Entre las muchas majaderías que nos enseñaron el en colegio estaba aquello de "el orden de los factores no altera el producto". Pues era mentira.
Veamos. Un "hombre" (primer factor), una mujer a la que mata (segundo factor), el "hombre" se suida. En este orden el producto es: dos muertos y al menos una familia destrozada..
Si cambiamos el orden de los factores poniendo el tercero en lugar del segundo el producto varía notablemente: un psicópata menos suelto.
Lo peor es que es una epidemia a nivel mundial, sin que nadie parezca decidido a hacer nada.
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jueves, 30 de noviembre de 2017
domingo, 19 de noviembre de 2017
Noviembre
Antes me
gustaba
Noviembre
Siempre.
Ya no
Gris-
Opaco y
gris.
Antes me
gustaba
Noviembre
Ya no
Don Juan.
Castañas
calientes.
Las flores
pintando los camposantos.
Los dulces
La lluvia en
los cristales.
Antes me
gustaba
Noviembre
Ya no
Aquello era
Noviembre.
Ya no
martes, 24 de octubre de 2017
Sólo hubo 3
Sólo hubo un
bikini: el de rayas
Sólo hubo una lágrima: la que cayó en la arena
Sólo hubo una
barcoa: la de Geogie Dan
Sólo hubo una
plaga: la de la gripe de 1918
Sólo hubo una
ciudad en un verano: Hiroshima 6.7.1945
Sólo hubo un
recuerdo: el dolor
Sólo hubo una
medalla: la que perdimos
Sólo hubo una niña:
la de la curva
Solo hubo una
curva: la de las nalgas de las odaliscas
Solo hubo una
puntada: la que se dio sin hilo
Solo hubo una
vecinita: la de enfrente.
Solo hubo una
lotera: obviamente, Doña Manolita
Sólo hubo una
playa: la que soñamos
Sólo hubo un
corazón frío: el mío
Sólo hubo un cabo:
el que tuvo que limpiar el tubo
Sólo hubo una
chica: la de ayer
Sólo hubo una idea:
la mala
Sólo hubo una
enfermedad: la vida
Sólo hubo una
muerte: vivir.
Sólo hubo un temor:
al olvido
Sólo hubo un
halcón: el maltés
Sólo hubo algo que
nos quedó: Paris
Sólo hubo un lugar
donde quedarnos: en la esquina
Sólo hubo un amado:
Antinoo
Sólo hubo una
Elena: la Francis
martes, 17 de octubre de 2017
Octubre
En octubre se acaba el almanaque anterior y hoy comenzamos uno nuevo. Vamos a hacerlo con una serie de portadas de Vogue entre los años 10 y los 30 del pasado siglo.
Me gusta
Octubre. Un mes apacible, una delicada y cómoda de paso hacia el invierno. Parece
que este año no va a ser así, incluso puede que sea tiempo de revolcones
históricos. Como historiador diría que
van a ser tiempos muy pero que muy interesantes, aunque no quisiera ser yo
quien las estudiara dentro de algunos años. El inolvidable y añorado Terry
Prachett dejó escrita una maldición de Mundodisco: “ojalá te toque vivir
tiempos interesantes”. Pues eso que tanto tiempo interesante y tanta “jornada
histórica” me tienen hasta … las narices por no decir algo malsonante pero
quizás más expresivo.
Que uno ya
tiene sus años y ¡Qué años! Del 75 al 86 fueron años tan “interesantes” como
para toda una vida, y uno espera que aquel guirigay algo, sino todo, hubiera
quedado mínimamente encarrilado y avanzando. Pues no. ¡Qué ganas de vivir
tiempos aburridos! O por lo menos, no tener que asistir a delirios universales
de no sé qué, delirios que hacen a quien no quiera perder la cordura tiene que
hacer como que el mundo, simplemente, no fuera con él. Ni siquiera como
espectador. Aquello tan manido de “paren el mundo que me apeo”, pues eso. El mundo no se ha parado pero no pocos nos hemos apeado ¿o nos han echado?
