sus cerebros se licuaban imaginando a sus bailarinas como patas mareás y hasta los pianistas que ensayaban tan insigne obra se plantearon seriamente dejar el piano y ponerse a apretar tuercas en plan “Tiempos modernos”. Por cierto, ¿habéis reparado que el cuello del susodicho palmípedo tan en boga y que tanto juego está dando en este blog es un signo de interrogación de la Mamá Naturaleza? ¿Será por que se imaginaba tamaño … lo que sea, que ni nombre tiene?
 He aquí como en tres días escasos se pasa de ser un cisne a ser un pato mareao.

3 comentarios:

  1. ¿No podrían vender las palomitas sin sal y que cada uno se la echase a su gusto o no?
    ¿No podrían tener las taquilleras un poquito de consideración en la distribución del respetable y no sentar a los que estamos a plan junto al zángano glotón?
    ¿No podría alguien de la Mancha dar un garrotazo a Lady Gaga a ver si reacciona y deja de insultarnos con sus mamarrachadas?
    ¿No podrís por una vez la vida tener un detalle conmigo?

    Un abrazo

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  2. Muy bueno, pero muy bueno.
    Considera mi admiración como un "detallito". Por cierto ¿tiene que ser de la Mancha?
    Un abrazo

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  3. La vida siempre vale la pena, aunque a veces no lo parezca y desde luego según lo que vemos por la tele y las gili..... que llegan a soltar, parecería mejor suicidarse, pero no, mejor apagar y coger un libro.

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