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miércoles, 16 de octubre de 2024

Los niños de la polio.

 





Ya sé que no importa a nadie. Ya sé que no es agradable ni vernos ni saber que existimos. Ya sé que soy un poco pesado con el tema. Ya sé todo eso, pero por si a alguien le interesara de que va todo esto he recogido este articulo de "Público", por expresivo de lo que fue y sigue siendo nuestra realidad. 
Las  imágenes son: La compañera que expulsada del Congreso, con la absoluta indiferencia de los que estaban en el palco. Esa ha sido siempre la actitud entre la que nos hemos movido. Indiferencia. 
Primeras fases de después de la fase aguda de la enfermedad. Esos artefactos hacían muchísimo daño, más de lo que podría pensarse.
Infancia y juventud: vendiéndonos la moto de que podíamos hacerlo todo y de que, como me dijeron a mí, "lo que se gana no se pierde". 
Nuestra situación actual. La última epidemia de polio en España fue en el 60, aunque hubo casos posteriores, o sea que jovencitos no somos. Nuestra situación reduce un 30% la esperanza de vida. El síndrome postpolio es un perfecto desconocido para casi todo el mundo. Dado que cuando nuestra generación se acabe ya no quedará nada de la polio somos dinosaurios en vías de extinción, lo que viene a querer decir que no somos rentables ni a nivel económico ni a nivel electoral, invertir en nosotros con las medidas necesarias no es tan rentable como, por ejemplo, en centros de alta competición, o en el plan ADO. Además, obviamente, no tenemos futbolistas que nos representen y ningún famoso, famosillo o famosuelo nos pone cara. Hasta tal punto que no he encontrado a nadie que haya prestado atención a esta noticia, la colocaron justo antes de la información deportiva, en el momento en que se recogen los platos de la cena antes de enterarnos de que un delantero ha dicho que... Eso sí lo vieron.
Lamentablemente las medidas prometidas, y eso lo sabemos todos, no son más que falsedades como tantas otras que se irán aplazando hasta que ya no quedemos nadie. En eso somos como los demás españoles: nos engañan y toman el pelo de toda la vida. 
Lamentablemente tendré que volver a hablar de este tema con experiencias personales que no queréis conocer. Es más cómodo. No os lo reprocho. Todos huimos de lo desagradable. Incluso entre nosotros, los afectados, cuando uno cae enfermo, los otros se distancian rápidamente. No, no todos somos buenas personas, eso lo dijo hace poco una paralímpica, no es esa la idea que quiero trasmitir. 
Dejo lo que puedo y sé por si queréis saber algo de un montón de españoles con al menos 14000 afectados por la epidemia y, al menos, 2000 niños muertos. En realidad, las cifras son falsas pues hubo zonas donde no se reconoció la existencia de la enfermedad, pero calculad que en la pirámide de población de Cádiz se nota el hundimiento de la barra correspondiente. Es sólo un ejemplo.
Ya sé que importa a nadie. Ya sé que no es agradable ni vernos ni saber de nosotros. 

domingo, 18 de agosto de 2024

Otra vez la polio




 Epidemia, posiblemente del 60, Asilo de San Rafael, Madrid, creo.
Pulmón de acero que nos salvó a muchos.
Secuelas que no se van a arreglar ni se van a hacer películas con ellas. No damos bien en pantalla.
Setenta años median entre ambas imágenes, setenta años en el pulmón de acero. Murió hace poco. 

Si alguien me ha seguido desde el principio de este blog sabrá que nunca, que yo haya sido consciente, he hablado de Oriente Medio. No lo hago por que carezco de información fiable. Esa zona lleva en conflicto sangriento desde que el mundo es mundo. Siempre. Las religiones del Libro, las tres, no crearon la guerra allí, la continuaron, bien es cierto que tampoco ayudaron a solucionar nada. Además de no tener datos, no lo entiendo. Así que me callo. Sin embargo, hoy no puedo dejar pasar en silencio algo que va más allá de una guerra. Ha reaparecido la polio en Gaza, como consecuencia de las condiciones de vida, claro, pero no sólo, sino también del atroz hecho de que no se están vacunando a los niños. Eso es condenarlos a una vida de discriminación incluso no voluntaria, cuando no se puede correr para recoger el mendrugo que te tiran y no tienes a nadie ¿no es una forma de discriminación? Es condenarlos a una vida de dolores, variados, muy variados. Es condenarlos a deformaciones tan brutales como las que vemos en la tercera imagen e incluso peores, lo que es inevitable que genere más discriminación; ¿acaso pondríamos en una ventanilla de cara al público a alguien con ese aspecto?, ¿acaso unos padres no sentirían incluso asco al ver que un profesor de sus hijos tuviera ese aspecto? ¿acaso una empresa está dispuesta a eliminar barreras para que se puedan, nos podamos ganar la vida? Eso en el occidente civilizado y cuna de toda bondad. Cuanto más en zonas como la que nos ocupa que están al límite. Es condenarles a una cadena perpetua de trabajos forzados para logros minúsculos, a una cadena perpetua de soledad en la mayoría de los casos, de abandono social, sanitario, familiar. ¿Que grupo se puede considerar civilizado si consiente que esto esté pasando cuando ya hace casi setenta años que tenemos el arma para evitarlo en nuestras manos?
Sin embargo, esto será una nota al pie de los informativos, no damos bien en pantalla, no damos votos, apenas podemos consumir, no somos cómodos ni para encajarnos en una celebración familiar ¿dónde le colocamos? Somos, más que otras discapacidades, lo que la sociedad prefiere no ver y si, encima, son niños de otras tierras, moros, chinos o lo que sea ¿a quien le importa?

