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miércoles, 12 de mayo de 2010

Las urnas

El querido amigo y compañero siempre apasionante en su blog http://bajoelsignodelibra.blogspot.com/ (disculpad si esto no se pone así pero no soy experto ni de lejos en informática) dice en un comentario a mi post “¿Seré tonto?”: “El sentimiento de indignación ante el espectáculo al que estamos asistiendo es bastante generalizado, aunque creo que hemos pasado del pasmo a la irritación y de esta al divorcio. Las urnas hablarán dentro de poco, Catalunya abre el fuego y ya se da por próximo president a Artur Mas, no por méritos propios, sino porque el tripartito ha agotado la paciencia del electorado, la incógnita es saber cuanta gente irá a votar
Lo cierto es que no. Las urnas no hablan, nunca hablan, y ojo a unos cuantos aspectos que silencian casi tan violentamente como los fusiles a colectivos concretos o menos concretos:
-Dependientes: la votación es siempre en domingo por lo que aquellos dependientes que precisan asistente no pueden ir a votar. Item más: colegios electorales con barreras arquitectónicas insuperables, oficialmente se debe llevar la urna pero no todos las mesas y presidentes están informados de ello ni dispuestos. El voto por correo no es solución para los dependientes pues requiere unos trámites complejos y lentos.
-En diversas zonas de este país se ha demostrado que los votos por correo no han sido todo lo limpios que cabría esperar, singularmente donde hay instituciones que reúnen a mucha gente que ha de votar así.
-En las últimas elecciones a pesar de que la ley prohíbe expresamente la copia e incluso la conservación de material electoral se aceptaron votos por correo fotocopiados.
-Candidatos que no son elegidos para alcalde o autonomía pero sí para digamos “líder de la oposición” en estos niveles y que, entonces, se van cual niños cabreados con un “no te ajunto” pegando de esta manera un sopapo en los morros a quienes hablaron eligiéndoles como representantes.
-La técnica de lavado de cerebro que consiste en, con dinero público por supuesto, organizar campañas “informativas” que son en realidad una campaña electoral permanente. Que una autonomía gestione sus competencias no es algo publicitable pero sí que se publicita. En Madrid se hace publicidad de la autonomía con… la calidad del agua. Como si el Guadarrama y el Canal de Isabel II lo hubieran hecho ayer por la tarde.
Podría seguir con más detalles de este calibre pero no creo que valga la pena. Con sólo estos datos (sin entrar en el sistema electoral que más parece Liz Taylor en Mujercitas repartiendose los bombones, los mayores recordarán, los más jóvenes ved esta obra maestra del cine y sin entrar tampoco en “tamayazos” impunes ni en tránsfugas al olor de las sardinas urbanísticas) queda claro que las urnas hablan sólo de vez en cuando.
Sobre la gente que irá a votar sería muy lamentable que se optara por decirles de ese modo: bueno, haced lo que queráis con vuestra finca.

