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martes, 25 de febrero de 2020

MARTES DE CARNAVAL

Los cuatro jinetes del Apocalipsis según Boris Vallejo
 
Hoy es martes de Carnaval. Según tengo entendido era el día de mayor despendole de toda la celebración, mañana Miércoles de Ceniza y comenzaba la penitencia, la Cuaresma con sus privaciones, ayunos, castidades y... despensas vacías. Así, después de mí, el diluvio pensarían en esta noche enloquecida y orgiástica -dentro de un orden, el mínimo, claro-, para mañana acudir compungidos, penitentes y arrepentidísimos (alguna que otra también preñadísimas sin sabe si de Arlequín o de aquel húsar de ojos azules como el Danubio, ejem y puaj, cursilada habemus) a la parroquia a recibir la ceniza del perdón y dispuestos a afrontar tiempos de penitencia poniéndose hasta las trancas de bacalao al pil pil, pongo por caso, por que mucha penitencia pero Cuaresma y Semana Santa con sus penitencias y ayunos han dado lugar a algunos de los más exquisitos platos de la cocina (española, ibérica, peninsular? dudo, dudo, dudo al escribir por que ya no sé si sabemos qué somos si española ¿Qué ocurre con los Paisos Catalans? (no sé si se escribe así, disculpas) si castellana ¿Qué ocurre con todo lo que no es Castilla León y Castilla la Mancha? si ibérica ¿Comparte Portugal nuestra actitud gastronómica, bacalao aparte? Peninsular ¿y Canarias y Baleares? Vamos, que lo diga como lo diga alguien se va a ofender)
El caso es que este año sí que tendríamos motivos para acudir presurosos a recibir la ceniza pues el desbarre mundial nos índica, una vez más, un próximo Apocalipsis. Veamos.
El texto (¿Qué se fumaría el autor, Señor?) nos habla de falsos profetas a los que seguirán multitudes. Putin, Tramp, el líder norcoreano del que no me he tomado la molestia de buscar el nombre, las cabecitas de ultra derecha que pululan como setas, (amanita falolides concretamente, mortal de necesidad), y el fantasma de Aznar resurgiendo en diversas encarnaciones tentaculares, son buenas pruebas de ello, por que profetas no serán pero más falsos que un euro de esparto si que son, y les siguen multitudes, ingentes multitudes.
El texto (pobre San Juan la que le han cargado) habla de catástrofes y ¿será por catástrofes? Concretamente en Canarias estos días están viviendo algo parecido a lo profetizado: fuego, aire irrespirable, vientos potentes, conciudadanos nuestros siendo evacuados solo falta el azufre y la gran Ramera de Babilonia pero esa la hemos tenido en Madrid y, de momento y en espera de un nuevo zarpazo, está controlada o por lo menos calladita, aunque es cierto que casi nos llevó al Apocalipsis castizo. Lo mismo podría decirse de Australia, o del reciente terremoto de Turquía.
Habla el texto de Peste, un estratégicamente aparecido virus del remoto y hermético oriente nos llega ¡EL CORONAVIRUS! AAAAAAAGGGGGGGG, oh cielos qué horror, un virus que mata menos que una gripe estacional (o eso nos dicen los falsos profetas) y que viene justo a tiempo para desequilibrar las economías de las grandes potencias en beneficio de Yankylandia, como no, cuyo falso profeta ya ha informado de en que momento desaparecerá el problema, perfectamente programado diría yo. Entretanto poco a poco los falsos profetas de los otros países van aumentando sutil pero contundentemente la histeria colectiva (corro lleno de pavor a por varios cientos de cajas de mascarillas antes de que se agoten, negociazo para las farmacéuticas que se frotan sus patitas como las moscas en la mierda)
Si la jugada sale bien, que les saldrá, este desequilibrio nos llevará una recesión global, que viene a querer decir que los ricos se harán más ricos a costa de dejar caer a los demás en el hambre, cuarto jinete del Apocalipsis en este caso. Así que ¡tachán! Apocalipsis tocan.
Por si todo ello fuera poco van  surgiendo por todas partes locos de atar que andan sueltos (comparar una manifestación feminista con ETA y añadir "piara" es un ejemplo, y otro el chiflado que se lanzó en un cohete para comprobar si la tierra es redonda o no, anda que....)
En fin, corramos mañana arrepentidos a recibir la ceniza. Arrepentidos sí, pero no de nuestros pecados, allá cada cual con su cada cuala, sino de la estupidez de haber permitido todo esto mirando al tendido o a Telecinco que me da igual, a los muslos de los futboleros que me sigue dando igual, y sobre todo de no habérnoslo pasado todo lo bien que pudimos, de no habernos entregado esta noche de martes de Carnaval a la orgía, el desenfreno y el desmadre maximus.
Por cierto nunca ha habido un disfraz más fácil, una máscara gore con una corona. ¿De que vas? "De coronavirus, está claro.
Vamos, chicos, a la orgía, que después de hoy...el día de la mujer...el día del padre... las torrijas.