jueves, 1 de abril de 2021

JUEVES SANTO


 Quienes, cada vez menos según las estadísticas, me siguen saben que no soy dado, al menos no a menudo, a entradas líricas (para mí siempre han sido malos tiempos para la lírica que decía no sé quien) y mucho menos para dejar salir mis emociones en el blog. Sin embargo, hoy es Jueves Santo. Un día muy especial para mí y ya imagino que a la mayoría no les importa ni que lo sea ni los diversos porqués pero hay veces que uno necesita vomitar nostalgias, para muchas personas es una buena opción pegarse una buena pechá de llanto que las relaja y repone; algunos tenemos negado o casi el "don de las lágrimas" que creo recordar decía Santa Teresa, y los recuerdos se acumulan en el pecho, en la garganta en esas ganas de llorar hasta que necesitan salir. No es fácil dejarlos salir hablando solo y hoy estoy solo, es más, voy a estar solo todo el día. En Madrid hace un día triste, sin frío, sin viento, sin calor, sin sol. Amenaza lluvia pero dicen los que entienden que eso será mañana. No es día de paseo, en suma y eso no hace más que traer más y más recuerdos. Perdonadme pues que los deje salir aquí, por una vez y sin que sirva de precedente. 

He de señalar que para mí nunca hubo buenos tiempos y por buenos tiempos quiero decir tiempos en los que estuviera cómodo. Los tiempos eran regulares o malos. Luego fueron empeorando. En los tiempos regulares el Jueves santo quedábamos el hermano de mi madre y su mujer, a quienes quería mucho pero con quienes por temperamento nunca llegué a conocer a fondo para pasear por Madrid. Eran los tiempos en que Madrid se vaciaba en este puente y solíamos partir de la entonces catedral de San Isidro para patear las calles castizas silenciosas, si se podía entrabamos a ver La Macarena y el Gran Poder, para una silla de ruedas no es fácil acceder a la mayoría de las iglesias con eseas puertas escalón y solo cuando, mi tío y mi padre estaban bien, mi padre sufría mucho de lumbago y mi tío era el único que sabia ayudar podíamos entrar. Una vez entramos en Jesús el Pobre, antes de que Telemadrid convirtiera esa humilde procesión en lo que es hoy, las vecinas bajaban a ayudar a poner flores al pequeño paso con el delantal puesto pues habían dejado el potaje en el fuego. Otra vez entramos en Medinaceli, he de reconocer que cada vez que entrábamos en una iglesia era un triunfo personal mío pues ninguno era especialmente creyente y tampoco demasiado interesado en el arte. Medinaceli es una de esas iglesias de las que tuve que salir corriendo, Hay algunos templos que me producen un revuelto de malas energías y tengo que salir para no volver. 

Por la tarde me tenía que poner pesado para lograr que mi madre se animase a hacer torrijas y ayudándola aprendí a hacerlas, Era un día tonto, sin nada como para tirar cohetes pero era uno de mis días favoritos, Madrid todo para los cuatro peatones -recuerdo una Calle de los Mancebos en absoluto silencio y saliendo de un balcón la Saeta de Serrat, Recuerdo lo felices que eran los dos hermanos cuando estaban juntos, a mi tía con su tic de guiñar los ojos, curiosa por las cuatro o cinco cosas que sabía yo de arte por entonces. El olor de las torrijas en la sartén, como mezclaba el azúcar y la canela, como empapaba el pan. Nada especial. Nada que me hiciera feliz. Sólo un día apacible y un paseo agradable, Siempre esperando que los tiempos mejoraran. No lo hicieron.

Un Viernes de Dolores mi tío se puso malo, nada según los médicos de urgencias, pero que cuando pasara Semana Santa sacara número para un cardiólogo. Aquel  Jueves Santo mis padres fueron a verle, yo no podía pues era un tercer piso sin ascensor y rara vez emprendía yo la escalada a gatas de tales alturas. Me quedé en casa y descubrí en una adaptación rara de la Flauta Mágica las arias de la Reina de la Noche, mientras mi tío caía fulminado sobre mi madre con un infarto cerebral. Sí, fue en Jueves Santo. Aquella tarde mi vida se partió en dos y los Jueves Santos siguientes yo intentaba -como los perrillos abandonados que procuran repetir rutinas- revivir con los que quedábamos aquellas mañanas pero ya hasta las torrijas sabían a lágrimas. Luego vino la masacre, Mi familia se convirtió en un tiro al  blanco de feria y,  uno al año cayeron siete parientes, el mayor de 58 años. Finalmente mi padre y yo repetíamos la rutina del Jueves Santo más o menos serenos. Incluso le enseñé a hacer torrijas que no sabían a lágrimas sino a supervivencia. Sin ella a él nada le importaba salvo yo, y si meternos en la cocina me anestesiaba un poco tanta nostalgia acumulada, nos metíamos. Finalmente también él se fue. y yo seguí como el perrillo abandonado. Incluso el año pasado me salté el confinamiento para dar mi triste paseo de la Colegiata y el centro de la ciudad, pero ya no tuve energía para las torrijas. Y este año ni para salir a comprar el pan y tomarme un café las he tenido. 

Hay silencio en torno mío, hasta la casa de al lado cuya madre suele gritar como una energúmena calla. Sólo el olor a potaje que entra desde el patio y las ganas de llorar.


domingo, 12 de abril de 2020

ABRIL

Siempre he sostenido en este blog que abril es un mes en que "pasan cosas" pues me equivocaba. En este abril de desolación, llanto y angustia, de encierro miedo no pasa nada. Ni siquiera las procesiones y vamos cayendo en un vacío cada vez más hondo e intenso, un vacío del que no parece haber final.

