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sábado, 1 de febrero de 2025

Doré


 Familia de saltimbanquis Gustave Doré. 1874.

Una imagen que siempre me ha perturbado, muy lejos de las obras con el mismo tema de Picasso, decorativas, o, cuando menos, despojadas de historia, Doré nos muestra aquí la realidad social de una familia que asiste impotente y resignada a la muerte del hijo sin ayuda alguna. Y todo por divertir a una sociedad que ahora ni les mira.

Obra lamentablemente poco difundida ante la magnitud de la cantidad de maravillosos grabados del autor, pero que creo que vale la pena conocer y hasta dejarse llevar por la historia que nos cuenta, aunque ahora el arte ya no camine por estos senderos. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Expolio

 Clickear esta imagen es una ampliación espléndida para quien no este familiarizado con esta pintura.
Con esto de las reformas de mi alcoba que van empezando a durar más que las obras de El Escorial o que las de la M-30 me veo obligado a enfrentarme a viejas historias. Al principio pensé en cambiarlo todo, quizás hubiera sido la mejor idea pero ni el dinero ni mi desapego escaso me lo ha permitido. Por ejemplo, hoy tocaba decidir de una p... vez qué cuadro iba a ir sobre mi cabecero. ¡Que tontería! ¿Verdad? Pues no, han sido meses de debate y cambios de idea para, al final, dejar el que tenía, pero cambiándole el marco. Con tres como ésta alcanzamos la paz mundial. Además según llevaba el cuadro con marco y todo a la tienda de marcos me he dado cuenta de algunas cosas. 
Por ejemplo, que esa lámina lleva sobre mi cabeza más de treinta años, que me la regaló una prima mía sabiendo de mi pasión por el Greco de la que nunca he hablado en este blog y de mi especial predilección por esta obra en concreto. Sinceramente creo que la pintura moderna tiene en este y otros cuadros del Greco sus piedras angulares. Recuerdo que compramos el marco más barato -metal dorado y liso como el encefálograma de algún que otro alcalde- para que no se estropease, entonces no era tan fácil acceder a las imágenes como ahora. 
Además esa obra me la envió alguien como tarjeta de felicitación navideña -que también la ocurrencia- y desde entonces me ha acompañado como amuleto a toda clase, examen, conferencia, tesina o tesis que he hecho.
 Al entrar en la Universidad no tenía yo mucha idea de El Greco pero pronto me apasioné por su pintura, y cuando tuve que hacer mi primera exposición en solitario ante mis compañeros de clase en tercero elegí como tema nada menos que la obra El Greco en conjunto, hala, que atrevida es la ignorancia. Sin embargo, salió bien, esa fue mi primera clase. Es curioso que la que creo será mi última clase pues el ambiente de centros culturales para adultos está agonizando, haya sido también sobre El Greco, aprovechando la conmemoración del año pasado. Parece que esta obra y yo estamos extrañamente ligados, pues incluso es una de las pocas pinturas que no están en Madrid que he visto en su marco habitual, la sacristía de la de Catedral de Toledo y, por segunda vez, ya restaurada, en El Prado. Nunca lo había pensado pero esta mañana allí eligiendo un marco más decente, me di cuenta que era esta y no otra la imagen que debe presidir mi alcoba. Y no sólo por su inmensa calidad artística sino por lo que de símbolo tiene en la vida de todos, un despojo brutal de ilusiones, de posesiones, de seres amados que es la vida y que sin embargo,  nos resistimos a dejar por la inenarrable belleza del cuadro, de la vida. Podría hablar horas sobre este lienzo, pero no hace falta. Habla solo y de algún modo siempre será parte de mí. Lo que no me explico es como he tardado tanto en darme cuenta.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Adolfo Suarez: reflexiones sin reflexionar.