domingo, 16 de febrero de 2020

SAN VALENTIN O TODOS LOS SANTOS TIENEN SU OCTAVA

Los habituales saben que suelo por estas fechas subir un relato más o menos amargo o dulce (por cierto que menuda pinta tienen los caramelos de la foto) sobre esta celebración artificial pero de creciente prestigio. De hecho tengo casi acabado el relato que tenía previsto subir hoy pero ayer oí algo que me hizo cambiar de idea.
Por una vez voy a actuar como mero trasmisor, una especie de crónica periodística si se me permite. Situación, sábado mañana, día 15 de febrero. Como cada sábado bajo a desayunar mis dos porras y el café al punto de temperatura. En el mostrador, a mi lado un hombre que puede que tuviera mi edad (61) pero es más probable que anduviera por los cincuenta y tantos mal llevados. Todo su pelo, ni una cana pero con arrugas profunda, pequeño (a ver, español de esa edad, uno sesenta y algo) con su café al que añadió su copa de orujo -sin embargo, no estaba (aun) borracho- charlaba con la tabernera (con bastante menos gracia que la del puerto, si se me permite es más bien una bruja de la misma quinta pero esta vez no achuchaba como en otras ocasiones que la he visto encizañar.
Sintetizando que viene siendo gerundio, dicen. El hombre apenas se podía mover y eso que se le veía fibrado y en absoluto enclenque. Decía que no se habría levantado pero que tenía que venir a ver a su padre con 93 años y alzheimer por que el día anterior (y aquí entra el pobre Santo) se lo había pasado repartiendo flores por el barrio X.
-Molido de agujetas estoy. En todo el puto barrio X ni un ascensor, (doy fé, en esa zona los ascensores son ciencia ficción de un futuro muy muy lejano). Y luego cuatro pisos para entregar dos rosas -el prurito profesional le podía un tanto- cuando son esos ramos de veinticuatro (que horror, todavía no hemos aprendido en España que las rosas nunca se regalan en números pares, apostillo) pues vaya, pero cinco pisos para dos rosas. A lo mejor esos matrimonios que están así así creen que con unas flores van a arreglar algo. Hombre yo a mi mujer le regalo flores por que trabajando en la floristería si no me mata pero el amor.. al amor a los diecisiete años, ¿ahora?, ahora solo queda mala hostia.
Ahí queda. No sé si es para reflexionar sobre el asunto o para pensar que qué mal le han sentado las escaleras, San Valentín y el orujo a este nombre.
Hasta aquí la crónica. Ahora la cita, de Sabina que anda el hombre pachuchillo últimamente: "Amor se llama el juego en que dos ciegos juegan a hacerse daño".
Y otra cita más, esta no se de donde pero la he oído siempre "Todo en amor es triste, más triste y todo es lo mejor que existe" (cursi de cojones, lo reconozco)
La pregunta es si sabemos que el amor es "Ansiedad, angustia, desesperación" ¿por que todos corremos tras él y cuando no lo tenemos nos sentimos profundamente vacíos, mutilados por decirlo de alguna manera? Incluso aquellos que tras el desaire de la primera pantera de ojos verdes y boca voluptuosa renunciamos por completo a él y jamás hemos vuelto a perseguirle nos sentimos así, a pesar de los años, de estar entrando en la tercera edad y no estar funcionalmente demasiado apto para ciertos aspectos del amor. A pesar de haber visto grandes amores destruirse mutuamente con saña y seguir sufriendo como perros y amándose como locos, a pesar de ver el desgaste, las heridas, las guerras de poder, las cesiones, las rencillas invencibles; a pesar de todo y aunque nos esforcemos en no desearlo, en no hacer caso a ese vacío, a la añoranza de una mano cogiendo la tuya o de una mirada cómplice, seguimos sintiéndonos carentes de algo.
A mi que me lo expliquen.