jueves, 21 de noviembre de 2019

UN MATRIMONIO FELIZ

Nunca he tenido pareja y lo cierto es que las que vengo conociendo no han sido nunca esas parejas felices como la de la ilustración pero no por eso he dejado de añorar tener una pareja, un matrimonio en general con todo lo que conlleva.
Ayer era el cumpleaños de una amiga de mi mismo piso, cierto es que con los años las celebraciones de cumpleaños se van minimizando y está bien que así sea, no seré yo quien pretenda que se organicen fiestorros a cada cumpleaños o santo o cualquier otro aniversario. Sin embargo, como conozco a esta chica desde literalmente la cuna sé algunas cosas de ella. Voy a explicar lo de "literalmente la cuna", tiene tres años menos que yo y ya he comentado que mis primeros recuerdos se remontan a los 20 meses -sé que habrá quien diga que es imposible, allá ellos-, en suma que cuando llegó su madre del hospital nos dijo que pasáramos a conocer a la recién nacida. Con tres años aquella cosa con mucho pelo y muy negro no es que me emocionara especialmente pero desde entonces nuestras vidas han corrido paralelas en los buenos y en los malos momentos (como todos los hemos tenido muy malos y siempre hemos estado cerca y apoyándonos) Seguramente tiene que ver la proximidad geográfica pues estoy seguro que de no ser vecinos tan inmediatos no seríamos amigos pues lo que tenemos en común es precisamente la vida ni los intereses, ni los gustos ni prácticamente nada. Decía que algunas cosas sé de esta chica y una de ellas es que le encanta recibir regalos, no hace falta que sean grandes regalos, ni de precio ni de marca ni nada de nada. Aprecia el detalle y muy especialmente el regalo de Reyes. Como ni ella ni yo podemos permitirnos grandes dispendios suelen ser pequeños detalles que encajan en el momento concreto de nuestra vida (ejemplo, un libro de cocina cuando me tuve que empezar a hacer la comida etc.)
Su pareja funciona bien, con los problemas habituales que son normales, nunca discuten entre ellos si no interviene un tercero como causa detonante y son lo que cabría definir como una pareja normalmente feliz, vamos que no viven en Jauja pero tampoco se están matando -como pareja, otra cosa son las situaciones en las que se van viendo envueltos-. Ayer pasé sobre las nueve de la noche a felicitarla y darle la tontería de regalo que me puedo permitir y "sorprendí" (no era tal sorpresa pues sabían que iba a pasar así que simplemente entré en su vida un momento y salí en cuanto pude) una escena que, a decir verdad, creo capaz de destruir cualquier visión mínimamente positiva del matrimonio.
Luces apagadas, sólo con la televisión encendida, los dos mirándola, y al mismo tiempo con el móvil en la mano, alternando la atención entre las dos pantallas, desarrapados (que no digo yo que haya que estar de gala en tu casa pero al menos en atención a tu pareja estar presentable, sin lamparones ni cosa semejante) y con el único signo de vida inteligente de una perrita cachorro ejerciendo de tal. Sé que no habían discutido por que aunque no quiera les oigo cuando lo hacen -el pito de voz de mi amiga taladraría muros de hormigón-, era simplemente una tarde más, una tarde lluviosa en casa de un matrimonio normal y ¡Dios bendito! aquello tenía más de funeral que de otra cosa. No, no es cierto, en un funeral hay mucha más animación. No quiero hacer chistes, en un funeral se conmemora o recuerda una vida que se acaba de ir. Ayer en esa casa lo que se percibía era la ausencia de vida sin la presencia de la muerte como en el caso del funeral, la nada, o incluso peor lo ajeno a todo que estaba viviendo cada uno de ellos.
Me volví a casa en cuanto pude y he de decir que, a casa vacía, había mucha más vida en la mía. Ahora casi me alegro de no tener un "matrimonio feliz"

martes, 19 de febrero de 2019

DIECINUEVE DE FEBRERO Y LUZ MARÍA

Hoy es diecinueve de febrero, y, como cada diecinueve de febrero sin fallar uno desde los diecisiete años, me acuerdo de ella. Hoy hace años que murió en una operación rutinaria, tenía dieciséis años, era hija de unos amigos de unos vecinos y una criatura preciosa. Yo era de su edad pero parecía mayor que yo. No voy a decir que estuviera enamorado, para enamorarme por entonces había que ser pelirroja y estar entrada en carnes, algo que ni era ni estaba ella. Blanca, cabello rubio oscuro, dulce, con esas chapetas rojizas que, decían, son propias de los enfermos del corazón como ella y preciosa. Se nos fue de golpe una fría y oscura tarde de un diecinueve de febrero. No hay mucho más que decir, pero me hace sentir humano recordarla cada año, tanto tiempo después aunque sus rasgos se hayan difuminado y queden en mi memoria pocas y pequeñas pinceladas de lo que fue ella y aquella tarde siniestra. Podría contar el antes, el después pero no hace falta: tenía dieciséis años y murió en un quirófano una tarde de un diecinueve de febrero. Creo que con eso queda dicho todo.