Contra mi costumbre escribo directamente, sin borrador, así que algún falló habrá, disculpadmelos.
La muerte de Suarez ha despertado cosas, creo que en todo el mundo, especialmente entre quienes vivimos aquellos años en el paso adolescencia juventud, cuando aún no acabábamos de comprender el "funcionamieto" del "régimen anterior" y no teníamos ni idea de hacia donde íbamos.
Creo que él ha sido siempre el único político a quien no he puesto de vuelta y media en algún momento aunque desde luego la camisa azul de sus orígenes no le ponía en mi bando.
Era un gran hombre para momentos críticos. Me pregunto si hubiera destacado tanto en un periodo de normalidad. Afortunadamente le tuvimos ahí justo en el tiempo y el lugar adecuado.
Dejó cosas por hacer. Evidentemente, evidentemente, pero echando cuentas desde verano del 76 a invierno del 81 no llega a cinco años. No, no es a él a quien hay que echar en cara que los represaliados del franquismo sigan en las cunetas o que aun queden aspectos a desarrollar de la Constitución o que todavía estén vigentes leyes franquistas.
No creo que si hubiera logrado algo más después de su defenestración, algún cargo quiero decir, hubiera podido mantener el ritmo, no sólo él, el país tampoco. Tras esos años del 75 al 82 convulsos, sangrientos y apasionantes, el país necesitaba remansarse, que lo hiciéramos bien o mal es otro cantar.
Gratitud. Si, desde luego, pero por algo más que nadie ha mencionado estos días de lenguaraces a sueldo. Gracias por hacer que mi juventud, y la de varias generaciones, sintiense que avanzabamos hacia algo mejor, que podía hacerse, que la historia avanzaba. Fue una ilusión, desde luego, pero esa sensación de un futuro mejor posible y accesible, por el que se podia trabajar y no sólo laboralmente, es algo que las actuales generaciones de menos de treinta y pocos años no pueden ni imaginar. Fueron años de efervescencia absoluta en todos los campos. Para bien y para mal.
Historia. Sin duda es un hito en la lamentable y apasionante historia de España. No tuvo quizás la profundidad de un Jovellanos, no parece que le interesara mucho la teoría política, pero tampoco la radicalidad de los hombres de la República, era un hombre, por lo menos su obra así lo indica, que se enfrentaba a problemas concretos para llegar a un punto y aportaba soluciones concretas para avanzar, pasando de servidumbres a ideologías presas por letra impresa. Se le ha comparado con Cánovas, hasta cierto punto, sí, pero sólo hasta cierto punto. Cánovas trajo un monarca, Alfonso XII el Pacificador y una cierta estabilidad, pero él no tuvo que enfrentarse a un país infectado por el miedo de cuarenta años de represión. Un miedo profundo y una élite oligarquica de cuño autoritario que vivía y se arraigaba precisamente en ese miedo y en esa ignorancia. No, Cánovas sin duda lo tuvo más fácil.
Reacciones. No creo que nadie esperara la reacción que ha habido teniendo en cuenta que hace mucho tiempo que abandonó el primer plano de la vida pública y algunos años en que sabíamos de su enfermedad. Si se me permiten los terminos: esa reacción ha debido ser un zapateado en la entrepierna de toda la clase política por la inherente comparación con la panda trepas caciques y herederos de caciques que han tomado los diversos poderes y no me refiero a los de un único color, llevando al país a una situación más parecida a la España de Primo de Rivera y anterior que a cualquier otra. De nuevo gracias, don Adolfo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Marilyn y yo


He estado dudando entre hacer una entrega visual, otra de belleza por que sí o continuar con la letanía de Madrid. Sin embargo, esta noche he caído en la cuenta de que hace cincuenta años. Nada menos. ¿Cincuenta años de qué? Preguntaréis. Pues ese es el tema de esta entrada. Aquellos quince primeros días de agosto marcaron mi vida de un modo espectacular: nos concedieron una casa en alquiler, nació uno de mis primos, sin duda el que ha estado más cerca de mí. Y algo más.