Y va de citas: “si no haces política, alguien la hará contra ti”, o sea, contra todos.Bueno, no, sólo contra quienes no pertenecemos a su clase, no uso “casta” por qué el término ha sido degradado por el uso y abuso de los recién llegados a ella.
Vamos, que a este octubre hay que defenderlo como mes apacible contra todos los ataques como dijo Benedetti : “Defender la alegría de Dios y de los hombres. También la alegría”. Nos va la cordura en ello.
Entretanto,
los incendios. Tenía que arder Troya pero… arde Galicia.
jueves, 12 de octubre de 2017
HISPA ¡QUE?
Mamarrachadas como esta que se veían forzaos los pintores a realizar han hecho, junto a su utilización por los diversos regímenes políticos, han ayudado muy poco a la hora de tratar el tema
Ah, era Hispanidad,. Despistes tengo. No soy patriótico ni patriotero.
Es más, todo lo contrario, así que nadie espere que saque bandera alguna ni
proclamen nada. Nunca me ha gustado ni ponerme orejeras ni que tiren de las
riendas de mi pensamiento. Reconozco que no es fácil, es más, nadie puede
lograrlo por completo. Ni fácil ni cómodo. Al pensar por cuenta propia y formar
uno se convierte en el Enemigo. No sé de
quien es la letra pero lo cantaba Paco Ibáñez: No, a la gente/no gusta qué/ uno
tenga su propia fe/ todos todos me miran mal/ menos los ciegos/ es
natural. Poco o nada se puede añadir
sobre este punto.
Por estas fechas siempre hay polémicas sobre si
explotación o civilización, sobre qué es
exactamente “Hispanidad” etc., etc. y otro etc. Pesados, cinco siglos con la
misma pepla. A veces creo que sólo lo hacen bien para llamar la atención bien
por irritar sin más. Y no es que me importe pero no soporto la estupidez ajena
ni la propia (pensar que a alguien le interese mi opinión no deja de ser una
estupidez por mi parte.
Lo que ha dado en llamarse Hispanidad es al mismo tiempo, una más de
las barbaridades que hace el hombre con el hombre y un casi telúrico encuentro
que, sin quitar lo dicho, no podía sino abrir los ojos a una nueva concepción
del mundo y a un intercambio lamentablemente no sólo cultural pero también y en
gran parte cultural. Sin ese encuentro ya no se concibe el mundo, sin ese mal
repartido intercambio no entenderíamos nuestra vida cotidiana. El idioma, la religión
(que ahí ninguno anduvo fino) y una cierta actitud ante el mundo y la vida, el
oro y la plata (que solían acabar en Roma) sin olvidar, es más colocándolos en
primer término, ciertos alimentos, garbanzos, tomate, maíz, mi padre recuerda
la carne que proporcionó Evita en los años más negros. Entre ellos vinieron dos
joyas, la una salvó a media Europa del hambre y digo media por no decir toda
(en más de una ocasión): la humilde patata. La otra es realmente un regalo de
los dioses (nunca agradeceremos suficiente que lo encontráramos o nos lo
regalaran, después de las Religiones del Libro, si hubiera sido antes sería
considerado pecaminoso y, desde luego, prohibidísimo), hablo de ese éxtasis de los sentidos, ese
consuelo para el desamor, ese elemento en torno al que han girado celebraciones
y meriendas, esa materia prima que alcanza formas y matices inimaginables en
textura, sabor, preparación, esa bendición que es el cacao, léase chocolate.
Nada de cuanto aportamos a ese nuevo mundo iguala ese regalo. Dejando
frivolidades y volviendo al tono pedantesco del principio, sí que me parece
algo digno de ser recordado un día en especial, aunque no podamos dejar de
hacerlo ninguno, nos debemos demasiado, nos odiamos demasiado y nos amamos
demasiado como para dejarlo pasar. En cuanto celebrar o no y de qué modo es
harina de otro costal que dependerá siempre del politicastro de turno y que en
la Historia ni existirá.