domingo, 2 de febrero de 2020

FEBRERO: MEDEA, LA PÉRFIDA ALBIÓN Y MEDIDAS A TOMAR

Rockwell 1920

Hoy es la Candelaria, "Si la Candelaria llora que deje de llorar que la mitad del invierno aun está por pasar" o bien "Si la Candelaria plora o inverno e fora". A elegir. Lo cierto es que hoy se dobla la esquina del invierno, incluso antes de que se conociera más este día como el "Día de la marmota".
Bueno, no ha empezado bien el mes con peor fama del año "Febrero y las mujeres en un día mil pareceres" dicen. Lo más terrible es que Medea ha vuelto a actuar. Una madre, una abuela, un padre con la custodia, una niña de cinco años muerta y la abuela suicidada. Sibilina esta Medea pero igualmente letal y es que siempre se ha dicho, nadie mata como una mujer despechada, de ahí que estadísticamente sean más las infanticidas femeninas que los varones infanticidas. Claro que eso nunca se menciona, siempre se destaca el uxoricidio por encima de todo y es que los varones ¡somos más malos! Ambos delitos son igualmente dignos de condena y si me apuran de ejecución -en el caso de los niños, sin que me apures, los mate quien los mate no debería quedar vivo- pero me molesta sobremanera como se pasa de puntillas socialmente sobre las Medeas y se recreen medios y sociedad en la suerte de rasgarse las vestiduras ante cada mujer asesinada. Comparto el rasgado de vestiduras pero me gustaría que se aplicase con el mismo rigor ante las Medeas que siguen dejando muestras de que los mitos griegos nacieron por algo muy concreto.
Las buenas noticias: ¡la Pérfida Albión por fin se larga! y que no vuelva. El repugnante perrillo faldero de Yankylandia entró en la Unión Europea con la misión de destruirla, ahora se va no sabemos si por haberlo conseguido o por verse incapaz de hacerlo. A enemigo que huye puente de plata y a ser posible balas de plata también que nunca se sabe de qué naturaleza es esa idiosincrasia tan "especial" del los hijos de la Gran... Bretaña. Que ha retrasado todos los proyectos medio validos de esta Europa de mercachifles y timadores poniendo tierra en los engranajes y palitos en las ruedas es innegable. Ahora toca demostrar a los ineptos, incapaces y pusilánimes políticos que se suponen dirigen la UE si han sido suficientes como para lograr su misión mercenaria de saboteador de Europa o no.
Medidas a tomar en este país: fomentar el balconing entre los turistas ingleses y el consumo de ensaladilla pasada, penas de multas pero gordas por embriaguez y permiso específico para entrar al margen del pasaporte. Eso para empezar.


sábado, 25 de enero de 2020

¡FELIZ AÑO DE LA RATA!