lunes, 10 de mayo de 2010


Ya sé que quien más quien menos ha experimentado con una muñeca hinchable, yo también pero la cosa no funcionaba en el tema cama, y fuera resultaba un poco sosa para mi gusto. Sin embargo, con el título no me refería a la Vanessa de látex sino a que “en realidad” tengo una tía hinchable, tía carnal para ser más exacto, y es tan inflable como desinflable. Hace años que no la veo pero a menudo cuando nos veíamos más regularmente dudaba si era la misma persona hasta que me fijaba en sus gestos y movimientos, entonces reconocía sin duda a mi tía.
Había un par de gestos en ella inconfundibles e irrepetibles, uno era el lucir muslámenes generosamente, incluso aunque se pusiera hábito de ursulina doble con cola de seis metros, los muslos de mi tía, a la sazón cuarentona de buen ver, se abrían paso hasta la luz pública, vestidos con sus medias de costura, recta, impecable, y sus zapatos salón, de tacón alto, de tacón muy alto, lo más alto posible sin llegar a ser de furcia o de vedette. Es rasgo familiar una freudiana fijación por el buen calzado, no es exactamente un fetichismo pero no hay nadie en mi corta pero jugosa familia que no guste de elegir un buen zapato, adecuado pero selecto. Una perdición dado el precio que alcanzan que nos limita mucho, eso sí: tendremos un par pero bueno. Ella tenía por entonces muchos pares, mucho tacón y mucha maña para lucir, tacón, media, costura, pantorrilla, rodilla y muslo, habilidad y un extraordinario pulso para que jamás se viera un milímetro más que eso. Hay que reconocer que mantenerlo mientras se habla sin pausa con cuatro personas a la vez, cuatro conversaciones distintas y dando de comer al nieto es algo digno de admiración. Vamos que si la ven en la NASA la fichan sin dudar, aunque no creo que ella hubiera dejado hablar a quienes fueran a reclutarla.
Sin embargo, lo más representativo de mi tía era un peculiar movimiento en la boca: el movimiento de comer, cosa que no dejaba de hacer en ningún momento. Comida o chicle, el caso era masticar, incluso dormida sonaban sus dientes. Eso sí, no le hacía ascos a nada siempre que fuera comida y/o bebida. No, me olvidaba de una salvedad, por otra parte también patrimonio familiar: el agua. No podía beber agua, cualquier otra cosa, sí pero agua, no. En cierta ocasión el médico le dijo que una pastilla tenía que tomársela con un vaso entero de agua a media mañana. Claro que ella lo solucionó enseguida, al rato de desayunar se cogía media barra de pan se la rellenaba con una lata de anchoas y como eso le daba sed lograba, a duras penas, beberse el vaso de agua. Luego se iba con las otras abuelas del colegio a desayunar por tercera vez y antes de comer un aperitivito no había quien se lo quitara. Después de comer, en verano sobre todo, se agarraba una tableta (o dos) de turrón y una botella (o dos) de cava –seamos sinceros, el cava era compartido-, luego cenaba y ahí ya no sé como seguía pero juraría que algo picaría mientras se veía la peli de la tele.
Claro, con tal consumo no es de extrañar que se hinchara como un globo. El asunto, aunque lo parezca, no acaba aquí. Mis tíos tenían una intensa vida social y muy frecuentemente eran invitados a cenas, comidas, etc, etc. En estos “etc” van incluidas las bodas. Creo que nadie ha visto a mi tía decir que no a una invitación, realmente valía la pena invitarla: contaba como nadie las enfermedades y muertes de todo bicho ex-viviente, de manera que no parecía una tragedia sino algo al mismo nivel que cualquier chascarrillo o anécdota divertida. Con ella no había aburrimiento, no te daba tiempo. Siempre iba arreglada, con sus tacones hasta en las zapatillas de casa, siempre pintada con discreción y siempre en estado de revista, así que huelga decir que cuando se presentaba boda, bautizo o comunión mi tía iba hecha un pincel, de dudoso gusto, pero pincel. El caso es que ella funcionaba de un modo divertido. Iba muy decidida a una tienda y elegía el modelito que, como era de esperar, no le cabía. No problem. Ella se ocupaba de que entrara. Desde entonces hasta el día D a la hora H se declaraba la guerra a la gordura y empezaba a masticar chicle sin azúcar y a comer una zanahoria y un huevo duro al día. Así bajaba las tallas que fuere menester, una mente normal, no suele ser el caso de mi familia, aprovecharía para mantener ese peso-volumen pero el día D a la hora H se firmaba el armisticio y mi tía recuperaba sus hábitos masticatorios. Así que se inflaba y desinflaba como un globo tantas veces como considerara necesario a lo largo del año y con una impunidad sinceramente insultante para quienes como yo nos resulta tan difícil perder un gramo. Poco a poco nos fuimos distanciando pero por lo que sé de ella sigue con sus cerca de ochenta años luciendo unos tacones muy dignos y subiendo y bajando los tres tramos de escaleras de su casa, un tercero sin ascensor. Ah, y sigue sin dejar hablar a nadie.

martes, 4 de mayo de 2010

Un libro...