Por
cierto, Felicidades a las Pilares.
martes, 10 de octubre de 2017
Septiembre en pasado
Septiembre
Septiembre es mes de principios , de cursos, bodas, cambios de ritmo etc. pero esto ya lo he dicho alguna vez.
El de este año, para mí, ha sido especialmente complicado. Empezó mal y siguió mejorando lentamente y terminó en la misma tónica. Entendámonos "mejorar" el hecho de no ir a peor hay que entenderlo como "mantenerse".
Este año resultó ser un septiembre continuación de agosto, bastante tonto, por otra parte. Inocuo septiembre en lo personal, mucha sala de espera en hospital, eso sí. Mucha adrenalina desperdiciada en ello y poco más. En lo colectivo: repetitivo, viejo, estúpido, aterrador y degradado. En fin, que os voy a contar.
No voy a entrar, de momento, en lo que todos pensamos pero si quiero comentar, no sé si viene a cuento, que jamás llegué a pensar que vería un retroceso tal en todos los temas (cine, política, pensamiento, guerras de religión, un cementerio llamado Mediterráneo, Trump, el coreano) Estamos avanzando al mismo tiempo y a la misma velocidad hacia la autodestrucción con medios ultratecnólogicos y hacia la más siniestras curvas del oscurantismo medieval. El peligro de lo "políticamente correcto" está resultando ser más censor y represor que la Santa Inquisición. No quiero ponerme apocalíptico pero entre ambas cosas veo el futuro negro y sobre todo, corto.
Este año resultó ser un septiembre continuación de agosto, bastante tonto, por otra parte. Inocuo septiembre en lo personal, mucha sala de espera en hospital, eso sí. Mucha adrenalina desperdiciada en ello y poco más. En lo colectivo: repetitivo, viejo, estúpido, aterrador y degradado. En fin, que os voy a contar.
No voy a entrar, de momento, en lo que todos pensamos pero si quiero comentar, no sé si viene a cuento, que jamás llegué a pensar que vería un retroceso tal en todos los temas (cine, política, pensamiento, guerras de religión, un cementerio llamado Mediterráneo, Trump, el coreano) Estamos avanzando al mismo tiempo y a la misma velocidad hacia la autodestrucción con medios ultratecnólogicos y hacia la más siniestras curvas del oscurantismo medieval. El peligro de lo "políticamente correcto" está resultando ser más censor y represor que la Santa Inquisición. No quiero ponerme apocalíptico pero entre ambas cosas veo el futuro negro y sobre todo, corto.
martes, 3 de octubre de 2017
Agosto en pasado.
Como decían no se donde "Heee vuelto". Dudé que pudiera volver a hacerlo pero lo logré. He tenido varias averías. La última fue no poder acceder al blog. Como uno es de la era de la radio de lámparas me ha costado lo que no esta en los escritos encontrar el modo.
El caso es que había escrito un par de cosas para publicar en agosto y no quería dejarlas morir ahí tiradas.
Agosto 2017.
El caso es que había escrito un par de cosas para publicar en agosto y no quería dejarlas morir ahí tiradas.
Agosto 2017.
Sin duda agosto es el mes más surrealista del año. Detesto
profundamente el surrealismo en parte por que vivimos demasiado sumergidos en
él o quizás por qué mis cortas luces no dan para más.
Por supuesto los usos y costumbres de los humanos en agosto ya ni los
menciono; en sí mismo es absurdo, una lenta y calurosa transición del
insoportable julio a septiembre, el mes de todos los principios y al acogedor
otoño.
Nada ni nadie está en agosto en su sitio. Las ciudades ya no se vacían
como hace años y la figura del Rodríguez ya es cosa del pasado, de la época de
los Pajares, Esteso y lo peor de José Luis López Vázquez, pero no intentes
hablar con un amigo, está de vacaciones y, por principio, yo las respeto,
aunque me temo que sea el único que piense que el tiempo libre es tiempo libre
y si no entras como parte de ese tiempo libre es que está viviéndolo de otra
manera, y más en vacaciones veraniegas.