 
 
¡Feliz año de la rata!
Hoy empieza para una gran parte de la humanidad (realmente una parte muuuy grande) un nuevo ciclo, un nuevo año. El calendario lunar chino abarca, evidentemente, no sólo a China sino a todos los países bajo el enorme poder de su cultura, por citar el más evidente: Japón. De hecho para estos países –hasta donde alcanza mi conocimiento- es con diferencia la celebración más importante del año con mil y un pequeños o grandes actos más o menos ritualizados, casi siempre con un valor social, me explico, visitas, reuniones familiares, etc. ¿Nos podemos imaginar a un país como China de “puente” para reunirse las familias? Traducido a la española: un atasco de dimensiones desde aquí apocalípticas. Afortunadamente para ellos su organización y su mente confuciana les ayuda a sobrevivir a lo que con otra mente sería un cataclismo. Aunque este año toca susto de coronavirus y, parece ser, se van a reducir un tanto las celebraciones.  En fin que es una fecha clave.
Tanto los años como las horas están marcados por un animal, sobre cuyo orden, al menos en los años no está claro. Tampoco importa mucho pues como buen zodiaco es circular y se empiece por donde se empiece se acaba en el mismo sitio. Los doce animales clave son:
  • La rata (o el ratón)
  • El conejo (o la liebre o el gato)
  • La cabra (o la oveja)
  • El cerdo (o el jabalí)
  • Si ante la cultura egipcia nos abruma su permanencia ante la cultura china ya no es posible más término que vértigo por muchas razones pero sobre todo por su antigüedad y por su inmensidad geográfica. Está claro que no voy a entrar en grande cuestiones sobre tan oceánica cultura solo quiero reseñar que durante tanto tiempo y en tanto espacio se han acumulado religiones, mitos, leyendas, personajes a caballo entre lo uno y lo otro de un modo que hace casi necesario entrar con machete y en plan explorador en ese universo. Evidentemente, y lamento decirlo, el inmenso peso de Confucio y sus discípulos marca y unifica relativamente todo este maremágnum. La combinación de Confucio y Marx han convertido a China en lo que es hoy, que cada quien la califique como quiera, pero para bien y para mal la combinación de ambos pensamientos forman un bloque invencible pues contradiciéndose se sostienen. Algo asombroso desde nuestro punto de vista pues nada hay menos revolucionario que las ideas confucianas ni nada hay más revolucionario que la obra de Marx (otra cosa son los seguidores de uno y otro que han venido haciendo sobre poco más o menos lo que les ha venido en gana). Sólo Oriente puede hacer estas cosas.
Todo este preámbulo es por qué quiero contar una vieja leyenda que, de nuevo, contradice lo dicho anteriormente. En ella no existe el año del gato y en lugar de comenzar el ciclo por la rata, ésta es quien cierra el ciclo.
Cuando el gran Dios (no le pongamos nombre por que así, a pelo, podemos liarla dada la superposición que mencioné antes) decidió establecer el ciclo del zodiaco proclamó que los doce primeros animales que llegaran a su presencia tendrían dedicado un año en el ciclo. Es de suponer que el primero en llegar sería el poderosísimo Dragón, pero más nos interesa quien llegó el último.
Para llegar a presencia del Dios había que pasar una masa de agua (mar, lago, río) y cuando ya habían llegado la mayoría de los animales se encontraron en la orilla la rata y el gato. La rata propuso al gato que puesto que el gato es mucho mejor nadador que ella, que no les guste el agua es otra cosa pero nadar, nadan bien, ella se subiría en el lomo del gato y ambos se presentarían juntos ante el Dios. Ingenuamente el gato aceptó y llevó en su reluciente lomo al roedor, sin embargo, éste en lugar de cumplir lo pactado saltó del gato apenas antes de llegar a la orilla y corrió dejando atrás al confiado felino para presentarse sola ante el Dios. Así consiguió ser uno de los doce animales del zodiaco y así el gato se quedó fuera. Enfurecido comenzó a perseguirla y, que sepamos, la persecución aun dura de ahí la mortal enemistad entre gatos y ratas y ratones. Ya puestos habrá que decir que tal persecución ha sido uno de los mayores beneficios de la humanidad pues nada hay mejor para extender plagas que las ratas y nada mejor para combatir a las ratas que los gatos.
De nuevo la casi eterna sabiduría china.