Hace un mes y medio o así escuché en la radio, yo soy muy radiero, abro el ojo y enciendo la radio, para apagarla poco después después de oir ladrar un ratito a nuestros próceres de los ámbitos político, económico y deportivo (no sé cual de los gremios ladra más alto, la verdad), a lo que iba, escuché hablar de un libro que me pareció interesante: "El tiempo entre costuras". Una novela ambientada entre el 31 o 32 y el 44 o 45 a través de una modista y el mundo de la costura, la moda, el lujo y el glamour. María Dueñas es su autora.
Antes de desatar las iras feministas (que jolin con ellas) he de decir que creo firmemente que una mujer cuando escribe dispone de muchos más registros que un hombre y que no sé por que no se suelen dejar llevar por "ejercicios de estilo" ni disgresiones estúpidas que más pretenden decir "mira que listo soy" que contar una historia, objetivo último de una novela, no nos olvidemos. Lo que haya que decir debe decirlo el relato, no la voz en of del autor filosofando. Es más, diría que la mujer es mejor historiadora que el hombre. Otra cosa de la que ya hablaremos es de la mujer que escribe novela histórica pero como decía Chef Moustache "esa es otra historia"
Me atrajo el tema por que siempre he pensado que las vestimentas dicen mucho de las épocas, de sus portadoras/es y de la ética y moral del momento. Me atrajo el tema por que siempre he pensado que bajo aquellos mundos de dominio masculino hay un submundo femenino que, sin ser visible, ejercía un poder inmenso de un modo indirecto obviamente, pero no por eso menos real y contundente. Un mundo estructurado en torno al universo tradicionalmente femenino: familia, religión (no tanto en el acto de asistir a misa como en otras formas de culto: rosarios, novenas, adoraciones etc), evidentemente el sexo (pero esa también es otra historia en la que entra el aspecto de la absoluta falta de formas de participación femenina en el mundo masculino visible) y, entre otros, la moda o lo que es más amplio: lo que ha dado en llamarse belleza. Estoy firmemente convencido de que muchas decisiones que han cambiado la faz del mundo para lo bueno y ¿por que no? para lo malo han nacido en esos ámbitos femeninos impenetrables para nosotros los varones. Así que cuando escuché el tema me dije: ¡Por fin alguien que trata ese submundo sin victimismos y parece que sin convertir a la mujer por el mero hecho de serlo en un héroe suprahumano! (Mi feminismo no pasa de considerar a la mujer exactamente igual que al hombre superando a algunos hombres en algunas cosas y siendo superadas por algunos hombres en algunas cosas, exactamente igual que los machos entre sí, así que no se me pique nadie, please, que con esto de lo políticamente correcto hay que andar pisando huevos)
Me lancé la librería pues soy de esa especie en extinción que todavía compra libros y luego a devorarlo con ansia. Y, claro, quedé absolutamente decepcionado. La novela empieza de un modo ameno e imprevisible, cada página es un deleite -encotrar algo que no hayas visto en una peli o leído en una novela después de cuarenta años de ver pelis y leer ya es un deleite y extremadamente dificil- con los devenires de una muchacha en el final de la segunda República que la llevan a Tanger y Tetuan aun en manos europeas. Un universo femenino que va desplegándose como una telaraña y que llevará a la prota a vivir el universo de espionajes, intrigas, politiqueos varios y corrupciones infinitas de, por ejemplo, el grupo nazi en Tetuan. Magníficamente documentado, según mis pocos conocimientos del tema, lo que en una novela de este tipo que no llega a ser histórica (afortunadamente) se agradece enormemente esta parte de la novela es una verdadera delicia.
Sin embargo, a partir de la aparición del hombre que va a ser el "amado" el relato comienza a declinar espectacularmente recordando a veces a Casablanca, a veces a El tercer hombre, a veces a Scarlett (segunda e infausta segunda parte de Lo que el viento se llevó) con momentos de una belleza extrema (el reencuentro con el primer novio por ejemplo) que no compensan tanta aparición oportuna de galán salvador que se llega a hacer molesto en el último quinto del libro.
Resumiendo, que es gerundio, una oportunidad desaprovechada de explorar ese submundo del que hablaba mucho más en profundidad. Desde luego la novela vale la pena, es amena y ágil, sin margen para el aburrimiento y, salvo ese detalle de galán salvador, original. Es una primera obra y como tal extraordinaria pero le queda a uno el regusto de la ocasión perdida.