domingo, 6 de enero de 2019

DIA DE REYES

 
Hoy me vais a permitir, espero, que me ponga a escribir esta entrada a vuela tecla pero con una lagrimita sino en los ojos, que poco le falta, sí en el corazón, en la mitad de corazón que me queda útil quiero decir.
Todos tenemos, por lo menos la mayoría, recuerdos infantiles de la Noche de Reyes, las Cabalgatas, los zapatos limpios y bien colocados, antes en el balcón y más tarde bajo el Árbol, la bandeja con trocitos de turrón y anís para los camellos, el no poder dormir, la alegría desmedida de unos regalos que no habías pedido pero, en ese momento, daba igual, los primos, los tíos, entrando y saliendo con paquetes que siempre te quedabas con ganas de abrir pues no siempre eran para ti, las peleas con los primos por el Madelman buzo, pongo por caso, y, a última hora, las prisas pues en veinticuatro horas tenías que entregar un montón de deberes que te habían puesto para las vacaciones y que, los estudiantes de pro, no los raritos, habíamos dejado para última hora. En mi caso concreto, además, anginas, siempre cogía anginas el día de Reyes, bueno y cuando no era  Reyes, también. Sin embargo, hay algo más, algo que rara vez hemos compartido y es esa experiencia de oírles llegar, ver un trozo de manto azul brillante pasar por el pasillo, un camello a la altura de la ventana o escuchar el cortejo acercándose con tambores africanos en sordina, africanos pues mi rey predilecto es, y digo "es" y no "era", Baltasar que no sé por que se identifica con el rey negro. Experiencias comunes sin duda.
Cuando crecí me las fui apañando para continuar con la celebración de los Reyes casi igual, sólo que no me pegaba por el Madelman buzo pues había llegado que el primo en cuestión era/es un gilipollas, y otras pequeñas diferencias: pasarme de copas (lease 2 copas) la Noche de Reyes, el comprar los regalos (que para mi siempre ha sido una alegría, por eso empezaba a comprarlos en junio), otra casi fiesta de envolverlos con un par de amigas más hábiles que yo en hacer lazos, buscar el papel más bonito y escribir con la mejor letra posible el nombre del regalado. Cuando llegó el ordenador me hacia mis propias tarjetitas para este menester y pasaba horas buscando el motivo y la colocación adecuada, el tipo de letra y el tamaño de la fuente pues no es lo mismo poner Pepe que Guadalupe en determinados espacios. Era la única fiesta que se celebraba en casa, las demás en casa de unos u otros, o bien no se celebraban, según el año. En cambio Reyes, salvo unos pocos años en que fuimos a casa del pequeñín de turno, siempre se celebró en casa. Hace poco me deshice de la mesa de más de dos metros extendida que se compró pensando en aquellas pocas veces en que nos juntábamos (tres al año)
Supongo que muchos tendremos experiencias comunes a estas, cierto que yo las he vivido más intensamente por una serie de historias colaterales que no vienen a cuento.
No es por ellas por lo que la lagrimita está ahí, sin poder caer, sino por algo más antiguo, mucho más antiguo y valioso.
Además de la enfermedad base (por decirlo de algún modo) yo he sido siempre enfermizo y delicado cual rosa de pitiminí, por eso cuando oigo eso de "el organismo humano es un mecanismo perfecto" me carcajeo por dentro y con risas de hiel. Mi padre se pasaba horas conmigo y me enseñaba poemas de Samaniego, "Subió una mona a un nogal etc", viejos romances "Cuentame una historia abuela etc", las provincias por regiones "Castilla la Nueva: Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara"  pero con un cierto tonillo musical que no veáis el remontaje que tengo que hacer con la posterior distribución, pues por entonces existía el Reino de Murcia dos: Murcia y Albacete. Vamos que cuando tengo que distribuir autonomías y provincias tengo que hacer un puzle mental no pequeño. Sobre todo en aquellas largas tardes me contaba historias de los Reyes y, lo más importante, los camellos.
Por eso este día, hoy solitario, es importante para mí. La imagen que encabeza la entrada u otra parecida era y es la posibilidad de entrar en otro mundo, no sólo mágico en plan Alicia, no, en otro mundo donde cada uno pueda encontrar algo por lo que vivir y hacerlo con alegría. Por eso son imágenes del viaje, nunca de la llegada.
Cuando me despedí de él le arranqué una última sonrisa evocando una de esas historias que me contaba de niño.
Por eso Reyes sigue siendo importante para mí a pesar de mis años y a pesar de hoy a mi casa no venga nadie y me anegue el alma una dulce y dolorosa tristeza.
Por eso escribo esto, para celebrar esta fiesta como lo que siempre debe ser, la de compartir.
Felices Reyes y que si os traen carbón que sea por haber sido pecaminosamente orgiásticos y no por otras pequeñeces.

