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miércoles, 16 de octubre de 2024
Los niños de la polio.
domingo, 18 de agosto de 2024
Otra vez la polio
jueves, 1 de abril de 2021
JUEVES SANTO
He de señalar que para mí nunca hubo buenos tiempos y por buenos tiempos quiero decir tiempos en los que estuviera cómodo. Los tiempos eran regulares o malos. Luego fueron empeorando. En los tiempos regulares el Jueves santo quedábamos el hermano de mi madre y su mujer, a quienes quería mucho pero con quienes por temperamento nunca llegué a conocer a fondo para pasear por Madrid. Eran los tiempos en que Madrid se vaciaba en este puente y solíamos partir de la entonces catedral de San Isidro para patear las calles castizas silenciosas, si se podía entrabamos a ver La Macarena y el Gran Poder, para una silla de ruedas no es fácil acceder a la mayoría de las iglesias con eseas puertas escalón y solo cuando, mi tío y mi padre estaban bien, mi padre sufría mucho de lumbago y mi tío era el único que sabia ayudar podíamos entrar. Una vez entramos en Jesús el Pobre, antes de que Telemadrid convirtiera esa humilde procesión en lo que es hoy, las vecinas bajaban a ayudar a poner flores al pequeño paso con el delantal puesto pues habían dejado el potaje en el fuego. Otra vez entramos en Medinaceli, he de reconocer que cada vez que entrábamos en una iglesia era un triunfo personal mío pues ninguno era especialmente creyente y tampoco demasiado interesado en el arte. Medinaceli es una de esas iglesias de las que tuve que salir corriendo, Hay algunos templos que me producen un revuelto de malas energías y tengo que salir para no volver.
Por la tarde me tenía que poner pesado para lograr que mi madre se animase a hacer torrijas y ayudándola aprendí a hacerlas, Era un día tonto, sin nada como para tirar cohetes pero era uno de mis días favoritos, Madrid todo para los cuatro peatones -recuerdo una Calle de los Mancebos en absoluto silencio y saliendo de un balcón la Saeta de Serrat, Recuerdo lo felices que eran los dos hermanos cuando estaban juntos, a mi tía con su tic de guiñar los ojos, curiosa por las cuatro o cinco cosas que sabía yo de arte por entonces. El olor de las torrijas en la sartén, como mezclaba el azúcar y la canela, como empapaba el pan. Nada especial. Nada que me hiciera feliz. Sólo un día apacible y un paseo agradable, Siempre esperando que los tiempos mejoraran. No lo hicieron.
Un Viernes de Dolores mi tío se puso malo, nada según los médicos de urgencias, pero que cuando pasara Semana Santa sacara número para un cardiólogo. Aquel Jueves Santo mis padres fueron a verle, yo no podía pues era un tercer piso sin ascensor y rara vez emprendía yo la escalada a gatas de tales alturas. Me quedé en casa y descubrí en una adaptación rara de la Flauta Mágica las arias de la Reina de la Noche, mientras mi tío caía fulminado sobre mi madre con un infarto cerebral. Sí, fue en Jueves Santo. Aquella tarde mi vida se partió en dos y los Jueves Santos siguientes yo intentaba -como los perrillos abandonados que procuran repetir rutinas- revivir con los que quedábamos aquellas mañanas pero ya hasta las torrijas sabían a lágrimas. Luego vino la masacre, Mi familia se convirtió en un tiro al blanco de feria y, uno al año cayeron siete parientes, el mayor de 58 años. Finalmente mi padre y yo repetíamos la rutina del Jueves Santo más o menos serenos. Incluso le enseñé a hacer torrijas que no sabían a lágrimas sino a supervivencia. Sin ella a él nada le importaba salvo yo, y si meternos en la cocina me anestesiaba un poco tanta nostalgia acumulada, nos metíamos. Finalmente también él se fue. y yo seguí como el perrillo abandonado. Incluso el año pasado me salté el confinamiento para dar mi triste paseo de la Colegiata y el centro de la ciudad, pero ya no tuve energía para las torrijas. Y este año ni para salir a comprar el pan y tomarme un café las he tenido.