sábado, 1 de mayo de 2010

Bueeeenas, he vueeeeltoooooo


Espero que me hayais echado de menos, aunque sólo sea por rutina. Esta entrada es para justificar mi demasiado prolongada ausencia: he estado ingresado con el célebre cólico que no era tal. Cosas de la edad. Ahora ando entre pruebas e incomodidades varias pero activo y dispuesto a seguir con lo que se supone que es la vida normal, si es que en la vida hay algo normal.

Alguien dijo que la vida es lo que te pasa mientras tú estás ocupado en otras cosas.

Yo personalmente creo que la vida es una gran putada que nos juegan, dentro de la cual hay momentos en que estás menos jodido que en otros. ¿De donde sacamos energías para encima reirnos y tirar p'alante? Como decía el inclito Profesor Cojonciano Frenillo de la Pipa: de las birras, yo creo -decía- que las neuronas tienen ahí dentro un garito donde se ponen ciegas.

En fin que no quiero ponerme más filosófico de lo correcto en un sábado mayesco, día del trabajo y etc, los mayores también lo relacionarán con San José Obrero y con las Demostraciones sindicales en el Bernabeu. Si es que dan ganas de abrirse las venas.

Un abrazo a todos/as

viernes, 16 de abril de 2010

Aniversario


Hoy hace años que murió Don Paco de Goya y Lucientes. Le llamo así por que tenemos confianza. Cada mañana, apenas abro el ojo, le veo sobre mi mesita de noche con su proverbial cara de mala uva y lucidez de ilustrado desengañado. Parece talmente que está entendiendo la radio y su ristra de estupideces llamada boletin informativo.
Tirando del hilo he llegado a la conclusión de que nadie en el mundo puede decir más cosas y de manera más directa que los artistas, pero no los artistas de las artes mayores necesariamente. Goya tenía mucho de recopilador de la actualidad de su época, de crítico social y ético, de denuncia de un tiempo que sólo su pincel ha hecho eterno, tanto que la mayoría de sus obras podrían ilustrar cualquier diario hoy mismo. Delincuentes de guante blanco, delincuentes en general, religiosos fanáticos, papanatas, crédulos, prostitutas de diverso nivel y demás fauna ibérica parecen haber salido de sus cuadros, haberse pasado por una tienda de ropa más moderna y seguir luciendo sus habilidades por nuestros paseos, teatros y, en el caso de Madrid, túneles. ¡Si la de Alba levantara la cabeza y viera lo que se ve ... estaría en su elemento!
Son en gran medida los artistas a pie de calle, como lo fue el propio Goya con sus obras como Los Desastres de la Guerra o sus tapices quienes mejor pueden expresar lo que es un país y una cultura en un momento determinado, quienes más fuerte pueden gritar lo que ven por que nadie les hace mucho caso y menos aún si ese grito queda enmarcado o enjaulado en el amplio y poco valorado campo del Humor. Goya quizás tuviera un puntito de humor que con el tiempo se haya diluido en la memoria colectiva pero lo dudo.
Hoy, entendiendo por hoy los últimos días, encuentro como tantas veces que quien mejor retrata nuestra sociedad, son los humoristas gráficos. El Duelo a Garrotazos de Goya sigue siendo tan válido ahora como entonces y su versión forgiana con el Duelo a Cubos de Mierda también. Más dolorosa por certera y cruel es la visión del Roto de ayer en El País. Sin embargo, ningún tratadista o pensador podrá decir más con menos ni describir la desolación interior del ciudadano que asiste, entre pasmado e irritado, al patético espectáculo de esta sociedad. No es una entrada de protesta o de queja o de denuncia. Es una entrada homenaje a estos grandes de nuestra cultura. Es un homenaje a quienes tan bien nos retratan aunque nos dejen un merecido regusto amargo en el paladar.

sábado, 10 de abril de 2010

¿Seré tonto?