Un acontecimiento universal que, entonces, a nadie de mi entorno preocupó lo más mínimo: Marilyn Monroe moría sola. Ella, también por obvias razones, tardó un tiempo en entrar en mi vida. Lo hizo de la mano del delicioso personaje de “Como casarse con un millonario”, cegata perdida y dándose de narices contra todo. Según crecí me convertí, como todo aquel que es sensible a la belleza y al talento, en un mitómano. A los veinte años tenía, tengo todavía, toda clase de objetos con su imagen, (vasos, pitilleras, en fin, cuanto se le ocurriera a un especialista en merchandise y no tuviera un precio prohibitivo). De hecho mi alcoba a esa edad parecía un museo dedicado a Marilyn: frente a mi cama, un poster con una foto de “Bus Stop”, sobre mi cabecera, un cartel con su dibujo en negro sobre fondo plateado y así sucesivamente. Incluso hoy, cuando ya las mitomanías personales van por otros vericuetos, sobre mi escritorio, enmarcada, una postal de Marilyn (antes de las operaciones) me mira escribir.

He de reconocer que mi película favorita siempre ha sido “La tentación vive arriba”, aunque ahora voy a hablar de “Los caballeros las prefieren rubias” con diferencia la segunda de mi predilección. Sin embargo, y como esta entrada quiere ser un homenaje a la desperdiciada actriz, quería contar algo que ocurrió hace unos años, concretamente cuando se lanzó la colección de sus películas en formato DVD. Había entrado yo ese día, un sábado, en la FNAC concretamente. Allí cada uno a su historia, husmeando, buscando y sin prestar atención ni a la música de fondo ni, por supuesto, a las imágenes que se proyectaban habitualmente en una pantalla. Entonces ocurrió: empezó a sonar “Los diamantes son los mejores amigos de una chica” y la poderosísima imagen de Marilyn apareció en la pequeña pantalla. Poco a poco se fue haciendo un silencio y toda la planta, uno por uno, se detuvo, hombres y mujeres, clientes y empleados. Durante los escasos minutos que dura el número sólo estaba Ella llenando la planta. Nadie más. Sé que ahora, las nuevas generaciones o no la conocen o no la consideran ni arquetipo de belleza ni cosa parecida pero algo tiene aun cuando detuvo la vida en un comercio un sábado por la mañana con “Los diamantes son los mejores amigos de una chica”

martes, 17 de abril de 2012

Nos están dejando solos

En pocos días se nos han ido muchos compañeros de viaje vital, algunos grandes figuras que pasarán a la historia, otros personajes que formaron parte de nuestras vidas casi insensiblemente, presencias que casi ni percibíamos, alguno con especial repercusión individual, otros son una referencia de un tiempo concreto que no sería igual sin ellos. 
 Antonio Mingote, que tenía el escaso talento de no ofender ni con su humor ni con sus actitudes a nadie, se estuviera o no de acuerdo con él. Un genio que nos habíamos acostumbrado a tener como algo permanente.  Costará imaginar ABC sin su referencia, costará adaptarse a su carencia. Afortunadamente Madrid tiene en sus calles mil detalles suyos que nos siguen acompañando.
 Marisa Medina: una belleza que nos acompañó en el viaje, literalmente, de la infancia televisiva al despertar democrático-destapante. Polifacética y vital fue arrollada por la historia y la vida pero supo ponerse en pie y recuperar entre nosotros el buen sabor de boca que su presencia siempre había tenido.
 Francisco Valladares, Diego de Acevedo. Icono íntimo por demás, fue siempre mi serie predilecta, incluso muchos años después de que se dejara de emitir. Las cenas ante sus aventuras son uno de mis primeros y más apreciados recuerdos. 
 José Guardiola, fastuosa voz a la que se recuerda lamentablemente por una "cosa" llamada "Dí papá" que grabó con su hija. Este país es ansí de gárrulo. Su versión de "!6 toneladas" debe ser demasiado progre para nuestra memoria. 
José Rubio, el "sinvergüenza" del teatro español por excelencia, fue su mayor éxito, pero su presencia en papeles menores o mayores era constante en el cine y la televisión de los setenta.
Pedro Macía, no sé con que edad empezaría a trabajar en televisión pero extremadamente joven seguro, pues yo le recuerdo de siempre. Uno de esos rostros que están ahí y que un día desaparecen sin que te des cuenta hasta mucho tiempo después. Entonces sabes que en la memoria de tu vida estará de fondo en los telediarios que es donde más le recuerdo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Mi Pumby o La entrada más difícil