Hay silencio en torno mío, hasta la casa de al lado cuya madre suele gritar como una energúmena calla. Sólo el olor a potaje que entra desde el patio y las ganas de llorar.
domingo, 12 de abril de 2020
ABRIL
jueves, 21 de noviembre de 2019
UN MATRIMONIO FELIZ
Ayer era el cumpleaños de una amiga de mi mismo piso, cierto es que con los años las celebraciones de cumpleaños se van minimizando y está bien que así sea, no seré yo quien pretenda que se organicen fiestorros a cada cumpleaños o santo o cualquier otro aniversario. Sin embargo, como conozco a esta chica desde literalmente la cuna sé algunas cosas de ella. Voy a explicar lo de "literalmente la cuna", tiene tres años menos que yo y ya he comentado que mis primeros recuerdos se remontan a los 20 meses -sé que habrá quien diga que es imposible, allá ellos-, en suma que cuando llegó su madre del hospital nos dijo que pasáramos a conocer a la recién nacida. Con tres años aquella cosa con mucho pelo y muy negro no es que me emocionara especialmente pero desde entonces nuestras vidas han corrido paralelas en los buenos y en los malos momentos (como todos los hemos tenido muy malos y siempre hemos estado cerca y apoyándonos) Seguramente tiene que ver la proximidad geográfica pues estoy seguro que de no ser vecinos tan inmediatos no seríamos amigos pues lo que tenemos en común es precisamente la vida ni los intereses, ni los gustos ni prácticamente nada. Decía que algunas cosas sé de esta chica y una de ellas es que le encanta recibir regalos, no hace falta que sean grandes regalos, ni de precio ni de marca ni nada de nada. Aprecia el detalle y muy especialmente el regalo de Reyes. Como ni ella ni yo podemos permitirnos grandes dispendios suelen ser pequeños detalles que encajan en el momento concreto de nuestra vida (ejemplo, un libro de cocina cuando me tuve que empezar a hacer la comida etc.)
Su pareja funciona bien, con los problemas habituales que son normales, nunca discuten entre ellos si no interviene un tercero como causa detonante y son lo que cabría definir como una pareja normalmente feliz, vamos que no viven en Jauja pero tampoco se están matando -como pareja, otra cosa son las situaciones en las que se van viendo envueltos-. Ayer pasé sobre las nueve de la noche a felicitarla y darle la tontería de regalo que me puedo permitir y "sorprendí" (no era tal sorpresa pues sabían que iba a pasar así que simplemente entré en su vida un momento y salí en cuanto pude) una escena que, a decir verdad, creo capaz de destruir cualquier visión mínimamente positiva del matrimonio.
Luces apagadas, sólo con la televisión encendida, los dos mirándola, y al mismo tiempo con el móvil en la mano, alternando la atención entre las dos pantallas, desarrapados (que no digo yo que haya que estar de gala en tu casa pero al menos en atención a tu pareja estar presentable, sin lamparones ni cosa semejante) y con el único signo de vida inteligente de una perrita cachorro ejerciendo de tal. Sé que no habían discutido por que aunque no quiera les oigo cuando lo hacen -el pito de voz de mi amiga taladraría muros de hormigón-, era simplemente una tarde más, una tarde lluviosa en casa de un matrimonio normal y ¡Dios bendito! aquello tenía más de funeral que de otra cosa. No, no es cierto, en un funeral hay mucha más animación. No quiero hacer chistes, en un funeral se conmemora o recuerda una vida que se acaba de ir. Ayer en esa casa lo que se percibía era la ausencia de vida sin la presencia de la muerte como en el caso del funeral, la nada, o incluso peor lo ajeno a todo que estaba viviendo cada uno de ellos.
Me volví a casa en cuanto pude y he de decir que, a casa vacía, había mucha más vida en la mía. Ahora casi me alegro de no tener un "matrimonio feliz"
martes, 19 de febrero de 2019
DIECINUEVE DE FEBRERO Y LUZ MARÍA
domingo, 6 de enero de 2019
DIA DE REYES
miércoles, 10 de junio de 2015
Junio
Ahora, precisamente ahora, cuando parecía recuperado se nos va Pedro Zerolo, excepción a mi visceral odio a los municipes -él y Jose Isbert-, cuando más falta nos hace una cara amiga en esa caterva de buitres que vienen siendo los políticos y uno se pregunta por que estas cosas siempre caen de un lado de la balanza. Para mí ha sido un golpe. Supongo que ahora alguien y aun alguienes se estarán frotando las manos.