miércoles, 10 de junio de 2015

Junio

Junio ha sido siempre mi mes favorito del año, ya es verano pero no hace todavía calor agobiante, la gente aun no ha iniciado sus éxodos desesperados buscando Dios sabe qué y la vida toma un tono algo más amable que el resto del año. Sin embargo, este junio, como todo el curso, viene raro, calores intespestivos, ahora está a punto de llover, nos hacen vivir en la duda si caerá o no por fin la Colera de Dios sobre los pobres madrileñitos de pie. Duda que yo vivo con angustia existencial, empavorecido ante esa posibilidad y esperanzado de que no nos caiga esa plaga bíblica otra vez encima. Además de la otra posibilidad me preocupa el aspecto utópico, de las utopias hay que ir apeándose para construirlas peldaño a peldaño, no como una urbanización del Pocero, y se oyen cosas que uno dice "¿irá en serio el Svengali este?". Básicamente para que una utopia llegue a ser realidad, hay que darle buenos cimientos y no empezar por el tejado, como desgraciadamente le ocurrió a la República que gobernó para casi intelectuales, sin tener en cuenta que, a pesar de sus esfuerzos, el país era todavía una masa analfabeta guiada por caciques y sotanas.
Ahora, precisamente ahora, cuando parecía recuperado se nos va Pedro Zerolo, excepción a mi visceral odio a los municipes -él y Jose Isbert-, cuando más falta nos hace una cara amiga en esa caterva de buitres que vienen siendo los políticos y uno se pregunta por que estas cosas siempre caen de un lado de la balanza. Para mí ha sido un golpe. Supongo que ahora alguien y aun alguienes se estarán frotando las manos.
Esta mañana leo que parece estar preparándose un segundo tamayazo para robar el Ayuntamiento de Madrid. ¿Por que aquí siempre acaban pasando? Así que uno camina entre la esperanza y el abismo. Este mes de junio, creo y si no el que viene, me van a romper un cálculo renal de lo más raro, "el increible cálculo menguante", sí, ya sé que no es nada con las técnicas habituales y que ayer mismo me dijeron que tengo unos análisis y una situación cardiaca perfectos, de acuerdo pero ¿a quien le gustan estas cosas? Pues eso.
Sin embargo, lo peor de este junio extraño llegó ayer. Como vengo lamentando hace algunas entradas hemos hecho obras en casa. Sí, muy mono todo, mi alcoba gana como dos metros pero a costa de perder espacio para guardar cosas. He tenido que tirar algo así como el sesenta por ciento de mi ropa, o sea cuatro camisas y tres jerseys que ya no me cabían. Cuadros salidos de mis manos en los contenedores, puzzles hechos y sin hacer, la colección de soldaditos de plomo del Señor de los Anillos, incompleta; pero ayer fue lo peor. Ya he comentado algina vez que suelo escribir siempre a mano los textos y luego al pasarlos al ordenador ya me vale de primera corrección. No puedo pasarme escribiendo en el ordenador por mi querida escoliosis así que he de ir de a poquitos y como m pare la cosa va mal. Ayer no sé cuantos cuadernos que hubieran conformado una novela, todavía inacabada, cuatro años de trabajo, de vaciarme en cada personaje se fueron al contenedor. No hay sitio para ellos ni tiempo para copiarlos, ni nadie a quien acudir para que me ayude a hacerlo. Los personajes que tanto me esforcé en dibujar, desaparecidos para siempre, ya nunca serán nada; y Enrique, el protagonista de la trilogía, a quien dejé en la primera entrega cayéndose por un balcón, morirá por que no habrá una segunda parte en la que sepamos qué pasó, con él. No conoceremos a los cinco hermanos César, Rafa, Carlos, Jaime y Mauricio, fotógrafos. Ya nada es. Amores, odios, dolores, éxitos, amistades. todo en un contenedor. Ya nada es. Puse lo mejor de mí en ese texto, esos textos que aun había que armar y acabó así. Eso es lo que yo llamaría un FRACASO por culpa de unas vértebras, y de una visión incompetente del autor. Por que, encima, aquellas ideas buenas, al escribirlas dejaban de serlo. Recuerdo aquellas tardes escribiendo mientras oía a Serrat o a Sabina, dejándome la piel, corrigiendo sobre la marcha, cuatro años, dia tras dia.
Es este un mes de junio triste, en el que uno ha descubierto que tampoco aquel trabajo tan minucioso y elaborado valía nada y que, auque hubiera valido, ya no se puede corregir. A estas horas debe estar en el vertedero. y con él muchas más cosas de las que quiero reconocer.
No es la primera vez que me planteo dejar de escribir pero he de reconocer de que es para mi una necesidad, si fuera una opción seguro que no la escogería.
La verdad es que a veces uno....

viernes, 2 de enero de 2015

Feliz Año Nuevo (aunque con retraso)

Pues eso que quería yo haber puesto esta entrada ayer pero como fue precisamente ayer uno de los días "pico" de la depresión que en lugar de mejorar parrece ir empeorando, pues no reuní fuerzas literalmente ni para cenar y a las diez en punto estaba en la cama despues de una hora dormido mientras nos atormentaban con el teledirario. Así que tendréis que perdonarme el retrtaso,
Yo tenía pensada una serie de temas para las entradas de esta Navidad, como veis no está el horno para muchos bollos y cada cosa que no sea estar tumbado y medio dormido es un auténtico esfuerzo, y no son las pastillas que deberían sobreexcitarme. De nuevo tendréis que perdonarme.
Sin embargo, ayer, luchando para no caer en la modorra se me vino a la cabeza una cierta reflexión, muy al pelo. Las felicitaciones. Tengo por costumbre usar como elemento decorativo de la librería que tengo com pinta má seria las felicitaciones anuales que voy recibiendo e, igualmente para no olvidar a nadie, tengo en el ordenador la lista de aquellas personas a quienes quiero felicitar con sus direcciones actualizadas.
La librería seria tiene unos buenos volúmenes azules con letras doradas y la pátina del libro viejo y muy usado, hace unos años me veía y desaba para que cupieran las tarjetas, ahora sobra espacio, mucho espacio. Hay huecos, y no, no voy a hablar de los e-mail. También hay huecos en mi lista actualizada: primero suprimes los de Madrid por que las tarjetas son una pasta, dices "les llamo", luego les llamas o no encuentras momento o ganas o, en el fondo, malditas las ganas que tienes de hablar con ellos, o sencillamente tienes su dirección pero has transpapelado su teléfono, o no te da la gana que te obliguen a gastar más de lo que puedes llamando a un móvil. Este año me ha ocurrido algo curioso: he perdido -de verdad- una dirección que, en lo más profundo, quería perder, la de Mariola y Manuel, lo cierto es tengo demasiado conocido a Manuel como para que no me quiera mantener a cierta distancia, pero eso se hace con clase no como él, hubo un leve enfrentamiento que por mí hubiera sido mayor y se hubieran aclarado las cosas. Como no se hizo yo no tenía especial interés en felicitarles y, curiosamente, ellos tampoco a mí.
Otras tarjetas faltan por que sus destinatarios ya no tienen la firmeza suficiente en las manos para escribir y llaman por teléfono a pesar de estar sordos como tapias. Este año ha faltado uno lo que no augura nada nuevo. Era, además, el último testigo de los pocos meses de felicidad de mi familia. Otras tarjetas simplemente se han dejado de recibir sin motivo, por que sí. No pasaría nada si no fuesen el único vínculo que recuerda que esa persona forma parte de tus afectos y viceversa. Que los afectos estan, sin duda, pero cada vez es más difícil recuperarlos si los riegas de algún modo, aunque sea una tarjeta anual.
De modo que en todo esto empieza a haber demasiados huecos ¿Será esto la vejez?, ¿Será la soledad? ¿Será la incapacidad mía de establecer nuevas relaciones? ¿Será el deterioro de los vínculos personales a nivel social?
Ya que, sin pretenderlo, he abierto la sección Llantos y lamentos varios quiero contaros tres cosillas que me han ocurrido a un nivel estrictamente personal pero que no están contribuyendo precisamente ni a una feliz Navidad ni a salir del pozo de la depre.
La primera reconozco que tengo gran parte de responsabilidad: tengo una amiga llamada X con quien hablo poco y salgo menos por que tiene la costumbre de darme plantones de dos horas. El caso es que mi profesora de pintura también se llama X. Cuando ingresé en el hospital quería avisar a la profe del por qué no iba a ir y me encontré en la agenda del móvil a X, creyendo que era la profe, llamé y no lo era, saludé charlamos un rato y le expliqué la situaciónque no dejaba de tener su gracia. No esperaba que fuera a verme, por supuesto, aunque vive justo al lado y no es un decir: tres minutos andando. Pero sí un cierto interés, una llamada al menos. No hubo llamada.
Segunda: al día siguiente de ingresar unos parientes carnales -qie dicen los antiguos- llaman a casa y mi padre les pone al tanto. Hasta ahora.
Tercero ya en casa: llama un pariente al qque vemos y tampoco hablamos mucho pero de esos que sabes que puedes contar con el, yo siento un profundo cariño por él, la verdad. Le digo que acabo de salir del hospital y sencillamente cambió de tema, sin ni siquiera un "¿que ha pasado?" de los de compromiso.
Permitidme añadir un cuarto detalle más viejo: llevaba treinta y un años con el mismo grupo de alumnas que se había ido reduciendo por diversas causas hasta ser inviable. Cuando esto ocurre, lo sé por compañeras que han vivido situaciones parecidas, se suele organizar una despedida, las que están demasiado ocupadas para ir clase hacen un hueco para una copa y un bombón. Quizás un pequeño regalo. En mi caso simplemente dejamos de ir.
¿Es que no dejo hueco en nadie ni en nada? Por eso me siento cada día más absurdo escribiendo felicitaciones, comprando regalos, es como intentar comprar un espacio en vidas ajenas que ni me pertenecen ni me aceptan. No, esta Navidad no está siendo feliz, quizás por que está dejando al descubierto demasiadas cosas y yo no estoy fuerte para asumirlas. Sé que tampoco será para mí un feliz año, tengo en perspectiva un par de intervenciones pseudoquirúrgicas, que saldrán bien pero siempre son un latazo, espero recuperar fuerzas para no acabar de hundirme.
Diréis que qué clase de felicitación de año es esta, y tenéis razón. Más que una felicitación es una sesion de psicoterapia pero eso no quita que os desee de todo corazón un muy FELIZ AÑO 2015