Portada de un Almanaque navideño de Pumby con muchos de sus personajes al fondo.
Para mi asombro esta es la entrada que más me está costando escribir desde que empecé en el bloguerío; y no deja de ser sorprendente pues es la que me lleva más lejos en mi infancia, quizás ese sea precisamente el problema. Mi infancia no son recuerdos de ningún patio de Sevilla sino un tiempo oscuro de dolor y frío, un tiempo en el que se me veía como igual a subnormal profundo, literalmente, en el que la diferencia, lo pondré en plural, diferencias eran demasiadas para ser toleradas. En realidad así ha sido siempre, pero entonces eso apaga las luces que iluminan las infancias recordadas por casi todos. Y luego estaba el dolor. En aquel panorama oscuro, casi mísero, deslavazado y sin sentido para mí, había puntos oscuros, concretados en días y en escenarios, pero también había puntos de luz que eran faro de la semana, por ejemplo: la visita semanal al quiosco. Eso supone que al tratar algún tema que tenga que ver con aquellos años se me levanten fantasmas, recuerdos y cicatrices. Por eso me está costando tanto esta entrada, en la que quisiera poner más cariño que en otras.

Los Almanaques de Navidad, Primavera o Verano eran entonces acontecimientos de primera índole para cualquier chaval.
Es curioso como alguien de quien no hemos visto jamás la cara, de quien sabemos apenas un nombre, puede marcar nuestra vida, sin quererlo, sin saberlo, sin pretenderlo. El día dos del pasado agosto moría José Sanchís a los 79 años y con él se va el creador que me hizo pasar algunos de los mejores ratos de mi primera infancia y cuyo rostro vi por primera vez ese día, cuando salió en la prensa con su necrológica. Pumby, su creación más importante, era un gato “de profesión: sus ratones”, vestía un pantalón rojo y un algo al cuello que parecía un cuello de camisa muy almidonado con un gran cascabel; tenía un amigo científico, el Profesor Chivete que era una especie de cabra, y una medio novia, Blanquita, que lucía los peinados a la moda, cardados. Pero, además, Pumby era un tebeo semanal.

Payasete y Fu-Chinin, inolvidables.
Al abrirlo a la izquierda estaban Payasete y Fu-chinin, a la derecha la aventura de Pumby. Esa era la visita obligada del domingo al quiosco a la que me refería,  mi padre por el Ya y yo por mi Pumby. En el interior había otros personajes como Plumita, Trompy, La alegre tripulación del barquito Cascarón, algunas historietas sueltas, y al final, en la tapa trasera Caperucita Encarnada, no creo que dejaran decir “roja” en una publicación infantil.

Plumita, un niño indio muy en la moda del western de la época pero en infantil
He de decir que a Pumby le debo lo que soy en un sentido estricto. A una historieta en concreto. En ella el gatito Pumby visitaba un museo y la Venus de Milo le pedía que fuera al monte Olimpo a buscar sus brazos, allí se iba encontrando con diversos personajes mitológicos entre los que recuerdo a Pandora, una gatita de melena como la de Conchita Bautista, cancan y tacones de aguja que con un silbido llamaba a Pegaso, se subían en él al ritmo de “Mi jaca, galopa y corta el viento”. Jamás había oído hablar del Monte Olimpo, la Venus de Milo o Pandora pero gracias a aquel tebeo me empezó a interesar la mitología, de la mitología pasé a la historia y, de ahí, al arte que es lo mío.

Caperucita Encarnada con su conejo, ni que decir tiene que el lobo siempre perdía.
Pero hay más. Mi infancia entera está repleta de referencias iconográficas a la labor de este hombre. De su obra en el “tebeo” llamado “Jaimito” quedan dos personajes para mí y para otros muchos de mi generación sin duda también inolvidables: el Capitán Mostachete y el Soldadito Pepe.
En "Jaimito" triunfaron el Capitán Mostachete y el Soldadito Pepe, ingenuos quizás pero parte de la formación estética y emocional de muchos de nosotros.
Lo cierto es que mi niñez no fue en absoluto idílica, más bien fue una larga pesadilla, y que no añoro nada de aquellos años infernales, es más, creo que en nuestro fuero interno todos vivimos la infancia como un caos de cosas, normas y órdenes que no acabamos de comprender y por tanto vamos a ciegas de castigo en regañina, de bofetada en silencio, y de caída en arañazo, lo que ocurre es que, desde lejos, lo vemos como el tiempo en que las decisiones las tomaban otros a quienes hoy podemos culpar de nuestros errores y fallos. No nos consideramos responsables de aquellos años, de ahí su idealización cómoda y acomodaticia.