lunes, 20 de enero de 2020

ENERO

Rockwell enero 1936

Enero deriva de Jano. El dios bifronte que mira al pasado y al futuro. Nada que no sepamos todos, pero para algunos tiene más sentido que para otros. Cada cambio de año, y más últimamente, viene siendo como asomarse a un pozo por el que no sabemos si bajaremos o caeremos pero en cualquier caso abismal e intimidante y en mi caso, como en todos los nacidos en este mes, mucho más pues no es la clásica evaluación global del año que acaba sino de tú año. Los años son infinitos, tus años, no.
Bueno, casi no hay que decir que hoy cumplo años. Sesenta y uno para ser exacto y es curioso, me siento más joven (y hasta sano) que a los veinte. No se debe a que lo esté, que no es precisamente la salud una de mis posesiones, sino que la falta de salud actual es mucho más tolerable que la de entonces incluso siendo más seria y grave llegado el caso. Sin embargo, números cantan, tienen esa jodía costumbre, y los que tienes, tienes y menos mal que los tienes que peor es no llegar. El caso es que resulta casi imposible no hacer balance del último año, y, peor aún, de los otros. Por que los años al igual que las oscuras golondrinas vuelan y no volverán (afortunadamente en muchas ocasiones). De repente el crío que te pedía protección de la furibunda ira materna por ponerse un pendiente está pensando en poner un chip a su hijo no nacido aun. ¿K’apasao? Se dice uno que no termina nunca de aterrizar en estas cosas. Tus amigos sanos que siempre envidiaste están hechos una pena, penita, pena mientras –en mi caso disfruto de mejor salud que nunca pese a las diversas patologías-, hundidos hasta ahogarse en agobios tontos o no tanto mientras la terapia me ha sacado en un setenta por ciento de una depresión trabajada durante treinta y tantos años y tengo mucho mejor estado de ánimo que ellos. ¿K’apasao? Vuelves a preguntarte y te ves como un marciano en un mundo vuelto del revés. A ver: el enfermo deprimido y apocado ¿no era yo? Y vosotros los que hacían cobrar el sentido a la vida aunque no fuera a la mía ¿Andestáis? Vamos que uno anda como vaca sin cencerro entre la gente de “toda la vida” sin reconocer a nadie. Los progres se han vuelto carcas, los carcas, difuntos, los difuntos, más y los otros ya ni saben ni sabes qué o como son.
Por cierto ¿alguien sabe donde narices he estado yo estos últimos treinta y siete años? Por que, aquí, el abajo firmante, no tiene ni idea. Sólo sé seguro que no fue ni Jauja ni cosa parecida, más bien una especie de País de las Maravillas de Alicia: un absurdo en el que no me reconozco y a ese que sé que he sido yo ni le comprendo ni le tengo el menor cariño pese a tener sus mismas ideas. Sí, una especie de Pais de las Maravillas pero diseñado por Poe y Lovecraff, en la el pozo y el péndulo eran casi más habituales que el “Que le corten la cabeza” . Desde hace años llevo la lista de lecturas que voy haciendo, pues cuando la repaso y veo títulos con calificaciones altas (las califico para mi uso personal) que ni recuerdo haber visto ni por la tapa. Los cojo y veo que están anotados, subrayados y hasta con hojas con comentarios de mi puño y letra. “¿Andehestao?” me pregunto. Luego decido que si no los recuerdo será por algo y me prometo –en falso- volver a leerlos.
Sin embargo, este año es especialmente desconcertante. Hace un año tenía una serie de expectativas y esperanzas. Lo de siempre, te propones una serie de cosas y no consigues ninguna, ya. ¿Qué pasa cuando las cuatro o cinco cosas por las que has peleado durante ese año y otros anteriores se cumplen? Los deberes están hechos. He cerrado capítulos pendientes, he cumplido compromisos postergados, he logrado un gato, bueno, una gata, y hasta he dejado que dejen de decirme lo que tengo que hacer. En una palabra: me he quedado sin objetivos claros y otra vez como vaca sin cencerro, pero bueno, habrá que buscarse uno, digo yo.


