En fin, no perdamos la calma ni los pantalones como decía María von Trapp. Abrí el sobre de aquella postal trémulo y emocionado. En realidad no sé qué esperaba encontrar, si a las chicas del Moulin Rouge, la torre Eiffel o los jardines de Versalles. Nada de eso, pero nada de nada de nada que se pareciera a cualquier atisbo del glamour que corría por mis venas como infección crónica, ni siquiera ese París medio soslayado de Sabrina. El caso es que sí, efectivamente era un monumento lleno de referencias culturales, pero no, no era eso, sino todo lo contrario. Era esto.
Notre Dame pero mirado de desde otro punto de vista que alejaba cualquier glamour e incluso cualquier criterio artístico de la mirada, no hay nada en esta imagen que permita pasar por alto la otra realidad, la que el glamour no ve, la que yo no quería ver. Sólo hay que poner la cámara en otro sitio, nada más, sólo cambiar el punto de vista. Por supuesto, Notre Dame está y todo su valor artístico también, pero en su sitio que no es, por cierto, el que estamos acostumbrados a darle como absoluto. Supongo que aquel día me empezó a cambiar el modo de ver el mundo pero muy poco a poco, demasiado. El glamour había hecho presa en mí con mucha fuerza. Con los años me fui dando cuenta de la importancia de Francia para la historia de los avances de la humanidad. Casi todo, incluido, por supuesto, el cine, hunde sus raíces en Francia: las vacunas, la liberación femenina, la libertad sexual, la guillotina, el fin del antiguo régimen. Desde mi punto de vista Francia es un pilar básico en la evolución de la historia con sus sombras, por supuesto (Napoleón la primera) pero también con unas luces portentosas entre la que no es la menor el respeto y hasta admiración que sienten por sí mismos, ese tan denostado chauvinismo me parece mejor opción que el “en este país” que nos rige. Francia es, si se me permite, como su célebre aldea gala: un bastión de resistencia del progreso y la civilización incluso cuando el resto del mundo se empeñaba en retroceder al medioevo. Por eso comprenderéis que no levante cabeza después de leer esto:
Francia prohíbe los mendigos
Por Victor Arribas
El Gobierno francés ha iniciado una política de exclusión urbana en París. Se trata de alejar a los pobres de las zonas turísticas, especialmente las de mayor estándar de consumo. El objetivo es aislar las tiendas de lujo de la creciente masa de mendigos, que pueden estropear la imagen de postal que busca una acaudalada clientela procedente de todos los puntos del globo.
Y al día siguiente esto otro:
Un tercio de los franceses se identifica con el Frente Nacional
Marine Le Pen seduce a más menores de 35 años: del 11% al 28% en un año
Miguel Mora París 12 ENE 2012 - 13:45 CET3
No puedo evitar pensar que si la propia Francia, refugio y motor de la mente del mundo hasta hoy está cayendo en esto, no sé, quizás realmente no valga la pena nada. Quizás ya no nos quede ni París.