Pumby cortejando a la manera clásica a Blanquita, cuyos peinados eran reflejo de la moda de la época.
Los grandes de Bruguera eran para niños un poco mayores, aún hoy esos niños que ya son abuelos siguen -seguimos- partiéndose de risa con Mortadelo y demás, pero para los pequeñines de entonces eran Jaimito y, sobre todo, Pumby. Mi Pumby. Llegaron otros tebeos, otras revistas, luego los libros, y más libros, y más aun. Hubo que hacer sitio y mi colección de Pumby tuvo que seguir el camino de la basura, yo ya era muy mayor para conservar esos tebeos que tanto espacio ocupaban, ya era un adulto. Hoy, me doy cuenta de que nunca se es adulto para de esas sonrisas arrancadas a una infancia triste. Hoy lamento más que nunca no haber intentado conservar mis Pumby, mi Pumby. Gracias por esas risas y estos recuerdos, sr. Sanchís.


lunes, 8 de agosto de 2011

Blues de agosto

Hace tiempo que dejé de dedicar entradas a quienes se van y nos dejan, un poco más, caminando entre ruinas. Estos días hay un aluvión de aniversarios y de despedidas que sumar a los que se nos fueron últimamente: María Isbert, Ernesto Sábato, Manolo Otero, Facundo Cabral, Lucien Freud, José Sanchís, Hiroshima, Marilyn, las trece rosas, Cecilia, Nagasaki. Memoria común en ocasiones universal, en otras, nacional y en otras casi privada. Las ruinas nos invaden y rodean. Nos van poco a poco minando y abocando a una vida chabolista de ruinas entre las que intentamos, a duras penas, sobrevivir sin perdernos a nosotros mismos entre el lamento, la soledad y la añoranza. Entre ruinas, pocas veces como en estos primeros días de agosto es tan adecuado el título de este blog.

María Isbert, con quien tanto hemos reído.
Ernesto Sábato, la integridad en el horror
Manolo Otero, a muchos esa voz y esa canción nos descubrieron el erotismo.
Facundo Cabral, murió como vivió: subrayando el delirio de un continente. Pobrecito su patrón.
Lucien Freud: el destructor de la belleza académica del desnudo
José Sanchís, genial dibujante, caído o casi en el olvido.
El espanto puro, y Japón este año volvió a sufrir el castigo atómico.
Marilyn: una de mis fotografías predilectas.
Sin palabras, profundamente avergonazado y estoy pensando en Avila estos días.
Cecilia, quien a algunos nos dejó cuando comenzabamos a definir nuestros gustos musicales.

jueves, 24 de marzo de 2011

Adiós, Liz.