martes, 7 de enero de 2020

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Sí, ya sé que es un poco tarde pero, seamos sinceros, ¿no es a partir de hoy cuando la vida va recuperando su rutina? al menos en las zonas donde la Epifanía sigue siendo fiesta. Pues entonces aun estamos a tiempo de desearnos lo mejor. Además "De la Inmaculada a San Antón, Pascuas son", decía el viejo dicho.
He estado un tanto ausente del blog y no por que me haya ido de orgiásticas vacaciones o celebrando bacanales llenas de vicio y perdición, ni siquiera por que me haya enredado en reyertas a navajazos con la familia, que siempre hace tan navideño. No, simplemente no estaba yo para compartir o contar nada.
Estas han sido las Navidades de La Gata. Se va adaptando pero la está costando muchísimo y a mí con ella, de manera que gran parte de la energía navideña se me ha ido atento a ella. Se llama, oficialmente, Nubia, pero viendo la especial (especialísima relación entre ella y yo: yo pendiente de ella y ella ni puto caso) he decidido cambiarla el nombre. Cleopatra, Jezabel, Gilda, Circe, o incluso Bette Davis han estado en la lista, todas brujas de alto nivel como veis pero, la jodía, con perdón, es tan repajoleramente bonita y tiene una carita tan de Meg Ryan pre-quirófano (o sean, angelical) que al final se está imponiendo "Chiquitita", como la canción de Abba. Soy un tierno-ñoño, lo sé. Y eso que no me ha dejado todavía acariciarla, si llega a ser mimosa no sé yo.
Bueno, problemas gatunos aparte he conseguido desorganizar lo desorganizado, perder lo que ya no se podía perder más y liar más los nudos gordianos. Vamos que vivo en un puto, con perdón, caos de tres pares de narices donde no encuentro nada, así que paso de buscarlo. Floto en el caos y a veces encuentro algo que coincide con algo parecido a lo que busco. Mi loquera dice que tal como tengo mi entorno tengo mi cabeza, espero que se equivoque o estoy como un cencerro.
Y luego han estado las averías: el DVD, dos pares de gafas, desperfectos navideños varios, la silla de ruedas y, de remate, la pluma. Si, soy de los que escriben a pluma y la que vengo usando me dura dos años pero me vale noventa euros de vellón y no está la Magdalena para tafetanes gastadores. O sí. Vaya usted a saber. Vamos, que no me ha dado la cabeza para meterme por aquí y dejar alguna cosilla así que, de momento: Feliz Año Nuevo

domingo, 22 de diciembre de 2019

EVOCACIÓN NAVIDEÑA.