Esta mañana leo que parece estar preparándose un segundo tamayazo para robar el Ayuntamiento de Madrid. ¿Por que aquí siempre acaban pasando? Así que uno camina entre la esperanza y el abismo. Este mes de junio, creo y si no el que viene, me van a romper un cálculo renal de lo más raro, "el increible cálculo menguante", sí, ya sé que no es nada con las técnicas habituales y que ayer mismo me dijeron que tengo unos análisis y una situación cardiaca perfectos, de acuerdo pero ¿a quien le gustan estas cosas? Pues eso.
Sin embargo, lo peor de este junio extraño llegó ayer. Como vengo lamentando hace algunas entradas hemos hecho obras en casa. Sí, muy mono todo, mi alcoba gana como dos metros pero a costa de perder espacio para guardar cosas. He tenido que tirar algo así como el sesenta por ciento de mi ropa, o sea cuatro camisas y tres jerseys que ya no me cabían. Cuadros salidos de mis manos en los contenedores, puzzles hechos y sin hacer, la colección de soldaditos de plomo del Señor de los Anillos, incompleta; pero ayer fue lo peor. Ya he comentado algina vez que suelo escribir siempre a mano los textos y luego al pasarlos al ordenador ya me vale de primera corrección. No puedo pasarme escribiendo en el ordenador por mi querida escoliosis así que he de ir de a poquitos y como m pare la cosa va mal. Ayer no sé cuantos cuadernos que hubieran conformado una novela, todavía inacabada, cuatro años de trabajo, de vaciarme en cada personaje se fueron al contenedor. No hay sitio para ellos ni tiempo para copiarlos, ni nadie a quien acudir para que me ayude a hacerlo. Los personajes que tanto me esforcé en dibujar, desaparecidos para siempre, ya nunca serán nada; y Enrique, el protagonista de la trilogía, a quien dejé en la primera entrega cayéndose por un balcón, morirá por que no habrá una segunda parte en la que sepamos qué pasó, con él. No conoceremos a los cinco hermanos César, Rafa, Carlos, Jaime y Mauricio, fotógrafos. Ya nada es. Amores, odios, dolores, éxitos, amistades. todo en un contenedor. Ya nada es. Puse lo mejor de mí en ese texto, esos textos que aun había que armar y acabó así. Eso es lo que yo llamaría un FRACASO por culpa de unas vértebras, y de una visión incompetente del autor. Por que, encima, aquellas ideas buenas, al escribirlas dejaban de serlo. Recuerdo aquellas tardes escribiendo mientras oía a Serrat o a Sabina, dejándome la piel, corrigiendo sobre la marcha, cuatro años, dia tras dia.
Es este un mes de junio triste, en el que uno ha descubierto que tampoco aquel trabajo tan minucioso y elaborado valía nada y que, auque hubiera valido, ya no se puede corregir. A estas horas debe estar en el vertedero. y con él muchas más cosas de las que quiero reconocer.
No es la primera vez que me planteo dejar de escribir pero he de reconocer de que es para mi una necesidad, si fuera una opción seguro que no la escogería.
La verdad es que a veces uno....
viernes, 2 de enero de 2015
Feliz Año Nuevo (aunque con retraso)
Yo tenía pensada una serie de temas para las entradas de esta Navidad, como veis no está el horno para muchos bollos y cada cosa que no sea estar tumbado y medio dormido es un auténtico esfuerzo, y no son las pastillas que deberían sobreexcitarme. De nuevo tendréis que perdonarme.
Sin embargo, ayer, luchando para no caer en la modorra se me vino a la cabeza una cierta reflexión, muy al pelo. Las felicitaciones. Tengo por costumbre usar como elemento decorativo de la librería que tengo com pinta má seria las felicitaciones anuales que voy recibiendo e, igualmente para no olvidar a nadie, tengo en el ordenador la lista de aquellas personas a quienes quiero felicitar con sus direcciones actualizadas.