En mi barrio hay un muro duro de cemento gris muerto. Ante él una
larga fila de altos y afinados cipreses a un lado de la calle, al otro lado por
encima de las tapias de ladrillo erosionado de los cementerios asoman añejos,
muy añejos, otros cipreses. Las tapias dan una sombra profunda y fresca bajo
las moreras, todos los niños del barrio hemos ido para criar gusanos de seda.
Durante el resto del año el tráfico, los ciclistas, los corredores/opositores y
hasta los onanistas impenitentes dan una vida que en agosto se esfuma (sí, el
pajillero también) y el sol brutal sobre el muro gris muerto impone un paisaje
de De Chirico o Dalí. Lo único que mantiene algo de vida son los enormes nidos
de cotorras verdes y escandalosas.
Ni siquiera hay corredores semidesnudos luciendo músculo que rompan el
desasosiego de los inquietantes días de agosto. Claro, en frío, así, de buenas
a primeras la pregunta es ¿y por qué no bajará este panoli por el otro lado de
la calle, a la sombra de los muros y las moreras? No es ningún misterio, esa
acera pertenece a una de las sacramentales y no han querido poner acera, así que,
subas o bajes no queda más que atravesar el paredón de cemento.
Y luego están las noches, esas noches de verano con las que soñamos
todo el año, de las que esperamos algo inconcreto, delicado como la seda negra,
que no sabríamos definir pero que nunca llega, sí, acaso una vez en la vida a
unos pocos elegidos les llega esa “noche más hermosa” tan cinematográfica ella.
A los demás las noches de agosto nos
dejan el regusto de la cita que no tuvimos. Entonamos viejos boleros y, antes
de darnos cuenta, nos hemos puesto la gabardina y perdemos la mirada en las
gotas tras los cristales o las hojas caer rebosando una nostalgia de lo que ni
siquiera sabíamos que esperábamos pero que nos enquistó las ganas de llorar sin
motivo en el pecho por qué las lágrimas son rebeldes cuando las necesitas, y
cuando envejezcas y ya hayas vivido suficientes noches de verano como para
conocerlas esas lágrimas que nunca brotan, que nunca caen, se nos agolpan en el
pecho desde junio, nostalgias estúpidas de lo que nunca en todos los años de su
vida ocurrió. Pero aún hay algo peor: que sigues esperando que un fugaz rayo de
luna haga tu, ya ajada, piel deseada aunque sólo por una noche, esa noche más
hermosa, aun sabiendo que tú, yo y muchos más no seremos los elegidos este
verano, tampoco y nos violentamos para creer, o fingirlo, y esperar que quizás
el próximo verano… y las lágrimas que no brotaron ya son piedras y seguimos esperando
bajo las lágrimas de San Lorenzo esa noche ese rayo de luna y esas palabras que
ni en nuestra mayor intimidad podemos reconocer la mortal melancolía de querer
escuchar y todavía no hemos oído. Y ese absurdo “todavía” hace que las lágrimas
petrificadas nos ahoguen como diluvio de pedrísco.
Agosto es mes siniestro, no hay más que mirar las estadísticas pero no
hace falta, para algunos los veranos, los agostos han sido yunque sobre el que
recibimos esos crueles martillazos que
nos han ido tocando. De siete de abril a siete de septiembre vinieron los
golpes que hicieron que mi vida no sea tal sino una parodia de sainete y farsa
y que, todavía, intenta creer que vale la pena y que un verano cualquiera nos
rozará ese rayo de luna y vivir vuelva a tener sentido. Sin embargo, es un
esfuerzo agotador pues, sintamos lo que sintamos, sabemos que no yque los
necrófilos aniversarios universales (Hiroshima, Marilyn, y no pretendo ponerlos a la misma altura,
incluso Elvis) y personales (enfermedad,
muertes, dos en diez días de agosto) siempre, ellos sí, siempre estarán ahí.
Sin poder dejarlos atrás obligándonos a fingir, a convencerme de que sí, de que
el verano que viene llegará esa “noche más hermosa”.
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