Chesterton ya se lamentaba de que parecía casi pecado disfrutar y amar la Navidad. Un respaldo histórico para un amante de estas fiestas siempre viene bien, desde luego. Sin embargo, la presión social contra nosotros (todos la celebran pero nadie parece amarla ni desearla ni disfrutarla) acaba por hacernos, hacerme para ser más concreto un poco imbécil. Quizás para encontrar la causa de tal imbecilidad o para todo lo contrario por primera vez me pregunté en serio por que a pesar de no tener buen recuerdo de ninguna Navidad, salvo los juguetes de Reyes y aun esos venían con la visita mi insoportable primo que se cargaba la mitad y con los deberes de las vacaciones que, como corresponde a cualquier estudiante que se precie, había dejado para última hora, y de encontrarme celebrándolas solo sigo sintiendo una pasión incontrolable por la Navidad.
No suele ser bueno hurgar en los más antiguos recuerdos, sobre todo en mi caso dado que mi infancia fue, con mucha diferencia la peor época de mi vida por la enfermedad (los que me han seguido saben que hablo de polio) pero si se quiere conocer una realidad hay que empezar por los orígenes y no me quedó más remedio que entrar en la caverna de aquel universo de pesadilla y creo que encontré algo que quizás tenga en parte la "culpa" de mi pasión navideña.
           De niño, cada Navidad, llevaban a ver el Nacimiento del Asilo de San Rafael, en el edificio viejo, Paseo de la Habana nosecuántos. De aquellos años no recuerdo veranos, ni días soleados, siempre es invierno en mi memoria de entonces. Siempre oscuridad y frío. Paredes gris naval o gris cemento. Espacios vacíos. Espacios vacíos y miedos, muchos miedos. El pavor absoluto a la oscuridad que aun apenas he superado, quizás fuera uno de los peores. Desde luego el más visible aunque sea absurda la frase. El cine, por ejemplo, era un espacio vetado, por eso la primera película que recuerdo fue en un cine de verano, con las luces del bar bien visibles desde de mi punto de vista, por cierto era “La verbena de la Paloma” de Concha Velasco. Castizo que es uno.
            En illo tempore, el Nacimiento del asilo de San Rafael era casi una referencia para la ciudad, así al menos lo vivía yo, y me atrevería a decir que para mí era especial de un modo muy diferente.
            Solía ir frecuentemente al Asilo de San Rafael, recalco lo de “asilo” por que la perspectiva de beneficencia planeaba sombría al mencionarlo. En general ir era sólo aburrido hasta decir basta. La hora de rehabilitación, el rato de piscina, si aquello se podía llamar piscina pues nunca he visto nada menos parecido a una piscina, pero cumplía su misión y poco más. Eso la mayoría de los días pero había otros era un viaje al infierno de dolores, gritos y acusaciones. Salas blancas, viejas, con tamaño de nave industrial, bancos largos para esperar, blancos, blanco, blanco, siempre blanco. Odiosamente blanco. Un blanco viejo, limpio pero ajado, sólo se rompía el ofensivo blanco en los espacios de transición, pasillos, etc, no por que no fuera igual de blanco sino por que apenas estaban iluminados. Había uno en especial, inolvidable, algo más oscuro, que me llevaba a la sala de yesos, donde viví algunas de las experiencias más espantosas de mi vida sobre una mesa larga de mármol y bajo una lámina de Moisés y la Serpìente de oro que luego supe que era de Doré, para mí era un montón de gente muriéndose sin más. Era pues aquel pasillo no sólo siniestro sino el equivalente para una mente de tres o cuatro años lo más parecido al carro hacia la guillotina o si nos ponemos en plan americanofilo a la milla verde. La sala de yesos, deslumbrante, me esperaba con sus horrores tras una enorme puerta blanca, aquella sí que era la puerta del infierno y no había redención posible. Pero antes, en el pasillo siniestro se abrían cuatro manchas rojas. Eran unas vitrinas empotradas en la pared forradas de terciopelo, supongo, rojo y delante blancas recibiendo de pleno unos focos para que se pudieran apreciar bien. Eran moldes de escayola de cuerpos retorcidos por la polio, pies al lado de los cuales los de las chinas eran un prodigio de corrección