La librería seria tiene unos buenos volúmenes azules con letras doradas y la pátina del libro viejo y muy usado, hace unos años me veía y desaba para que cupieran las tarjetas, ahora sobra espacio, mucho espacio. Hay huecos, y no, no voy a hablar de los e-mail. También hay huecos en mi lista actualizada: primero suprimes los de Madrid por que las tarjetas son una pasta, dices "les llamo", luego les llamas o no encuentras momento o ganas o, en el fondo, malditas las ganas que tienes de hablar con ellos, o sencillamente tienes su dirección pero has transpapelado su teléfono, o no te da la gana que te obliguen a gastar más de lo que puedes llamando a un móvil. Este año me ha ocurrido algo curioso: he perdido -de verdad- una dirección que, en lo más profundo, quería perder, la de Mariola y Manuel, lo cierto es tengo demasiado conocido a Manuel como para que no me quiera mantener a cierta distancia, pero eso se hace con clase no como él, hubo un leve enfrentamiento que por mí hubiera sido mayor y se hubieran aclarado las cosas. Como no se hizo yo no tenía especial interés en felicitarles y, curiosamente, ellos tampoco a mí.
Otras tarjetas faltan por que sus destinatarios ya no tienen la firmeza suficiente en las manos para escribir y llaman por teléfono a pesar de estar sordos como tapias. Este año ha faltado uno lo que no augura nada nuevo. Era, además, el último testigo de los pocos meses de felicidad de mi familia. Otras tarjetas simplemente se han dejado de recibir sin motivo, por que sí. No pasaría nada si no fuesen el único vínculo que recuerda que esa persona forma parte de tus afectos y viceversa. Que los afectos estan, sin duda, pero cada vez es más difícil recuperarlos si los riegas de algún modo, aunque sea una tarjeta anual.
De modo que en todo esto empieza a haber demasiados huecos ¿Será esto la vejez?, ¿Será la soledad? ¿Será la incapacidad mía de establecer nuevas relaciones? ¿Será el deterioro de los vínculos personales a nivel social?
Ya que, sin pretenderlo, he abierto la sección Llantos y lamentos varios quiero contaros tres cosillas que me han ocurrido a un nivel estrictamente personal pero que no están contribuyendo precisamente ni a una feliz Navidad ni a salir del pozo de la depre.
La primera reconozco que tengo gran parte de responsabilidad: tengo una amiga llamada X con quien hablo poco y salgo menos por que tiene la costumbre de darme plantones de dos horas. El caso es que mi profesora de pintura también se llama X. Cuando ingresé en el hospital quería avisar a la profe del por qué no iba a ir y me encontré en la agenda del móvil a X, creyendo que era la profe, llamé y no lo era, saludé charlamos un rato y le expliqué la situaciónque no dejaba de tener su gracia. No esperaba que fuera a verme, por supuesto, aunque vive justo al lado y no es un decir: tres minutos andando. Pero sí un cierto interés, una llamada al menos. No hubo llamada.
Segunda: al día siguiente de ingresar unos parientes carnales -qie dicen los antiguos- llaman a casa y mi padre les pone al tanto. Hasta ahora.
Tercero ya en casa: llama un pariente al qque vemos y tampoco hablamos mucho pero de esos que sabes que puedes contar con el, yo siento un profundo cariño por él, la verdad. Le digo que acabo de salir del hospital y sencillamente cambió de tema, sin ni siquiera un "¿que ha pasado?" de los de compromiso.
Permitidme añadir un cuarto detalle más viejo: llevaba treinta y un años con el mismo grupo de alumnas que se había ido reduciendo por diversas causas hasta ser inviable. Cuando esto ocurre, lo sé por compañeras que han vivido situaciones parecidas, se suele organizar una despedida, las que están demasiado ocupadas para ir clase hacen un hueco para una copa y un bombón. Quizás un pequeño regalo. En mi caso simplemente dejamos de ir.
¿Es que no dejo hueco en nadie ni en nada? Por eso me siento cada día más absurdo escribiendo felicitaciones, comprando regalos, es como intentar comprar un espacio en vidas ajenas que ni me pertenecen ni me aceptan. No, esta Navidad no está siendo feliz, quizás por que está dejando al descubierto demasiadas cosas y yo no estoy fuerte para asumirlas. Sé que tampoco será para mí un feliz año, tengo en perspectiva un par de intervenciones pseudoquirúrgicas, que saldrán bien pero siempre son un latazo, espero recuperar fuerzas para no acabar de hundirme.
Diréis que qué clase de felicitación de año es esta, y tenéis razón. Más que una felicitación es una sesion de psicoterapia pero eso no quita que os desee de todo corazón un muy FELIZ AÑO 2015




