domingo, 19 de octubre de 2014

La Belleza

Teniendo en cuenta que estoy en pleno bloqueo de escritor –y de todo- no tengo muy claro qué va a salir de aquí. La idea no es exactamente mía sino que recojo una frase de una película, Alvaro, bloguero amigo, afirma que Dios le habla en las películas y algo de razón tiene. La película es la supongo que mal afamada Holiday con Cameron Diez y sobre todo Kate Winslet. A poco de iniciarse la película oímos la voz de Iris, personaje de Kate, en un monólogo sobre el amor y su capacidad de cambiar el mundo. A partir de ahí el desarrollo de la película que no viene qué.
A mí, que lo del amor lo veo de otra manera, lo que me deja perplejo es la capacidad de cambiar todo de la belleza. Da igual qué canon de belleza hablemos se filtra en elecciones, decisiones, permanencias, huidas, la gran historia está llena de manifestaciones de belleza que cambiaron el mundo y en la pequeña historia, la que vivimos todos los días a pie de calle vemos ejemplos constantes de cómo cambia nuestra vida el concepto de belleza. Lo cierto es que no deja de ser un poco indignante que después de tantos milenios de, se supone, uso del pensamiento, todavía no seamos capaces de colocar la belleza en su lugar que está detrás de otros muchos valores, tanto en los humanos, como en los objetos. Es más, tenemos el cinismo absoluto de haber llegado a identificar la belleza formal con la espiritual, así que no hay santa fea, ni santo que no hubiera sido astro de Hollywood.
Partiendo de aquí hay un primer camino que es la autovaloración de la belleza. O dicho de otra manera: la actitud ante nuestro aspecto. Muchas veces de una lenta autodestrucción, de abandono o simple asco. Yo mismo pasé años sin mirarme al espejo deliberadamente, otros se someten a operaciones o directamente van disociándose de su aspecto hasta caer en el abandono absoluto, entrando en un círculo vicioso de abandono por el aspecto y descuido por el abandono. Están también los de todo lo contrario: regímenes, gimnasios, operaciones, fajas, implantes, etc. En cualquier caso son alteraciones profundas de sus vidas y las de su entorno.
Un segundo aspecto de la belleza es la actitud absurda que tenemos instintivamente a elegir objetos, léase de camisas a puentes, por la belleza de los mismos. Ya sabemos que la decisión se toma unos segundos antes de que el cerebro empiece a trabajar sobre el tema. Curiosamente siempre elegimos lo más bello, según los cánones al uso. Hablo de trazados delirantes de calles o caminos en absoluto funcionales sin más motivo que el aspecto estético.
Si queremos hablar de un tercer aspecto sería la inquietud que nos produce la fealdad, o la carencia de belleza, que si bien tiene el lado positivo de querer embellecer cuanto nos rodea para hacernos la vida menos insoportable, tiene el negativo del desasosiego si no se puede actuar sobre ella. De algún modo nos hiere y el rechazo puede ser vivísimo. Recuerdo una figura que me regalaron con una cabeza de toro y otra de torero juntos, que, como decía una compañera “producía espasmos de colon”. Jamás he visto cosa más fea. No es cierto, un caganet (curiosamente granadino) de escayola de treinta cms de colorines con la chaqueta verde fosforito y los pantalones rojos de un determinado estilo hortera de mercadillo, que tiene su encanto kitch a veces, y que encima tuvimos que tener puesto bien visible pues era regalo de alguien que venía a menudo.  Menos mal que un día “se me cayó”. Cosas, no importan, pero ese vivísimo rechazo no es tan inofensivo ante las personas. No hace falta que ponga ejemplos, todos los tenemos en la cabeza.
Luego está la reacción contraria. Ante una persona bella nuestra actitud cambia.  Lo he vivido en carne propia. Yo que soy como soy o sea, cualquier cosa menos bello, me he topado en la vida real con muy pocas mujeres bellas, muy muy pocas. Sin embargo, una vez invitado a comer me topé con otra invitada que lo era y yo me encontré sacando plumas de pavo real y casi compitiendo por la atención de esa chica, que por otra parte no me interesaba lo más mínimo, con un cachas recién divorciado y con buen sueldo. 
A eso es a lo que me refería, a como una concepción fugaz de la belleza condiciona toda una forma de vida por ridículo que sea lo que se haga en aras de esa forma de belleza, de ponerse corsé al diseño de los Nuevos Ministerios de Madrid.
No sé si esto va a alguna parte, me temo que no, pero resulta inquietante como mínimo que teniendo esta norma estemos encaminando al mundo y a nuestras formas de vida no solo a la uniformidad formal sino, en el fondo a la carencia de esa belleza. No sé si sabré explicarme. Se trabaja activamente contra esa belleza. Si el mundo siempre ha sido algo difícil de vivir a pesar de ofrecer belleza sin cuento, ahora se actúa para destruirlo deliberadamente, en todos los niveles. Naturalmente me refiero a, por ejemplo, la destrucción del Amazonas, pero también a la demolición estudiada de los valores morales, que fuerte suena eso ¿verdad? Pues es cierto, y lo estamos viendo con las actitudes ante el ébola por ejemplo. No se puede desarrollar una conversación si no estás dispuesto a aceptar de antemano la banalidad e incluso estupidez que suponga cualquier actitud ética. Sólo si se admiten unos cuantos principios básicos de prioridad económica, individualismo, y “que le den” puedes establecer una comunicación. Claro que entonces ya ¿para qué? Lo peor de todo esto es que, si tienes las defensas mentales bajas esas actitudes se te van infiltrando y llega un momento en que te planteas si realmente las cosas son así y tú te has equivocado en todas tus decisiones a lo largo de 55 años y lo que para ti era belleza no formal, eran simples mamarrachos mentales.
A eso me refiero cuando hablo de la capacidad de la belleza para cambiar el mundo. En un sentido y en el contrario, en un nivel y en otro. Y, sobre todo, en el interior de cada uno ante la propia realidad de la concepción de lo bello y deseable. Sería bonito iniciar aquí algo superficial y frívolo –confieso que se me ha pasado por la cabeza- una serie de “Bellezas que cambiaron el mundo” de Cleopatra a Mónica Levinsky pero es algo demasiado serio como para echarlo al saco de los temas del cotilleo histórico o no.