He tardado en volver a escribir por que he asistido, con mis riñones al jerez todavía, asombrado, pasmado, anonadado, estupefacto, ojiplático, avergonzado y descuajaringado al espectáculo que se viene ofreciendo por la clase política como conjunto pero eso ya es difícil que asombre a nadie. Lo que me deja asombrado, etc., es un silencio. Silencio que me lleva a preguntarme seriamente si me habré perdido alguna clase de democracia, Constitución y demás. Aunque parezca ironía lo que estoy diciendo no lo es en absoluto. Me preocuparía seriamente si este pasmo se debiera a mi ignorancia, pero creo que me preocuparía más si no fuera así.
Veamos: la soberanía reside en el pueblo que elige a sus representantes mediante elecciones cada equis tiempo.
El pueblo elige entre una serie de candidaturas que le ofrecen los partidos legales a quienes le van a representar en Ayuntamientos (detente lengua, que otro día hablarás del los Ayuntamientos), Comunidades Autónomas, Senado y Congreso de los Diputados. Corregidme si me equivoco porfa. Estas candidaturas se presentan en LISTAS CERRADAS –Senado aparte- de las que yo no puedo quitar al quinto nombre por que me caiga mal ni poner al séptimo antes que el cuarto por que son LISTAS CERRADAS. En otras palabras: voto a un partido, el que me parezca bien, no al individuo.
El paso siguiente es que el INDIVIDUO recoge su acta de concejal, consejero, diputado o lo que fuere y comienza la tarea legislativa y a cobrar de un dinero público –mío y de cada ciudadanito aunque no le haya votado-, hasta ahí bien, al fin y al cabo todo trabajo hay que cobrarlo y pagarlo (los matices para otra ocasión). Ahora bien. El INDIVIDUO en cuestión se convierte en tránsfuga, delincuente, o simple traidor a su partido. ¿En que momento mi voto a un partido que me IMPONE listas CERRADAS se ha convertido en patrimonio de un señor a quien se me ha obligado a elegir y paso a pagar a corrupto o incluso a un traidor a las ideas por las que voté? ¿En qué momento ese sujeto es dueño de MI VOTO y SU ESCAÑO o lo que fuere cuando a mí se me ha obligado a votar una lista cerrada de un partido? ¿En que momento he contraído la obligación de seguir pagando a un sujeto en muchas ocasiones corrupto y/o delincuente que pertenece o pertenecía a un determinado partido por el que yo voté, por el Partido, no por el Sr. Perico de Los Palotes a quien nadie se ha tomado la molestia de presentarme sino como unas letras en la papeleta electoral? Mi voto fue a un partido y si el sujeto que ocupa el escaño deja el partido o es expulsado de él lo más suave que se puede llamar es TIMO. Es como aquel juego callejero de los vasos y la bolita ¿Dónde está la bolita? en el que el trilero nunca pierde y el ciudadano se pregunta ¿Dónde acabará mi voto? ¿A que clase de personaje salido de no se sabe donde, de esa cada vez más oscura CASTA, acabará colocando mi voto?
El asunto es que yo no soy un experto en nada, y que parece un proceso lógico ¿verdad? Si es así y no me equivoco, ojalá esté estrepitosamente equivocado, el asunto es peor, es muchísimo peor por que nadie, ni los habituales medios de comunicación, ni aquellos especializados en la agitación rastrera, que los hay, ni los fanatizados, ni los que se limitan a revolver las aguas para echar los anzuelos, ni los analistas, nadie menciona el hecho de que cientos de concejales que llegaron a la poltrona bajo una bandera, cobren bajo otra con el mismo voto que se les dio, y quien dice concejales dice consejeros de comunidades autónomas e incluso diputados. ¿Es acaso un silencio cómplice que espera que le llegue su turno para rentabilizarse o es un silencio cobarde de quien teme la represión de los poderes fácticos? En cualquier caso es preocupante.
De ahí viene mi pregunta: ¿seré tonto que no soy capaz de ver el momento que la confianza concedida a un partido y sus ideas pasa a ser capital de un individuo al servicio de sus intereses?

