La bella jardinera de Grasset entre girasoles prevee ya el fin del esplendor con un cierto aire melancólico.
Visto con cierta perspectiva poética agosto parece el mes del asesinato de la inocencia, en muy pocos días se nos concentran aniversarios que ojalá no tuvieramos que recordar pero ya que existen, ojalá no se consienta que caigan en el olvido.
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García, Luisa Rodríguez de la Fuente.
Algunos supimos hace relativamente poco de su existencia, lo que todavía resulta más lacerante.
Setenta años de Hiroshima, ¿se puede decir algo? Ni siquiera una lista de víctimas pues todavía sigue muriendo gente como consecuencia de aquella barbarie. La primera víctima fue la Confianza en la bondad humana, no tanto por las bombas como por el trato que luego se dio a las víctimas. Kenzaburo Oé, premio Nobel y unos años después encargado de cubrir una cumbre sobre el tema, tan inútil como todas, daba las gracias a las mujeres desfiguradas que se habían encerrado en sus casas para que nadie las viera. Les daba las gracias por no suicidarse. No sé si se puede añadir algo después de eso
Al lado de lo que hemos visto, no parece nada pero hizo ayer 53 años de la muerte de Marilyn Monroe. Con ella murió una criatura que supo no sólo dar imagen a un tiempo sino combinar la sexualidad más clara con la inocencia inconsciente. Sus tragedias personales casi le convierten en la imagen de un siglo que quiso seguir siendo inocente aferrado a un teléfono que nadie cogía.












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Hoy, entendiendo por hoy los últimos días, encuentro como tantas veces que quien mejor retrata nuestra sociedad, son los humoristas gráficos. El Duelo a Garrotazos de Goya sigue siendo tan válido ahora como entonces y su versión forgiana con el Duelo a Cubos de Mierda también. Más dolorosa por certera y cruel es la visión del Roto de ayer en El País. Sin embargo, ningún tratadista o pensador podrá decir más con menos ni describir la desolación interior del ciudadano que asiste, entre pasmado e irritado, al patético espectáculo de esta sociedad. No es una entrada de protesta o de queja o de denuncia. Es una entrada homenaje a estos grandes de nuestra cultura. Es un homenaje a quienes tan bien nos retratan aunque nos dejen un merecido regusto amargo en el paladar. 

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No pretendo contar una novela aunque pueda parecerlo, no tiene nada de literario lo que voy a escribir, es todo rigurosamente real, casi documental aunque comprendo que parece el argumento de una peli o de un novelón. Hace veinte años, hará veinte años el 21 de Diciembre que ella se mató. Me refiero a Inma de Santis, se mató en un accidente en unas vacaciones y lo supimos, al menos yo, el día 23. Día de enredos familiares, de cosas que hacer y de falta de tiempo para darse cuenta de hasta que punto un puntal de tu vida se había derrumbado. Luego, cuando tienes tiempo, no quieres asumirlo y dejas ahí el hecho, el comentario, el recorte quizás. Más tarde, al dar la vuelta a una mañana navegas a lo tonto por la red y recuerdas su nombre, lo escribes, le das al Google y aparece ella. Y descubres, atónito, que han pasado veinte años y que es cierto que no son nada y que la mirada la busca todavía en las viejas películas, ansioso de ver una aparición fugaz, una escena, un fotograma. Descubres que hace años que no la mencionas por no levantar la venda de la herida y que, quizás, sólo quizás, haya sido la única mujer que realmente has amado.
Debería hablar en primera persona. Ella y yo nacimos el mismo año, se rumoreaba que vivía cerca, a menos de veinte minutos caminando, (la almendra central de Madrid es pequeña y laberíntica, un pueblo retorcido, nada esta lejos pero nada está “ahí mismo”) a pesar de lo cual jamás la vi. La conocí en el 69, quizás en el setenta, en una pantalla de cine. Uno de esos viejos cines de barrio que los jóvenes no habéis conocido y en los que los no tan jóvenes echamos los dientes. Recuerdo la película: “La vida sigue igual” del almibaradísimo Julio Iglesias que tuvo el buen gusto de no hacer más películas, que yo sepa. Aquella cosa tenía como únicos alicientes una espléndida Charo López (demasiado mayor para que yo a mis diez años pudiera apreciarla) y una canción (creo que era “Chiquilla” pero no me hagáis caso) que el ¿cantante? Cantaba a una niña, esa deliciosa criatura era Inma de Santis, es la imagen con que encabezo esta entrada.
Desde entonces y en la medida de mis posibilidades, más bien escasas, fui siguiendo la trayectoria de aquella niña, muchachita, joven desde el arrobamiento más puro. Recuerdo que me tragué el peñazo de Ana Karenina, los autores rusos nunca han sido de mi predilección, en aquellas célebres Novelas de la sobremesa de cuando había un solo canal tan solo por que ella tenía un papelito. Recuerdo su Infanta en Las Meninas de Buero y un montón más de pequeños papeles de actriz que empieza.
Un día, justo antes de Navidad lo supe y seguí adelante, había perdido ya por entonces casi todo cuanto me importaba, todo mi mundo se había desmoronado un par de años antes, mi vida era un páramo y empezaba a ver la luz. No podía permitirme dejar fluir la devastación interior. Tuve que hacer una presa y contenerla, ignorarla, permitiéndome tan solo conservar el recorte de la reseña de su fallecimiento.
Pero un día llegó la red. La gente de mi edad es casi analfabeta, salvo excepciones claro, en estas lides navegatorias. Probando, probando, escribí su nombre, y apareció un blog dedicado exclusivamente a ella. Entonces descubrí que sí, que veinte años no es nada y que aquella niña, aquella jovencita, aquella mujer en plenitud, la mujer madura que hubiera tenido que ser siempre estuvo, ha estado, está y estará en mí. Supe que, de alguna forma amé a Inma de Santis, quizás de la forma más pura que he amado, quizás como tantos españoles de aquella época de grandes bellezas y bastante más mediáticas (Victoria Vera, Bárbara Rey, Agata Lys, Pilar Velázquez) con unos pocos años más, sí, pero deslumbrantes todas –incluso hoy alguna hay que retiene lo que tuvo-. Ella era alguien aparte, en mi corazón y en el de otros muchos, no me cabe duda. Aquella tarde cuando oí la noticia en la televisión, ni siquiera en mi casa sino rodeado de gente que ni siquiera había oído hablar de ella, sin saberlo una gran parte de mi juventud se cerró para siempre.
Dentro de un mes estaremos de nuevo perdidos en el laberinto de nuestra vida, de nuestra supervivencia navideña y no tendremos ni tiempo ni ánimos para sentarnos a escribir y a pensar sobre ella: una criatura de belleza excepcional, con la cara más perfecta y pura que yo haya visto, y con un talento truncado por un tiempo y por un malhadado accidente.
Por cierto que eso de poner links no sé si sabré hacerlo pero el blog al que me he referido y del que he tomado todas las imágenes es (htp://inmadesantis.blogspot.com/). Llevado por octopusmagnificens a quien espero no haber molestado tomando estas imágenes. 