sábado, 3 de mayo de 2014

Día de la Madre

Yo soy muy de "dias de" y muy regalón; me encanta el acto de regalar y toda su ceremonia, ah, y también el acto de celebrar, no los grandes eventos, pero sí sentarse unos amigos a tomar un café con un pastel o incluso diciendo "lástima que no se nos ocurriera comprar unos pasteles". Celebrar un santo, un cumpleaños, un "día de" es poner un punto de color en el gris fugaz, cáduco, e irremediable de los días que son nuestro tiempo. Creo que ya he hablado alguna vez de este tema y de como hoy tendemos y hasta buscamos deliberadamente que nuestros días sean de un gris más oscuro, unitario y fugaz; pero hoy quiero hablar del único "día de" que no soporto: "El día de la madre".
Obviemos el asunto de la comercialización corteinglesera de tan aberrante celebración e igualmente pasemos por alto los lamentos que, por lo visto, conlleva la condición maternal, vamos incluso a... perdón, creo que no era exactamente esto lo que quería escribir. Retomo. Esta mañana en la radio -ya sabéis que soy muy radiofónico aunque suela desconectarme de lo que dice demasiado a menudo- pedían a los oyentes frases o dichos de sus madres. Resultó divertido y hasta tierno pero de esas cosas que le hacen a uno pensar. 
Mi madre murió a los cincuenta y cuatro  del infarto familiar ya tan comentado, o sea que ya soy mayor que ella al morir y se supone que debería haber depurado los recuerdos y haber eliminado lo desagradable, sin embargo, esta mañana cuando quise recordar me vinieron dos frases que repetía a menudo y a las que me acostumbré desde niño, desde muy niño, como se acostumbra uno a todo, sin medir su alcance real. La primera era casi poesía: "Anoche hacía una noche tan bonita que me dieron ganas de tirarme por el balcón". La otra era de uso diario y se introdujo tanto su uso que hasta que me dio el infarto creo que no había día que no la repitiese. Una frase que nunca debería pronunciarse y que nunca, bajo ningún concepto, debería oír un niño: "Menos mal que se muere uno". Ambas son como dos heridas hechas de compasiñon, dolor y culpa. Indelebles como el miedo infantil a que una noche de verano fuera demasiado bonita. En fin, cosas del Dïa de la Madre.

martes, 11 de marzo de 2014

11-M diez años.