Llevaba muchos años enferma de una en otra pero siempre brillante, siempre deslumbrante y siempre donde debía estar. Comprometida, adicta, abierta, algo promiscua, pasional, irregular, amante de los personajes con sufrimientos desgarradores (Jimmy, Michael, Monty), torrencial con Burton, desesperada a menudo, sorprendente pero siempre, siempre deslumbrante incluso en aquel horror de aparición en Los Picapiedra.
Esperábamos que ocurriera lo que ha ocurrido hoy pero eso no ha evitado que algo se haya roto. Entre ruinas se llama este blog y cada vez más veo que ese es el camino, un sendero entre ruinas que se nos van desmoronando.
Yo no alcancé a verla en sus grandes momentos en cine pero como en mi tiempo las grandes películas te las encontrabas en cualquier reestreno o perdidas en un cine de barrio o de verano. Ya no quedan ni de los unos ni de los otros. Los unos convertidos en bancos y los otros en urbanizaciones-colmena. En uno de ellos me tropecé con Liz en pantalla grande, naturalmente ya la había visto en televisión pero en bodrios sublimes como Ivanhoe de infaustísimo recuerdo y cosas parecidas por que Liz ha hecho muchas malas películas, eso también hay que decirlo. Tendría quince años y era un día laboral de un mes de julio, en el cine aquel, en tales circunstancias no eran muy estrictos con la edad y entre a un programa doble en el que estaba "La gata sobre el tejado de Zinc" y guauuuuuuuuu. Esa no era la belleza insípida de Ivanhoe o Mujercitas. Eso era una bomba de relojería, en todos los sentidos. Primero la belleza incontestable de Liz, luego el formidable duelo contra el mundo que esa mujer estaba presentando, además el duelo con Paul Newmann y ese sexo indefinible que flotaba incluso para alguien que no terminaba de entender la mitad de lo que allí estaba ocurriendo. Hubo dos cosas que se me quedaron clavadas en la mente hasta hoy. Paul Newmann, huyendo del acoso de ella, la gata, se refugia en el baño y se aferra al camisón de ella para olerlo y sentirla. No sé si ha filmado algo con más carga sexual en la historia del cine, incluyendo cine X. Otra frase que se me clavó en el cerebro es cuando el suegro de la gata descubre que su enfermedad es mortal y tiene un espasmo de dolor intenso, Paul Newmann corre a preparar el calmante y su padre se niega por que mientras siente el dolor es que sigue vivo. Es frase que aun duele en mis neuronas, creo que nunca he compartido ese arrebatado afán de vivir a cualquier precio, desde luego no a ese.
Más tarde la volví a ver en pantalla grande en cosas contemporáneas como "Victoria en Entebbe" que he de calificar como lamentables, mínimo. Pero un día en el Cine Progreso, en la casticisima Plaza del Progreso, hoy Tirso de Molina, reestrenaron su "Cleopatra". Siendo como es uno de mis personajes totenmicos no podía faltar y acudí a verla con unción casi religiosa. Mankievich hizo la película que pudo con un buen guión, una actriz que enfermaba continuamente, y que cuando no lo hacía vivía un tórrido, torridísimo más bien  con un poco creible Antonio-Burton, y con el sabotaje que eso no tiene otro nombre del diseñador de vestuario, maquillaje y peluquería de la actriz. A veces el horror de alguno de sus peinados no sólo hacen que sea desagradble ver semejante belleza como la suya sino que hace que las neuronas que se ocupan de seguir el texto se paralicen de puro espanto unos segundos. En cualquier caso Cleopatra es un hito en todas las Cleopatras de la historia del cine y ella saliendo de la alfombra así como entrando en Roma vestida de faraona, el diseñador ahí no pudo destruir mucho, son imágenes que permanecen.
Liz se nos ha ido, teniendo en cuenta que desde los trece años sufria tremendos dolores de espalda, eso tengo entendido, y que llevaba muchos, pero muchos años con una salud extremadamente delicada -Cleopatra tuvo que suspender rodaje al menos en un par de ocasiones por tener que ingresarla en Londres- creo que podemos decir que descansa, al menos del dolor a pesar de lo que dijera su suegro en "La gata sobre el tejado de Zinc"

jueves, 4 de noviembre de 2010

Siguiendo con los armarios

Como ya sabeis ando hace tiempo dando un revolcón poco erótico por demás a los armarios y lo que es peor a cajas, cajones y carpetas, vamos si mis venas no estuvieran de mirame y no me toques era para abrírselas. Hoy voy algunos de los lugares de mis vacaciones. De algunos me acuerdo, de otros no, era yo muy crío pero para conservar el misterio del Joaquinitopez madurito interesante muy viajado no voy a poner de donde son las imágenes, como dice la jota: que ella lo diga si quiere.











viernes, 10 de septiembre de 2010

Para quitar el amargor.

Habiéndome hecho propósito de no dejarme llevar por la actualidad ésta ha tenido que abofetearme -a mí y a cualquier persona con dos dedos de frente- y obligarme  a la entrada anterior. Para quitar el mal sabor de boca sigo hoy con la familia Mexicana, cuya madre es pelín menos exquisita que las otras seis, pero quizás más simpática.