
Biarritz
Hoy quiero comentar algo que estoy seguro de no ser el único que lo ha vivido. Algo que, sin embargo, podría ser el principio de una novela o una película de cualquier género (romántica, policiaca, fantástica, ciencia ficción, incluso porno si se está en vena erótico festiva). Entre las cajas de cosas archivadas aparecieron las postales que ilustran este texto: Biarritz, Bruselas, Arcanchon. Son, como veis, en blanco y negro y algo más pequeñas que las normales. Casi de bolsillo. Tienen un aire de romantcismo trasnochado, empalagoso, de ciudad provinciana en la que nunca pasa nada donde las señoritas pasean al atardecer y toman el té con pastas en veladores de hierro forjado bajo pérgolas con glicinas colgantes. Donde los galanes y pisaverdes se pavonean ante ellas que, débiles, ceden a sus viriles impulsos para, al día siguiente volver a pasear al atardecer, tomar el té con pastas y aceptar los galanteos de otros o los mismos galanes y pisaverdes. En fin esa ciudad en la que nadie trabaja, nadie está enfermo y en la que todos quisiéramos vivir. Eso es lo que sugieren estas imágenes añejas.

Bruselas
Sin embargo, lo interesante no está en ellas sino en la gran pregunta que al abrir la caja de Romeo y Julieta que las guardaba se hace uno con ojos de imbécil: ¿que hace esto aquí?

Bruselas
Algunas vienen firmadas pero sin fechar, con textos como "Desde aquí nos acordamos mucho de vosotros" Pepito y Enriqueta. Nadie en la familia han conocido ni a Pepito ni a Enriqueta y tampoco se sabe a qué miembros de la familia se ha dirigido la pareja. Otras están en blanco. Teniendo en cuenta que el único coleccionista compulsivo de la familia soy yo en cinco generaciones y que, desde luego, yo ni he comprado ni he recibido esas postales el misterio se plantea: ¿Como han llegado a mi armario? ¿de donde salen? ¿quienes eran Pepito y Enriqueta? ¿quien, si no, compró esas postales en algún puesto callejero y por qué?

Royan
Ante ellas, por tanto, no puedo por menos que dejarme llevar por una vaga ensoñación de romanticismo en blanco y negro, nebuloso, casi un universo paralelo de preguntas y respuestas sobre la "vida" y viajes de estos pequeños trozos de cartulina. Es misterio que ¿quien no tiene en sus armarios? Pero que ¿cuantas veces nos paramos a mirar?
Burdeos
Entonces surge otra pregunta ¿que pasaba en el alma de quien se hizo con ellas? ¿qué vacío intentaba llenar? ¿quien era? Quizás le conocimos y le teníamos por un cacho carne con ojos o un borracho, quizás lo fue, quizás esas imágenes eran lo único limpio que logró salvar de una catástrofe personal de la que nadie supo jamás.
Sólo queda guardarlas con mimo, como has hecho hasta ahora, pues ya, inevitablemente, forman parte de tí, de tu vida, de tus preguntas y de tus armarios.


Calle de Alcalá hacia 1875, antes del trazado de la Gran Via y de la construcción del edificio Metrópolis, emblemático de la ciudad.
Pradera de San Isidro en plena verbena, al fondo San Francisco el Grande, es el paisaje que pintó Goya, actualmete con el Vicente Calderón. La vista está tomada desde la zona de la Ermita del Santo.
El maravilloso Puente de Toledo, antes de 1879. La verbena de San Isidro y su tradicional venta de cacharrería se llegaba a prolongar incluso debajo de los arcos, hasta la construcción de la M-30
Puerta de San Vicente antes de 1879
Un irreconocible Paseo del Prado a primeros del XX. Solo queda de lo que se ve la Fuente de Apolo.
Una destartalada, como siempre, Puerta del Sol, de la misma época. Debió ser uno de los pocos días en su historia en que no estaba en obras, seguramente por esa novedad hicieron la foto.
Calle de Alcalá a primeros del XX.