sábado, 3 de abril de 2010

Torrijas (de vino)


Lo primero es que el pan esté revenío del día anterior, el pan de torrijas es algo más denso que el normal, lo aclaro para quienes no conozcan este manjar que convierte la penitencia pascual el orgía pecaminosa y apoteosis de la gula, luego se corta la barra de manera que la rebanada quede muy inclinada. Ahí entraba yo de crío, mi madre y yo haciendo las torrijas la tarde de Jueves Santo, la televisión en el salón y mi padre viéndola –los tres no cabíamos en la cocina-: mi primera misión era disolver el azúcar en la leche, pacientemente, dando vueltas a la cuchara primero en el sentido de las agujas del reloj, luego, como me aburría, en el sentido contrario. Mi madre calentaba el aceite y cascaba los huevos –acción que me revolvía las tripas-, luego me tocaba mezclar el azúcar con la canela para echar la mezcla por encima.
Mientras ella iba friendo las primeras torrijas que salían doradas, casi de oro, yo iba empapando la siguiente tanda, era toda una técnica: las empujaba y esperaba hasta que la leche salía por la superficie seca, si el pan estaba suficientemente revenío quedaban estupendas pero rara vez lo estaba. El olor al dulce de sartén se iba extendiendo por la casa y la bandeja se iba llenando con tres capas superpuestas, había que cambiar el aceite para que no salieran casi negras lo que daba pausas al oficio de empapar. La tarde caía, casi noche. Por fin la bandeja de torrijas de leche estaba completa, con la mezcla de azúcar y canela por encima, con unos buenos chorreones de almíbar empapándolas. La primera parte había concluido y se iniciaba mi favorita.
La torrija de vino tiene trampa: no es de vino, por lo menos tal y como las hacía con mi madre, es de agua con bastante vino, blanco por supuesto –una tía mía de la que volveré a hablar las hacía de vino tinto y es lo más parecido a un filete crudo que quepa imaginar, sobre todo teniendo en cuenta la vigilia-. La mezcla quedaba a mi cargo, agua, vino y azúcar. Me gustan cargaditas de vino pero sin que sea un vaso de vino en pan. De nuevo la mecánica de empapar, pasar por el huevo, la sartén, a la bandeja, la canela con el azúcar, el almíbar. Entre tanto yo empapaba los restos del pan en el vino aguado y me los comía con delectación delincuente. Finalmente salían las dos bandejas gloriosas como una muestra de colores dorados más o menos oscuros, como un canto a la caloría y como un manjar excepcional en un universo gastronómico compuesto de carnes a la plancha y berzas hervidas, todo muy sano y… adelgazante. Pero eran más. Eran signo de equilibrio, de calma de tarde vacía, de serenidad y de que el ciclo anual se había cerrado una vez más. Cuando esa tarde el olor no ha llenado mi casa ha significado que un desastre familiar ha ocurrido o estaba ocurriendo en ese instante. Fue un Jueves Santo sin torrijas cuando lo que había sido mi juventud, mi alegría y mis expectativas vitales, cuando los pilares de mi vida, cuando todo lo que yo había creído soporte de mi vida se resquebrajaron de golpe, sin sentido, sin fin y sin arreglo. Por eso el aroma a torrijas la tarde de Jueves Santo es para mí un puntal de serenidad. Eso sí, tienen que ser de vino.