anatómica, espantosos  monstruos sin cabeza, sin brazos, troncos sueltos con columnas en ángulos imposibles, jorobas inmensas, pies sin piernas en los que costaba distinguir los dedos del talón. Entonces aparecía la voz. No siempre era la misma, a veces era la de algún fraile, Fray Pedro siempre llevaba caramelos en los bolsillos, cuadrados, de colores, pequeños, duros, y una gran sonrisa, pero nunca estaba en ese pasillo, era otro cualquiera, generalmente desconocido; otras veces era la de mis padres, aleccionados como si fuera una consigna, un santo y seña, la que llegaba a mis oídos: “así es como acabarás si no haces lo que se te dice”. Hubiera sido suficiente para helarme la sangre en las venas si no supiera que lo que me esperaba detrás de las gran puerta blanca era infinitamente peor que esa mera amenaza en principio lejana, el dolor era inmediato, inevitable y abismal. Creo que llegué a inmunizarme a la visión de aquellos Quasimodos de escayola por contraste. Frente a lo que me esperaba dentro aquello era un chiste o poco menos.
            Sin embargo, al llegar Navidad todo aquello cambiaba. Ir a ver el Belén de San Rafael, que ha sido tradición madrileña desde hace muchísimo tiempo, cambiaba el tono hasta de los grises y de los fríos del camino habitual y ya en el edificio se llegaba a él por un ancho pasillo de suelos relucientes negros y marrones, flanqueado por macetones de pilistras con una galería de enormes ventanales semicirculares al jardín, entraba ese sol de invierno tan madrileño, tan imposible de brillante y frío, a raudales, a la izquierda de vez en vez entre macetón y macetón se veían altos ventanales estrechos a los gimnasios y las piscinas (de nuevo el blanco, el aterrador blanco) pero yo no miraba sino al frente. Aquel corredor anchísimo era a mis ojos el colmo del lujo y cerca del final había una puerta a la izquierda y allí una hornacina de boca semicircular y luego, para mi absoluto espanto, se apagaban las luces. Ante nosotros se desplegaba un mundo ajeno al habitual, lleno de colores, los Reyes al fondo creo recordar en primer término un ángel anunciando a los pastores, alto, vestido de rosa sobre una nube, el brazo en alto y las alas verticales. Inesperadamente aparecía la magia pues empezaba a anochecer en la bóveda del Nacimiento, los tonos sonrosados dejaban paso a los azules donde brillaban las estrellas, La Estrella y se iban encendiendo las casas, las hogueras y la luz más fuerte sobre la Sagrada Familia, me sobrecogía esa parte por que era demasiado oscura para mi gusto pero era tan bonito aquel cielo estrellado y el ángel iluminado no sé si desde abajo por la hoguera de los pastores o bien por otro foco como el del Niño. Tenuemente por la izquierda el azul se hacía más claro y luego rosa hasta amanecer y llegar al mediodía. No sé si había música, no lo recuerdo, yo estaba fascinado por toda aquella magia de los personajes, las casitas, las luces, el ángel. En aquel semicírculo se abría una ventana a otra realidad de colores, de luces, sin miedos, de permanente renacer pues a una noche sucedía un día y luego otra noche, una ventana que me decía que había algo más que aquel averno de dolor y miedo, de gris y frío que yo vivía como niño enfermo y solitario entre gentes angustiadas unas y amargadas otras. Aquella visita anual fue durante mucho tiempo una especie de faro entre grises que al final fueron ocupando su puesto dejando espacio a días cálidos y a colores vivos.
            Quizás sea es la causa de mi pasión por la Navidad, quizás un simple recuerdo de un niño de tres o cuatro años o nada. La construcción del nuevo y espantoso hospital con los mismos horrores dentro pero sin el menor gusto estético dejó aquel espacio durante un tiempo prácticamente colgando con escaleras etc. donde yo no podía llegar, hablamos de hace más de cuarenta años, y nunca he vuelto a ver ese Nacimiento que, parece ser, sigue siendo una referencia madrileña.
            Acabo de ver el nacimiento de 2015 y, no censuro, pero ya no son las mismas figuras, supongo que mejores, preciosas, sí, pero ya no son las que me abrieron la ventana en el frío gris de mí sobrecogida infancia.