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viernes, 27 de abril de 2012

Universidad


 Nadie llegó a la Universidad con más ilusión que yo. Es posible, aunque lo dudo, que con la misma, más, imposible. Desde muy niño al cruzar la Universitaria me soñaba yendo a estudiar allí. No fue fácil, problemas familiares, personales y demás pusieron muy difícil llegar y acabar. Soy el primero de dos familias en acabar carrera superior, el único en doctorarme y somos como treinta primos. Mi abuelo era carpintero y gaiteiro, mi otro abuelo era cobrador de tranvías. Esos son mis ancestros, ningún notario, registrador de la propiedad o director general de nada, bueno una prima de mi madre estuvo relacionada con un director general: era su chacha. Llegué allí pensando que me encontraría en un ámbito sino de alta cultura sí por lo menos de interés por aspectos humanísticos. Cierto que corrían malos tiempos, como todos que diría la ínclita y nunca bien ponderada Sophia Petrillo, pues era el año 77 y a nadie, repito, a nadie le preocupaba nada fuera de lo que ha venido a llamarse La Transición. Comprensible, desde luego pero sólo si lo miramos desde el punto de vista histórico. La realidad que pisábamos todos los días los alumnos era que todo el profesorado, aún sin saber de qué lado caería la monedita política, se esforzaba en no pasar de la Edad Media para no quedar comprometido. Loable esfuerzo que me hizo estar estudiando cinco años el prerrománico asturiano y que consiguió su objetivo. Hice mi tesina, mis cursos de doctorado, mi tesis y salí. Bien. Fueron bastantes años allí dentro y vi cutrez y estrechez de medios y de miras, más de estas que de aquellos. Nadie como yo Salió de allí con la sensación de haber perdido el tiempo de un modo lastimoso.
 
Sin embargo, por ese estúpido optimismo que parece ser que todos llevamos dentro pensaba que todo acabaría poco a poco mejorando. Bien, las últimas medidas que se han tomado con respecto a la universidad demuestran que me equivocaba también en esto. Finalmente el caballo se ha convertido en el cerrojo y esta es la perspectiva que tienen las generaciones que vengan. Siempre he lamentado no tener hijos pero las actuales circunstancias no hacen sino que me alegre infinitamente de ello: yo no he engendrado vasallos para los clientes de Serrano. 
Hace unos días que escribí lo anterior y hoy escucho no sin pasmo, asombro y estupefacción que el Excmo Sr. Ministro dice a las familias que, atención señores, pidan crédito para pagar las carreras de sus hijos, justo cuando los créditos no se dan. Sintiéndo un escalofrío de cierto espanto y vértigo recordé la vieja historia de una reina sobre panes y tortas y como se convenció la pobre de que calladita estaba más guapa. Eso sí, un poco tarde. Sinceramente me parece una burla intolerable ese “consejo” del Excmo. Sr. Ministro, pero ¿qué esperábamos?

(Por fin me han enseñado a meter vídeos yuju y ninguno mejor que este para empezar) La inmensa Edith Piaf cantando el hinmo revolucionario "Ça ira" en "Si Versalles hablara" del 53. Buscad en google y encontraréis la relación con la entrada.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado esta estrada, me ha movido por dentro. Como tu, yo tampoco tengo hijos y desde hace mucho, mucho antes de la crisis, que cuando miro un niño no puedo evitar pensar en la mierda de mundo que les espera. Siento lastima de nosotros pero mas siento por ellos. Lo llevan claro.Un abrazo.

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  2. Pero hombre haber pedido ayuda, que ya ves que todos los íbamos colocando, ainsssssss.
    De lo importante qué quieres que te diga, jamás les importó demasiado ni la cultura ni que esta se extienda, ya ves cómo anda el patio, más marujón que nuca.

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  3. Edith revolucionaria es todo un descubrimiento. Creí que su aproximación al tema no pasaba de "Le diable de la Bastille" (Il savait bien le malin qu´il tenait dans ses mains le destin d´une fille) Tengo que conseguir la peli. Seguro que agarra por la peluca al Excmo Sr. Ministro, digo a Marie Antoinette.

    Un abrazo

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