Diez años. Soy de los muchos o pocos que no tuvo o tiene a nadie afectado conocido más o menos lejanamente, pero aún así no he sido capaz de pasar la página. El mundo, mi mundo, mi ciudad jamás ha vuelto a ser la misma a mis ojos. Lo único que permanece son los buitres.

jueves, 2 de enero de 2014

Reflexión navideña

Esto es un juguete pero el de mi casa era exactamente igual.
Rainer Maria Rilke dijo algo que siempre me ha parecido aterrador: “La patria de un hombre es su infancia”. La verdad es que no sólo me ha parecido aterrador sino una solemne majadería. Sin embargo, estos días me estoy encontrando, o estoy viendo por primera vez después de tenerlos delante de las narices toda la vida, que la gente no llega a salir nunca del lugar, el ambiente, la clase social y hasta de pautas de comportamiento sociales de su infancia, hasta el punto de, prácticamente, negar la realidad o, peor aún, trabajar contra ella. El ejemplo navideño me viene de perlas pero, desgraciadamente no es el único: personas que hablan de lo bonitas que eran las navidades de su infancia, algunas sin nada que comer o con un arenque a palo seco, de lo bien que se lo pasaban y se quedan en eso,  en el lamento por el pasado perdido. Personas sanas (bueno, todo lo sano que está alguien hoy día, o sea, no mucho), con hijos y nietos sanos, alegres (No hace falta que sean nietos, no me remito a personas de “cierta edad”, es más genérico que todo eso) que no sólo se enclaustran pensando en lo rico que estaba el pollo del año 67 que asó su abuela, o en lo bien que lo pasaron la Nochebuena del 95, sino que sabotean con saña la actualidad. Un querido bloguero decía que en Madrid vivía exilado de su tierra, lo que resulta alarmante dada la edad y el tiempo que llevaba viviendo en Madrid. Deduzco pues que si la patria de un hombre es su infancia, su vida será un perpetuo exilio.
Podría llegar a entenderlo en las infancias felices, esas que aparecen en los cuentos, las películas o que incluso es posible que existan, sobre todo por la tendencia innata a idealizar el pasado, pero no en las infancias dominadas, y hablo de casos muy cercanos a mí, por las palizas, el hambre, el alcoholismo, la miseria y el desprecio. La inmensa mayoría de la gente cuando habla de “mi casa” se refiere a la de su infancia. El desgarro que supone, que me supone a mí, oír a mi gente decirlo no es expresable. Todo lo que haya logrado, el respeto, la seguridad, los hijos –o sea, yo- la misma propiedad material, nada es sentido como propio. “Mi casa”, es una jaculatoria letal para la realidad. Tu casa es esta, la otra donde te quitaste el hambre a bofetadas, donde te consideraban enferma mental, donde te daban un día sí y otro también palizas mortales, de donde tuviste que escapar, esa ni siquiera existe. Pero para ellos lo que no existe es esta casa, donde se les quiere, se les respeta, donde están sus hijos. Nada de eso tiene valor. A veces parece que ni existimos. Sé que no es una experiencia única –espero que no lo sea pues sería asunto grave- pero sí que es demoledora para el último eslabón de la cadena, o sea yo. En resumidas cuentas que va a resultar que es cierto, que la patria de un hombre es su infancia y el resto exilio.
Mi patria es pues un tiempo oscuro y frío. Tiempo de enfermedad y, sobre todo, de dolor. Miento. Lo que dominaba mi patria y queda como souvenir no deseado es el miedo. Miedo profundo, difuso y continuo.  Mi infancia transcurrió en una lucha por la supervivencia más estricta a causa de la enfermedad que me convirtió en una criatura frágil, enfermiza y aterrada ante los tratamientos dolorosos a los que nos sometían a las víctimas de la enfermedad. Cualquier cosa hasta al menos los ocho años podía llevárseme por delante de modo que, por miedo al contagio y para evitar enfriamientos, fue una patria solitaria. Un desierto frío, oscuro y doloroso. Junto a la cocina de carbón para no enfriarme, esperando al practicante (siempre esperando el dolor inminente) jugando con mis soldaditos, oyendo la radio que ponía mi madre, solo con ella. Anoche lo descubrí: esa es mi patria. Llegué a esta aceptación de la frase del poeta pensando en la causa de mi pasión peterpanesca por la Navidad. Era en estas fechas cuando entraba un poco de luz en mi patria. Cuando se ponía el belen, que veía muy poco pues estaba en el salón más frío aun, se oían villancicos, llegaban felicitaciones bonitas y un día, embozado hasta no poder moverme me llevaban a ver juguetes para la carta a los reyes. Uno de mis primeros recuerdos es un luminoso en la esquina Arenal-Sol en el que con bombillas habían hecho las siluetas de los tres reyes. Luego la mañana de Reyes, los regalos, y mis tíos y primo viniendo a comer, la única visita navideña que tenía. Solía acabar el día con fiebre y anginas, era demasiada frivolidad para que no lo pagara como he tenido que pagarlo todo: enfermando. Esa era la única luz que entraba en mi patria, supongo que por eso intento recrearla en la medida de mis posibilidades. Sólo hay una diferencia con los demás: yo no añoro ni el frío, ni la oscuridad, ni la ignorancia, mi exilio es un exilio dorado al que me han acompañado desde entonces dos viejos enemigos: el dolor y el miedo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El pueblo.

“Vimes se había pasado la vida entera en las calles y había conocido a hombres honrados y a estúpidos y a gente capaz de robarle una penique a un mendigo ciego y a gente que todos los días llevaba a cabo silenciosos milagros o crímenes desesperados detrás de las ventanas mugrientas de sus casuchas, pero nunca había conocido al Pueblo.

En cualquier caso, la gente que estaba en el bando del Pueblo siempre terminaba decepcionada. Descubrían que el Pueblo no solía ser atento, ni agradecido, ni abierto de miras, ni obediente. El pueblo solía ser estrecho de miras y conservador y no muy listo y hasta desconfiaba de la inteligencia. Y así era como a los hijos de la Revolución se les planteaba el eterno problema: no es que tuvieran el gobierno equivocado, lo que era obvio, sino que tenían la gente equivocada”.

Terry Pratchett: “Ronda de noche”